miércoles, 6 de octubre de 2010

LA FE: ¿IDEOLOGÍA, DECISIÓN O CONVICCIÓN?

José María Castillo

Como es sabido, después de casi quinientos años de controversias y enfrentamientos, se ha llegado a un acuerdo entre católicos y protestantes en lo que se refiere a la justificación por la fe. Hoy estamos de acuerdo en que una fe, que no se traduce en un comportamiento coherente con esa fe, no es verdadera fe. Una fe sin obras, sería una fe muerta. El problema está en saber qué clase de conducta es que debe ser la correcta manifestación de que una persona tiene fe. La fe que corresponde a un cristiano.

No es posible analizar aquí este asunto en toda su hondura. Me limito a indicar tres posibilidades: la fe como “ideología”, la fe como “decisión”, la fe como “convicción”. 
1) La “ideología” evoca espontáneamente un sistema de ideas que sirve para explicar o para justificar la situación y los objetivos de un grupo. Por eso hablamos de ideologías de izquierdas o de derechas, de ideologías progresistas o conservadoras, etc. 
2) La “decisión” es un acto de la voluntad, que, por más sincero y firme que sea, siempre está expuesto a la labilidad y la inconstancia que nos caracterizan a los mortales. Por eso hay tanta gente que hace buenos propósitos, toma firmes decisiones, pero luego no cumple lo que ha decidido. 
3) La “convicción” se define por el hecho de que orientamos nuestro comportamiento conforme a ella. Quien mejor ha explicado este asunto ha sido Ch. S. Peirce: “La convicción consiste principalmente en el hecho de que está uno dispuesto reflexivamente a dejarse guiar en su actividad por la fórmula de la que está convencido”. O también: “La esencia de la convicción consiste en el establecimiento de una forma de comportamiento”. De ahí que “las convicciones verdaderas definen los hábitos de comportamiento que el sujeto tiene bajo control”. En otras palabras: el que está convencido de una cosa, la hace. Y si no la hace, es que no tiene esa convicción.
De lo dicho, se sigue esto: 
1) Las “ideologías” son inevitables, incluso necesarias, pero enteramente insuficientes. Hay gentes con ideología de izquierdas, que viven como los burgueses de derechas. Como hay personas y grupos con una ideología evangélica, pero les gusta el dinero, subir y trepar en la vida, estar como el perejil en todas las sopas, o sea viven de espaldas al Evangelio. 
2) Las “decisiones” son importantes, pero son sólo el punto de partida. Hay gente que decide todos los días quitarse del tabaco, pero no se quita. Con la sola decisión, no vamos a ninguna parte. 
3) Las “convicciones” son constitutivas de la fe. Porque una persona que está convencida de que el Evangelio expresa la voluntad de Dios, hace lo que dice el Evangelio. Y si no lo hace, es que no cree en el Evangelio.

Las ideologías nos engañan. Y el exceso de ideología, trastorna al que lleva esa sobrecarga de ideas, que no se corresponden con los hábitos de vida que expresan lo que es importante de verdad para una persona o para un grupo. La convicciones no engañan, sino que revelan en qué cosas cree de verdad cada uno. Hay gente que, por defender su ideología, se pelea con los que piensan de otra manera. Es evidente que quien tiene una ideología así, no puede creer en Jesús, que se hizo amigo de publicanos, pecadores, prostitutas, pordioseros y samaritanos.

No entiendo cómo, desde una cátedra dorada y solemne, se puede alabar la humildad y la pobreza de Jesús. No entiendo cómo, desde la izquierda política, se desprecia a la gente de derechas. Ni entiendo cómo, desde los ideales de la ortodoxia católica, se insulta a las personas que tienen otras ideas. Todo eso está feo. Pero hay algo peor: ir por la vida como hipócritas y embusteros, invocando para eso (porque es eso lo que se hace) el nombre del Señor. Sus razones debió tener Jesús para decirnos que, cuando recemos, lo primero que hay que pedir es: “santificado sea tu nombre”. ¡Por favor!, no echemos nunca mano del nombre santo de Dios (o de la Iglesia o del papa...) para faltarle al respeto a quien sea.

"EL ACTUAL FUNCIONAMIENTO DEL MINISTERIO EPISCOPAL NO RESPONDE A CRITERIOS DEMOCRÁTICOS"

José Luis Palacios

José Arregi, teólogo vasco, ha optado por desvincularse de la orden a la que pertenecía desde hacía 48 años, ante el enfrentamiento abierto con el recién nombrado obispo de su diócesis, la de San Sebastián, José Ignacio Munilla. “Agobiado” por el revuelo mediático, pero “tranquilo y bien”. Sin más miedo del necesario cuando uno cambia “el marco” de su vida, explica que ha dado este paso “para dejar vivir en paz y vivir en paz yo mismo”.

 –¿Cómo explica lo que le ha pasado?
- Adopté una posición muy crítica con el nombramiento del obispo Munilla, hice algunas declaraciones comprometedoras. No creo haber dicho ninguna mentira pero, a lo mejor, tenía que haber medido un poco más lo que dije. Esto desencadenó una cierta actitud de mayor control hacia mí. Antes de venir Munilla –en las vísperas de Navidad de 2009– a petición de instancias eclesiásticas superiores, el provincial me impuso el silenciamiento por un año, medidas que yo acepté porque no tenía otra alternativa y para evitar otras medidas peores. Unos meses más tarde, Munilla llamó a nuestro superior provincial y le exigió que me impusiera un silencio total en todos los campos. Entonces juzgué que las medidas primeras habían sido anuladas y me desligué de aquel voto de silencio que hice y así lo hice saber a mi superior franciscano. Al mismo tiempo, difundí un pequeño escrito titulado “Pido la palabra” en el que, de alguna forma, me declaraba en actitud de desobediencia eclesial, crítica, insumiso.

