jueves, 10 de septiembre de 2009

EL DON, UNO EN DIOS, MÚLTIPLE EN LOS RECEPTORES

Juan Luis Herrero del Pozo, en Atrio

Merece la pena insistir en esta idea. En el imaginario tradicional concebimos el Don de Dios como una serie de pequeños dones diferenciados y selectivos según ocasiones e individuos. A unos Dios los elige de una manera, a otros de otra. Aunque todos son llamados, no todos son elegidos, se dice. Uno tiene una vocación especial de la que otro carece. Con lo cual trasladamos a Dios la individuación de la creatura asegurando que Dios no llama a todos de la misma manera, que el Don se diferencia en sí mismo previamente al receptor.

Por eso se puede replicar desvergonzadamente a los espíritus críticos que cuestionan aspectos del dogma: la fe se tiene o no se tiene, Dios no la da a todos. No se advierte el craso antropomorfismo. El Don de Dios no es fragmentado en sí mismo, Dios no se entrega parcialmente. En la infinitud de Dios que se comunica no podemos encontrar razón alguna de diferenciación porque constituiría una absurda arbitrariedad. Dios se ofrece por entero, absolutamente, sin reticencia, arrepentimiento ni limitación. La diferencia sólo puede provenir del receptor. El agua inmensa del océano sólo está limitada por los recipientes que la reciben. En Dios no pre-existen maquetas de ser, la de una estrella, la de un guijarro, la de un perrito, la de un Confucio, un Jesús o un Mahoma… conforme a las cuales sería ‘creado’ cada ser en particular. La diferencia entre el SI y el NO de la libertad por los que se define y construye la historia personal no proviene de Dios, sino del receptáculo de su don. Y no es que, con ello, la realidad individual de la diferencia, que se ha atribuído al receptor, quede sustraída a la acción creadora de Dios. No. Porque la diferencia no es ser, sino limitación de ser. Ante el huésped divino que llama a la puerta de todos, según el Apocalipsis, unos abren y otros no. En la acción de abrir hay realidad y es don de Dios. En la de no abrir hay ausencia de respuesta, carencia de ser, negatividad y ésta no necesita causa.

Dios se ha entregado por amor totalmente y una vez por todas en el acto creador permanente y nada se le puede añadir. Basta que el cosmos se vaya abriendo a su empuje vital. En la semilla que estalla en el big-bang se encierra la íntegra construcción del universo: formación de las galaxias, aparición de la vida, evolución de las especies, proceso de hominización y emergencia del espíritu, larga y procelosa historia de la humanidad con descensos a los infiernos de la maldad y ascensiones a cumbres sublimes de bondad, desde los hombres y mujeres en apariencia más sencillos y desconocidos hasta los más geniales como Buda, Lao-Tse, Confucio, Moisés, Jesús, Mahoma, etc. Todo está contenido en Dios desde el principio. ¿Por qué, pues, ha de recurrir el pensamiento en algún momento de la historia a una intervención complementaria ‘desde fuera’ si ya está todo dado desde siempre y ‘desde dentro’? Dios no precisa impulsar el salto, con un toque de varita mágica, de lo material a la vida, de ésta a la mente y de la mente a un pretendido sobrenatural. Dentro del mismo cosmos (¿podrían existir otros sin relación espacio-temporal entre sí?) el Omega está inscrito en el Alfa inicial[1].

Resumiendo: Dios se entrega del todo a cada uno de los seres, no a medias ni en veces. La diferencia de medida, la diversidad del Don no proviene de éste, sino del receptor. Esto parece obvio, pero se olvida casi siempre: la razón de ello es, en el cristianismo, la interpretación literal del tema bíblico de la elección (que, en la más estricta lógica, conduce a Calvino a la pre-destinación al infierno). Cualquier limitación o negatividad, cualquier mal se origina no en Dios, sino en la realidad creada. No existe punto de apoyo racional para entender en el don creador de Dios ningún añadido ulterior, ningún momento lógico previo que discrimine al receptor. Dios no elige a un pueblo o a un individuo entre otros muchos. No sólo porque la gratuidad no se expresa en términos de arbitrariedad o capricho, sino porque la diferencia en el don implica una cierta negatividad y ésta sólo se origina en la finitud, adviene desde el lado de la creatura, en virtud de su naturaleza limitada. Nunca se insistirá lo suficiente, el Don o la Presencia, desde el lado de Dios, son totales, infinitos y sin arrepentimiento. La Alianza es siempre definitivamente fiel. Ningún don, ninguna presencia pueden añadirse desde afuera a Quien ya está dentro. Carece de sentido suplicar en la oración lo que Dios ya ha entregado. Afirmado el momento creador que implica la totalidad y definitividad del Don de Dios, a partir de ahí se abre el tiempo de nuestra tarea y responsabilidad históricas: a nosotros toca derribar barreras o abrir la puerta al huésped que llama (Apocalipsis). Las distinciones, limitaciones (lo inacabado), el sufrimiento y el mal, la culpa y la muerte sólo se explican desde la orilla de lo creado.

[1] Una vez más estas afirmaciones no prejuzgan lo que convenga decir dela libertad cuya existencia es difícil de conciliar con su inclusión en algo anterior, ya sea personal (sistema neuronal) o cósmico (la explosión inicial).

[Texto tomado del Apartado 6 del Capítulo octavo del libro“Religión sin magia”, Editorial El Almendro, Córdoba 2006, que acaba de ser traducido ya al francés]



miércoles, 9 de septiembre de 2009

CHARLAS EN LAMIARRITA (III) Rafa Yuste

3. Sobre nuestra experiencia de Dios

La inspiración de este tercer tema está, por una parte, en el capítulo 6 del libro “Otro cristianismo es posible” (en la web de Lamiarrita) y en el folletito de Victor Codina “Diosito nos acompaña siempre” (Cristianismo y Justicia), además de en mis propias reflexiones (como dicen los alumnos al entregar un trabajo…).

“Creo en Dios” expresa lo esencial de nuestra postura existencial de fe. Yo os invito a que cada uno/a se exprese a sí mismo, y luego nos exprese, si quiere, a los demás, lo que pueda “pensar” y “sentir” sobre su condición creyente, sobre su fe en Dios. Por tanto, los puntos para este día de reflexión serían esta pregunta, ¿qué es, para mí, creer en Dios?

El dilema entre hacer teología o hacer oración, creo que es un falso dilema: Es cierto que quien ora, pretende encontrarse con Dios y no tanto comprenderlo. Por ello, la oración puede ser un puro lenguaje de relaciones y sentimientos, sin ningún otro contenido. Pero, la oración, al menos nuestra forma habitual de orar, supone un conocimiento, un pensamiento y un lenguaje, además de sentimientos y afectos.

No obstante, no estoy invitando a responder a la pregunta de quién es Dios. Parto sólo de nuestra postura existencial de creyentes e invito a responder a la pregunta de cómo siento mi convicción de que Dios existe, de que Dios se relaciona con el mundo, con la humanidad, conmigo, y qué sentimientos y actitudes despierta en mí esa relación.

