viernes, 9 de abril de 2010

PELÍCULAS CRISTIANAS

Pégate un tiro para sobrevivir de Chuck Klosterman


No creerías lo que están dando en estos momentos por televisión. Es muy curioso. Estoy viendo la Victory Television Network (VTN), una cadena centrada en ayudar a los cristianos de la zona de Arkansas a «conectar» unos con otros.
(…)
La película que programan esta noche es hipnótica. Y no lo digo con ironía o sarcasmo o condescendencia. Lo digo porque me acabo de dar cuenta de algo importante relacionado con los cristianos convertidos que jamás me ha ocurrido a mí.
La película de la VTN da la impresión de tener tres títulos diferentes, aunque ninguno de ellos parece ser el verdadero (la película recibe un título distinto después de cada pausa para publicidad, en la que solo se anuncian otros programas de la cadena VTN). Sin embargo, lo que sí queda claro es que la película va dirigida a los adolescentes, pues su objetivo es «asustar». El protagonista es un adolescente (creo que su nombre es Steven) al que las tentaciones le desgarran. Lo curioso del caso son las tentaciones que sufre: no le tientan las drogas (a pesar de que en la película aparece gente que toma drogas), ni tampoco el sexo (a pesar de que la gente, en ese colegio infantil, mantiene relaciones sexuales), ni tampoco se ve tentado a relacionarse con algún tipo de secta de adolescentes involucrada en el crimen organizado (aunque también aparece algo así, por extraño que parezca). Nuestro héroe en ningún momento cae en ese tipo de bajezas. La crisis que atenaza a Steven -es decir, la cruz de toda la historia y aquello que convierte la vida de este muchacho en un fracaso- es la tentación de «no salvar» a sus compañeros adolescentes que sí sucumben a todas esas horribles cosas. En otras palabras, no se ve acosado por el deseo de acostarse con su novia o el deseo de emborracharse y pasárselo en grande; cosas como esa no suponen un problema para Steven. Su problema es que simplemente desea ignorar que todos los muchachos de su escuela van a ir de cabeza al infierno, a pesar de que el pastor de su iglesia le pide a Steven que se responsabilice de sus almas. Y ahí es donde la película se vuelve incluso más compleja: durante los últimos veinte minutos, el pastor tiene éxito y Steven se da cuenta de que debe contarles a sus compañeros las Buenas Nuevas acerca de Jesús. Es su deber en tanto que hijo de Dios. De ahí que Steven intente hablar con algunos de los camellos locales y les explique que hay un modo mejor de vivir.
Y dicho camello lo que hace es pegarle un tiro a Steven.
Y así acaba la película.

No voy a mentirte: no me lo esperaba. Las películas de Hollywood me han lavado lo suficiente el cerebro para saber que a los héroes juveniles, por lo general, no les vuelan los sesos al final de la gran mayoría de los docudramas. Lo cual me lleva a preguntarme si el cine de los hipercristianos no se habrá convertido en un secreto bastión de verdadera originalidad cinematográfica. No es como el rock cristiano, en el que los artistas intentan, curiosamente, imitar las principales corrientes musicales. Las películas cristianas funcionan como si las convenciones cinematográficas no existiesen. No sé quién habrá dirigido estas películas, pero quienesquiera que sean sin duda van por un camino propio. (…) Estos cineastas realizan películas para una audiencia que vive en un universo completamente diferente. Es un universo en el que una película sobre un adolescente al que le tentase la idea de esnifar cocaína sería del todo inviable; ninguno de los adolescentes que miran la Victory Television Network se plantearía jamás algo semejante. (…) No es suficiente con evitar la delincuencia, cabe la posibilidad de que tengas que morir para expiar los pecados de todos tus compañeros de colegio.




jueves, 8 de abril de 2010

LA VERDAD PADECE, PERO NO PERECE

Para los que no les gusta ver vídeos, les proponemos la entrevista a José Ignacio González Faus, que pusimos en esta página hace unos días, pero esta vez para que la puedan leer y meditar

(José Manuel Vidal).-José Ignacio González Faus es una de las principales figuras de la teología mundial y española. Ha sido durante muchos años, y sigue siendo, santo y seña de cantidad de generaciones que hemos bebido en sus libros doctrina y espiritualidad. Es un maestro de los que no se cansan, de los que no tiran la toalla. Sigue al pie del cañón, ahora, como responsable teológico de Cristianismo y Justicia. Tiene infinidad de artículos publicados, más de 50 libros. Hoy está con nosotros por la percha del último libro que ha escrito en colaboración con otro gran teólogo también, el vizcaíno Javier Victoria. El título del libro es Presencia pública de la Iglesia, ¿fermento de fraternidad, o camisa de fuerza?

P- José Ignacio, es un placer tenerte con nosotros. Ya teníamos ganas.¿Cómo ves en este momento la presencia pública de la Iglesia? ¿Cómo es y cómo debería ser?

R- "Presencia pública", desgraciadamente, se refiere a aquello que es la Iglesia "oficial". Hay mucha Iglesia por ahí, la Iglesia somos todos, y esto es una cosa que no se puede dejar de decir nunca. Esa otra Iglesia es la que tiene una presencia pública más adecuada, me parece a mí, a lo que pide el Evangelio. La Iglesia oficial ha estado y todavía está demasiado metida en una estructura de poder: un Papa Jefe de Estado, unos representantes de la Iglesia romana que pertenecen al cuerpo diplomático... Todo esto lleva a que casi la única presencia pública que aparezca sea la de la Iglesia oficial. Y lleva también a que la búsqueda de esa presencia pública se haga como una lucha de poder a poder. Del poder de un Estado que tendría que volverse laico -porque en una sociedad plural como la nuestra, el Estado no puede estar a favor de nadie-, y el poder (o los restos de poder) de una institución eclesial que antes intervenía mucho en la vida pública de los Estados, y que ahora anhela seguir interviniendo. Eso, a parte de que no parece compatible con la dinámica pluralista de nuestra sociedad (suena casi más a un resto de fundamentalismo islámico, como el que hay en algunas sociedades), tampoco es compatible con lo mejor del Evangelio. El cristianismo permitiría, en un ambiente de cristiandad que no hay, una identificación con la Iglesia de la sociedad. El Evangelio sugiere la metáfora de lo pequeño que fermenta (la levadura, el grano de mostaza...), y es eso lo que la Iglesia debería hacer.

En el libro, analizando un texto de Ratzinger, traigo 6 calificativos de cómo tendría que ser la presencia de la Iglesia: En primer lugar, sin poder, dialogante, que no pretenda imponer su propia verdad ni su propia moral (aunque sea la Verdad), sino a través del argumento; una presencia servicial y molesta (porque la Iglesia ha de estar en los lugares donde no está nadie, donde la sociedad crea sus víctimas: en la Cañada Real, etc); una presencia ejemplar (que se viera que realmente practica lo que predica y no va por la línea del poder); una presencia plural, para una comunidad que es tan grande y a veces conflictiva, con muchas voces distintas que, sin embargo, convergen todas en la figura de Jesucristo.

A partir de estos adjetivos, en el libro vamos discutiendo los temas como la ciudadanía, la subvención a la Iglesia, el aborto, el Vaticano... etc.

P- ¿O sea que aterrizáis en las cuestiones?

R- Sí, pero son sólo propuestas. Primeras palabras para que surjan otras.

P- Si no te entiendo mal, los que hemos soñado después del Concilio con que la Iglesia fuese perdiendo estructura de poder, desapareciesen los nuncios, por ejemplo... ¿Estamos muy lejos? ¿Hemos ido hacia atrás en vez de hacia delante?

R- Yo creo que sí. Es duro, pero es la impresión que yo tengo. El estamento más oficial de la Iglesia está siendo profundamente infiel al Vaticano II. Se puede hacer un análisis de la eclesiología que está latente, por ejemplo, en la Gaudium et Spes, donde se dicen muchas cosas sobre la Iglesia hoy en día que no se respetan. Como reconocer que el Vaticano II no tiene la solución a todos los problemas, y actuar como si todo problema que se presentase estuviera ya resuelto. En ese sentido, yo creo que hay un retroceso importante en cuanto al Vaticano II.