 –¿Qué motivó esta decisión de insumisión?
- Lo hice por dos motivos: primero, porque quería que se aclarara mi situación cuanto antes, y, segundo, porque no quería colaborar con la estrategia de mi obispo de exigir al superior provincial que me impusieran un silencio para que al cabo de un tiempo él se sintiera autorizado a tomar personalmente esas medidas. Me situé en una posición muy delicada e insostenible: o creaba un grave conflicto a la fraternidad provincial o dejaba la orden. Opté, de acuerdo con mis superiores, por dejar la orden para dejar vivir en paz y vivir en paz yo mismo.

–¿Cuáles son las principales líneas de pensamiento teológico que defiende?
- Me he situado en la frontera a sabiendas de que no todo lo que pensaba o expresaba era una opinión segura. Es preciso arriesgarse para responder a las cuestiones de siempre y a las de hoy, no con las fórmulas tradicionales, sino con un nuevo paradigma, con nuevas categorías. Mi intención y deseo profundo hoy, en nuestra sociedad y cultura, es encontrar una palabra y unos planteamientos nuevos que vayan hacia una renovación profunda de la institución de la Iglesia y una reinterpretación a fondo de los dogmas tradicionales de fe. Esto se plasma de manera especial en todo lo que tiene que ver especialmente con dos cuestiones fundamentales: quién tiene la última palabra en la Iglesia; y la diferencia entre la palabra humana y la palabra de Dios, la fe y el texto.

–¿Ha ido demasiado lejos o ha cambiado el clima en el que se venía desenvolviendo?
- El clima ha cambiado, no tanto la posición teológica o ideológica del Vaticano, pero sí el talante. El Concilio Vaticano II no alcanzó a hacer una expresión coherente en todos sus documentos de la nueva teología y eclesiología, sino que fue el fruto de los consensos y del equilibrio de las diversas fuerzas. En muchos casos hay dobles lenguajes y concepciones contradictorias que no acaban de armonizarse. No fue un paso muy decidido hacia la renovación de la teología y la Iglesia, pero sí abrió una nueva época de renovación, se podía soñar con nueva Iglesia y se podía arriesgar la palabra y la teología. Eso cambió en el pontificado de Juan Pablo II y con el nombramiento de Joseph Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se ha visto en todas las medidas jurídicas, disciplinares que se han tomado con muchos teólogos con más renombre que yo –la lista es muy larga– y de manera muy especial en el nombramiento de los obispos.

–¿Ha echado en falta mecanismos de mediación, mayor transparencia e incluso procedimientos jurídicos que eviten que la solución a este tipo de conflictos sea impuesta por la autoridad?
- He mantenido diversos encuentros con José Ignacio Munilla. Había buena voluntad de ambas partes, pero chocábamos siempre con dos escollos: ¿qué es lo que define la verdad o quién la define?, y ¿cuál es la medida para poder decir que esto entra o no dentro de la fe? El actual funcionamiento del ministerio episcopal no responde a criterios democráticos mínimos, tampoco se acepta el principio, que ya en 1943, una encíclica de Pío XII sobre la interpretación de la Biblia adoptó claramente al establecer que había géneros literarios y por tanto no se puede leer al pie de la letra, de que hay afirmaciones que no hay que entender al pie de la letra. Yo, a lo mejor, voy demasiado lejos, pero eso no me importa. En repetidas veces le he dicho a mi obispo que no pretendía tener la razón. Reivindico en la Iglesia un lugar amplio para poder expresar la propia opinión teológica sin que se le responda con el peso de la autoridad.

–¿Se siente más libre?
- Me siento más libre, pero mi propósito de fondo es el mismo de antes. Tengo muy claro que no debo pensar de ningún modo que mi postura es la buena. De la manera más responsable y respetuosa que pueda, con mi propio temperamento y contradicciones, siendo el que soy, quiero seguir prestando dentro de la comunidad eclesial y en esta sociedad, más allá de si uno es creyente o no creyente, heterodoxo o hereje, mi pequeño servicio como cristiano. Quiero ser seguidor de Jesús, y del espíritu de Francisco de Asís y caminar con mi comunidad. Llevaba tiempo trabajando en ámbitos no ligados a ninguna institución religiosa. La hipoteca a la que están sometidas todas las instituciones religiosas y todas las obras que dependen de ella nos llevan a renunciar a la libertad o a pagar un precio muy alto.

–¿Ve cerca el final del invierno eclesial y el resurgir de la primavera?
- No lo veo cerca, soy bastante pesimista, porque todos los hilos y mecanismos del poder están prácticamente monopolizados por un sector ultraconservador, lo que es muy visible en toda la Iglesia católica y más en la del Estado español. El futuro institucional va a ir cerrándose cada vez más y ofreciendo menos oportunidades a la renovación. Vamos hacia una Iglesia no sólo convertida en gueto, sino también en secta. La masa de la sociedad va a ir desertando más o menos silenciosamente, como viene pasando desde hace 30 años.

