sábado, 11 de septiembre de 2010

JESÚS ESTARÍA INCOMODÍSIMO EN LA IGLESIA DE HOY

Jesús Bastante

"Jesús estaría incomodísimo en la Iglesia de hoy", sostiene el teólogo Federico Pastor, presidente de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, que este jueves arranca su XXX Congreso, dedicado en esta ocasión a la figura de Jesús de Nazaret, una figura "que interpela y que sigue de actualidad".

Después de varias ediciones en las que se ha tratado de las relaciones entre el Cristianismo y la política o la realidad social, "hay algún momento en que tienes que volver a las raíces: en qué creemos, qué queremos transmitir a la gente, en la vida, y en la política, en la sociedad...". Para ello, el plantel de ponentes es interesante: Mayor Zaragoza, Rafael Aguirre. González Faus, Jon Sobrino... "También muchas mujeres".

¿Quién es Jesús para Federico Pastor? "Para mí, es el personaje, y el mensaje, que da sentido a mi vida, y a la vida de muchísimos millones de personas. La figura histórica de Jesús tiene más fiabilidad que la de Julio César, por ejemplo. Existió, y se pueden saber muchas cosas de Jesús". Eso sí "no podemos saberlo todo, ni coger los Evangelios como si fueran una biografía de Jesús. Pero sí su ambiente geográfico, las líneas fundamentales de su mensaje... y la aceptación de la fe".

No resulta fácil hablar de Jesús hoy, "aunque es una figura que interpela mucho. Que una persona que ha vivido hace 2.000 años, en un ambiente totalmente diferente al nuestro, nos siga interpelando e interesando a tanta gente, te hace pensar", resalta el presidente de la asociación. Sí añade que "es mucho más fácil presentar el Cristianismo con base en Jesús que con base en la Iglesia. La Iglesia tiene la importancia que tiene, pero en ningún caso puede sustituir a Jesús, aunque en muchos ambientes, sobre todo oficiales, da la impresión e que primero es la Iglesia, y luego Jesús. Y eso es una salvajada".

¿Dónde estaría Jesús en la Iglesia de hoy? "Estaría incomodísimo, seguro -apunta Pastor-, pero no sólo hoy. Si a Jesús le pones en el Vaticano del siglo XVI, o en las cruzadas... Da la impresión de que lo que transmite la Iglesia de hoy tiene muy poco que ve con lo que dijo Jesús en aquel tiempo. O le falta muchísimo. No creo que sea demasiado fácil la convivencia de Jesús en la Iglesia".

Sin embargo, Pastor ve "difícil" la existencia de un Cristianismo sin institución. "Aun los movimientos que surgieron de la Reforma y que bajaron el nivel jerárquico, acabaron recuperándolo para sobrevivir", sostiene. Una cosa es eso, aclara, y otra "una hipertrofia y centralismo de la Iglesia. Hoy por hoy, la estructura de la Iglesia es absurda. Que en el siglo XXI haya un señor, que es el Papa, que manda todo en más de mil millones de católicos, no es viable. Tampoco pertenece al mensaje básico de Jesús. Esa papolatría que existe en ciertos sectores no tiene mucho que ver con lo de Jesús".

Desde la asociación no se han planteado ningún movimiento de cara a las próximas visitas de Benedicto XVI a España. Sin embargo, Pastor incide en que "todos estos viajes me parecen superfluos, inútiles, costosos y a veces hasta contraproducentes, porque llaman a los convencidos y alejan a los que están fuera. No las comparto ni remotamente".

¿Cuál es la misión de los cristianos hoy? "Tenemos varias responsabilidades -afirma el presidente de la Asociación Juan XXIII-. Inicialmente, ser adultos, críticos, analizar las cosas que ocurren con sinceridad y sencillez, sin agresividad. Vivir desde un punto de vista humano adulto. Decirlo. Uno de los males más gordos que existen en la Iglesia actual es ese respeto a no querer decir las cosas porque van a hacer daño. A veces hace más daño no decir algo que está viendo todo el mundo. Y luego, una clara oposición a las múltiples decisiones que se toman, sobre todo por la parte jerárquica, de manera injusta, con falta de conocimiento o respeto humano. Hoy día, sobre todo en la Iglesia española, hay tal cantidad de cosas que se hacen mal...."

Hablamos de una Iglesia antigua, anquilosada, y sin embargo Federico Pastor considera que "el Concilio Vaticano II está en pañales". Lo que fue "una bocanada de aire fresco", ha terminado con "unas semillas que no se han desarrollado en absoluto. Es más, hemos asistido a una involución". Del famoso aggiornamento de Juan XXIII, "no queda nada, se ha dado marcha atrás".

Pastor también percibe una "enorme lejanía de la gente joven, la indiferencia... y observa cómo no se intenta, por parte de los que tienen la misión un cambio auténticamente fuerte para superar la situación". "Da la impresión de que se sigue diciendo lo mismo, que da muy poco de sí. Te quedas con los ya convencidos, y te olvidas del resto. Eso no lo entiendo. Lo de Jesús es para la gente", añade.