P- ¿Pero por qué? ¿Le tiene miedo el Vaticano II a las consecuencias, o es que, como dicen, algunos han ido demasiado lejos?

R- Antes que nada, yo diría que todo concilio ha necesitado tiempo para ser aceptado. Trento hoy pasa por el más conservador para nosotros, lo que no es del todo verdad, porque en Trento, además de unos documentos dogmáticos antiprotestantes que evidentemente provienen de la derecha, hay también otros documentos llamados de reforma, valientes y atrevidos, pero desconocidos, porque en aquella época mucha gente no los aceptaba.
Una de mis lecturas favoritas, que es el libro de marcelle batallon sobre Erasmo de Rótterdam en España, cuenta de un señor que estaba en Zaragoza y venía de Trento, y decían dos clérigos al verle: "¡Ese ha aprendido a luteranizar en Trento!". Creo que esa misma reacción sigue ahora a propósito del Vaticano II.

Otro aspecto fundamental es la resistencia de la Curia romana en tiempos del Concilio. Algunos señores dijeron: "Los obispos se van, la Curia se queda". Y se hizo con todas las riendas. Yo creo que el problema no está en los Papas, que son figuras de buena voluntad -y algunos de gran talla, como Pablo VI o Juan XXIII-, sino en la Curia. Para mí, los Papas son prisioneros de la Curia romana. Y no me recato en decirlo.

P- ¿Ese retroceso se transmite hacia abajo, hacia las iglesias locales?

R- Es que hay un modo muy fácil de transmitirlo: En contra del Evangelio, del Nuevo Testamento y de su propia tradición, la Iglesia está nombrando hoy a sus obispos de una manera que puede ser legítima, pero que lo ha sido en casos de excepción.

P- Sobre eso escribiste un libro magnifico, Ningún obispo impuesto.

R- Sí. Es que, como el nombramiento de obispos ha quedado exclusivamente en manos de la Curia romana, se eligen los peones que a la Curia le convienen para que se muevan a su gusto. A veces, hasta sin mala voluntad. Yo comprendo que un poder central quiera evitarse los muchos problemas que puede tener, y, si a los obispos los eligiesen, como debería ser, las comunidades, podrían ser más conflictivos con Roma. Imagínate lo que está pasando en Chiapas, lo que ha pasado en Brasil... Pero es que nadie le ha dicho a la Iglesia que ha de estar libre de problemas. Lo que se ha dicho es que los debería resolver evangélicamente.

P- Una de las cosas que tratáis en vuestro libro es la pluralidad. ¿Por qué a la Iglesia española le cuesta tanto aceptar eso que decías al principio, de que "todos somos Iglesia"? Que hay distintas sensibilidades, que cabemos todos, que el mosaico es más bonito que la uniformidad del gris...

R- Bueno, yo soy bastante pesimista respecto a la situación actual, y creo que del futuro inmediato no podemos esperar nada. Seguiremos en las catacumbas durante algún tiempo. Pero, a pesar de todo, creo que este problema es mucho más agudo en España que en otras partes del mundo. Todas las cosas que han pasado aquí, con Pagola, etc, en Francia o Alemania no hubieran pasado. ¿Por qué? Pues porque en España, además de la Iglesia oficial, ha habido siempre una derecha de gente muy rica y muy recalcitrante (que puede venir ya desde aquello de Menéndez y Pelayo) y que ha puesto su identidad en esa uniformidad. Todo eso del franquismo y del nacional catolicismo de que "España, si no es católica, no es España"... Hasta que llegó un día, no sé si te acordarás, cuando la Iglesia tiraba un poquito más hacia el centro, hubo un marqués que dijo: "Si la doctrina de la Iglesia está en contra de los principios del movimiento, yo me quedo con los principios del movimiento". Es decir, es una derecha que ha usado a la Iglesia. La Iglesia ha sido una tonta útil bien pagada. Y esto ha dado lugar a que ahora en España está reviviendo la línea más trágica de nuestra historia eclesiástica.
Que también hay otra, porque en el siglo XVI tenemos el tránsito de la época de Cisneros (de esplendor, donde nace el erasmismo hispánico, Teresa y Juan de la Cruz....) a la época del inquisidor Valdés, que da un giro total a la derecha, y vienen las persecuciones, las denuncias... Eso parece que ha marcado todos los siglos siguientes.

P- ¿Esa derecha católica está encarnada en estos momentos en los movimientos neoconservadores?

R- Me parece que sí. Los conozco poco, pero esa es la sensación que dan. Quizá por ignorancia, porque a veces estos movimientos son muy piadosos y muy poco ilustrados. No saben hasta qué punto pueden ser manipulados, y son catequizados inconscientemente, de una manera que luego es la más cómoda para la derecha, en el sentido negativo del término.

P- Pero la derecha eclesiástica dice que esos movimientos son los que en estos momentos están ofreciendo, por ejemplo, vocaciones ala Iglesia, que de otros ámbitos no salen...

R- Sí. Pero el problema de las vocaciones no es tanto de número como de calidad. A mí me gustaría ver qué vocaciones son ésas. Mis últimos años de profesor en la facultad (ahora estoy emérito ya) contrastan mucho con los primeros. Los primeros años yo iba a clase casi con miedo, porque sabía que los alumnos se me iban a levantar. Los últimos años era al revés: Les interesaba el examen nada más, y, en todo caso, los seminaristas de Barcelona, si yo decía alguna cosita que sonaba un poco distinta de lo que ellos oían de las voces oficiales, levantaban la mano para decirme: "Bueno.... pero... dejemos las cosas en su sitio".

Era un alumnado que se había vuelto muy conservador. Y yo no creo que un ministerio así tenga futuro para salvar el cristianismo en España. Tendrá futuro para convertirlo en una secta. Pero la misión de la Iglesia no es ser secta, sino levadura y fermento. El caso de España es de lo más particular.

P- ¿Hay miedo en el ámbito teológico en que te mueves? Hay delación, anónimos llegando continuamente... ¿Cómo os sentís los teólogos españoles?

R- Lo de los anónimos y la delación es uno de los grandes pecados, yo diría pecados mortales, que se dan en la Iglesia y, consciente o inconscientemente, son favorecidos desde hace tiempo. Antes aludía a las denuncias de la inquisición presentadas contra Santa Teresa, algo increíble. Pero, sin irnos tan lejos, cuando los jesuitas tuvimos aquel problema, después de la muerte de Arrupe, el padre pidau? decía: "Es que no tenéis ni idea de las cartas que llegan de Roma, del tono de esas cartas, que parecen de gente que tendría que estar en el psiquiátrico".

Esa práctica sigue, y en Roma se da audiencia a todo esto. A mí me parece que en todos los sistemas muy absolutistas y totalitarios, el miedo a la desinformación es un enemigo muy grande, porque saben que no hay conexión con el pueblo. Entonces, cuando llega cualquier cosa, dicen: "A ver si esto es así y nosotros no lo sabíamos...". Por eso se da audiencia a todos los chifladitos.

P- ¿Eso hace que vosotros mismos, los teólogos, intentéis autocensuraros, moderaros?

R- Yo intento no hacerlo, no sé si lo hago. Creo que, desde mi juventud más exaltada, hasta los años que tengo, sí que me he vuelto un poco más suave en las formas, porque estoy absolutamente convencido de que todo puede ser dicho si se dice bien. Y yo, mientras Dios me dé vida, no callaré una cosa que creo que ayuda a que el Evangelio no esté tan desfigurado como está en estos momentos.

P- Y por decirlo todo, en la Iglesia no debería haber ni censura ni represalias.