–Algún brote verde habrá, que por lo menos nos anuncie la llegada, más pronto o más tarde, de la primavera…
- No hay que esperar a que se produzca la implosión de la Iglesia institucional, que se va a producir tarde o temprano. Para mí es motivo de optimismo el creer en el Espíritu Santo, que es verdor, no ya un brote verde, sino que hace reverdecer todo, creo en el Espíritu que está presente y habita en todos los seres humanos. Y creo en el Espíritu activo en nuestra cultura. Muchas veces se manifiesta más en los márgenes y fuera de las fronteras de los ámbitos institucionales confesionales. Es importante crear espacios que respondan a esas demandas de espiritualidad, que trasciende fronteras, que es muy viva y que van más allá de todas las expresiones y límites institucionales de tipo religioso.

"LA IGLESIA HA HECHO MÁS ATEOS QUE MARX, FREUD Y NIETZSCHE JUNTOS"

ENTREVISTA A JOSE IGNACIO GONZALEZ FAUS

El teólogo José Ignacio González-Faus visita Badajoz para hablar de justicia social. El jesuita es profesor emérito de la Facultad de Teología de Cataluña, responsable del área teológica del centro de estudios ‘Cristianismo y Justicia' y autor de numerosos libros sobre Iglesia y cristología. Asegura que "la Iglesia ha hecho más ateos que Marx, Freud y Nietzsche juntos" y que no le parece evangélico que "el Papa sea Jefe de Estado" y defiende a la institución ante los escándalos de pederastia que, a su juicio, no deben conducir a "arremeter contra el cristianismo en bloque". Lo entrevista Ángela Murillo en Hoy.


-Se culpa a la Iglesia de la falta de feligreses en los templos, ¿qué se puede reprochar al Vaticano?

-Así a lo bestia, dije una vez que la curia romana había hecho más ateos que Marx, Freud y Nietzsche juntos. Lo innegable es que muchos hombres se alejan de ella y que, incluso si más tarde se sienten vacíos y quieren buscar, dan por descontado que habrán de buscar fuera de la Iglesia. Ante esto no parece que la Institución intente acercarse. Los puntos débiles de la Iglesia actual son muchos, y he dicho a veces que es la cruz de mi fe, aunque intento llevarla con garbo. La veo incapaz de comprender lo positivo del mundo moderno y sus dirigentes añoran poder solucionar los problemas a base de poder. No me parece evangélico que el papa sea jefe de estado, ni el modo de nombrar a dedo de los obispos ni los "príncipes de la Iglesia". Cuando no había democracia, eran elegidos democráticamente a partir de las comunidades locales. También es innegable que la mujer no ocupa en la Iglesia el lugar que merece.

-¿Por dónde habría que empezar para remediar estos males?

-No es cuestión de recetas. La Iglesia tiene que replantearse muchas cosas. Debía empezar reconociendo que está en crisis. De lo cual todos tenemos un poco de culpa. A partir de ahí habría que ver cómo y por dónde se puede caminar. Comenzando por no excluir como herejes a quienes piensan distinto. Algo sencillo por lo que se podría empezar es el lenguaje. No se pueden mantener las palabras anticuadas de la liturgia. No se entienden o suscitan imágenes contrarias a lo que en su origen se quería expresar.

-Usted no se muerde la lengua y no duda en sacar los colores a la Iglesia. ¿Cómo encajan sus críticas?

-Ratzinger tiene un artículo ya clásico en el que dijo que si hoy no se critica a la Iglesia tanto como se la criticaba en la edad media, no es porque se la ame más, sino porque falta ese amor que es capaz de arriesgar la propia suerte o la propia carrera por la amada. Y yo tengo un libro sobre la libertad de palabra en la Iglesia que es sólo una antología de textos de santos, obispos y cardenales, mucho más duros algunos que las cosas que se dicen hoy. También es normal que eso no guste a las autoridades y que de vez en cuando te venga algún palo o toque de atención "de arriba". Y lo que siento es que no me vienen a mí sino que las paga mi provincial, lo cual no está bien. Pero bueno, no hay parto sin dolor. Y como dijo santa Teresa: la verdad padece, mas no perece.

-¿Qué puede impedir que Guadalupe pase a integrarse en una diócesis extremeña?

-No toca a uno que viene de fuera para un día opinar sobre las cosas de aquí. En teoría jurídica no sería algo difícil de cambiar si hay razones pastorales. Aunque comprendo esta reivindicación de los extremeños, no la considero de primera fila.

-¿Puede ser que la Diócesis de Toledo no quiera desprenderse de Guadalupe por los ingresos que reporta el Monasterio?

-No sería el primer caso. En otros sitios ya ha habido enfrentamientos de este tipo. Marx ya dijo que todas las cuestiones tienen un determinante económico que puede no ser el único, pero suele ser el más oculto.

-La visita del Papa Benedicto XVI al Reino Unido ha sido un hito histórico. Ningún otro Pontífice romano visitaba las islas desde el cisma de la iglesia anglicana.

-Creo que el balance de la visita del Papa no es malo. La experiencia ha sido positiva. La beatificación de John Henry Newman me parece significativa. Unió mucho a la Iglesia, a pesar de haber sido un hombre crítico que molestó tanto a la derecha católica como a muchos anglicanos. Cuando se convirtió no sentía simpatía alguna por la iglesia católica pero el estudio de la historia le hizo ver que la continuidad con los orígenes estaba en Roma.

-¿Cómo explica el surgimiento de movimientos ciudadanos como Redes Cristianas, críticos con la jerarquía eclesiástica?