Durante el congreso, se tendrá un recuerdo a la figura de dos presidentes de la Juan XXIII fallecidos a lo largo del pasado curso: Enrique Miret Magdalena y José María Díez-Alegría. "Uno era laico desde siempre, y el otro no dejó de ser jesuita, y los dos trabajaron por mejorar la presencia del Cristianismo en el mundo actual. Y los dos lo hicieron". Treinta años dan para un balance, que Pastor califica de "testimonial. Nosotros somos pocos -los años que más se reunirán 1.200 personas-. No son grandísimas cifras, ni tenemos una repercusión brutal en los medios. En lo cuantitativo no es mucho, pero sí es importante que haya voces que rompan la uniformidad existente en la jerarquía actual. Hacer presente a la gente que se puede ser cristiano, en el contexto actual, y de una manera moderna, crítica, adulta. Normal".

miércoles, 8 de septiembre de 2010

TAMBIÉN DESNUDOS

Koldo Aldai

Te seguiremos Joxe. Al igual que tú, todos nos desnudaremos el hábito, de tela el más fácil, de vida el más complicado. Dejaremos viejo hábito y tomaremos nuevo. Tomaremos, como tú, el nuevo hábito de abrazar también lo diferente. Dejaremos el hábito de repetir, de reproducir lo viejo, lo caduco y tomaremos el nuevo de explorar, compartir, también de cocrear. En realidad está todo por levantar: la nueva tierra de fraternidad, la nueva espiritualidad sin nombre, ni etiquetas.

Dejaremos el hábito de imponer y tomaremos el hábito de callar, de aprender de todo lo puro, lo genuino, lo sagrado que salga a nuestro paso. Cada día mudaremos. Que podamos saludar el sol de cada mañana sencillos, humildes, desnudos de creencias absolutas y catecismos medievales. Que cuando de Arriba nos llamen se hayan caído, se nos hayan deslizado por el cuerpo todos los hábitos, que nos encuentren vacíos, por supuesto de abalorios, pero también de dogmas y cultismos, de interesadas verdades, de lastrados conocimientos.

Nos habremos de desnudar siempre un poco si de verdad queremos avanzar al encuentro del otro. Desnudos ante Jesús, desnudos ante Dios, empezaremos de nuevo. Al desplomarse lo viejo, nunca nos debe faltar la fuerza y la fe para comenzar de cero. Aprenderemos de nuestros errores, de cuando pensábamos que el mundo debía mirar con nuestra mirada, cuando creíamos que las únicas colinas sagradas eran las de Samaria y Galilea. Jesús, nuestro Jesús no creó institución alguna, sólo nos contagió acogedora y tierna mirada, sólo creó linaje de puro e incondicional amor.

Crearemos nueva Iglesia, red de comunión, amplio círculo de fraternidad, Joxe; nueva Iglesia sin muros, ni defensas, una nueva casa de anchos aleros. Los pájaros de Asís volarán a nuestro tejado, quiero decir, al tejado de todos, de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, al tejado compartido con todos los credos auténticos. Y en su sencillo altar, los libros sagrados de las grandes tradiciones. Como en Vitoria, ¿te acuerdas, Joxe…?

Construiremos nueva Iglesia, una alianza de universal amor, tal como Jesús nos enseñó. Construiremos nueva Iglesia con jerarquía que sólo sabe de servicio y entrega, que se remanga la camisa y lava los pies y las frentes, los vasos y los platos, jerarquía que escucha, comprende y después comparte.

Construiremos nueva Iglesia con Su Soplo, Joxe. Sin Su Aliento de Eterna Vida no somos nada. La construiremos en consonancia con el valor excelso de la unidad en la diversidad, unidad en la esencia, pluralidad y riqueza en las formas. De pronto sólo veremos en esta vida los cimientos, pero se expandirá esa nueva hermandad hasta el último rincón de la tierra, porque es la nota de este nuevo y glorioso tiempo, porque nada se puede sostener en el futuro, si no es en esa superior unidad.

No haremos leña del pasado. Cada quien se envuelve en las llamas que enciende. Cada quien labra su propio futuro. Cada quien su cárcel o su templo. Nuestro templo nuevo no admite ninguna piedra de rencor. No confrontaremos la Iglesia de ayer, la de los días contados, la de “tú para América porque me resultas incómodo”… Crearemos una nueva. Cada quien responde sobre cómo resuelve sus “incomodidades”… Hay demasiado horizonte por delante para vivir mirando hacia atrás.

Construiremos una nueva Iglesia, Joxe, y habrá muchos colores, muchas lenguas, muchos cantos y en medio del círculo ancho, amplio, verde, tú nos hablarás de Jesús, de Francesco y de sus pájaros. ¿Como en el círculo de Estella, te acuerdas…?