R- Evidentemente que no. La verdad -decía Santa Teresa- padece pero no perece. La Jerarquía actual tiene la sensación de que la verdad perece a menos que ellos saquen las espadas en seguida en su defensa. Y no. Se pueden decir cosas más o menos sesgadas, desviadas o falsas, pero la verdad se abre camino precisamente a través del diálogo, la confrontación, los argumentos. Lo que pasa en el mundo de las ciencias, lo que está pasando -y es precioso- en la Biblia (pues en estos momentos ya se sabe que muchos exegetas y muchos investigadores han dicho alguna tontería, porque la manera de hacerse famoso es escribir una tesis doctoral contra todos los demás, pero luego eso, poco a poco, se va asentando), es lo que la Iglesia debería hacer para progresar. Porque, además, es lo que hacía en los primeros siglos. Porque los grandes concilios cristológicos que yo he estudiado, son siempre la última palabra después de muchas discusiones, agresividades, conversaciones... Muchos obispos de entonces decían: "¡Cirilo es un hereje!", y tenían razón. Y a muchos obispos de hoy en día, que están en la línea de san Cirilo, habría que decirles: "Con todo respeto, Vuestras Excelencias tienen algo de heterodoxia en sus mentalidades".

P- ¿Y la justificación ésa que se suele utilizar muy a menudo, del "escándalo de los sencillos"? Que lo que hacéis y decís muchas veces, escandaliza al Pueblo de Dios.

R- Puede tener su apariencia de verdad en algunos momentos, porque los de izquierda o los progres, tampoco debemos ir por ahí buscando protagonismo. Pero, a pesar de todo, es un argumento falso. Porque, si el pueblo no pasa su pequeño sarampión, sus crisis, a tiempo, acabará perdiendo la fe más tarde. De mucho de lo que es hoy la crítica histórica de la Biblia y demás, el pueblo no sabe nada, y ya tendría que saber un poquito. ¿Que al momento se pueden quedar asustados? Pero eso hace bien. Todos hemos pasado por sacudidas de ésas, y yo creo que mi fe ha crecido.

Por otro lado, al pueblo a veces lo mitificamos como un conjunto de tontos piadosos, y no es así. Hay señoras, madres súper católicas, etc, que perciben muchas cosas. El pueblo no es ignorante.

P- ¿A qué se debe la mala imagen de la Iglesia institucional española? Cada vez que salen Camino o Rouco en la televisión, la gente dice: "¡Ya están aquí!".

R- Pues como cuando salía Guerra Campos en tiempos del franquismo.

P- Pero en esa época, un poco después, estaba el contrapeso de Tarancón.

R- Sí. Pero cuando estaba Guerra en las televisiones, la gente se salía de los bares.
Su mala imagen se debe a que no permiten que se vea una Iglesia plural, y su única voz tiene en estos momentos poca audiencia. Aunque ellos lo crean, no es la única voz posible, ni muchísimo menos. Ahora, esto se remonta también a bastante lejos. Me estoy acordando ahora de una novela de un escritor inglés, católico, con gran sentido del humor, que tiene novelas encantadoras. Una de ellas comienza en España, tras la República, cuando ya ha habido tantos muertos y líos. Y cuenta que los obispos sacan un decreto diciendo que las mangas para entrar en la iglesia tienen que llegar hasta la rodilla o no sé dónde. Es un tremendo contraste entre la realidad y el mundo que quieren imponer esos tíos. Un contraste llamativo, que continúa.

P- Y en el post-concilio, sin embargo, en España teníamos a Tarancón por un lado, y a González Martín por el otro. Y los dos tenían cabida y proyección social. ¿Por qué en este momento no existe esa otra contraparte, un poco más abierta?

R- Ésa es una buena pregunta que me gustaría poder contestar, pero no sé si sabré.
Un día me tenía que ver con un obispo (el nombre no lo diré), y me dijo que no podía porque otro obispo le había dicho: "Ven, que necesito murmurar". Hay un sector en el episcopado, mayor de lo que parece, que disiente bastante de la línea oficialmente impuesta de la Iglesia. Pero no se atreven a decirlo públicamente, porque temen que escandalizarían, dando sensación de ruptura. Yo no sé si Roma les presiona para que no den sensación de división, pero en Alemania, por ejemplo, hay dos líneas claras en el episcopado: Una, la del arzobispo de Colonia, y otra, la de Lehman y esa gente, mucho más abiertos. Los fieles están más de acuerdo con uno o con otro, y no pasa nada.

P- Los nombramientos episcopales a los que aludías antes, ¿nos pueden hipotecar durante unos años en la misma tesitura?

R- Seguramente sí. Por eso he dicho que yo no espero poder respirar en el futuro un aire diferente. Porque, además, yo creo que ellos mismos perciben que no tienen mucho que decir, al contrario que Pagola, Javier Victoria, etc. Que a veces quizá lo dicen más a lo bestia, pero es porque tienen algo que decir. Ellos no. Entonces, surge la frase de un premio Nóbel (físico) que yo he utilizado tantas veces: "La intolerancia es la angustia de no tener razón".

A mí me parece que muchos de estos buenos hermanos míos, pastores de la Iglesia, tienen la angustia de no tener razón, y por eso se vuelven intolerantes.

P- ¿Sí hay ciertos ámbitos dentro de la Iglesia donde seguís pudiendo respirar un poco más (las congregaciones religiosas, por ejemplo)? ¿Eso hace que estéis en una especie de limbo? La gente de las parroquias, de la base, de la calle, los que nos movemos en los movimientos especializados de acción católica etc, y notamos esa asfixia, ¿dónde podemos acudir, qué podemos hacer?

R- En general yo creo que en este momento las congregaciones religiosas están mal vistas por la Jerarquía. Y no sólo las apostólicas, porque, curiosamente, hay congregaciones contemplativas (carmelitas y algunas más), con una línea tremendamente abierta, y que a Roma le molesta. Porque a Roma le gustaría que fuesen todas del breviario al comedor y del comedor al breviario.
En Cataluña, donde yo estoy, no se respira la misma angustia que aquí. La Iglesia catalana es bastante más abierta, y allá podemos hacer más, estamos mejor. Aunque cuando salimos en las noticias la gente se echa las manos a la cabeza. Bueno, pues si nos toca sufrir, sufriremos.
La Iglesia somos todos, la Iglesia es la comunidad de los creyentes antes que nada. Y yo he de decir que en mi iglesia me encuentro muy bien, porque la base la forma gente maravillosa que no saldrá ni siquiera en Religión Digital, que en estos momentos están trabajando por ahí con prostitutas, contra el problema de la trata de mujeres, que en España es espantoso. Esa gente que está dando el callo y sufriendo, no saldrá nunca en ningún sitio. Chicas que se ven obligadas a infinidad de cosas que nos harían llevarnos las manos a la cabeza, y que los obispos desconocen. ¿Que una chica necesita abortar? Pues, mira, la acompaño. Porque esas decisiones se ven de otra manera desde la crudeza y la dureza de la situación. Estos son Iglesia.

Hace poco he estado en Manresa dando un curso de reciclaje, y estuve con un curita de Chiapas que, después de 40 años allí, acababa de traducir toda la Biblia a la lengua de los indígenas chiapanecos, contando con una comisión de expertos, que son muy pocos. Es, además, una lengua muy difícil, porque tiene poco vocabulario, tenían que buscar giros, significados... Y me contó la tragedia de la Iglesia de Chiapas, con la prohibición para los diáconos. Porque allí se había producido realmente. Gente formada, preparada, que sabe teología y que se convertía fácilmente en líder de las comunidades, pero que no podía celebrar la eucaristía, que es un derecho para los fieles.

P- ¿Hay cosas que son imparables, y que parece que se están retrasando?

R- Sí, pero llegarán. Acabarán llegando. Lo peor puede ser que lleguen mal.

P- Y tarde.

R- Sí, tarde y mal. En mi libro La autoridad de la verdad, sobre los errores de los documentos del magisterio eclesiástico, en el que intento transmitir que la Iglesia puede equivocarse, aparece una constante, que es que la Iglesia acepta las cosas con 200 años de retraso. 200 años después del grito de la Revolución Francesa, Juan Pablo II dijo: "Esto son palabras cristianas". Pero en un primer momento "libertad, igualdad y fraternidad" parecían un ataque a la Iglesia.

La Iglesia tendría que hacer aquello que dice Mateo del Mesías: No quebrar la caña torcida, y no apagar la mecha humeante. Porque la Revolución Francesa, evidentemente, era una mecha. Y, así, muchas cosas.