En realidad, podría bastar con lo dicho para estos primeros “puntos”, pero no voy a ser tan escueto y voy a dar “algunas pistas…”.

Conocemos la respuesta de Ignacio en el Principio y Fundamento: aunque él no se plantea esa pregunta de qué es ser creyente, sin duda responde como tal al decir que “el hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor”. Y ello, con el fin último de salvarse “y mediante esto salvar su ánima”.

Muchas veces hemos comentado la insuficiencia de esta respuesta. Sobre todo por no ser cristológica o cristocéntrica. Lo que dice San Ignacio no está muy lejos, sin embargo, de la descripción que hace la fenomenología de la religión de la fe religiosa: una actitud fundamental de agradecimiento, admiración y temor reverencial, y una búsqueda de salvación.

Desde el punto de vista de las religiones, pues, creer en Dios significa, además de asentimiento, una entrega: decirle sí a Dios en su trascendencia, obedecer y aceptar, reconocer su derecho ilimitado sobre nosotros. La esencia de la actitud creyente no estaría, por tanto, en el nombre, ni en la reflexión, ni en los títulos con que queramos definir la esencia de Dios, sino en la entrega a Dios. Y la forma primitiva de esa entrega es la oración, la adoración, la sumisión. Entregarse a Dios expresa el contenido de la fe religiosa. El punto de gravedad de la fe en Dios está en la entrega. Esa es exactamente la actitud que significa la palabra árabe islam.

Todas las religiones (creo yo) buscan y prometen una salvación. Aunque en nuestra simbología religiosa salvación siga siendo sinónimo de “ir al cielo”, también puede entenderse como el cumplimiento de las necesidades y aspiraciones humanas más profundas y auténticas. ¿Cómo siento que “me salva” o “nos salva” mi convicción creyente? Sería otra forma de plantear la misma pregunta.

También solemos hablar de personas “profundamente religiosas” como sinónimo de personas que “tienen una profunda experiencia de Dios”. Yo invito, no como un desafío, sino al contrario como una súplica, a expresarnos cada uno y a expresar, si queremos, nuestra particular experiencia de Dios. Aun sabiendo de antemano que hablamos de experiencia de lo que está más allá de toda experiencia posible.

En la tradición de la Iglesia católica, creer en Dios es creer en Dios como en un Dios Padre, Todopoderoso, Creador (aunque tengo mis dudas de si, en el Credo, “creo en Dios Padre” quiere decir creo en Dios como Padre o creo en la primera persona de la Trinidad).

Lo expresemos como lo expresemos, sin duda en la expresión “creo en Dios” significa confesarlo y sentirlo como creador con su correlación de sentirse criatura.

Todopoderoso es una expresión que ha creado muchas aporías, sentidas o inducidas, a los creyentes católicos. Pero llamar a Dios todopoderoso puede simplemente expresar una confianza radical en que la creación, y la historia de la humanidad tienen un origen, un sentido y una dirección última en Dios. Es confesar, creer, tener la convicción de que el origen del universo no fue un estallido inesperado y casual. Que los seres humanos no estamos aquí “porque nuestro número salió en la ruleta”. Que hubo y hay un Plan de Dios. Un designio inteligente y providente puso en marcha la realidad del universo y del hombre. El arranque inicial de todo lo que se mueve tiene un nombre: Dios. Todo procede de ahí. Y todo se orienta hacia esa misma meta. El ser humano no es un breve paréntesis entre dos oscuridades: la nada, de donde venimos, y la muerte, hacia la que nos encaminamos. La fe cristiana en Dios es la confianza en la promesa de que habrá una situación definitiva de libertad y amor y en la promesa de que todo lo que en la historia hay de libertad y amor permanecerá.

Llamar a Dios Padre es, sin duda, una audacia que hasta puede parecer impertinente si uno mira este mundo. Pero el creyente cristiano está en condiciones de justificarse al dar el nombre de Padre a Dios refiriéndose a la experiencia profunda que tuvo Jesús de Nazaret de él y a su tradición judía. Unas 170 veces aparece Dios como Padre en los evangelios. Entonces si queremos saber lo que este título debe evocarnos, debemos dejarnos aconsejar por Jesús y su tradición. El resultado será que creer en Dios nos da la certeza de ser amados gratuitamente y, a la vez, nos señala la exigencia de obedecer los impulsos de ese Padre, el principal de los cuales será el amor. Jesús lo expresa dirigiéndose a Dios como a un Padre, que nos conoce y nos ama, y por ello como un tú para quien también nosotros somos un tú.

Cuando Jesús habla sobre Dios, da la impresión de que nuestra relación con El es semejante a la que tenemos con nuestro padre carnal. Por supuesto, esto no es más que un lenguaje figurado, que no tiene por qué desencadenar una actitud psicológica, aunque el sentimiento de representarse a Dios como nuestro padre es cómodo y liberador, al menos mientras no se haya tenido experiencias demasiado tristes con el propio padre.

Solemos decir que Jesús habla del Padre desde su experiencia. Y ella, la imagen de Dios de Jesús, nos muestra, un Dios en el que prevalece el lado amable, la condición paternal y maternal, un Dios familiar y cercano, un Dios que reinventa la justicia, flexible y generosa, alejada del rigorismo inhumano, que ofrece el mismo salario a los incorporados a primera y última hora, que otea solícito el horizonte esperando al hijo pródigo, que organiza fiestas de bienvenida al arrepentido, que privilegia a quien no puede más y lo carga sobre sus hombros dejando a los otros noventa y nueve en el desierto, que se alegra cuando alguien se lo piensa mejor y abandona callejones sin salida, que ofrece el perdón y el olvido de las culpas.

Eso sí, pese a la promesa y la garantía, pese a lo revelado por la persona de Jesús, Dios y su proyecto continúan siendo un misterio porque la realidad y la historia son ambiguas: en parte revelan y en parte hacen opaca la presencia de Dios. Probablemente, atribuir a Dios la expresión de Padre, no dice nada sobre lo que Él es, hace o debe hacer, sino sobre nuestra actitud respecto a Dios. Porque la representación de Dios como amor, no puede apagar la pregunta que más agita al entendimiento ¿de dónde viene la mala voluntad y todo el mal en el cosmos, si todo es revelación de un Dios amor? La fe no tiene una respuesta a esta pregunta. Pero quizá cada uno de nosotros/as hemos elaborado una respuesta, al menos provisional.

Mi tercera pregunta para hoy es, entonces, ¿Cuál es mi experiencia de Dios? ¿Cuál es mi experiencia de Dios como creador, como todopoderoso y como Padre? ¿Cómo vivo, en fe y esperanza, este misterioso designio de Dios de crearnos?