Triunfan quienes ceden. Ceder no es rendición. Es dar la pompa y el privilegio, es regalar la “última verdad” y los altares de oro… Nosotros nos vamos junto al río en el que te conocimos. Allí sólo verde y ancho prado, sólo una llama de amor, sólo corazones reunidos.

La historia se repite una y otra vez. Conocemos ya el relato de un clero imponiéndose a la fuerza en el territorio libre de las almas. ¿Cómo moverse y servir en una casa en la que ya no hay aire, o lo que es lo mismo, libertades? Volvamos al campo también desnudo, para ellos la mitra y el trono, la prole silente y el micrófono único.

Crearemos una nueva Iglesia y tú nuestro franciscano sin sotana… Nos acercamos ya con los pies desnudos, con el alma en la mano. Ya vuelan los pájaros de Asís al nuevo alero… Ya vuelan a nuestra nueva casa, vienen a quedarse. Creo que vienen por tiempo.

POLÍTICA Y ESPIRITUALIDAD, Un encuentro necesario

Pablo de la Iglesia

Compartimos este oportuno artículo de nuestro amigo Pablo de la Iglesia, Coordinador de la Universidad por el Despertar. Los últimos escritos de Pablo insisten en la necesidad de una "espiritualidad socialmente comprometida", idea que compartimos en el blog. Agradecemos su permiso para reproducir el artículo. Los enlaces son añadidos, no están en la versión original:

La espiritualidad, de acuerdo a nuestra vieja visión del mundo, es un compartimiento estanco; igual que lo es la economía, la ecología, la medicina... ¡y la política!

La espiritualidad, con frecuencia, nos sigue pareciendo cosa de gente buena y ajena a lo mundano. El estereotipo de la política es que es algo sucio y para gente dudosa de reputación. ¡Y así creamos esta realidad! Predicamos la Unidad y estamos enfermos de separación.

La política, etimológicamente ética de la polis, debe nutrirse de los mejores ciudadanos elegidos por sus congéneres para guiar a la sociedad hacia sus mejores destinos; muchos de nosotros, hemos abandonado nuestro deber cívico y eso sin duda es un escollo en nuestra evolución.

Si no podemos abrazar la “POLITICA - ESPIRITUALIDAD”, al menos animémonos a aceptar que la política debe tener en cuenta a la espiritualidad y viceversa. Como sostiene el pensador catalán, Antoni Gutiérrez Rubí, “Todo estriba en hacer lo que el filósofo Peter Singer define como ‘ampliar el círculo del nosotros’, aumentando la cantidad de personas que consideramos parte de nuestro grupo.”


La Carta de la Tierra, por citar un valioso instrumento creado para afianzar este encuentro, es una declaración de principios orientadores para promover una sociedad global justa, sostenible y pacífica; el enfoque de este documento apunta a despertar un sentido de interdependencia global y de responsabilidad compartida.

Los valores que impulsa la Carta de la Tierra responden a valores espirituales universales que son el producto de un profundo diálogo intercultural en el proceso de su redacción; por ser un documento político que llama a la acción, sobresale el sentido de esperanza en la humanidad en tanto su capacidad de crear bienestar para todos los que vivimos en este planeta y para las futuras generaciones.

La Carta de la Tierra establece pautas generales basadas en principios universales necesarios para establecer alrededor de todo el planeta estilos de vida sostenibles y eficaces para responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo, tales como el calentamiento global, la pobreza o la inequidad en la distribución de los recursos; no se trata de reglas, sino más bien de principios éticos globales que nos pueden guiar en un mundo complejo a la hora de tomar decisiones.

La Unidad es un concepto que estimula la búsqueda de muchos movimientos espirituales en nuestro tiempo y refleja ese anhelo de “aumentar el círculo de nosotros” y la Carta de la Tierra la promueve políticamente enfatizando la gran comunidad de la vida con la cual la gran familia humana se desarrolla en forma interdependiente.

Uno de los pensadores más estimulantes en este sentido es Leonardo Boff, quien sostiene que “dos principios son fundamentales en la superación de la crisis actual por la que pasa el planeta Tierra: la sostenibilidad y el cuidado.”

Define la sostenibilidad como el resultado del uso de la razón analítica y procura lo necesario para garantizar la vida para el presente y el futuro. Por otra parte, el cuidado, tiene que ver con lo que emana de nuestra inteligencia emocional y espiritual y está definida por la forma en que nos relacionamos con las otras personas y la naturaleza.

Este pensador brasileño sostiene que articulando estos dos principios podemos devolver el equilibrio y la vitalidad a la tierra desde la toma de conciencia de nuestros propios actos cotidianos como base para un cambio total de todo el sistema.

Sin lugar a dudas, más allá de una crítica superficial a cualquier sistema económico y político, ha sido la falta de una conciencia integral en la toma de decisiones la que nos indujo a crear el escenario actual; la humanidad, a través de las búsquedas espirituales emergentes pareciera estar resolviendo este punto, aunque nos queda la duda si llegaremos a tiempo.