-Supongo que obedecen a dos razones. Una es la necesidad de vivir la fe en comunidad porque no pueden vivirla aisladamente, y menos cuando el ambiente social no acompaña. Son también formas de ejercer la responsabilidad de los laicos ante la crisis actual de la Iglesia, cuando la institución va por caminos que muchos ven como contrarios al Evangelio. Porque todos somos iglesia y todos somos responsables de ella.

-En España se profesan cada más creencias religiosas, hemos dejado de ser un país eminentemente católico.

-España se ha descristianizado de una manera traumática. Quizá por eso domina una agresividad que, aunque sea comprensible, tampoco es justificable. No se pueden tomar los escándalos de la Iglesia para arremeter contra el cristianismo en bloque. Berdiaeff decía que una cosa es la dignidad del cristianismo y otra la indignidad de los cristianos.

-¿Cómo se logra una convivencia pacífica entre distintos credos?

-La convivencia, el afecto y la colaboración entre religiones es un imperativo. Y en la palabra religiones incluyo ahora también al ateísmo. Los poderes públicos deben ser neutrales y buscar la convivencia. En algunos sitios como Cataluña hay muchas iniciativas bien positivas. Hay que buscar el encuentro en lo que nos une como humanos. Debemos buscar en el otro la mejor versión de su personalidad que es lo que Dios nos pide a todos.

-¿Estamos aprovechando la crisis para recuperar valores perdidos?

-Decididamente no. Hemos dejado pasar una gran oportunidad para replantear los elementos injustos e irracionales de nuestro sistema económico. Esta crisis solo ha servido para ayudar a los que la provocaron, pero no a las verdaderas víctimas. Todos hemos sido cómplices del sistema, drogados como estamos por el consumo. Esto ha sido un paso más hacia el desmantelamiento del estado del bienestar. La culpa la ha tenido en parte la izquierda, que ha participado de ese "socialismo asistencial" del reparto de subvenciones, en lugar de ocuparse de hacer justicia social.

-La Pastoral Obrera de la Diócesis Coria-Cáceres apoyó públicamente la convocatoria de huelga. ¿Es correcto que una autoridad eclesiástica se manifieste en temas políticos?

-En cuestiones sociales y políticas, la Iglesia siempre tiene que manifestarse a favor de los pobres, de los más desfavorecidos. Dentro del pluralismo siempre hay que defender la eliminación de las diferencias entre pobres y ricos. En mi opinión la huelga era justa desde el punto de vista cristiano. Lo que puede discutirse es si va a ser eficaz y si era oportuna.

-¿Ha tenido en cuenta el Gobierno a los pobres en sus últimas decisiones?

-Zapatero ha actuado obligado por poderes fácticos. La política es la primera esclava de la economía. El presidente brasileño Lula da Silva dijo una vez ante la decepción de quienes esperaban más de él: "Tengo el gobierno, pero no tengo el poder". Por eso se entiende que un presidente de izquierdas tenga que acabar haciendo lo que ordena Wall Street o Angela Merkel. La pregunta que queda es si puede haber auténtica democracia política sin democracia económica...

martes, 5 de octubre de 2010

"HAY UNA CONFRONTACIÓN ENTRE DOS MODELOS DE IGLESIA"

ENTREVISTA A JOSÉ ANTONIO PAGOLA

El sacerdote vasco José Antonio Pagola (Guipúzcoa, 1937), el ya célebre autor de «Jesús. Aproximación histórica», mantiene una visión contemporánea y radical de Jesucristo. El número dos de José María Setién en la diócesis de San Sebastián vendió 40.000 ejemplares de su libro en dos meses, antes de que la Conferencia Episcopal tomara cartas en el asunto y fuera retirado de las librerías eclesiásticas y diocesanas por la editorial católica que lo publicó. Asegura que "Jesús puede ser un desafío demasiado peligroso para la Iglesia actual" y que es evidente que, en la actualidad, "hay una conforntación entre dos modelos de Iglesia o dos sensibilidades sobre la interpretación del Vaticano II". Lo entrevista Matías Vallés en La Nueva España.

-¿Se considera una víctima?

-No. En mi libro presento a Jesús como conflictivo y peligroso, ahora he comprobado en mi propia carne que lo fue y lo será siempre. Cuando se conocen sus palabras de fuego, su libertad para defender a las personas, su proyecto de una sociedad al servicio de los últimos o su crítica a una religión vacía de compasión, Jesús genera reacciones encontradas de atracción o de rechazo. Creo que, en buena parte, mi libro ha suscitado inquietud cuando se ha captado que Jesús puede ser un desafío demasiado peligroso para la Iglesia actual.

-¿Jesucristo era más hombre que Dios?

-Probablemente nadie ha ejercido un poder tan grande sobre los corazones como Jesús, nadie ha expresado como él las inquietudes e interrogantes del ser humano, nadie ha despertado tantas esperanzas. Todavía hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, Jesús sigue alimentando la fe de millones de hombres y mujeres. Los cristianos pensamos que Jesús es tan plenamente humano que no es como nosotros. Leonardo Boff decía que «tan humano sólo puede ser Dios». Para mí, Jesús es Dios hablándonos, acompañándonos y salvándonos desde este hombre entrañable.

-¿El nombramiento de Munilla es un desafío de Rouco a la Iglesia nacional vasca?

-Es un error analizar lo ocurrido en San Sebastián desde claves exclusivamente políticas. Pienso, más bien, que lo que se vive en mi diócesis es, sobre todo, un conflicto eclesial que se está produciendo también en otras partes, como consecuencia de una confrontación entre dos modelos de Iglesia o dos sensibilidades sobre el contenido y significado del Vaticano II o sobre el quehacer de la Iglesia en la sociedad secularizada. Lo lamentable es que, por lo general, nuestras mutuas descalificaciones no nos están conduciendo hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su proyecto.

