sábado, 8 de enero de 2011

¡QUÉ DISPARATE, SR. OBISPO!

Federico Mayor Zaragoza 

“El Obispo de Córdoba alerta de un plan para aumentar la población gay”, se titula la noticia (“El País”, 3 de enero de 2011). “La UNESCO tiene un plan para hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”: esta sorprendente declaración pertenece -sigue la columna- al Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, y fue pronunciada durante la homilía de la fiesta de la Sagrada Familia, el 26 de diciembre.

El Prelado afirmó en su sermón que el Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, del Vaticano, le había facilitado esta información hacía unos días en Zaragoza. En 20 años, a través de “varios programas” la UNESCO lograría este pérfido objetivo…

¡Y en lugar de corregir de inmediato estas sandeces –seguro en el caso del Obispo cordobés y posible en el caso del Cardenal- el Servicio para la Comunicación de los Obispos del sur de España las “cuelga” en su portal informático!

No sólo los cristianos sino todos los ciudadanos deberían elevar sus voces contra manifestaciones de esta naturaleza, que pueden ser extremadamente nocivas para gente de buena fé.

Personalmente, quiero presentar mi más enérgica protesta por el silencio –ya van muchos silencios en cuestiones que nunca deberían haberse silenciado- guardado por la jerarquía eclesiástica, a la Conferencia Episcopal Española y al Nuncio de Su Santidad en España para que expresen sin demora las disculpas que corresponden.

Es intolerable la forma en que la cúpula de la jerarquía católica española aborda temas que no sólo contradicen el buen sentido que debería observarse en una democracia aconfesional, sino que a muchos creyentes nos indigna.

Nos indignan también estas concentraciones multitudinarias y costosas en las que el Evangelio brilla por su ausencia. Y, abandonando el marco nacional que, por inercia de muchísimos años, tolera todavía actos y expresiones que se caracterizan por su arbitrariedad y partidismo en lugar de por su religiosidad, se invade ahora el ámbito internacional y se calumnia de manera inverosímil a la Organización intelectual del Sistema de las Naciones Unidas, la UNESCO, que tiene por misión, precisamente, construir la paz –objetivo tan cristiano y eucarístico- a través de la educación, la ciencia y la cultura, cuya Constitución gira alrededor de la igual dignidad humana y los “principios democráticos” que deben guiar a la humanidad para alcanzarla.

Al ofender gravemente y con esa increíble ligereza a esta Institución, se ofende también a los maestros que en el mundo de todos los colores y sensibilidades e identidades dan su vida a la formación de “personas libres y responsables”. “Libres y responsables”, según establece el artículo primero del Acta Constitutiva de la UNESCO. Ustedes, Señor Obispo, Señor Cardenal, con estos criterios y falsedades los formarían irresponsables, sometidos y azorados.

Libres, responsables e iguales en dignidad, sin discriminación alguna por razón de género, etnia, ideología, creencia, identidad cultural, sensibilidades... Esta es la educación que permitirá a cada ser humano único, capaz de crear, la capacidad de “dirigir con sentido la propia vida”, en definición inigualable de don Francisco Giner de los Ríos. Que no actúen al dictado de nadie, que no sean adoctrinados ni vivan en el temor ya que, como es notorio, el primer párrafo del Preámbulo de la Declaración Universal establece que el ejercicio de los Derechos Humanos “liberar a la Humanidad del miedo”.

¿Será por eso que algunos miembros de la jerarquía eclesiástica se oponen a la educación en “ciudadanía”? Rectifiquen. Sería muy bueno, no solo para corregir el dislate actual sino para favorecer que, en el futuro, se lo piensen dos veces antes de decir barbaridades, que ya van siendo muchas.

Las comunidades académica, científica, cultural, intelectual, en suma, no permanecerán impasibles y silenciosas durante mucho tiempo.

Rectifiquen.

viernes, 7 de enero de 2011

EL DESCENDENTE

Dolores Aleixandre

Lo pensé mientras veía a la cápsula Fénix deslizarse hacia las entrañas de la tierra para rescatar a los 33 mineros chilenos: vaya parábola para entender un poco mejor lo que celebramos en Navidad y para acercarnos a Belén, además de con la consabida ovejita y el tarrito de miel, con la pregunta de si dan razón por ahí de un tal “Jesús el descendente”.