Como dijo un cardenal, la hora más negra de la historia de las misiones es lo que pasó en China y en India con richy? y demás. 200 años después, Juan Pablo II dijo que richy había sido el gran misionero, el gran inculturador, pero se las hicieron pasar canutas, a él y a sus sucesores. Lo malo es que el reconocimiento llega tarde, porque si lo de richy se hubiera mantenido, sin apagar la mecha humeante -aunque hubiera que modificar algo (porque no hay parto sin alguna suciedad en este mundo)-, probablemente la situación del cristianismo en China y en la India sería hoy otra.

P- ¿Se puede personalizar el problema en España? ¿Rouco es el vicepapa, sin contrapoder alguno, o la situación no depende sólo de él?

R- Yo no quiero juzgar a personas, pero eso es lo que dicen. Sí que da la sensación de que es quien tiene el poder absoluto, a pesar de que lo tiene sólo por un voto, que, como dice la gente malintencionada, sería el de su sobrino (cosa curiosa). En las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal, me refiero. En fin, él verá.

P- ¿Qué nos queda? A la gente que nos movemos en una sensibilidad abierta y dialogante, ¿sólo nos queda lo que decías antes, de la mística de la resistencia?
La resistencia supone siempre esperanza. Esto en Cristianismo y Justicia lo decimos mucho. Tenemos que luchar por la justicia, pero no debemos dar esperanza.
A pesar de todo, nos vale la frase que el Apocalipsis dice para una situación de crisis mucho mayor, de persecución, etc: "Dios es el señor de la historia". Y las babilonias acaban cayendo.
Por consiguiente, pasaremos esta travesía del desierto, pasaremos el invierno eclesial -que dijo Rahner-, pasaremos los tiempos recios -que decía Santa Teresa, porque la cosa no es de hoy-... Pero seguiremos aquí humildemente, evangélicamente resistiendo.

Tenemos dos armas muy fuertes. La primera es el Evangelio. Lo que no deja dormir tranquila a la Iglesia no es el progresismo o el laicismo, sino el Evangelio. Cógete el capitulo 23 de San Mateo, con aquella dureza de las palabras de Jesús. San Jerónimo decía: "Eso no se ha dicho contra los judíos, se ha dicho contra nosotros, para que no caigamos en eso mismo". (Imponer cargas que nosotros no llevamos, limpiar el sepulcro por fuera, que nos saluden y nos digan padre y maestro y todo eso...). Eso está en las páginas del Evangelio. El Evangelio es enormemente subversivo.

Y luego, tenemos otro arma, que es la mejor tradición de la Iglesia. La tradición es una palabra que cubre muchísimas cosas, y la mejor tradición de la Iglesia está en contra , por ejemplo, de todo lo de los nombramientos de los obispos que hemos estado hablando. Todo lo que yo escribí en mi libro del que siempre hago propaganda: Vicarios de Cristo, los pobres de la Iglesia y la espiritualidad. Ahí está la mejor tradición de la Iglesia.

Son dos armas serias y podemos defenderlas, naturalmente, con sensatez y sentido común, sabiendo que la hora no es de triunfo y de gritar. Pero no nos han de hacer perder la esperanza, ni muchísimo menos.

P- De la resistencia a la esperanza. ¿Algún proyecto entre manos, a parte de este libro que acabas de presentar?

R- Mi proyecto es prepararme para la llamada del Señor. Pero, a parte de eso, tengo entre manos un libro que no sé si podré acabar. Se titulará Otro mundo es posible desde Jesús, parodiando el titulo aquel (...). Yo soy el que inventó la paráfrasis aquélla del anuncio de Jesús: "El Reino de Dios llega, hoy no se entiende".

Entonces, ampliando algunas cosas, desarrollo ese otro mundo de Jesús, el otro mundo posible: La lucha contra los ricos, la preeminencia de los pobres, el poder curador de Jesús, la manera de ejercer la autoridad... Esa es la primera parte. La segunda es Otra Iglesia es posible. Y la tercera, que es la más difícil (porque la Iglesia está mal, pero el mundo está peor), es responder, justamente, a la pregunta de cómo es posible un mundo en que siempre triunfan los malos. Cómo tiene que vivir en él el cristiano.

La crisis económica, como se está viendo, la provocaron unos cuantos canallas, que van a salir beneficiados. Porque creceremos, pero la tasa de paro habrá aumentado y eso será ya natural. Esto tiene que ver mucho con la oración, con la crítica al progreso (porque nuestro progreso tiene también su Pecado Original).

La tercera parte trata, pues, de cómo vivir la fe en esa situación, porque yo no me acabo de creer eso de mi querido amigo Laboardeta de que "habrá un día en que todos...". Más bien, yo soy de la otra canción, de que, cuando el pobre nada tiene, aún reparte.

No es que cambiaremos el mundo, es que va Dios mismo en nuestro mismo caminar. Y esa experiencia de Dios va en el otro.

Me gusta decir mucho, parodiándola, una frase de San Ignacio: "Hay que ser contemplativos en la acción". Yo digo: "Hay que ser contemplativos en la relación". Saber ver en el otro -con sus debilidades, sus promesas, sus defectos, lo que sea-, algo de Dios. Eso es lo que hay que cultivar.

P- Un gran proyecto, muy ilusionante. Te emplazamos a que nos lo presentes también.

R- Si algún día sale y yo todavía no estoy en silla de ruedas... Yo le digo al Señor: "Señor, si tú quieres que lo acabe, dame vida". Si no, será que no hace falta.

miércoles, 7 de abril de 2010

LA CONCIENCIA ES UNA PENSIÓN INCÓMODA

Luis García Montero, en 'Público'

"La conciencia no es un hotel de lujo, sino una pensión incómoda en la que uno no puede quedarse dormido. Está situada, además, al lado de cualquier frontera.

Como somos una sociedad de consumo, nos gusta llenar el carro del supermercado con las ofertas de la semana y las páginas de los periódicos con los escándalos y las polémicas de la actualidad. Consumimos escándalos igual que se consume una caja de galletas. La costumbre en España es que, se trate de lo que se trate, corramos a integrarnos en una bandería. Los toros, la posible exhumación de los restos de un poeta, las actuaciones de un juez, la situación en Cuba, la salida de la cárcel de un preso, la política antiterrorista o las tramas de los corruptos generan siempre una discusión a dos bandas y con afirmaciones tajantes.

Resulta muy difícil matizar, quedarse en tierra de nadie, sin ser acusado de rojo trasnochado o de fascista vendido al capitalismo. La sociedad consumista tiene mucha prisa, y en medio de los dogmas, que son la prisa de las ideas, es difícil matizar, por ejemplo, que uno no siente mucha simpatía por un juez estrella, que entra y sale de la política o de los titulares sin demasiados escrúpulos, pero que es una barbaridad y una grave agresión democrática intentar condenarlo por una prevaricación inexistente. La matización se convierte incluso en un peligro cuando el contrario está dispuesto a manipularte y las dudas sobre una actuación judicial sirven para que, bajo el manto de los muertos del franquismo, una trama indeseable de políticos y negociantes corruptos intente echar humo sobre sus tropelías.

El consumo de opinión procura mantener viva con sus prisas la lógica de las dos Españas. Pero se olvida que Antonio Machado no escribió sus famosos versos (“una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”) para referirse a la derecha y a la izquierda, con la que él siempre se identificó, sino a los turnos de los partidos de la Restauración, a las dos Españas monárquicas de los conservadores y liberales, caras distintas de una misma mentira. Lo que de verdad aprendió Machado es que a la hora de opinar, en la lógica de las banderías, a veces debemos salirnos por la tangente.

Por eso conviene recordar que la conciencia no es un hotel de lujo, sino una pensión incómoda situada en una frontera. Voltaire levantó un castillo en Ferney, justo en la frontera de Francia y Suiza. Cuando despertaba las iras de Luis XV o de los calvinistas ginebrinos podía situar su pensamiento en el lado de la frontera que permitiese su independencia. En una sociedad de poderes mediáticos, hoy han cambiado las cosas para el orgullo intelectual y es excesivo levantar castillos en homenaje a la opinión propia. Más bien la conciencia vive en una pensión. Pero es bueno que siga levantada junto a una frontera.