-¿Leerá el libro de Hawking que niega la existencia de Dios?

-No. Siempre me han interesado los trabajos de Stephen Hawking sobre astronomía, pero no sus conjeturas sobre Dios. Los expertos en el diálogo ciencia-fe afirman que ni las religiones pueden probar la existencia de Dios ni las ciencias su no existencia. Parece que el hombre moderno ha decidido que lo que el ser humano no puede probar científicamente, no existe.

-¿Dios es necesario?

-Dios no es necesario para ganar dinero, adquirir poder o lograr bienestar. Tampoco para dispensarnos del mal, del sufrimiento o las desgracias de la vida. Dios nos sirve a los creyentes para enfrentarnos con una luz, un estímulo y un horizonte nuevo a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.

-¿Le gustaría mantener un debate abierto con Benedicto XVI sobre los contenidos de su libro?

-Me gustaría que en Roma se escucharan las diversas corrientes teológicas existentes en el seno de la Iglesia -no sólo en Europa- pero, sobre todo, me alegraría que la jerarquía liderara un movimiento de conversión a Jesucristo. Nada hay más urgente.

-¿Tomaría Jesús las mismas decisiones que el Vaticano sobre la mujer?

-Jesús critica una sociedad patriarcal que establece el dominio y el poder del varón sobre la mujer. Esta actuación de Jesús nos está exigiendo hoy una revisión profunda de la situación injusta de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, una toma de conciencia más viva de nuestra infidelidad a Jesús y un proceso valiente de renovación orientado a que la mujer pueda disfrutar de su dignidad, sus derechos y su protagonismo.

-¿Jesucristo acabó en una fosa común como los desaparecidos de la Guerra Civil?

-No, históricamente es muy poco probable. Esta hipótesis del norteamericano John Dominic Crossan no encuentra apenas aceptación entre los especialistas.

-Incluso sus críticos más acerbos se han rendido ante el brillante estilo literario de «Jesús».

-Lo que a mí me llena de alegría es comprobar que muchas personas que leen mi libro sienten a Jesús más vivo y cercano, encuentran un sentido diferente a su vida, se despierta en ellos el deseo de una vida más humana. Encuentran en mi libro algo que yo no he puesto.

-¿Pensó alguna vez que se convertiría en un superventas?

-Nunca. De ordinario, el éxito de un libro se mide en esta sociedad por el número de ejemplares vendidos. Yo no lo creo así. De «El código da Vinci» de Dan Brown se han vendido millones de copias, pero yo lo considero un fracaso, pues no introduce verdad ni esperanza, no acerca al misterio de Jesús, no ayuda a vivir de manera más humana.

-¿Abundan las contradicciones en el discurso de Jesús en los evangelios?

-Los evangelios no son relatos biográficos redactados para ofrecer información precisa de carácter histórico. Son relatos en los que, de forma variada y matizada por cada evangelista, se recoge la memoria de Jesús. Para aproximarnos al contenido histórico que conservan sobre Jesús es necesario contrastarlos, analizar los géneros literarios que emplean, los procedimientos narrativos, el vocabulario propio de cada evangelista, el contexto.

-¿Jesucristo expulsaría a los mercaderes del Vaticano?

-No hay que esperar a que vuelva Jesús. Desde los millones de hambrientos y desnutridos de la tierra, desde los pobres olvidados por las religiones, desde las mujeres humilladas en todos los pueblos, Jesús nos está gritando ahora mismo a los dirigentes del Vaticano y a todos los que nos decimos cristianos que expulsemos de la Iglesia riquezas, poderes, grandezas o intereses que ocultan su mensaje de esperanza.

-¿Se puede seguir a Jesús sin seguir a su Iglesia?

-En estos momentos yo no encuentro otra manera mejor de seguir a Jesús que viviendo en esta Iglesia, pero esforzándome por convertirme yo mismo al Evangelio y trabajando por alentar en ella un clima de conversión a Jesús.

-¿La crisis económica que tanto nos ocupa provocará un renacimiento de la espiritualidad?

-Observo que el deseo de espiritualidad se despierta sobre todo en personas que experimentan con fuerza el vacío existencial, el sinsentido de su vida, el hartazgo de bienestar. No es fácil vivir una vida que no apunta hacia ninguna meta

-¿Qué saca un no creyente de la lectura de su libro?

-He recibido muchos cientos de cartas y escritos de lectores no creyentes. La mayoría me dicen que se han encontrado con un Jesús que ni siquiera sospechaban, algunos se han sentido llamados a replantearse su vida con más verdad y honestidad, bastantes se han sentido liberados de miedos y fantasmas religiosos que les han hecho sufrir mucho a pesar de haberse distanciado de la Iglesia, bastantes quedan conmovidos por un Dios amigo que ama con amor increíble e inmerecido a todos sus hijos. Algunos dicen: Ojalá exista ese Dios, bastantes se animan a trabajar por un mundo más humano y justo.

lunes, 4 de octubre de 2010

LA RECUPERACIÓN TAMBIÉN ES CUESTIÓN DE CLASES

Pablo Elorduy en 'Diagonal'

“Si EE UU está viviendo una guerra de clases, la mía está ganando claramente”. Esta frase la dijo Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo, en 2004 y a finales de 2010 su afirmación todavía está más ajustada a los datos económicos, como apunta el economista y editor de la revista Sin Permiso, Daniel Raventós. La crisis ha ensanchado la brecha social que separa a los ricos de los pobres, como demuestra el informe anual de riqueza que Merryl Lynch dio a conocer en junio. Según este banco estadounidense, diez millones de personas acumulan 39 billones de dólares, un 18,9% más de la suma que poseían en 2008. Es decir, los ricos del mundo son más ricos de lo que eran hace dos años.