Yo sé que este planteamiento puede chocar a algunos y que pueden considerarlo inadecuado. Los cristianos solemos decir con el Evangelista Juan, que, como a Dios nadie lo ha visto jamás, nuestra fe en Dios, nuestra imagen de Dios, y nuestra experiencia de Dios se fundan y dependen en nuestra fe en Jesús y de nuestra confianza en Jesús. No queremos que sea fuera de la tradición de Jesús nuestra fe en Dios y nuestra experiencia de Dios. Pero, por otra parte, confesamos a Jesús como Dios y como camino hacia Dios. Finalmente, habrá fe en Dios y experiencia de Dios a la que referirnos personalmente. Al menos nuestra adhesión al Dios de Jesús no será irracional, sino razonable, ni ciega, sino lúcida.

Tal vez la diferencia entre una postura de fe y una postura racionalista, al hablar de Dios, ambas a nivel popular, la podríamos encontrar en la diferencia entre estas dos frases: “Dios nos acompaña siempre” y “algo tiene que haber”.

En ese algo tiene que haber, Algo puede ponerse con mayúsculas y puede ser concebido

como el Dios de los filósofos helénicos y escolásticos medievales, como Primer motor inmóvil, Causa de las causas, Ser necesario y Absoluto, el Ser del cual no se puede pensar nada mayor. También como el Dios tremendo y fascinante, el totalmente Otro, de los fenomenólogos de la religión. También puede entenderse como Misterio absoluto y sin orillas, el Dios siempre mayor, Dios inaccesible envuelto en la tiniebla de la incognoscibilidad infinita, de algunos teólogos. Y también como el Dios omnipotente y sempiterno de las oraciones litúrgicas. O, todavía, como Yahvé, el terrible, que se manifiesta entre rayos y truenos en el Sinaí, o el Juez castigador implacable de muchas predicaciones moralizantes. Y, finalmente, también como el Dios del credo largo de las misas: un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Es decir, en todo caso, un Dios abstracto que permanece invulnerable e insensible en la lejanía.

Por el contrario, en la frase “Dios nos acompaña siempre” podemos encontrar un Dios cercano, familiar, bueno, perdonador, misericordioso, que desea que seamos felices, que tengamos vida en abundancia. Un Dios padre y madre que no se olvida de nosotros. Un Dios que tiene entrañas de misericordia, nos protege, está siempre cerca de nosotros. No nos deja abandonados a nuestra propia suerte. Ese Dios nos acompaña siempre a lo largo de nuestra vida, en momentos felices y de turbación, y no nos abandona en el momento de nuestra muerte. Según Víctor Codina, “Dios nos acompaña siempre” puede ser una fórmula breve que resume toda la revelación bíblica, expresada a través del sentido de fe del pueblo sencillo. Dice él que algunos biblistas afirman que el centro de la revelación no es afirmar que Dios existe, sino que Dios acompaña siempre a su pueblo y que eso, el pueblo pobre y sencillo no lo ha aprendido en libros o cursillos, sino que lo ha experimentado en su propia vida. Es una versión popular del evangelio, es como el credo de los pobres.

“Diosito nos acompaña siempre” es una expresión que captó de una mujer que asistía a un curso de formación cristiana para adultos en un barrio popular de Cochabamba. Para él, esa expresión constituye una verdadera profesión de fe, semejante a la de aquella mujer que mientras hablaba Jesús le dijo “Dichosa la madre que te parió y los pechos que te amamantaron” (aunque Codina, más pudoroso, traduce ¡Feliz la que te dio a luz y te crió”).

¿Cuál es, pues, nuestra experiencia de Dios?




martes, 8 de septiembre de 2009

LA IGLESIA NO CREE NI EN LA DEMOCRACIA NI EN LA LIBERTAD

DANIEL AYLLÓN - MADRID - 08/09/2009 07:58

Gregorio Peces Barba


Catedrático. Tres años después de dejar el Alto Comisionado para el apoyo a las Víctimas del Terrorismo y la política activa, analiza las últimas reformas sociales y el papel de la Iglesia


Al oír el nombre de Esperanza Aguirre, una risa acelerada se descuelga de los labios de Gregorio Peces-Barba (Madrid, 1938). A continuación, el ex rector de la Universidad Carlos III y uno de los siete padres de la Constitución, frunce el ceño y carga contra la privatización educativa de lalideresa del PP. Su defensa de la democracia y los derechos humanos le costó una detención policial y la suspensión de su ejercicio co-mo abogado a finales del régimen franquista. Hoy, 38 años después de aquellas sanciones y liberado del corsé político, critica tanto a la oposición como algunos de los "signos progresistas sin sentido" del que fue su partido, el PSOE. Este verano dirigió un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sobre Los Derechos Humanos en el siglo XXI.

Usted cita el progreso, la libertad y la igualdad como los tres pilares de la reforma política del siglo XIX. En la actualidad, ¿se están produciendo regresiones en alguno de estos campos?

La extensión de esos tres valores no avanza con la velocidad con la que tendría que hacerlo en África o Asia, pero la igualdad y la libertad están bastante consolidadas en Europa. Hay cosas que ningún gobierno europeo, por muy conservador que sea, puede cortar. Aunque puede que haya algunos retrocesos coyunturales. Todavía queda mucho por avanzar.

¿Cuales son esos retrocesos?

Retrocesos en las estructuras democráticas, como el sufragio universal en algunos países. En América, después de vivir un tiempo sin militares, está habiendo un rebrote.

¿Cómo tratan Europa y Españaa los inmigrantes?

Hay una perspectiva ideal de puertas abiertas, pero es imposible. Y la real, tiene sus claroscuros. Por lo general, los derechos del hombre se respetan. Los que no se respetan son los del ciudadano: los derechos políticos. Además, los derechos económicos, sociales y culturales tienen problemas, porque casi nunca dependen de las autoridades políticas y jurídicas, sino de empresarios, que son menos escrupulosos. Y luego tenemos los ingresos de inmigrantes irregulares en sistemas que no son carcelarios, pero casi. Y eso bordea lo inaceptable en muchos casos.

¿Considera que es aceptable su internamiento en los CIE?

El internamiento rompe principios básicos del derecho democrático occidental: internar sin comisión de delitos en centros que son casi prisiones no está en la línea del progreso de los derechos humanos en Occidente. La duración que tienen en algunos países es excesiva.

¿Europa está girando hacia la extrema derecha?

No. Son vaivenes. En España, por ejemplo, no ha habido un aumento, ni lo habrá mientras haya una memoria histórica de lo que supuso el franquismo. Tiene que pasar mucho tiempo hasta que las posiciones nazis o fascistas tengan en la Europa de los 27 posibilidades de alcanzar el Gobierno. Y, desde luego, es impensable que lo alcancen por vías no democráticas, como ellos querrían.

¿Qué opina del desarrollo de la Ley de la Memoria Histórica?

Hay dimensiones en las que no hay más remedio. Pero me resulta inconcebible que el Gobierno y las autonomías tomen decisiones administrativas y ayuden, por ejemplo, a abrir y descubrir tumbas. La memoria histórica no tiene más que un efecto honorífico y compensatorio después de 70 años. Han prescrito todos los posibles delitos y, desde el punto de vista penal, ya no pueden ser compensados.