Ha sido fundamentalmente la visión polarizada en el aspecto puramente materialista y el olvido del propósito de nuestra existencia lo que nos condujo a esta situación; con todo, habiendo sido nuestra amputada visión materialista lo que provocó el desastre, son muchos los que aún insisten en resolverlo desde la misma lógica que lo ha creado.

En las cosas de la gente común hay un muchas iniciativas transformadores que nos ofrecen respuestas, sin embargo esto aún apenas se ve reflejado en los actos de la vieja dirigencia mundial que sigo sosteniendo lo que el pensador italiano Antonio Gramsci describió como que “lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no consigue nacer”. Sin embargo, la dirección del futuro parece aclararse cada día más, tan sólo es nuestra resistencia la que impide que se exprese plenamente aquí y ahora.

Será imposible superar la crisis de representatividad política hasta que no permitamos que se ilumine con el amor que pone el sello a los actos más trascendentes de la humanidad; si la política no nos gusta simplemente recordemos que "es la condición humana de cada individuo la que resulta en la condición del colectivo" y hagámonos cargo de lo que nos toca.

lunes, 6 de septiembre de 2010

XXX CONGRESO DE TEOLOGÍA

JESÚS DE NAZARET


9 al 12 de septiembre de 2010
Convoca la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII
Lugar: Comisiones Obreras Madrid-Región, c/ Lope de Vega, 40. Madrid


PROGRAMA

JUEVES, 9

17,00-19,00        
Inscripciones

19,00-19,15        
Saludo de bienvenida y presentación del Congreso.
Federico Pastor,
Presidente de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII
19,15-20,45        
Actitudes ante la figura de Jesús de Nazaret en la sociedad española.
Federico Mayor Zaragoza.
Ex Secretario General de la UNESCO y Presidente de Cultura de Paz

VIERNES, 10

10,00-11,30
Comunicaciones: Testigos de Jesús de Nazaret
Fernando Bermúdez - Movimiento Apostólico Seglar (MAS)
Hermanitas de Jesús
Esther Pina Trejo - Fundación Vicente Ferrer
12,00-13,30
Mesa redonda: La experiencia de Jesús de Nazaret en las Iglesias cristianas
Félix González Moreno - Iglesia Evangélica
Teófilo Moldován - Iglesia Ortodoxa
Mari Paxi Ayerra - Iglesia Católica
17,00-18,30
Mesa redonda: Los jóvenes ante Jesús de Nazaret
Rubén Le More - Grupos Bíblicos Universitarios (GBU)
Saúl Pérez Martínez - JOC
Leire Calvillo - Colegio Mayor Chaminade
19,00-20,30
La búsqueda del Jesús histórico.
Rafael Aguirre
Profesor de Sagrada Escritura. Universidad de Deusto. Bilbao.

SÁBADO, 11

10,00-11,30
Jesús de Nazaret en África: liberación y diálogo interreligioso.
Clarisse Tchala Kabanga
Teóloga. República Democrática del Congo
12,00-13,30
Jesús y las mujeres.
Mariola López
Teóloga. Alicante
17,00-18,30
El seguimiento de Jesús, ayer y hoy.
José Ignacio González Faus.
Profesor emérito de Teología. Facultad de Cataluña
19,00-20,00
TESTIMONIOS PROFÉTICOS
Centenario del Nacimiento de monseñor Proaño.
Nidia Arrobo.
Presidenta de la Fundación Pueblo Indio de Ecuador.
30 Aniversario del asesinato de monseñor Romero.
Ion Sobrino.
Profesor de Teología. UCA. San Salvador (El Salvador)
20,00-21,00
Festival musical.
Luis Guitarra y Una + Una


DOMINGO, 12

10,30-11,30
Jesús de Nazaret en América Latina: liberación y solidaridad.
Ion Sobrino.
Profesor de Teología. UCA. San Salvador (El Salvador)
12,00
Celebración de la Eucaristía y colecta solidaria



Matrícula
25 € todo el Congreso
34 € todo el Congreso actas incluidas
20 € sábado y domingo

Actas del Congreso
Se pueden pedir al Centro Evangelio y Liberación 
precio: 10 € más gastos de envío

jueves, 2 de septiembre de 2010

EL HÁBITO QUE JOXE ARREGI NO PUEDE COLGAR

Pedro M. Lamet

Otro que no puede más. Siete meses después de que José Ignacio Munilla tomara posesión de su cargo como obispo de Donostia, el teólogo Joxe Arregi cuelga los hábitos tras cincuenta años de sacerdocio. Se va y se queda. Como le sucedió a Díez-Alegría. Como hizo a su modo Raimon Panikaar. Como está planteándose hace años Juan Masiá. “No he necesitado de grandes discernimientos: o acataba o me iba”. Son palabras del propio Arregi hechas públicas ayer en su -Franciscano sin hábito- en el que da cuenta de los motivos que han provocado su abandono. “Dejaré la orden, y con ello pierdo mucho, pero quién sabe si, al final, el perder no será una ganancia también esta vez”, reflexiona este lúcido fraile, en un discernimiento y elección de”la vida con todos sus riesgos”.