Luis Cernuda identificó al poeta con la soledad de un farero. Su búsqueda de la dignidad, de la conciencia individual, le recordaba al farero que sabía vivir aislado, en una torre a las afueras del pueblo, pero con la intención de evitar el naufragio de las ilusiones colectivas. Para embarcarse en una ilusión colectiva, nada resulta más conveniente que aprender a quedarse solo. Ninguna patria, raza, religión, partido, consigna, nostalgia o vanidad puede estar por encima de la propia conciencia. Sólo la claridad de las conciencias individuales sostiene la dignidad de las ilusiones colectivas.

Llegados aquí no faltarán los compañeros de catecismo que piensen en la conciencia individual y en los amparos democráticos como una deformación burguesa. Si tienen tiempo, les aconsejo que lean El invierno de la democracia del politólogo Guy Hermet. La democracia hoy es pura inexistencia, una nostalgia de otro tiempo, y no han acabado con ella los viejos totalitarismos. Ha sido el capitalismo desarrollado como un cáncer, con su capacidad de destruir los espacios públicos y las conciencias individuales, el que le ha dado el tiro de gracia al viejo sueño democrático.

Voltaire se sintió orgulloso de su castillo en Ferney y dijo que iba a durar mil años. La conciencia es una pensión pobre, pero es el único espacio propio que nos queda. No conviene que nos acomodemos en el balneario ancho y ajeno de las banderías".

domingo, 4 de abril de 2010

¿JESÚS RESUCITÓ?

José Arregi

Querida amiga, amigo: ¡Que tengas la paz de Jesús!

Llegó la Pascua, como todos los años, en el domingo siguiente a la primera luna llena de la primavera. "Noche de paso a la vida. Noche de luz y alegría. ¡Alleluya, alleluya! ¡Alleluya, alleluya".

Contemplamos el fuego, encendimos el cirio, cantamos a Jesús "santo y feliz". Hicimos memoria de los antiguos hebreos liberados y de los esclavos liberados de todos los tiempos. Escuchamos la promesa del Espíritu que revive y consuela, que vuelve el corazón de piedra en corazón de carne.

Escuchamos en pie el Evangelio de la Pascua, el alegre saludo del Resucitado a María de Magdala y sus compañeras, llorosamente aferradas al Calvario y al sepulcro: "¡Alegraos, no temáis! Volved a los caminos y las tareas de Galilea. Anunciad el Evangelio a vuestros hermanos, sed evangelistas, y vivid en paz a pesar de todo".

Y dijimos que sí. Derramamos el agua y toda su bendición sobre nuestras manos pequeñas y vacías, ungimos con aceite perfumado nuestras almas necesitadas. Y desde el fondo vacilante de nuestro ser prometimos: "Quiero ser como Jesús, bueno y feliz".

Luego, la vida sigue, todo es como es. Los días se alargan, pero la luna ha menguado y la noche es más oscura. María de Magdala vuelve al sepulcro a llorar la ausencia. Muchos discípulos caminan tristes, el corazón ha dejado de arder, la esperanza decae como la luz de la tarde.

Y seguimos preguntando:

· ¿Hay en el mundo menos dolor que antes de la Pascua?
· ¿Dónde vemos el Reino de la liberación universal que soñó Jesús en las hermosas colinas y en las humildes aldeas de Galilea?
· ¿No siguen los caminos atestados de enfermos e inmigrantes?
· ¿No sigue mandando la ley del imperio y del Sanedrín religioso?
· ¿No acabó el profeta de Nazaret en la muerte, sea que fuera devorado por los perros, o arrojado en una fosa común o dignamente sepultado en una tumba decorosa por su influyente amigo José de Arimatea?
· Sea lo que fuere de la suerte del cadáver, ¿no sigue el crucificado, al fin y al cabo, clavado en su cruz, abandonado de Dios, como innumerables crucificados de la historia?

¿He dicho "abandonado de Dios"? ¡Absurdo! No se puede creer en un Dios que haya abandonado a Jesús, el profeta de la bondad feliz, y a innumerables profetas y profetisas que han quedado, fracasadas, en las cunetas de la historia. ¿Será, pues, que no hay Dios? Realmente, ¿resucitó Jesús? ¿Han resucitado todos los muertos?

María, Pedro, los discípulos de Emaús... también ellos sintieron el vértigo de estas preguntas. Como tú y como yo. Su duelo tuvo que durar mucho más que tres días. Tuvieron que ser meses, incluso años... (¿no hace ya siglos y milenios que seguimos esperando el "tercer día"?).

Y, sin embargo, a pesar del vértigo y del duelo, en el corazón mismo de la noche y del desengaño, fue brotando una certeza como una llama de luz pequeña y poderosa:

En la cruz, Dios estaba con Jesús.

Dios ha estado siempre con todos los mártires, en su vida y también en su muerte.
Dios estaba con Jesús cuando curaba, cuando compartía la mesa con los "pecadores", cuando inventaba parábolas desconcertantes y consoladoras.
Y en el horror de la cruz, Dios siguió estando con Jesús, padeciendo sus heridas, todas las heridas, padeciendo su abandono, todos los abandonos.
Y también en la fosa común o en la tumba amiga, Dios estaba con Jesús.
Y Jesús estaba con Dios. Jesús está con Dios. Luego Jesús vive.

Ésa es la fe pascual, su fe y nuestra fe, oscura y luminosa. ¿Por qué creyeron ellos? No porque hubieran encontrado el sepulcro vacío (un sepulcro que tal vez ni siquiera conocían), ni porque hubieran tenido "apariciones milagrosas" de Jesús ("apariciones" ha habido siempre, en todas partes: es cuestión de ciertas neuronas que se activan por mil razones distintas, como inyectarse LSD, bailar, meditar, sentir una fuerte emoción, tener una firme convicción...).

No hace falta que el sepulcro de Jesús haya quedado vacío, por alguna especie de "transmutación" de los átomos (como sigue sosteniendo aún, extrañamente, un científico como Polkinghorne); nuestros sepulcros no quedarán vacíos, pero seguiremos siendo en Dios.

No hace falta que hayan "visto" a Jesús resucitado con otros ojos que los ojos del corazón, que es como vemos nosotros la vida de una orquídea, la belleza de unos ojos, la presencia de Dios en todo lo bueno.

Así reconocieron la Pascua de Jesús. No la reconocieron porque hubiera sucedido nada "después" de la muerte de Jesús, sino porque aprendieron a mirar la vida y la cruz de Jesús como sacramento de Dios.

La Pascua de Jesús no tuvo lugar "después" de la muerte, sino a lo largo de su vida y en su muerte solidaria de los crucificados.

Reconocieron su vida como sacramento de la bondad poderosa de Dios, de su compasión sanadora, y reconocieron su muerte como consecuencia de su vida profética.

Miraron a Jesús como profeta mártir, a sus ojos el más grande de los profetas mártires de Dios, y reconocieron en su cruz la realización consumada del destino de todos los profetas mártires.

Y, desde las entrañas oscuras de la vieja fe probada, extrajeron una confesión nueva como la luz del alba:
"Dios estaba con Jesús y nunca lo abandonó. Jesús vive en Dios y nunca nos abandonará".

Y empezaron a sentirle tan cercano como cuando lo acompañaban por los caminos de Galilea, incluso más cercano que entonces.

Y aprendieron a verlo presente como se ve a Dios, en el corazón de cuanto vive y hace vivir, en todo lo bello y en todo lo bueno.

Y confesaron que el Reino de la liberación ya está en marcha, como semilla poderosa que ha de crecer, como primicia de una cosecha que un día cubrirá el mundo de pan y de vino.

Y siguieron amando a Jesús, no solamente en la memoria dolorida, sino en el corazón de la vida.

Y se propusieron seguir el camino de Jesús, aunque fueran a fracasar como él, pues Dios acompaña a todos los heridos y fracasados, curando suavemente las heridas, transformando lentamente el fracaso en camino.

Ésa fue su fe pascual, ésa es también la nuestra: "Jesús ha resucitado", todos los muertos han resucitado.

No creemos que Jesús ha resucitado por ningún argumento empírico: el sepulcro vacío o las apariciones. Ninguna cámara hubiera grabado ninguna imagen, ningún sonido.