El reverso de esta recuperación exprés es el aumento de la pobreza en los países del Norte. El 19% de la población española vive hoy por debajo del umbral de la pobreza. En la UE hay 19 millones de personas en esta situación y aproximadamente 80 millones de personas trabajadoras están en riesgo de exclusión. En EE UU uno de cada seis ciudadanos está siendo asistido por al menos un programa gubernamental de lucha contra la pobreza.

¿Dónde está la recuperación?

El 13 de septiembre la Comisión Europea anunciaba una “frágil” recuperación, que no obstante “progresa a un ritmo más rápido de lo esperado”. Para el economista y sociólogo Daniel Albarracín, no se puede descartar que la economía salga del bache, pero aun si se produce, la recuperación será débil y poco próspera, “no será posible sin haber destruido buena parte del tejido productivo, generando un enorme volumen de paro y retrocediendo los salarios y derechos sociales básicos”.

Entre las medidas que estos economistas consideran necesarias para que la salida a la crisis no agrande la brecha social, Raventós defiende la creación de una Renta Básica de ciudadanía, “si esta medida es buena en tiempos de bonanza todavía lo es más en la actual situación de crisis”. Otras iniciativas pasan, para el economista Nacho Álvarez, por medidas anticíclicas, como la prohibición de despidos a empresas con beneficios o el incremento del salario mínimo a 1.200 euros como medio para recuperar la demanda agregada.

Por su parte, Albarracín cree que las medidas de contrapeso pasan por la regulación del sistema financiero, lo que haría necesaria una banca pública y una reforma fiscal “progresiva y redistribuidora”. Pero, para este economista, lo prioritario es que “los y las trabajadoras planteen la puesta en pie de otro modelo de democracia, basado en la participación y en el control de la economía a favor de las necesidades sociales”.

domingo, 3 de octubre de 2010

NI CLÉRIGO NI LAICO

 Joxe Arregi

IBA a titular este artículo "Soy laico". Ahora que, por motivo de doctrinas e interpretaciones que nunca debieron habernos traído hasta aquí, he iniciado el doble proceso de exclaustración (abandono de la "Vida religiosa") y de secularización (abandono del sacerdocio), quería brindar por mi nuevo estado y decir: "Me honro de ser laico por la gracia de Dios. Me alegro de ser uno de vosotros, la inmensa mayoría eclesial".

Pero debo corregirme en seguida. ¿Laico? No, realmente no soy laico ni quiero serlo, pues este término sólo tiene sentido en contraposición a clérigo y siempre lleva las de perder. No soy laico ni quiero serlo, porque ese nombre lo inventaron los clérigos -que nadie se extrañe: siempre han sido los poderosos quienes han impuesto su lenguaje-. No quiero ser laico, que es como decir cristiano raso y de segunda, cristiano subordinado.

El Derecho Canónico vigente da una extraña definición del término: "laico" es aquel que no es ni clérigo ordenado ni religioso con votos. No designa algo que es, sino algo que no es. Laico es el que, por definición canónica, carece en la Iglesia de identidad y de función, por haber sido despojado. Laico es el que no ha emitido los tres votos canónicos de pobreza, obediencia y castidad, aunque es casi seguro que habrá de cumplir esos votos, y otros varios, tanto o más que los religiosos instalados en su "estado de perfección". Laico es el que no puede presidir la fracción del pan, la cena de Jesús, la memoria de la vida. Laico es el que no puede decir en nombre de Jesús de manera efectiva: "Hermano, hermana, no te aflijas, porque estás perdonado, y siempre lo estarás. Nadie te condena, no condenes a nadie. Vete en paz, vive en paz". Laico es el que no puede decir a una pareja enamorada: "Yo bendigo vuestro amor. Vuestro amor, mientras dure, es sacramento de Dios". Laico es el que no tiene en la Iglesia ningún poder porque se lo han sustraído. Aquellos que se apoderaron de todos los poderes se llamaron clérigos, es decir, "los escogidos". Habían sido escogidos por la comunidad, pero luego se escogieron a sí mismos y dijeron: "Somos los escogidos de Dios".

No soy laico ni quiero serlo, porque no creo en una Iglesia tripartita de religiosos, clérigos y laicos, de cristianos con rango y cristianos de a pie, de clase dirigente y masa dirigida. Jesús no dispuso clases, sino que las anuló todas. Y nadie que conozca algo del Jesús histórico nos podrá decir que a los "Doce" -que luego fueron llamados apóstoles- los puso Jesús como dirigentes, menos aún como clase dirigente con derecho a sucesión. A lo sumo, y como judío que era, los designó como imagen del Israel soñado de las doce tribus, del pueblo reunido de todos los exilios, del pueblo fraterno, liberado de todos los señores. (Y, por lo demás, ¿qué hay de los "setenta y dos" que Jesús también escogió y envió a anunciar que otro mundo es posible? ¿Cómo es que ellos no tuvieron sucesores? A alguien debió de interesar que no los tuvieran, tal vez para que el poder no quedara repartido). Jesús no era sacerdote, pero no por ello se consideró laico y a nadie nos llamó con ese nombre. Es un nombre falaz.