Sus discrepancias se habían convertido en irreconciliables enfrentamientos con la postura oficial de la Iglesia, en concreto, con el obispo Munilla. Sus compañeros y amigos sienten con dolor este desgarro pero no están sorprendidos. El propio Arregi reconocía ayer que era “previsible” un desenlace de esta naturaleza desde aquel 23 de diciembre, en el que le impusieron guardar silencio para evitar medidas más drásticas. El teólogo era por aquel entonces uno de los sacerdotes guipuzcoanos que más decididamente criticó la designación de Munilla como obispo de la Diócesis de Donostia, lo que le condenó al silencio.

Pero el obispo dio una vuelta más de tuerca afirmando “bien claramente que Arregi en su diócesis no podría ni enseñar ni predicar”, una decisión sin salida. Ante la gravedad de la situación, responsables de la provincia franciscana intentaron mediar, solicitando a su “amigo” que, de algún modo rectificara sus posturas. La respuesta de Arregi no fue dar marcha atrás, sino todo lo contrario. Acatar la orden impuesta era algo más que callarse. No poder predicar para un sacerdote es negar su esencia. Por otra parte supongo que la situación era tan tensa que la atmósfera se le había hecho irrespirable.

El 17 de junio Arregi dio un paso que le dejaba ya con pie y medio fuera de la orden. Fue cuando hizo público el escrito Tomo la palabra, donde llegó a denunciar que el obispo exigió su destierro, un obligado despeje a córner, un destino por obediencia a América. “Tomé la palabra, no porque tenga algún mensaje profético urgente que pregonar, sino simplemente porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús”.

Arregi declara que “basta conocer la historia para saber cómo han cambiado las cosas, o basta gustar del Espíritu de Dios para saber cómo han de cambiar. Quien no conoce la historia, que guste al menos del Espíritu; quien no guste del Espíritu, que conozca al menos la historia”. Todo ello, prosigue Arregi, para concluir “¡Cuán anacrónica y contraria al evangelio es esta idolatría de la doctrina que nos tiene amordazados!”.

El teólogo explica que por eso dijo “no callaré”. Era consciente de que aquel paso equivalía a una insumisión, y “en la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos. Tampoco hay lugar para insumisos en la orden franciscana que tenemos”, algo de lo que, dice, fue plenamente consciente.

Así las cosas los responsables franciscanos, aun en contra de su voluntad, “y como única forma de evitar un grave conflicto interno”, se vieron obligados a exigirle sumisión a las órdenes del obispo. “No he necesitado, pues, de grandes discernimientos: o acataba o me iba”. En su despedida, el franciscano tiene palabras también para el obispo Munilla, a quien le desea “lo mejor”. Y lo mejor, a su entender, pasa por “escuchar, respetar y secundar la voz de la inmensa mayoría de su comunidad diocesana”, de la que Arregi dice que seguirá formando parte activa (Esto, dicho sea de paso, me parece igualmente problemático que si se quedara dentro de la orden). El religioso confiesa que se ha propuesto asumir todos sus riesgos. “No sé qué será de mí, pero allí donde vaya Dios vendrá conmigo, y si en el camino me pierdo, Él me encontrará”, concluye. Ése es el hábito que José Arregui no puede colgar.

¿Qué está pasando en nuestra Iglesia? ¿Por qué ahora las ventanas abiertas de Juan XXIII se han cerrado y ya no dejan entrar un resquicio de luz y aire fresco? ¿Por qué una buena persona no puede dialogar, disentir, aportar opiniones distintas desde dentro? ¿Cuándo se va a acabar este invierno de la Iglesia que denunció Karl Rahner? ¿Por qué la ortodoxia se ha convertido en un muro inexpugnable? ¿Por qué quieren meter a Dios en un kindergarten?

Solo aceptan reglamentación, doctrina cerrada, agua bendita y golpes de pecho “todo esto dicho y hecho con devoción”.

Me recuerda una maravillosa frase de mi madre:

“Hijo mío, con agua bendita no se fríen huevos”.

Los que abrimos el corazón a un Dios mayor y queremos sacarlo de ese corral de catecismo parvulario tan lejano a los horizontes de Galilea, te abrimos los brazos a ti amigo Joxe Arregui y a cuantos buscan la verdad en conciencia y libertad.