La Iglesia apoyó al franquismo.

La Iglesia fue partidaria de los vencedores en la Guerra Civil y tomó partido. Tiene muy débiles concepciones democráticas y estaba muy bien con el franquismo. Ellos no creen en la democracia, no creen en la libertad. Creen que la verdad es única y es la que ellos defienden. Y son partidarios del monopolio de la verdad religiosa. La Iglesia española, y quizá la italiana, son restos del Jurásico y no tienen remedio.

¿Por qué la Iglesia ha evolucionado de forma diferente en Francia que en España?

Porque en Francia tuvieron muy claras las cosas desde el último tercio del siglo XIX. Esta cuestión culminó en 1905, con la ley de separación entre Iglesia y Estado. Para la evolución de Francia ha sido muy importante la evolución de laescuela pública.

¿Cómo son las relaciones Iglesia-Estado en España?

El Estado no ha tenido la suficiente firmeza para poner a la Iglesia en su sitio. Tiene una especie de temor reverencial. Y hay una cierta contradicción: permite la enseñanza de la Religión como una asignatura más y que se hagan juramentos con la Biblia en ámbitos públicos; y, sin embargo, se toman medidas aisladas radicales y juveniles, como la ley sobre la interrupción del embarazo.

¿Está a favor de la reforma de esta ley?

Que las niñas de 16 años puedan decidir libremente si abortan sin consultar con sus padres es una medida poco aceptada por los ciudadanos. Y a mí me parece un exceso. Está bien que decidan, porque tienen ya madurez para hacerlo, pero no se debe romper sin más ese hilo con la familia: es una institución fundamental. Quite usted [el Gobierno] los crucifijos y no haga signos de progresista sin sentido como ese.

¿Qué riesgos tiene la privatización de la educación?

Hay que evitar a los piratas que torpedean la educación pública, como Esperanza Aguirre, que vulnera la ley y prevarica porque rompe el principio de que la enseñanza pública es lo primero y la privada y la concertada, secundarias. Y el señor Camps quiere que se dé Educación para la Ciudadanía en inglés. ¡Hay que ser idiota! Además, en los ámbitos donde mantiene la educación pública, corrompe su sentido y favorece la separación de niños y niñas. Es otra ocurrencia injustificada.



domingo, 6 de septiembre de 2009

CHARLAS EN LAMIARRITA 2009 (II)

2. A modo de Principio y Fundamento

“Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría, la tierra está llena de tus criaturas” (Ps 104, 24) … “Que se acaben los pecadores en la tierra, que los malvados no existan más” (Ibd. 35).

Juan Luis Segundo, en su libro “El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret” dedica el tercer tomo a estudiar la espiritualidad ignaciana y concretamente la cristología de los Ejercicios. Aconseja suprimir la primera semana y que lo que llamamos Principio y Fundamento sea una síntesis actualizada de las meditaciones del Rey temporal, de la de Dos Banderas y de la de Tres Grados de humildad. Eso ha sido, en parte, lo que me ha inspirado este segundo tema de nuestros ocho días. También me han inspirado, Manuel Fraijó, El cristianismo. Una aproximación.

Una creación frustrada

Solemos hablar, como San Pablo, de la creación incompleta, de la frustración de la creación. E imaginamos una creación que, al margen del ser humano, sería perfecta. Una creación que en cuanto proyecto de Dios, al que invita al hombre para ser colaborador suyo, se ve frustrada por la libertad humana. A su triple vocación, de colaborador en la creación, constructor de la fraternidad y administrador de los bienes creados, el ser humano responde (según el mito bíblico y la posterior interpretación paulina) con la rebelión contra Dios, la ruptura de la fraternidad y el abuso de la naturaleza. El hombre se pretende señor de sí mismo; desde el punto de vista religioso, ahí parece estar su error. En su pretendido señorío, no ha dudado en desobedecer a Dios, ni en eliminar a los otros; y, en vez de administrar con cuidado la naturaleza, lo ha hecho derrochando hasta ponerla en peligro. Adán y Eva, Caín y Abel y la torre de Babel simbolizan en la Biblia esta triple ruptura, provocada por el orgullo, el desamor y la codicia, de la armonía supuestamente originaria, o como proyecto.

Por eso, también como Pablo, vemos la creación entera, y especialmente la humanidad, sometida a la frustración. Hay una creación frustrada por la vanidad, la manipulación y el abuso del hombre. Religiosamente, es una frustración que se vive en esperanza: la esperanza de ser liberados de la esclavitud de la decadencia para alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios. (Ro 8, 19-21). La creación entera espera con gemidos la (re)construcción del plan de Dios.

Basta abrir los ojos, explorar la trama de las relaciones humanas individuales y la trama histórica para descubrir que esa frustración existe y es poderosa. Y nos atañe a todos. Contemplemos, sólo a título de ejemplos, las situaciones y estructuras de injusticia en nuestro mundo actual: todas confluyen en la muerte temprana e injusta, o en una vida infrahumana, de tantas personas, causada por la pobreza, la violencia y la guerra; tantas muertes causadas por innumerables actos de codicia, de abuso, de desprecio de la vida; tanta violencia y tortura, tantos derechos negados o violados, tanta intemperie de hogar, de alimento, de reconocimiento; tanta explotación en el trabajo, en el sexo, en el trato discriminatorio o vejatorio. Mientras tanto, tanta indolencia, derroche, hipocresía y abandono de los que tenemos riqueza, poder, ciencia y técnica, y saber. Podemos contemplar también el dolor y la enfermedad, la soledad y la impotencia de tantas personas de todas las edades…

Creo que no hay que cargar ningunas tintas para sentir esa frustración de la creación. Probablemente basta con mirarnos también a nosotros mismos. Seguramente, la armonía original nunca existió (es inimaginable en el paso, todavía tenebroso, entre el animal y el hombre. Más bien lo que llamamos frustración de la creación es perceptible desde la presencia del ser humano en el mundo, al menos desde la presencia con poder de actuación sobre sí mismo, sobre los otros y sobre la naturaleza. Es claro que los seres humanos, que parece que aspiramos mayoritariamente a la construcción de una fraternidad y a un uso responsable de la naturaleza, no lo estamos consiguiendo. Al contrario, pareciera que cada vez perdemos más el rumbo, si alguna vez lo hemos encontrado: somos unos seres que, aunque generalmente nos queremos, también muchas veces nos machacamos mutuamente, somos poco providentes con nosotros mismos y con la naturaleza.

Una respuesta a la frustración

Podemos pensar que las religiones y la ética han surgido ante la evidencia de esa frustración y ante la necesidad de una tarea de (re)construcción de la reconciliación y la armonía.

La CG 35 nos invita a los jesuitas a ello y quiere que nos sintamos llamados a establecer relaciones justas y a una misión de reconciliación, con Dios, con los demás y con la creación (3,12).