Hace veinte años que así lo veo y lo digo. ¿Por qué, entonces, no he abandonado hasta ahora los votos y el sacerdocio? Simplemente, porque era lo bastante feliz con lo que vivía y hacía, y pensaba que no cambia nada importante por unos votos de más o unos cánones de menos. Y ahora que, por las circunstancias, dejo los votos y el sacerdocio, sigo pensando lo mismo: que "laico" es una denominación clerical y que, en la Iglesia de Jesús, es preciso dejar de hablar de clérigos y laicos, es decir, superar de raíz el clericalismo.

Hablar de clérigos y laicos en la Iglesia es un fraude al Nuevo Testamento, pues esos términos no se utilizan una sola vez ni en los evangelios, ni en las cartas de Pablo, ni en ningún otro escrito del Nuevo Testamento. Sí se utiliza el término griego "laos" (pueblo), del que se deriva "laico", pero "laos" designa a toda la Iglesia, no a una supuesta "base eclesial" informe e inculta. A toda la Iglesia nos llama el Nuevo Testamento "pueblo de Dios" (1 Pe 2,9-10), y a todos los creyentes nos llama "templo de Dios" (1 Pe 2,5; 1 Cor 3,16), "sacerdotes santos" (1 Pe 2,5), "escogidos" y, sobre todo, "hermanos". Todo somos pueblo, templo, sacerdotes, elegidos, hermanos; lo somos sin otra distinción que la biografía misteriosa de cada uno con sus dones y sus llagas.

Hablar de clérigos y laicos es también un fraude a los primeros siglos de la Iglesia, pues esos términos no figuran en la literatura cristiana hasta el siglo III. Durante los dos primeros siglos no hubo "laicos" en la Iglesia, porque aún no existía "clero". Luego, la Iglesia se fue sacerdotalizando, clericalizando, y así surgió el laicado, que no es sino el despojo de lo que el clero se llevó. Nunca habría habido laicos en la Iglesia de no haber habido clérigos primero.

Más cerca aun de nosotros, hablar de clérigos y laicos es un fraude al sueño insinuado por el Concilio Vaticano II que, en la Constitución Lumen Gentium, invirtió el orden tradicional y trató primero sobre la Iglesia como pueblo de Dios y luego sobre los ministerios jerárquicos. Primero, el pueblo; luego, las funciones que el pueblo considere oportunas. Los obispos, presbíteros y diáconos nunca debieron constituirse en "jerarquía" (poder sagrado); no son sino funciones que derivan de la comunidad y han de ser reguladas por ella. Sólo representan a Dios si representan a la Iglesia y no a la inversa.

Hablar de clérigos y laicos es, en definitiva, un fraude a Jesús, pues él rompió con la lógica y los mecanismos de quienes se habían atrincherado en la Ley y el Templo y se habían erigido a sí mismos como dueños absolutos de la verdad y del bien. Jesús les dijo: "Dios no quiere eso. Dios quiere que curemos las heridas y seamos hermanos". Y por eso le condenaron.

Doce siglos después, vino Francisco, que nunca se reveló de palabra contra el orden clerical ni quiso criticarlo, pero que por alguna otra poderosa razón, además de la humildad, rehusó a ser clérigo y, con la dulzura y la firmeza que le caracterizaban, impidió mientras pudo que se reprodujera en su fraternidad la división entre clérigos y laicos. Y, cuando ya no pudo impedirlo, su cuerpo y su alma se llagaron y murió a los 45 años.

Una vez que él con algunos hermanos moraba de paso en un pobrecillo eremitorio, llegó en visita una importante dama y pidió que le mostraran el oratorio, la sala capitular, el refectorio y el claustro. Francisco y sus hermanos la llevaron a una colina cercana y le mostraron toda la superficie de la tierra que podían divisar y le dijeron: "Este es nuestro claustro, señora". Que era como decir: "No queremos ser ni monjes ni religiosos ni seglares, ni clérigos ni laicos. Es otra cosa, Señora. Queremos vivir como Jesús".

sábado, 2 de octubre de 2010

CARTA A RODRIGUEZ ZAPATERO

José Ignacio González Faus

Querido señor R. Zapatero: quiero decir de entrada que le considero un hombre de buena voluntad. No comparto los juicios crueles de radio María o de la COPE, a las que aplico aquel sabio juicio de santa Teresa: “más que al demonio temo a los que ven en todas partes demonio”… Creo que tiene Ud una excelente voluntad. Pero establecido esto, me siento obligado a decirle que algunas de sus decisiones sociales me parecen de un poco chapuceras, la verdad.

Por ejemplo: va Ud a Japón y declara que “hay momentos en la historia de los pueblos en que un gobierno responsable debe tomar decisiones que no gustan”. Sonoras palabras que sirven para añadir que su gobierno es responsable y ha sabido tomar esas decisiones…

Lo que me sorprende es que a ese principio tan impecable le dé Ud un alcance tan corto y lo reduzca a la subida del IVA… La gente se sonríe, y le parodia diciendo que hay que tomar decisiones que no gustan “a los débiles”: porque si se trata de que no gustan a los fuertes entonces sí que es mejor no tomarlas…

Por ejemplo:

1.- Un gobierno responsable debió afrontar la crisis bajando el sueldo a todos sus miembros y quizá suprimiendo de momento algunos ministerios, en vez de bajarlo sólo a los funcionarios. Sé que esto no reportaría un gran capital económico, pero sí le habría supuesto un capital moral que, en momentos de crisis es imprescindible. Incluso quizá les habría estimulado a salir pronto de la crisis, por la cuenta que les traía a ustedes mismos. Pero esto es menos importante que lo que sigue.