No creemos que Jesús ha resucitado por ningún argumento autoritativo: el testimonio de María y Pedro y todos los otros. No creemos porque ellos hayan creído, porque ellos sean creíbles. Creemos gracias a ellos y ellas, pero creemos como ellos y ellas, por sus mismas razones.

¿Por qué? Porque en la vida y en la cruz de Jesús miramos al Dios de la compasión que cura y hace vivir. Porque en las cruces de la humanidad, en los dolores de la creación, en la entraña de la vida y de la tierra, vislumbramos la entraña de Dios, herida y sanadora. Y, a pesar de todo, nos brota de dentro: "Todo vive en Dios, todo está salvado en ti, todo acabará bien".

Amiga, amigo: ¡Que tengas la paz de Jesús! La paz del Crucificado, del Hermano herido, de sus heridas que curan. La paz de la Pascua, primavera del mundo nuevo. La paz que lo es todo, que todo lo recrea. Jesús te la regala, justamente a ti. A ti, como eres y como estás, como a María de Magdala al amanecer de la Pascua, como a Cleofás y su compañero (¿por qué no compañera?) al atardecer del mismo día, que es cada día.

Pronuncia tu nombre propio, lleno de sueños y de heridas, y te dice cariñosamente:
"¡Vive en paz! Tus heridas son también mis heridas, tus esperanzas son mis esperanzas. Dios está contigo, como estuvo conmigo en los verdes campos de Galilea, y también en la hora negra de la cruz".

José Arregi

Para orar

Este viejo madero ha florecido
para esculpir de Cristo la hermosura
y cantar su victoria que fulgura
en la savia del mundo renacido

De pie sobre la muerte, Cristo erguido
en viva geometría de ternura,
levantas en tus brazos a la altura
la esperanza del hombre redimido.

Reverdece de luz nuestra frontera
sepultada en la noche de la Historia.
Lo que era ayer desierto es primavera

por torrentes de vida fecundada.
Cantando voy mi gozo y tu victoria,
Cristo sobre la cruz resucitado.

Miguel de Combarros





sábado, 3 de abril de 2010

¿ALGO NUEVO SOBRE DIOS?

Juan G. Berdoya, en 'El País'

En el catecismo romano que aprendió Karen Armstrong en 1950 esta era la respuesta a "¿qué es Dios?": "Dios es el espíritu supremo, que existe por sí mismo y es infinito en todas sus perfecciones". En España, por esa época, se enseñaba la doctrina del jesuita Gaspar Astete, de 1537. El original del Astete decía: "Pregunta: ¿quién es Dios nuestro Señor? Respuesta: es una cosa lo más excelente y admirable que se puede decir ni pensar, un Señor infinitamente Bueno, Poderoso, Sabio, Justo, Principio y fin de todas las cosas, premiador de buenos y castigador de males". El nacionalcatolicismo mantuvo el nombre del catecismo, pero lo sometió a la revisión del jesuita Remigio Vilariño, "que en el Bilbao de principios del XX lo relanzó con un éxito que trascendería los océanos" (así reza una edición de 1955). En el de Vilariño "la cosa" del Astete se transforma en "Dios nuestro señor". Pero la figura sigue teniendo perfección absoluta. Muy acertadamente, Armstrong sentencia que Dionisio, Anselmo y Tomás de Aquino "se revolverían en sus tumbas al oír estas definiciones". Lo dice porque "definir significa poner límites", y Dios, si existe, excede a todas las palabras y conceptos.

Es un libro imponente. Quien se haya ocupado de estudiar las religiones no debería perdérselo. Su autora ha escrito libros tan extraordinarios comoLa gran transformación (Paidós); un estudio sobre la intolerancia religiosa frente al progreso(Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam, Tusquets); una historia de El islam (Mondadori), y estupendas biografías de Mahoma (Tusquets) yBuda (Mondadori), entre otros. De familia irlandesa, criada en Birmingham (Reino Unido), fue monja y ahora historiadora de las religiones y una gran teóloga en el sentido en que los griegos entendían esta palabra. La teología como un lenguaje: un logos sobre theos.

Kant negó la posibilidad de demostrar la existencia de Dios, pero reivindicó un Ser Supremo por razones éticas, el Motor Inmóvil. No hay gran filósofo que no haya reflexionado sobre el tema. Y eso que bien temprano se concluyó que el mundo natural no podría darnos información sobre Dios, "el Dios incognoscible", en palabras de san Agustín. Aparte de san Pablo, ningún otro teólogo ha sido más influyente en el cristianismo que el autor de Confesiones. El libro de Armstrong es, sobre todo, un repaso de ese debate, desde Sócrates, Aristóteles o Maimónides hasta Sartre, incluso más acá, pasando por los pensadores de la edad oscura, los de la Ilustración e incluso los pensadores ateos más modernos, como Richard Dawkins (El espejismo de Dios), Christopher Hitchens (Dios no es bueno), y Sam Harris en El fin de la fe. Los eclesiásticos piensan que esta poderosa expansión del laicismo, y su éxito comercial, es una novedad. La realidad es que los Hitchens de hoy no dejan de ser suaves epígonos de los grandes clásicos del ateísmo. Citemos el muy famoso Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell.

Hay, sin embargo, una diferencia fundamental entre el pensamiento antirreligioso de antaño y el de los nuevos enemigos de Dios. Los clásicos del ateísmo querían cambiar la sociedad. La vanguardia del ateísmo o el agnosticismo, dicho en palabras del filósofo Heleno Saña, se trata de pensadores que creen en serio que el único problema de la humanidad es el de creer o no creer en Dios, sin darse cuenta de que adoptan, en sentido inverso, la misma intolerancia que hizo exclamar a Tertuliano que "fuera de la Iglesia no hay salvación". También está de moda un narcisismo teológico, que presenta a un Ser Supremo bondadoso a la manera del Astete: el Dios que vela por los hombres y los ama sin fin. Ante los crímenes de la Humanidad, se oye: "¡Es la voluntad de Dios!". Pero el mundo sigue siendo el escándalo que torturaba a Kierkegaard. En este sentido, Dios necesita defensa, como sugiere el título de este libro. Necesita una explicación, incluso entre quienes lo crean "un producto de la mente humana".

¿Dónde está Dios ante el mal? Es la gran pregunta. Se escucha que también en la experiencia del mal se puede encontrar a Dios. El poeta César Vallejo escribió enHeraldos negros: "Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo / grave". Si no hay nada más sucio que hacer sufrir al pobre, el Dios de los ricos no puede ser el de los pobres. Tampoco al que clamó Benedicto XVI en su visita a Auschwitz ("¿por qué, Señor, has tolerado esto?") es el mismo que el Ser Supremo (Dios, Alá, Yahvé, Buda, etcétera) del que habló Epicuro. De esto habla con sabiduría Armstrong, quizás en defensa de Dios, tal vez en su contra.

El problema de fondo es la incompatibilidad de dos atributos de Dios: bondad y omnipotencia. No es teodicea de primero de seminario sobre un texto de Tomás de Aquino, sino pensamientos que vienen de Epicuro, en una formulación que debería angustiar a los estudiantes del Astete por poco que hayan reflexionado: Dios, frente al mal, o quiere eliminarlo pero no puede (1); o no quiere (2); o no puede y no quiere (3), o puede y también quiere (4). En el primer caso, Dios no sería omnipotente; en el segundo, no sería bondadoso o moralmente perfecto; en el tercero, no sería ni omnipotente ni bondadoso o moralmente perfecto, y en el cuarto, Epicuro plantea la pregunta acerca de cuál es el origen de los males y por qué Dios no los elimina. El ateo Voltaire se preguntó lo mismo tras el terremoto que destruyó Lisboa en 1755.

viernes, 2 de abril de 2010

¿DÓNDE BUSCAR AL QUE VIVE?

José Antonio Pagola

La fe en Jesús, resucitado por el Padre, no brotó de manera natural y espontánea en el corazón de los discípulos. Antes de encontrarse con él, lleno de vida, los evangelistas hablan de su desorientación, su búsqueda en torno al sepulcro, sus interrogantes e incertidumbres.