Razonablemente, la respuesta ante la injusticia y ante la frustración que provoca, no puede ser otra que poner la inteligencia y la bondad humanas, cada uno la suya y colectivamente todos, al servicio de esa tarea. Es una tarea fundamentalmente secular, fundamentalmente ética, fundamentalmente política, no religiosa. A eso se orienta la bondad sencilla de unos con otros y el cuidado de la comunidad. Y a eso apuntan todas las conquistas sociales y políticas en el terreno de los derechos universales, de la igualdad social, del respeto a la dignidad y del cuidado de las personas, que suponen una reducción de la violencia y un relativo triunfo de la fraternidad. A eso apunta también la actual preocupación ecológica. Pero no como un ideal abstracto de adecuación a una armonía original, ni a una natural y eterna esencia del hombre, de la moral o de la sociedad, sino como un proceso siempre en curso, de humanización, de encarnación y de servicio que suponen la renuncia a la violencia y el crecimiento de la solidaridad y de la ternura.

Sabemos que Jesús fue a eso a lo que llamó Reino o reinado de Dios. Y aunque no se puedan considerar como configuraciones de ese Reino de Dios todas las realizaciones concretas de la inteligencia y la bondad humanas, sí son camino hacia él. Jesús nos enseñó a realizarlo con autenticidad y con esperanza. Al contrario de cómo acaba el salmo que cité al comienzo (queriendo borrar de la faz de la tierra a los pecadores y a los malvados) él habla de dejar crecer el trigo con la cizaña. Sin duda que él también experimentó la frustración. Pero a Jesús no parece interesarle el pasado original o la explicación del mal. El mira hacia el futuro, a la inserción de todos en el Reino. Y aborda la superación de la frustración con el compromiso en el servicio.

Nos lo enseñó con parábolas, pero también y sobre todo con su manera de proceder y su fidelidad hasta la muerte. No mostró ningún entusiasmo por el mérito, sino por el amor. No pidió el exterminio de los malvados, sino que invitó a todos a incorporarse. Reinventó una justicia, flexible y generosa, alejada del rigorismo inhumano, que ofrece el mismo salario a los incorporados a primera y última hora. Jesús no definió el pecado, ni entró en catalogaciones por orden de gravedad, ni en casuística. Lo verdaderamente decisivo no son las acciones aisladas. Ellas no dicen todo de nosotros mismos. Importa más la actitud, la opción fundamental, la conducción de toda una vida. Por eso se alegra cuando alguien se lo piensa mejor y abandona callejones sin salida, e invita a ofrecer el perdón y el olvido de las culpas. Por eso nos habló de un padre que otea solícito el horizonte esperando al hijo pródigo, que organiza fiestas de bienvenida al arrepentido, que privilegia a quien no puede más y lo carga sobre sus hombros dejando a los más fuertes. Desligó a los enfermos de pesadas maldiciones, y sanó a muchos. Privilegió a los pobres y marginados, a los publicanos y a las prostitutas. Nos indicó también que hemos de liberarnos de la angustia. Invitó a estar con él a los cansados y agobiados.

Las religiones y el cristianismo en particular (la que conozco un poco más) nos dan una poética creativa, trascendente, que se niega a la clausura de la existencia en el espacio natural y de experiencia directa. Nos urgen a actuar con esperanza. Nuestra experiencia inmediata es que, en el cosmos y en la vida humana, sólo actúa el ser humano. Según la fe religiosa, sin embargo, Dios actúa en el mundo y en la mente y en el corazón de los seres humanos. Que Jesús es revelación de Dios y que el camino de Jesús es salvador para la humanidad sólo puede ser una verdad religiosa (no imponible, sino únicamente universalizable mediante la oferta), pero puede ser una verdad tan poderosa que de hecho ha transformado y determinado millones de vidas. Su comprobación definitiva sólo será escatológica. Es decir, será definitivamente verdad sólo si se realiza definitivamente. Pero para Jesús, los seres hemos de imitar a Dios y ser para la historia y la sociedad humanas la providencia de Dios. Jesús anuncia la omnipotencia del ágape. Y la promesa de que triunfará sobre el mal. El perdón de los enemigos sólo es posible precisamente por la esperanza del triunfo del amor sobre la injusticia. La tarea nuestra es acelerar la venida de ese Reino al mundo.




viernes, 4 de septiembre de 2009

CHARLAS EN LAMIARRITA 2009 (I) Rafa Yuste

1. Introducción.

Me temo que tengo que empezar, como excusa o como captatio benevolentiae (captación de benevolencia), diciendo que no tengo experiencia en esto de “dar ejercicios” y que, en consecuencia y a posteriori, considero una temeridad haber aceptado este, no precisamente, munus suavissimum (suave encargo). Me ha llevado mucho más tiempo del previsible, pero no precisamente en desarrollar los temas, sino en pensar qué temas desarrollar.

Descartado el ceñirme al esquema y al libro de Ignacio de Loyola, (primero porque qué podría yo decir que no se haya dicho ya y no lo hayáis escuchado muchas veces y, segundo, por la convicción de que eso de los Ejercicios debe ser para hacerlo una vez en la vida), me venían a la mente dos posibles alternativas, siempre pensando en presentar un algo adecuado y que pudiera interesar y hacer bien al grupo.

La primera, deslizarme hacia una teología de fronteras. Un libro recomendado por JL Ochoa y que está en la página de Lamiarrita, titulado Otro cristianismo es posible de un tal Leaners, jesuita holandés; la página o portal de Miquel Sunyol, que supongo que alguien habrá visitado más de una vez; otro libro que casualmente cayó en mis manos, de un tal Guerra Campos -¡nada que ver!-, titulado Confesiones de un creyente no crédulo; y mis propios y persistentes interrogantes, me invitaban a ello.

La segunda, el otro miembro de la alternativa, sería escamotear esa dimensión teológica y dar a mis presentaciones, una, para entendernos, orientación más “espiritual” que intelectual. A ello me invitaba, sobre todo, mi ignorancia teológica, pero también la reivindicación de algunos de nosotros, que dicen que no quieren venir a Lamiarrita a hacer disquisiciones teológicas, que fácilmente derivan en discusiones, sino a descansar y hacer oración; ello unido a la idea que tenemos de que hacer oración no es intentar comprender a Dios, sino relacionarse con él, ponerse a la escucha y dejarse llevar a donde el Espíritu de Dios quiera llevarnos. Sin embargo, es claro que la espiritualidad no puede apoyarse, para ser efectiva, en cualquier teología. Se ha de apoyar en una teología coherente.

Por cuál de esas dos alternativas me he decantado, quedará claro, espero, al final.

Otro dilema que se me presentaba: aunque no siguiera el libro de los Ejercicios, podría intentar que mis presentaciones estuvieran orientadas a conseguir el fin que pretenden los ejercicios: “ordenar la vida” para orientarse sólo por la voluntad de Dios, y no dejarse determinar por afección desordenada alguna. A mí particularmente, esa orientación me vendría bien, pues no es poco el desorden que reconozco en mi vida. Pero a vosotros y vosotras o considero ya ordenados y ordenadas. Seguramente, en estos momentos no tenéis necesidad de tomar decisiones de mayor importancia sobre vuestra vida. Por otra parte, se me antojaba que una orientación así podría ser moralista o voluntarista.