(Mi amigo González-Buelta debe estar contento desde Cuba -donde ahora instruye a los jesuitas en su último año de “probación”- por el uso que haces de su oración-poema)

FRANCISCANO SIN HÁBITO

"Voy a dejar la Orden Franciscana"
"A mi obispo y hermano José Ignacio Munilla le deseo lo mejor"

José Arregui, 01 de septiembre de 2010 a las 15:30

En la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos, y yo lo sabía 

Hace un tiempo que corrían los rumores como vuelan las golondrinas, tan rápidas y libres, sin otra guía que el certero instinto de la vida (por cierto, ¡cómo se han multiplicado las golondrinas en Arantzazu, y aún siguen criando! Dios os bendice). Pero una vez desatados los rumores, a veces inocentes, a veces intencionados, es más difícil detenerlos que detener el vuelo de las aves.

Pues bien, la noticia ha estallado en todos los sentidos y, en contra de mi intención primera, no puedo menos de confirmarla ya: voy a dejar la Orden Franciscana. De paso, pido disculpas por alguna declaración mía ambigua que algunos pudieron entender como un desmentido. No quería serlo.

Voy a dejar la Orden franciscana. Lo he meditado mirando adentro entre mis luces y sombras, mirando afuera la montaña y el cielo, y las golondrinas. Lo he compartido con las personas que más me quieren y en las que más confío. Lo he hablado con los responsables de mi provincia franciscana que son también mis amigos. Dejaré este Arantzazu del alma, donde he vivido 17 años de los 57 que tengo; dejaré la Provincia franciscana que ha sido mi familia y mi hogar desde los 10 años; dejaré la Orden franciscana que ha dado enteramente forma a mi ser. No diré que la decisión no me produzca dolor y vértigo, pero doy el paso en paz.

Era previsible desde aquel 23 de diciembre en que me impusieron y yo prometí silencio para un año. Y era irreversible desde aquel 17 de junio en que rompí mi voto de silencio porque, previamente, mi obispo había derogado las condiciones que lo justificaban. Tomé la palabra, no porque tenga algún mensaje profético urgente que pregonar, sino simplemente porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús con pretextos de dogmas y magisterios.

Los dogmas y el magisterio no los puso Jesús. Muy al contrario, enseñó que no se ha de identificar la palabra de Dios con tradiciones humanas (Marcos 7,7-13), y denunció a los maestros de la ley que se apoderan de la cátedra y del magisterio (Mateo 23,2), prohibió tajantemente que nadie se llamara maestro o padre (Mateo 23,8-9), declaró solemnemente que "todo ser humano es señor del sábado" (Marcos 2,28), es decir, señor de toda ley religiosa por sagrada que fuere, y al sordomudo le dijo en arameo: Effeta, "ábrete", "escucha y habla" (Marcos 7,34).

Es más, y la Iglesia debiera reconocerlo ya sin más dilación: aunque Jesús hubiera establecido dogmas y magisterios -que ciertamente no estableció-, éstos no serían de ningún modo inamovibles, pues Jesús no tuvo otra ley ni otro criterio que el Espíritu de Dios, y el Espíritu es como el aire y el agua, y siempre se mueve. Y por si hiciera falta, lo dijo San Pablo: "Donde está el Espíritu de Jesús, hay libertad" (2 Cor 3,17).

Claro que la Iglesia, como todo grupo humano, requiere estructuras y un lenguaje más o menos común, pero las estructuras habrían de ser flexibles y móviles, como todo lo vivo, y los dogmas deberían poder ser comprendidos y expresados en palabras siempre nuevas, como todo misterio; y en primer lugar debiera cambiar una Iglesia autoritaria en una Iglesia democrática, como la quiso Jesús.

Y la Iglesia, que se ha tomado tantas libertades para contradecir a Jesús, con mucha más razón debiera ser libre para secundar el Espíritu de Jesús. Basta conocer la historia para saber cómo han cambiado las cosas, o basta gustar del Espíritu de Dios para saber cómo han de cambiar. Quien no conoce la historia, que guste al menos del Espíritu; quien no guste del Espíritu, que conozca al menos la historia. ¡Cuán anacrónica y contraria al evangelio es esta idolatría de la doctrina que nos tiene amordazados!

Simplemente por eso dije: "No callaré". Y eso equivalía a una insumisión, y en la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos, y yo lo sabía. Tampoco hay lugar para insumisos en la Orden franciscana que tenemos, y también esto lo sabía: los responsables franciscanos, aun en contra de su voluntad, y como única forma de evitar un grave conflicto interno, se verían obligados a exigirme sumisión a las órdenes del obispo. No he necesitado, pues, de grandes discernimientos: o acataba o me iba. Pensé que no debía acatar, para ser fiel al seguro Jesús, a mi insegura conciencia, a mi humilde misión, pero no quería ser así motivo de conflicto para los franciscanos, que son mis amigos y hermanos. La opción no era fácil, pero resultaba forzosa y simple.