María de Magdala es el mejor prototipo de lo que acontece probablemente en todos. Según el relato de Juan, busca al crucificado en medio de tinieblas, «cuando aún estaba oscuro». Como es natural, lo busca «en el sepulcro». Todavía no sabe que la muerte ha sido vencida. Por eso, el vacío del sepulcro la deja desconcertada. Sin Jesús, se siente perdida.

Los otros evangelistas recogen otra tradición que describe la búsqueda de todo el grupo de mujeres. No pueden olvidar al Maestro que las ha acogido como discípulas: su amor las lleva hasta el sepulcro. No encuentran allí a Jesús, pero escuchan el mensaje que les indica hacia dónde han de orientar su búsqueda: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado».

La fe en Cristo resucitado no nace tampoco hoy en nosotros de forma espontánea, sólo porque lo hemos escuchado desde niños a catequistas y predicadores. Para abrirnos a la fe en la resurrección de Jesús, hemos de hacer nuestro propio recorrido. Es decisivo no olvidar a Jesús, amarlo con pasión y buscarlo con todas nuestras fuerzas, pero no en el mundo de los muertos. Al que vive hay que buscarlo donde hay vida.

Si queremos encontrarnos con Cristo resucitado, lleno de vida y de fuerza creadora, lo hemos de buscar, no en una religión muerta, reducida al cumplimiento y la observancia externa de leyes y normas, sino allí donde se vive según el Espíritu de Jesús, acogido con fe, con amor y con responsabilidad por sus seguidores.

Lo hemos de buscar, no entre cristianos divididos y enfrentados en luchas estériles, vacías de amor a Jesús y de pasión por el Evangelio, sino allí donde vamos construyendo comunidades que ponen a Cristo en su centro porque, saben que «donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está él».

Al que vive no lo encontraremos en una fe estancada y rutinaria, gastada por toda clase de tópicos y fórmulas vacías de experiencia, sino buscando una calidad nueva en nuestra relación con él y en nuestra identificación con su proyecto. Un Jesús apagado e inerte, que no enamora ni seduce, que no toca los corazones ni contagia su libertad, es un "Jesús muerto". No es el Cristo vivo, resucitado por el Padre. No es el que vive y hace vivir.


jueves, 1 de abril de 2010

¿CÓMO ESTÁ HAITÍ DOS MESES DESPUÉS DEL TERREMOTO?

Entrevista a Ramiro Pampols, en Puerto Príncipe
Sólo puedo ofrecerte algunas pinceladas, en la medida que me lo permite mi situación en el país, pues estoy todo el día en el Noviciado de los jesuitas haitianos, como responsable del almacén de medicamentos que distribuyo a los hospitales y dispensarios de Haití. Se trata de ayudas internacionales, llegadas de República Dominicana, Italia, Puerto Rico, Portugal,…

Respondiendo a tu pregunta creo que muy lentamente se va dando una recuperación del país. Por ejemplo, ya tenemos luz pública en las algunas calles y en las casas en que existe instalación eléctrica (que son una minoría), se van limpiando las calles de los cascotes y hierros y se derriban por completo los edificios que quedaron semiderruidos por el seísmo.

Algunos negocios han comenzado a trabajar hace ya días: bancos, estaciones de gasolina, comercios pequeños, y especialmente las vendedoras de las calles que colocan a lo largo de las aceras de toda la ciudad productos vegetales, frutas carbón de leña, ropa de segunda mano, etc. Y “golosinas” que llaman pomposamente “bombones” y son simples galletas…El gran ausente es el uniforme de los niños. Tengo para mí que Port-au-Prince es la ciudad del Caribe con mayor número y más diversidad de uniformes escolares, la mayoría bien vistosos…

Sin embargo, lo que define más a Port-au-Prince es la gran cantidad de campamentos esparcidos por toda la ciudad, en los que malviven millares de familias. Es cierto que se han distribuido tiendas de campaña, aunque no para todo el mundo, pero no existen servicios mínimos en estos espacios improvisados en medio de la ciudad y en zonas peligrosas, cuando llueve intensamente.

Falta luz, letrinas, agua (aunque llegan algunos camiones cisterna), servicios médicos, recogida de basuras, unos espacios suficientemente amplios que eviten la promiscuidad existente, exceso de ruidos durante la noche,…

Este será el gran reto del Presidente Preval: aceptar la exigencia de la gente de los campamentos que quiere regresar a sus barrios y no crear nuevas ciudades satélite alrededor de la capital.

El resto del país, aparte de algunas ciudades muy castigadas también, como Leogane, que vive el mismo drama de la capital: hospitales destruidos y casas desplomadas, ha empezado hace ya días su vida normal, en la medida en que puede hablarse así.

Quienes no lo han hecho son las víctimas del terremoto, las familias respectivas que les cuidan, o quienes están todavía psicológicamente traumatizados.

Esto es tan así, que casi todos los haitianos aun duermen enfrente de sus casas, incluso de aquéllas que siguen en buen estado. Yo duermo dentro de casa desde el primer día, pero reconozco que se trata de una reacción “cultural”…

En la capital ¿Se ha recuperado ya la normalidad? 

Creo que he respondido ya a esta cuestión. Sí, se vive ya una cierta normalidad en Port-au-Prince. Teniendo presente que, a mi parecer, se dan dos tipos de personas: aquéllas que desde bien pronto, casi al día siguiente, empezaron tanto a caminar por las calles, como retomando la costumbre de los pequeños mercados vecinales para ganarse la vida diaria: son los trabajadores y trabajadoras de la economía informal que en Haití alcanza a un 80% de la población, especialmente femenina, y aquéllos que se han quedado casi encerrados en los campamentos, esperando la ayuda estatal o de las ONGs y quienes cuidan los heridos víctimas del terremoto.

¿Cuáles son las necesidades de la población, especialmente de los niños y las mujeres?

Son las de siempre…las que podríamos llamar “estructurales” y que ya estaban presentes antes del terremoto y que ahora se han agudizado más: una vivienda en condiciones mínimas de seguridad y salubridad y disponer de un trabajo para ganarse la vida dignamente. Y por supuesto, poder comer al menos una vez al día!

Las mujeres y los niños sufren más esta angustia el. Por esto las madres salen a la calle para vender cualquier cosa…Actualmente el 14% de la población del país, tiene de 1 a 14 años. Casi la mitad de la población.

En este momento queda por resolver el problema escolar. Se están organizando escuelas en los campamentos a cargote la UNICEF y otras ONGs nacionales o internacionales que están sobre el terreno y tienen experiencia docente. Nosotros, como Movimiento escolar Fe y Alegría extendido por toda América Latina, también estamos presentes en siete de los dieciséis grandes campamentos que tiene la ciudad. Este mes de marzo realizan actividades paraescolares que preparan el inicio (o la continuación) del curso escolar en el mes de abril.

Las demás escuelas de Port-au-Prince harán lo mismo, mientras el resto del país ya recomenzó las clases hace algunas semanas. Me dicen, sin embargo, que los niños no suelen entrar al interior de las aulas, por orden de sus padres…

¿Están protegidos los niños, en especial los huérfanos? 

La pregunta sobre la protección de los niños es una pregunta delicada. Ya sabéis por la prensa internacional que Haití impidió la salida del país a 30 niños recogidos por una ONG confesional. Parece que ha sido un caso de alarma excesiva, ya que los responsables han sido puestos en libertad poco después.

Como hay madres que no pueden segur alimentando a sus hijos, los llevan a los orfelinatos. El problema se plantea cuando los potenciales adoptantes tienen conocimiento de este hecho.

Tengo conocimiento de que el Gobierno español no dispone de un protocolo de adopción de niños haitianos, por esta razón. Después de consultarlo estos días con la Embajada me han dicho “que se han suspendido” hace ya cierto tiempo los trámites para poder adoptar aquí.

Supongo que a causa del seísmo, ha aumentado el número de huérfanos y es cierto que hoy por hoy, el estado haitiano no es capaz de dar una respuesta adecuada esta grave necesidad humanitaria.