No obstante, si alguien quiere dedicar hoy, el día primero, a esa tarea de pensar cómo se encuentra y qué requiere de su atención en estos días, que lo haga y se prepare a entrar en ejercicios “con grande ánimo y liberalidad”. Siempre es bueno mirarnos a nosotros mismos, con el objetivo de descentrarnos y abrirnos más a los demás.

Finalmente, pensé también en escoger algunas frases (del Evangelio o de otras fuentes) que encabezaran cada día y cada tema, al estilo de “Ella había finalmente comprendido que lo importante no es merecer, sino amar” (con la que acaba el libro de La Farisea, de F. Mauriac).

Por encima de todo, tenía mis dudas de que yo pudiera hacer algo apto para vosotros y vosotras. Y esto por dos razones.

Primera: Una vez empecé a hacer ejercicios de mes (fue en ya lejanas fechas, cuando inaugurábamos Adolfo Chércoles y yo el piso en el que él vive todavía en Almajáyar, Granada -yo no, porque yo soy más bien romero sólo (1)-) pero no pasé del Principio y Fundamento. ¡No me parecía nada recomendable dedicar los ocho días al Principio y Fundamento!

La otra razón: siempre he oído que lo fundamental de los Ejercicios es la experiencia de Dios que en ellos se tiene. Y yo, en una no lejana reunión de Misión Obrera, había confesado, con dolor, no sentir tener experiencia de Dios.

De la primera duda salí, a medias, haciéndole caso a Juan Luis Segundo que aconseja suprimir en Ejercicios la primera semana. Pero sólo a medias. En el tiempo dedicado a preparar mis intervenciones, me ha ocurrido que siempre dejaba lista una primera intervención. Aunque la iba cambiando sucesivamente. Quizá lo que exponga sean ocho introducciones. La de hoy es la primera.

De la segunda razón para dudar, espero que me saquéis vosotros y vosotras en estos días. Y lo espero, no como un desafío, sino como una humilde súplica.

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(1) León Felipe, canciones y oraciones, “Ser en la vida, romero, romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos; ser en la vida romero, sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo... Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo... pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero. Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos, para que nunca recemos como el sacristán los rezos, ni como el cómico viejo digamos los versos. Sensibles a todo viento y bajo todos los cielos, poetas, nunca cantemos la vida de un mismo pueblo, ni la flor de un solo huerto... Que sean todos los pueblos y todos los huertos nuestros.

Para este primer día os doy, entonces, dos posibilidades:

1ª. Composición de lugar, mirar al subjeto.

Una introspección sobre cómo me encuentro, en qué disposición. Puedo pensarlo o incluso escribirlo. Puedo guardarlo sólo para mí o puedo compartirlo (con alguien o con el grupo).

Si quiero, puedo limitarme a algo más concreto: este año, en esta edición de Lamiarrita: ¿necesito tomar o reconsiderar alguna decisión o situación? ¿Necesito ponerme en condiciones para tomarla o para cambiar?

Pero si este ensimismamiento le resulta alguien improductivo y penoso, reiterativo y cansino, si le recuerda un examen de conciencia y le crea resistencias, puede hacer este primer ejercicio como una amplia, pero concreta, contemplación de la realidad: ¿Qué cosas de mi vida cotidiana sola o compartida, o de la actualidad del mundo conocida, me conmueven, afectan a mi sensibilidad y qué pensamientos y sentimientos desencadenan en mí? ¿Me impulsan a algún cambio?

El día que dejemos de sentir con intensidad dejaremos de vivir con intensidad y el día que dejemos de cambiar, dejaremos, sin más, de vivir. ¿Estoy vivo o mortecino?

Y hemos de vivir tomando nuestra vida en nuestras manos. Hacerlo desde nuestra esencial condición humana: desde nuestra libertad, memoria, entendimiento y toda nuestra voluntad. Aceptamos la vida y todo lo que ella tiene de posibilidades, como un don, como un regalo de Dios a través de la naturaleza. Y nos cuesta dolor ver la frustración de tantas vidas. Queremos poner al servicio de la vida de las personas todo lo que tenemos y poseemos. Ese poder ponerlo libremente a disposición es lo más humano que tenemos. Ese es el don y la gracia de Dios. Sabemos que nuestra libertad es condicionada. Tenemos que vivir y convivir con esta parte de la naturaleza donde hemos nacido, con los demás seres humanos, y con este cuerpo natural y cultural con que una y otros me han troquelado. Eso impone condiciones a nuestra libertad. Pero tenemos que tomar nuestra vida en nuestras manos. La primera voluntad de Dios se nos manifiesta ya al existir y al serlo de este modo: libre, con memoria y entendimiento, con voluntad propia.

Al aceptar la vida así, tal como es, reconocemos en ella el amor y la gracia de Dios. Y parece que su voluntad es que ellas deben bastarnos.

Esta orientación del primer día me la ha sugerido un folleto de Darío Moyá titulado “Encontrar a Dios en la vida”, editado por Cristianismo y Justicia. Resumo algunas de sus ideas.

Una vida espiritual –un modo de vida evangélico- ha de comprobarse y verificarse, hacerse creíble, en la vida, en un estilo de vida. A su vez, los estilos de vida condicionan radicalmente las posibilidades de la experiencia espiritual.

2ª Eso puede identificarse con el concepto ignaciano de “subiecto”: capacidad intelectual y personal, conjunto de condiciones personales y vitales. Las dificultades de nuestra vida espiritual lo que pueden estar replanteándonos es, no tanto la validez de nuestros métodos o formas de actividad interior, sino una interpelación acerca de nuestro modo de vivir. “Lo que verdaderamente impide sacar fruto de los ejercicios es la falta de ciertos requisitos sin los cuales no se puede hacer nada”. “Condición de posibilidad de poder estar en disposición de escuchar el evangelio es experimentar los dolores y sufrimientos de los hermanos como matriz o fenómeno concomitante de una vivencia espiritual” (Cabarrús).

3ª El tipo de sujeto, que puede propiciar la experiencia espiritual se puede caracterizar así:

- Alguien que haya tomado la decisión de situar su vida en la dinámica de la búsqueda y cumplimiento de la voluntad de Dios. Una persona magnánima (que definía santo Tomas como “aquel que tiene el coraje de comprometer toda su persona en una empresa importante que decide sustancialmente su vida”).

- Alguien humilde: capaz de reconocer que se adentra en un terreno en el que, con sus solas fuerzas, nada es posible y todo es concedido.

- Persona abierta al otro como mediación de Dios, capaz de comunicación, de decir y dejarse decir.

- Alguien con capacidad de resistencia y de lucha

- Comprometida con su vida de manera realista, con el presente y las circunstancias concretas (no escapista, sea con huída hacia delante con falsas pretensiones, sea vuelto hacia atrás con nostalgia).