Dejaré la Orden, y con ello pierdo mucho, pero quién sabe si, al final, el perder no será una ganancia también esta vez. Quiero escoger la vida con todos sus riesgos, incluida la palabra. No sé qué será de mí (¿quién sabe qué será de sí?), pero allí donde vaya Dios vendrá conmigo, y si en el camino me pierdo Él me encontrará. Quiero seguir siendo discípulo de Jesús de Nazaret, el hombre bueno y libre. ¡Oh, cuán lejos me siento de él! Pero él está cerca de mí, de ti. Jesús es el prójimo y todo prójimo es Jesús. Con él, como él, quiero seguir siendo Iglesia sin esas torpes dicotomías de clérigos y laicos, religiosos y seglares, fieles y herejes, creyentes e increyentes.

A mi obispo y hermano José Ignacio Munilla le deseo lo mejor, y pienso que lo mejor pasa por escuchar, respetar, secundar la voz de la inmensa mayoría de su comunidad diocesana, de la que seguiré formando parte activa. La voz de la comunidad es la voz del Espíritu, mucho más que la voz de Madrid o de Roma.

Ah, y quiero seguir siendo franciscano, un simple franciscano sin hábito. ¡Paz y Bien!

José Arregi

Para orar

Esta mañana
enderezo mi espalda,
abro mi rostro,
respiro la aurora,
escojo la vida.

Esta mañana
acojo mis golpes,
acallo mis límites,
disuelvo mis miedo,
escojo la vida.

Esta mañana
miro a los ojos,
abrazo una espalda,
doy una palabra,
escojo la vida.

Esta mañana
remanso la paz,
alimento el futuro,
comparto alegría,
escojo la vida (Benjamín González Buelta, SJ)

lunes, 30 de agosto de 2010

SILENCIOS OMINOSOS Y CONDENAS INMISERICORDES


Juan José Tamayo, en 'El País'

Silencios ominosos y condenas inmisericordes. Esa ha sido la actitud del Vaticano y de buena parte de la jerarquía católica durante los últimos 70 años. Silencios ominosos ante masacres y crímenes contra la humanidad y sus responsables. Condenas inmisericordes contra teólogos y teólogas, sacerdotes, obispos, filósofos, escritores -cristianos o no- por ejercer la libertad de expresión y atreverse a disentir; condenas todas ellas contra toda lógica jurídica, que establece que "el pensamiento no delinque". Silencios ominosos sobre personas sanguinarias, ideologías totalitarias y dictaduras militares con las manos manchadas de sangre. Condenas inmisericordes a hombres y mujeres de manos limpias, de honestidad intachable, de ejemplaridad de vida.

Un año más tarde hacía lo mismo con el dictador Rafael Trujillo, presidente de la República Dominicana, sin condenar sus abusos de poder y sus crímenes de Estado.El más grave de esos silencios fue, sin duda, el de Pío XII ante los seis millones de judíos, gitanos, discapacitados, homosexuales, transexuales, gaseados y llevados a las piras crematorias de los campos de concentración del nazismo. Ya antes, siendo secretario de Estado del Vaticano firmó, en nombre de Pío XI, el Concordato Imperial con la Alemania nazi bajo el Gobierno de Hitler. Ahí comenzó su complicidad con el nazismo. Uno de los intelectuales más madrugadores en la denuncia de tamaño y tan ominoso silencio fue el dramaturgo alemán Hochulth en su obra de teatro El Vicario,estrenada en 1963.

En 1953 Pío XII firmó un Concordato con Franco, legitimando la dictadura, mientras guardaba silencio sobre la represión franquista después de la guerra civil, que costó decenas de miles de muertos.

En la década de los cuarenta del siglo pasado, el cardenal Emmanuel Célestin Suhard, arzobispo de París, autorizó a algunos sacerdotes y religiosos a trabajar en las fábricas. El dominico Jacques Loew lo hizo como descargador de barcos en el puerto de Marsella. Monseñor Alfred Ancel, obispo auxiliar de Lyon, fue cura-obrero durante cinco años. La experiencia fue inmortalizada por Gilbert Cesbron en la novela Los santos van al infierno. Pero pronto se frustró. Los sacerdotes obreros fueron acusados de comunistas y subversivos, cuando lo que hacían era dar testimonio del Evangelio entre la clase trabajadora alejada de la Iglesia y descreída, compartiendo su vida y sus penalidades, identificándose con sus luchas, ganando el pan con el sudor de su frente. En vez de hacer oídos sordos a las acusaciones, Pío XII las dio por ciertas y pidió a los sacerdotes que abandonaran el trabajo en las fábricas y se reintegraran en el trabajo pastoral en las parroquias y a los religiosos que se incorporaran a sus comunidades, al tiempo que ordenaba a los obispos franceses que enviaran a los sacerdotes obreros a los conventos para ser "reeducados".

Otro largo, ominoso y cómplice silencio ha sido el guardado ante los abusos sexuales de sacerdotes, religiosos y obispos con niños, adolescentes y jóvenes a lo largo de más de medio siglo en parroquias, noviciados, seminarios, casas de formación, curias religiosas y casas de familias de numerosos países, abusando de la autoridad del cargo y de la confianza depositada por los padres en ellos.