Existen en este momento algunas ONGs que intentan poner en marcha algun orfanato. Por ahora ayudan a paliar esta situación la creación de comedores populares para niños de la calle y huérfanos. Por ejemplo, la ONG Tiravira de Terrasa, ha creado uno en Ouanaminthe.

¿Cuál es la actitud del Presidente y del Gobierno? 

La reacción de Preval y de su Gobierno ha ido mejorando poco a poco con el paso de los días. Inicialmente hubo un silencio absoluto. Ni siquiera se creó un gabinete de emergencia en las primeras 24 horas. Se decía incluso, que Preval se retiraba cada noche a dormir a Miami.

Me imagino que la presencia de las legaciones de otros gobiernos forzó a Preval a hacerse más presente en un drama que evidentemente, le superaba por completo

El propio Palacio Presidencial de la nación se vino abajo, como un símbolo de este descalabro físico y moral.

Después, cuando ha tomado la palabra, creo que lo ha hecho con acierto. En primer lugar, con motivo de la visita de Lula a Haití, aceptando visiblemente el apoyo del líder latinoamericano, pienso que por encima de otros liderazgos tradicionales de América. del Norte.

Luego, entrando en diálogo con la población víctima del seísmo, que le ha reclamado reiniciar su vida en sus barrios de origen y no en otros espacios de la ciudad o fuera de ella.

Finalmente, ha hecho en estos días unas declaraciones, a primera vista sorprendentes, pero lúcidas, pidiendo una disminución de la ayuda alimentaria internacional que corre el riesgo de impedir la autonomía de los propios campesinos haitianos, en la producción y comercialización de los alimentos básicos.

La fértil zona del Artibonite está almacenando el arroz en detrimento del que llega de los EE.UU., aun en forma de donación.

No se puede eludir el grave peligro que supone disponer ahora más que nunca de centenares o miles, de millones de dólares. Puede llevar al país hacia una dirección radicalmente equivocada: acabar de convertir en crónica su dependencia del exterior.

Esta dependencia no incluye tan sólo la dimensión económica (dependemos en estos momentos del exterior en un 60% para la obtención de los alimentos básicos), sino muy particularmente la dependencia política, más insidiosa al no manifestarse tan abiertamente.

Entiendo que no es fácil valorar objetivamente el conjunto de ayudas que está recibiendo Haití, antes y después del terremoto y que va a ampliarse después de las tres Conferencias Internacionales en Santo Domingo, con los expertos, en Nueva York y Washington con los Jefes de Gobierno, entre este mes de marzo y abril.

Insisto. Este alud de dólares puede más bien dificultar un crecimiento armonioso y justo del país, sometiéndole a influencias políticas nunca del todo claras, especialmente cuando llegan desde el Primer Mundo, americano o europeo.

Ojalá las palabras de Preval fueran como un revulsivo ante esta eventualidad!

¿Ha sido bien gestionada esta ayuda?

Este es otro gran capítulo, difícil de abordar. Mucha gente se expresa diciendo que Haití es un país “fallido”, es decir, tiene una unidad geográfica, con una historia propia (el primer país negro en lograr su independencia), una lengua, una cultura, una particular religiosidad, …pero que hasta ahora no ha sido capaz , aparte de algunos breves períodos anteriores, de ser una Nación-Estado.

Haití es como un gran cuerpo humano, sin brazos ni piernas: le fallan las instituciones y los canales propios de un Estado con sus funcionarios, tanto en el gobierno central como en sus Departamentos y municipios, que harían llegar la sangre del corazón al resto del cuerpo.

Si a esto añadimos una especie de subcultura de la corrupción que cubre desde el Estado hasta una buena parte de las actividades económicas y de la administración de la justicia del país, tenemos una perspectiva bastante preocupante y cuáles son los nuevos retos de Haití a partir de ahora.

Por esto se oye hablar más de “construcción” que de “reconstrucción” como un síntoma en esta buena dirección.

Evidentemente, este tema reclama una profundización más matizada que una entrevista no es capaz de proporcionar…

¿Cuál ha sido y es en este momento, la actuación de la Iglesia?

La actuación de la Iglesia creo honestamente que ha sido, en conjunto, bastante débil. Es cierto que ha sufrido pérdidas muy sensibles, desde personas como el arzobispo de Port-au-Prince, muerto en su propio despacho en el momento del seísmo, hasta casi setenta sacerdotes, religiosas y religiosos, muchos de ellos jóvenes estudiantes, sin contar el enorme número de fieles fallecidos en aquellos trágicos segundos. La misma Catedral, también destruida, es como un símbolo del alcance que ha tenido para el pueblo católico de Haití.

Sin embargo, considero que apenas se ha levantado una voz que se haya hecho sentir con claridad, viniendo de la Iglesia Jerárquica.

Es cierto que Justicia y Paz ha publicado una especie de Carta, dirigida al Gobierno de la Nación, desde el Presidente, el Primer Ministro y a los Diputados y Senadores del país, señalando con fuerza, cuáles son las urgencias del momento.

Tal vez, es el único documento que se hecho eco de este gran siniestro.

Tengo que añadir que Caritas Haití y el CRS (Catholic Relief Services) y algunas Congregaciones religiosas (nosotros entre ellas, con el Servicio Jesuita a Refugiados y las escuelas Fe y Alegria), están realizando un esfuerzo importante para paliar los sufrimientos de la población, sin distinción de creencias.

Una llamada desde Haití 

Creo que una modesta llamada que puedo expresar a mis hermanas y hermanos creyentes que han vivido desde la solidaridad y la compasión profunda este hecho dramático, me viene inspirada por un médico mexicano, Cuautémoc Abarca, que impulsó activamente en su país el apoyo a los más pobres en el terremoto que sufrió México en 1985.

Nos dijo hace unos días, que “un seísmo no es un mal, es sencillamente la manifestación de la Madre Tierra como un “ser viviente”…El problema está en nosotros, los humanos, que creamos “sociedades fragilizadas” que no tienen en cuenta a la naturaleza por nuestro egoísmo en no establecer medidas de seguridad ante estas posibles manifestaciones naturales, conocidas incluso de antemano…En el fondo quiso decirnos que la responsabilidad en estas catástrofes es nuestra y no de la naturaleza.

De esta reflexión quisiera deducir que este terremoto con millares de muertos, la mayoría humildes gentes de Port-au-Prince, debiera ser una llamada a un compromiso por una sociedad y un mundo más justos, que tengan en cuenta no sólo a la Naturaleza, con todo cuanto están reclamando los movimientos ecologistas, sino también a los seres humanos, tan ligados a la creación, a la Tierra y al derecho a vivir en ella en condiciones de seguridad, de tal forma que el afán por obtener beneficios a toda costa y sin límite alguno, no pase por delante del respeto radical a esta misma Naturaleza y a la Vida humana.

¿Cómo vivo esta tragedia a nivel personal?

Se me pide cómo estoy viviendo esta tragedia…Al no haber sido víctima directa del seísmo, no he sufrido casi ninguna de las consecuencias que está padeciendo tanta gente. Pienso, por ejemplo, en el elevado número de amputados, a veces con las prisas de atender a todos…

Es muy difícil e incluso presuntuoso, ponerse en la piel de una de estas personas amputadas o de una familia que ha perdido casi todos sus miembros en unos segundos, o han vista reducida a escombros su humilde casa, levantada con tantos sacrificios.

Prefiero guardar silencio, que tal vez tiene que ver con una mirada a la imagen del crucifijo de la capilla de la escuela que perdió sus 300 alumnos y que tanto la imagen de Cristo como la Cruz, aparecen medio rotos y sepultados junto al resto de las víctimas.

Aunque no es nada fácil identificarse con tanto sufrimiento, ahora prefiero pensar en servir a un pueblo resucitado, diferente al que había antes del terremoto, unido más que nunca por los lazos de una nueva fraternidad, en el que los pobres, que son la inmensa mayoría del país y en especial los huérfanos e inválidos, estén considerados en primer lugar, a pesar de que quienes vienen ahora a ayudarnos no lo entiendan demasiado. Basta con que el pueblo haitiano lo quiera y lo defienda tenazmente.

Port-au-Prince, marzo del 2010 - Ramiro Pàmpols, sj., cura obrero jubilado.