- Persona unificada afectiva y vitalmente, con los afectos y las cosas colocadas en orden.

- Persona libre: capaz de razonar por sí mismo y determinarse autónomamente.

Ello constituiría como la estructura antropológica de la posibilidad del comienzo y también de la finalidad de los ejercicios: (conseguirse como) “personas sujetos de opción personal, humildes, abiertos al otro, capaces de resistencia y lucha, arraigadas en la historia, unificadas interiormente, libres”.

4ª El estilo de vida que puede propiciar la experiencia espiritual se puede caracterizar así:

- Un estilo de vida en el que la opción fundamental que hemos hecho no se vea permanentemente puesta entre paréntesis, cuestionada o sometida a prueba. Casi nunca renunciamos explícitamente a nuestras opciones fundamentales. Pero puede que sean los hechos cotidianos los que afirman o desmienten o le quitan fuerza a nuestras opciones: las relaciones sociales que mantenemos, las amistades, nuestra manera de vivir y trabajar, nuestra manera de descansar y nuestro esparcimiento, hasta nuestra manera de comer y vestir…

- Un estilo de vida en que haya espacio material para alimentar nuestra opción (oración, lecturas, etc.).

- Un estilo de vida que no nos blinde (en nuestro espacio, nuestro tiempo, etc.) del acceso del otro, ni del acceso al otro

- Un estilo de vida en el que yo marque el ritmo (y no sea el consumismo o el activismo quien lo haga…).

- Un estilo de vida con capacidad de acogida afectiva y de desarrollo grande y sano de la afectividad. No una afectividad encogida o mutilada, incapaz para la amistad. Contextos vitales incapacitantes del desarrollo de la afectividad son también incapacitantes de la experiencia de Dios.

- Un estilo de vida en el que uno tiene que tomar decisiones, asumir responsabilidades y controlar personalmente procesos de vida, una libertad ejercida (no una vida alienada en ciertos tipos de comunidades o instituciones.

5ª El talante vital que genera la experiencia de Dios en la vida. ¿En qué se notaría que una persona tiene “experiencia de Dios”?:

- En que tiene una vida o existencia integrada, unificada. Que se mueve siempre según la motivación de fondo de la voluntad de Dios, y del proyecto vital que ha asumido.

- En que es una persona disponible para el servicio, no apegado a personas o situaciones, no instalado. Y eso fundamentado en lo anterior.

- En que es una persona abnegada: descentrado, fuera de su propio amor querer e interés. Abnegación que se manifiesta, sobre todo, en la gratuidad con que hace las cosas: “activo, generoso en el servicio, constante en el amor, desinteresado en la relación con los demás”.

6ª Sigue habiendo en nuestras vidas zonas en las que es más difícil encontrar a Dios (en lo personal y en lo social, en lo afectivo y en lo conflictivo, en la gestión de asuntos ordinarios…). De ahí que sean necesarias ciertas estructuras de apoyo:

- Examinar frecuentemente si nuestra sensibilidad nos hace accesibles al dolor que genera misericordia y descubre signos de esperanza en la impotencia.

- Es imprescindible seguir dando tiempo a la oración, en la forma en que la hagamos, así como al examen, también en la forma y ritmo como cada persona lo encuentre.

- Finalmente, el acompañamiento, personal o indirecto a través de la conversación o de lecturas y esa práctica del discernimiento tan exigente cuando tenemos que señalar jerarquías y prioridades.

7ª En general, a nuestra edad, es muy importante la forma en que afrontamos la enfermedad y la disminución de capacidades, el olvido de los otros y hasta la poca consideración, asumiendo las nuevas situaciones con madurez que no impida nuestra disponibilidad y nuestro afán de servicio.

2ª Meditar sobre el pasaje del joven rico.

Hay en él preguntas apropiadas para un comienzo. ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué me falta? Y sobre él podemos hacernos varias preguntas, o contemplar sobre varios supuestos: desde la relación de Jesús con el Padre que denota la respuesta de Jesús, “Por qué me llamas bueno, uno sólo es bueno”, hasta la más personal: ¿Siento alegría de haberlo vendido todo y dado a los pobres para seguir a Jesús? ¿O más bien siento tristeza porque en mi vida hay todavía mucha riqueza que no he vendido y repartido entre los pobres para irme con Jesús?

3ª Esta frase: Lo importante no es merecer, sino amar.

Afortunadamente, la invitación de Jesús a entrar en el Reino y a trabajar por él (Reino) no requiere de mucha teología, sea ésta tradicional o de frontera. Es mucho más fácil predicar lo que predicaba Jesús que predicar sobre Jesús. Comprenderlo es entrar en ese grupo de los pequeños, de la gente sencilla, a la que se le han revelado los misterios del Reino, ocultados a los sabios y entendidos. Seguro que en nuestra dilatada (al menos relativamente) vida hemos encontrado muchas de esas personas sencillas para quienes la esencia o el secreto de la vida es esa particular bondad de un individuo hacia otro y hacia la comunidad. Una bondad sin testigos, pequeña, sin ideología. Podríamos denominarla bondad casi sin sentido, casi ciega y muda, pero compasiva, que se extiende a todos los seres humanos y a todo lo vivo. Esa bondad es lo más humano que hay en nuestra especie, lo que la define, el logro más alto al que podemos aspirar.

jueves, 3 de septiembre de 2009

LA REFORMA DE LA REFORMA LITÚRGICA

El prefecto de la Congregación del Culto Divino presenta al Papa la reforma de la reforma litúrgica.
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Por José Manuel Vidal - Religión Digital.

El Papa lo llamó a Roma para reconducir la reforma litúrgica. Y el cardenal Antonio Cañizares comienza a cumplir su cometido. Tal y como cuenta nuestro colaborador, Andrea Tornielli, en Il Giornale, el documento con las propuestas de reforma fue presentado al Papa el pasado día 4 de abril por el prefecto de la Congregación del Culto Divino, tras ser aprobado en una “plenaria” de dicho dicasterio romano. En él, se preconiza la vuelta a la misa en latín de espaldas al pueblo y la prohibición de comulgar en la mano. Es la vuelta a la misa tradicional.Vuelve Trento.

Según cuenta Tornielli, casi por unanimidad, los cardenales y obispos miembros de la Congregación votaron a favor de una mayor sacralizad del rito, de la recuperación del sentido de la adoración eucarística, de la recuperación del latín en la celebración y de una nueva redacción de las partes introductorias del misal, para poner freno a los abusos, experimentos salvajes e inoportuna creatividad de eventuales celebrantes.

Entre las nuevas propuestas concretas aprobadas por el dicasterio que preside el cardenal Cañizares figura la de proclamar que la forma habitual de recibir la comunión sea en la boca y no en la mano, como hasta ahora. La comunión en la mano pasaría a ser un rito extraordinario.