2.- Su gobierno debió tomar en primer lugar la decisión de subir los impuestos a las grandes fortunas, grandes empresarios, banqueros y demás, tal como dijo el sr. Blanco que (cuando habla positivamente y no sólo criticando) es de los que últimamente ha dicho cosas más sabias.
No haber hecho esto es tan incomprensible que ya habrán percibido ustedes lo que dice mucha gente: en nuestras democracias “a lo USA” los grandes poderes económicos financian tanto a un partido como a otro (de los que tienen probabilidades de gobernar): porque no les interesan las ideas de este partido o el otro, sino tenerlos a todos sujetos el día que lleguen a la casa blanca o a la Moncloa (da lo mismo). Es una explicación muy coherente, y la única disponible, de por qué usted no ha hecho algo que debió hacer. Y muestra que su gobierno no toma las decisiones que debería tomar (no “aunque molesten” como decía usted sino) porque molestan a unos pocos.

3.- En relación con lo anterior, debe usted saber que España es uno de los países con más injusticia fiscal. Hace poco supe que unas 3.000 grandes fortunas españolas tenían cuentas ocultas en la sucursal suiza del banco británico HSBC, por importe de más de 6.000 millones de euros (2 millones por barba). Pero, en lugar de investigar los impuestos aún no prescritos sobre la renta, sociedades y patrimonio, se les invitó amablemente a ponerse al día imponiéndoles tan sólo un recargo del 20% y los intereses de demora. En cambio, cualquier ciudadano medio que olvide presentar su declaración de la renta un año o incluir algún ingreso, no recibirá ese trato de favor: le iniciarán un procedimiento de inspección y le aplicarán el régimen sancionador tributario o penal con todo el peso de la ley. De haber procedido así con aquellas fortunas, les podrían haber caído cuatro años de cárcel y una multa seis veces superior a lo que debían. Los mismos inspectores de Hacienda han denunciado que un defraudador en Suiza de dos millones de euros pagaría hasta 23 veces menos (236.800 €) de lo que normalmente se exigiría (5,4 millones de euros), con lo que se perdería una recaudación de cerca de 1.500 millones de euros (que, casualmente es lo que se pretende ahorrar mediante la congelación de las pensiones.

El sistema tributario español (y sobre todo su aplicación) están diseñados para beneficiar a las grandes fortunas y a las multinacionales. El fraude fiscal de los grandes (en el que somos mejores que “la Roja”), es una de las cosas que menos ha combatido su gobierno, y de las que más debería combatir “un gobierno responsable, aunque no gusten” a algunos. ¿Recuerda el propósito hipócrita de acabar con los paraísos fiscales, contraído por los gobiernos de Europa al comienzo de la crisis? Si hubiésemos visto a su gobierno luchar denodadamente por ese objetivo, comprenderíamos que es un gobierno responsable que hace lo que tiene que hacer aunque moleste.

4.- También sabe usted que, cuando la pasada crisis del 29, el gran economista inglés J. M. Keynes sostuvo que para salir de la crisis era mejor endeudarse a base de obras públicas que creasen puestos de trabajo. Los hechos le dieron la razón (y otra vez ha sido el ministro Blanco el que más parece haber luchado por este objetivo, “cantando fuera del coro” como dice el refrán): es mejor endeudarse en obra pública para crear un trabajo que la iniciativa privada nunca querrá crear, en vez de endeudarse con prestaciones al desempleo que resultan humillantes para algunos, y son fuente de mil picarescas por parte de otros que abusan de ellas sin escrúpulos…

Pues bien: curiosamente, en esta crisis Europa ha aplicado más bien recetas norteamericanas y los Estados Unidos medidas un poco más “europeas” o keynesianas. Comprendo que en este punto haya sido usted víctima de la señora Merkel, pero vuelvo a pensar que hay gobiernos que toman las decisiones que hay que tomar si molestan a los débiles, pero no si molestan a los poderosos… A un gobierno así yo no le llamo responsable.

Me temo también que su gobierno no ha percibido la consecuencia calamitosa de esta crisis: que saldremos de ella, sin duda, y recuperaremos los índices de crecimiento; pero lo que ya nunca más se recuperará son los índices de empleo. Así lo estamos percibiendo ya en países que van delante del nuestro en la salida de la crisis. Y ese habrá sido el gran triunfo de los canallas que la provocaron. No me parece responsable un gobierno que acepta tranquilamente esta derrota de las clases más débiles.

5.- Si le digo todo esto, querido señor Presidente, es porque de ningún modo quisiera verle a usted caminar por esa vía de las grandes frases y palabras tan redondas y biensonantes como vacías y huecas. Porque es que con eso se va pareciendo usted cada vez más… ¡al señor Rajoy! Y la verdad: eso es lo último que yo quisiera ver de un político al que aprecio.

Termino pidiéndole perdón: sé que es muy posible que Ud no tenga la culpa de nada de lo que le he dicho porque Ud “no es más que un mandao”, al menos en el 80% de su trabajo. No puedo olvidar las palabras de Lula: “tengo el gobierno pero no tengo el poder”. Pero entonces creo que un gobierno responsable debería decirnos eso bien claramente, para que los ciudadanos sepamos a qué atenernos y de qué manera hemos de votar, si queremos evitar que sigan mandándonos los mismos perros, aunque con distintos collares…

Un cordial saludo.