Hasta el Vaticano llegaron las denuncias contra el fundador de La Legión de Cristo, el mexicano Marcial Maciel. Pero no fueron tenidas en cuenta o fueron archivadas. Lo que le daba a Maciel patente de corso para seguir cometiendo crímenes sexuales contra personas vulnerables e indefensas abusando de su poder e influencia como fundador y del apoyo de los papas y de los obispos.

Condena inmisericorde fue la que cayó, como una losa, contra la Nouvelle Théologie en la encíclica Humani generis (1950), de Pío XII, seguida de sanciones contra los teólogos más representativos de dicha tendencia: Henry de Lubac, Karl Rahner, Yves M. Congar, Dominique Chenu... ¿Delito? Hacer teología en diálogo con la modernidad, buscar la unidad de las Iglesias a través del ecumenismo, enterrar definitivamente las guerras de religión. ¿Sanciones? Censura de publicaciones teológicas, destierros (Congar, luego cardenal, sufrió tres destierros), prohibición de escribir y de predicar, expulsión de las cátedras, colocación de algunas de sus obras en el Índice de Libros Prohibidos y retirada de las bibliotecas de los seminarios y facultades de teología, expulsión de las congregaciones religiosas, y, a veces, cárcel.

Unos meses antes de que Juan XXIII inaugurara el concilio Vaticano II, el cardenal Alfredo Ottaviani, que ejercía de Gran Inquisidor al frente de la Congregación del Santo Oficio, dirigió a los obispos de todo el mundo la carta Crimen sollicitudinis, en la que instruía sobre las medidas a tomar en determinados casos de abusos sexuales por parte de los clérigos: exigía que fueran tratados "del modo más reservado" los casos de solicitud en la confesión e imponía "la obligación del silencio perpetuo". Más aún, a todas las personas involucradas en dichos casos (incluidas las víctimas) se las amenazaba con la pena de excomunión en caso de no observar el secreto. El silencio se mantuvo durante los pontificados de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II y Benedicto XVI hasta hace unos meses.

Con el concilio Vaticano II pareciera que se iban a contener las sanciones y se iba a levantar el velo de silencio contra los crímenes de lesa humanidad. Pero no fue así. Con motivo de la publicación de la encíclica Humanae vitae (1968), de Pablo VI, que condenaba el uso de los métodos anticonceptivos, se produjeron nuevos procesos, censuras, prohibiciones y condenas contra los teólogos que disintieron. Dos ejemplos emblemáticos: Edward Schillebeeckx y Bernhard Häring, asesores del Vaticano II e inspiradores de algunos de sus textos renovadores, fueron sometidos a severos juicios por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Mientras se endurecían las condiciones de los procesos eclesiásticos en manos del Santo Oficio (aceptación de denuncias anónimas, indefensión del reo ante los tribunales eclesiásticos, las mismas personas que instruían el proceso eran las que juzgaban y condenaban, imposibilidad de apelación...), el mismo organismo vaticano imponía silencio sobre los crímenes de pederastia, protegía a los culpables, los absolvía sin ningún propósito de la enmienda y, como mucho, les daba un nuevo destino pastoral, a veces sin siquiera avisar de las verdaderas razones del traslado a los obispos y sacerdotes vecinos.

En la carta De delictis gravioribus, de 2001, el cardenal Ratzinger ratificaba el silencio impuesto por el cardenal Ottaviani 40 años atrás. Mientras tanto, en numerosos documentos condenaba la homosexualidad, considerando "objetivamente desordenada" la mera inclinación homosexual y "moralmente inaceptables" las relaciones homosexuales, y exigiendo la expulsión de los candidatos al sacerdocio homosexuales de los seminarios. Hace unos días fue expulsado de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino de Roma el teólogo alemán David Berger por hacer pública su homosexualidad. Mientras la mantuvo en secreto, no hubo problemas. ¡El cinismo vaticano no tiene límites!

Recientemente la Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho algunas modificaciones al documento de 2001 que, bajo la apariencia de endurecer las penas, empeoran las cosas al calificar como delitos graves y punibles la ordenación sagrada de las mujeres, la apostasía, la herejía y el cisma al mismo nivel que la pederastia.

Para el Vaticano, afirma la teóloga feminista Rosemary Redford Ruether, "intentar ordenar a una mujer es peor que el abuso sexual de un niño. El abuso sexual de un niño por un sacerdote es un desliz moral deplorable de un individuo débil... El intento de ordenar a una mujer es una ofensa sexual, una contradicción de la naturaleza del Orden Sacerdotal, un sacrilegio, un escándalo". Otra condena inmisericorde más contra las mujeres, mayoría silenciada en la Iglesia católica. ¿Hasta cuándo?

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant Lo Blanc, Valencia).