Más aún, el ministro de la Liturgia del Papa está estudiando la posibilidad de recuperar la orientación hacia Oriente del celebrante, al menos en el momento de la consagración eucarística, dando, por lo tanto, la espalda a los fieles.

En Roma, aseguran que el “pequeño Ratzinger” está profundamente decidido a llevar a cabo la reforma de la reforma litúrgica. De hecho, recientemente declaraba a la revista 30 Giorni que “a veces, se cambió por la sencilla razón de cambiar respecto a un pasado percibido como absolutamente negativo y superado. A veces, se concibió la reforma litúrgica como una ruptura y no como una evolución orgánica de la Tradición”.

De ahí que las nuevas propuestas de Cañizares opten por el retorno a lo sagrado y a la adoración, asi como por la recuperación de la misa en latín, al menos en las principales solemnidades, y por la publicación de misales bilingües, con el latín como lengua principal.

Propuestas todas ellas que el actual Papa ya reclamaba siendo cardenal. Y sobre algunas de ellas, lleva ya tiempo predicando con el ejemplo. Por eso, todos los fieles que se acercan a recibir la comunión de manos del Papa tienen que arrodillarse y tomarla en la boca.

Consciente de la profundas reticencias que su plan va a encontrar entre muchísimos obispos, sacerdotes y religiosos de todo el mundo, la estrategia de Cañizares de cara a la implantación de la reforma apunta a plazos largos. No habrá, pues, imposición, sino sugerencias que, cuando proceden de Roma, para muchos se tornan en presiones.

Por José Manuel Vidal - Religión Digital.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

LAMIARRITA 2009 agradecimiento de Ignacio

Hermano Jesús, este año nuestra última acción de gracias vespertina es dominical. Una vez más, los días de Lamiarrita se nos han ido volando. No tienen precio, bueno sí, pero no muy subidos: un euro por hora, que no es mucho estando en plena crisis.

El entorno…, ¿para qué repetirlo?: siempre esa alfombra verde a nuestros pies, y a nuestra vista. No se gasta ni se rinde, aunque haya sequías. Y a ritmo de brisa y viento, muchos árboles nos esperan para soltarnos sus hojas, como homenaje. Una detalle delicado que se agradece.

A este caserón familiar, lo vamos llenando más y más de recuerdos y fotos de álbum, de ilusiones y miradas futuras, con el continuo devenir de nuestras visitas.

Hemos percibido, como siempre, rostros nuevos, y algunas canas y cicatrices más intensas en los ya conocidos, porque es ley de vida que nuestra carrocería se vaya rayando con el paso y el peso del tiempo, por mucho áloe que queramos echarle.

El ejercitador de este año ha expuesto con lenguaje pausado y claro, con cabeza despejada, las ocurrencias, vivencias y experiencias que ha tenido a bien preparar y ofrecer. Así, en unos primeros momentos, nos prestó su colaboración para que viésemos nuestros errores de bulto, lo que tenemos y somos, nuestra responsabilidad intransferible y nuestra gratuidad, porque con amor y gracia nos basta.

Miramos atrás y miramos el presente reconociendo nuestras limitaciones y frustraciones, el mal que nos aplasta y con el que aplastamos desde el principio de la prehistoria, sin poder saber el por qué. A ti, amigo Jesús, te cayó también de lleno, no solucionaste nada, pero tu buceo siempre buscaba un salir a flote con esperanza y sentido de orientación: tus granos de arena, quizás los más densos de la historia, donados para hacer posible el reinado de Dios, en justicia y paz, libertad y amor.

Hubo momentos para sentir el escozor de la lluvia de interrogaciones, como alfileres o puntazos de navajas, que asestan nuestras vidas: a veces escampa, a veces llovizna, a veces se torna temporal. De esto ya escribió hace tiempo uno de los amigos que han pasado por aquí, aquello de que la teodicea es imposible. Supera nuestro común entender. Como, a la contra, el hecho de que la vida se nos ha dado, y no ha dependido de nosotros conquistarla, desde nuestro principio vital hasta nuestra fecha de caducidad. Hemos sido, y somos, dependientes, limitados.

En todo este lluvioso caos interrogante, aparece en el horizonte el arco iris del innombrable Dios, al que por mucho que corramos para asirlo, con la misma se nos escapa, se nos aleja más y más, en proporción directa a nuestros humanos esfuerzos. Podemos contentarnos contigo, hermano Jesús, al ser tú el reflejo más nítido y colorista que nos ayuda a hacer de lo más humano, lo más divino.

El comentario, para mí el resumen más convincente y práctico en este asunto, me lo proporcionó un joven, hoy día sesentón, al poco tiempo de ser yo ordenado. Siempre se lo he gradecido. Me parece que ya lo he referido en otra ocasión, pero viene a cuento recontarla:

Creo que la dinámica de Jesús, me decía, es semejante a la del ascensor: hay una cabina y unas pesas. Si bajan las pesas, subirá la cabina, pero si suben las pesas, bajará la cabina. Jesús quiso, y quiere de nosotros, que bajemos para que los demás suban, aunque nuestra inercia, personal y grupalmente, suele ser la contraria. Basta ojear la prensa diaria, subir subir, cuanto más, mejor, …aunque los demás bajen, injustamente, por supuesto. El baremo es bien práctico para cualquier duda o decisión de importancia.

Qué dicen los hombres de mí, ¿y vosotros? ¿Cómo transmitir la fe? ¿Qué es la eucaristía, el perdón…? Los temas se han ido desplegando. Por mi parte hubiera deseado, modestamente, un trasfondo teológico actual más expreso, con pistas para avanzar.

No quiero terminar sin agradecer las visitas amigas que nos llegaron, el trabajo de listón alto al que nos tiene acostumbrados nuestros compas vascos, la inauguración doméstica de conexión a internet, la reunión esperada por los misioneros obreros en casa, y por los que no lo somos, en Amaiur. Reuniones distintas, pero no distantes.

Este año hemos carecido de concurso de altares, y de otras ocurrencias paralitúrgicas. Pero han aumentado más las brujerías sorpresivas con repetidos sustos nocturnos. E incluso con aparición de un mar de velos multicolores, en vísperas del Ramadán. Recibámoslos, los masculinos, como aviso y alegato a la constante histórica de violencia y prepotencia machista. Por todo ello es de agradecer, la imaginación al altar, la oportuna ocurrencia femenina de ofrecer al cuerpo de varones la posibilidad de resarcirnos del mal olor de nuestra historia con la dádiva personal de pequeñas blancas flores. Y dentro del marco iitúrgico, propiciando caminos de igualdad, al ser todas y todos la doble versión vital de un mismo ser humano.

Gracias, Gran Hermano, por hacernos posible una vez más solazar nuestra veteranía en estos campos de Baztán. Haz de tu parte lo posible para volver a reecontrarnos. Por la nuestra, lo intentaremos. Y a pesar de las prohibiciones virales, recibe un abrazo bien grande con el cariño de siempre.

Ignacio

Lamiarrita, 23 de agosto, 2009