El tema del ascenso/descenso es determinante para entender este mundo de feria en que vivimos, subiendo o bajando como caballitos de tiovivo: sube el Tea Party, baja Obama; sube Tomás, baja Trini, vuelve a subir Trini; suben los dividendos de los bancos, bajan las pensiones; suben los parados, la factura de la luz y la previsión de gastos de la JMJ; bajan las partidas para proyectos de desarrollo y las posibilidades de papeles para inmigrantes. Y en medio de este sube y baja y con tanta gente empujando y dando pisotones con tal de ascender, alguien calladamente decide bajar y señala como dirección de su GPS vital: “lugares de abajo”. Censado en lugares tan poco emergentes como Belén o Nazaret, conociendo de primera mano lo que es vivir “abajo” y “fuera”, incardinado entre aquellos que ni entonces ni ahora tienen sitio en las posadas del mundo, encabezando su lista de contactos con los nombres de unos curritos que cuidaban ovejas por cuenta ajena; colando de paso junto a ellos a todos los que siguen yendo por la vida sin currículum, sin master y sin Erasmus, porque a los 16 años ya estaban subidos a una patera o fregando portales.

Empeñado de mayor en bajar a buscar a la gente más hundida, en hacer saltar por los aires las sentencias que los aplastaban (“está leproso”, “es una pecadora”, “es ciego de nacimiento”, “está muerta”, “ya huele mal”…), para auparlos hacia la vida con la autoridad de su palabra: “queda limpio”, “vete en paz”, “recobra la vista”, “está dormida”, “¡sal fuera!”.

Estamos avisados: una de las consecuencias de asomarnos a ver al niño Jesús, tan tierno y calladito en su pesebre, es que la visita puede dejarnos irremediablemente registrados en el colectivo de “Afectados por el Descendente” y sin más manual de instrucciones para el descenso que su Evangelio. Si nos animamos a seguir paso a paso sus indicaciones, podríamos empezar por nosotros mismos y arriesgarnos a bajar al agujero negro de nuestros errores, fracasos y fangos varios: nos llevaremos la sorpresa de descubrir que Otro los ha visitado antes que nosotros y los ha iluminado con su presencia. Y ya que estamos por esos bajos fondos, podemos aprovechar para desalojar al yo “trepa/okupa” que se esconde en nuestro sótano con su lista de pretensiones. Es increíble la cantidad de espacio que libera cuando se retira y la de nombres que empiezan a cabernos dentro, aparte del alivio de bajarnos del escalón del personaje y ser sencillamente lo que de verdad somos.

Paso segundo: negarnos a calificar una situación de definitivamente bloqueada, una herida de incurable o una brecha de irremediable, porque estaríamos entonces negando al Descendente su poder de sanar y transfigurar cualquier realidad.

Paso tercero: habitantes de una superficie en la que sólo se valora a los que ascienden y que se ha hecho experta en ignorar y ocultar los “lugares de abajo”, discurrir en que “Fénix” podemos montarnos para bajar al encuentro de los sepultados por tanto derrumbamiento.

No bajamos solos: delante de nosotros va el Experto en rescates, el que descendió a los infiernos, el Primer nacido de entre los muertos. En él, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Inmenso se ha hecho pequeño, el Altísimo se ha abajado, el Silencioso se ha vuelto Palabra.

No será difícil encontrarle: según sales de Belén, dejas atrás la posada, sigues en dirección Sur, llegas a un descampado donde suele haber rebaños y pastores y cerca hay una cueva donde se guardan animales en invierno. Al entrar, encontrarás un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. No tiene pérdida.



jueves, 6 de enero de 2011

NAVIDADES HERÉTICAS

José Ignacio González Faus

Que nuestras navidades están bastante desfiguradas, edulcoradas o paganizadas es voz común entre muchos cristianos y cada año volvemos a sentirlo cuando llegan y a lamentarlo cuando ya se han ido. ¿Por qué, pues,
no intentar analizar, aunque sea a toro pasado, en qué consiste esa deformación?. Para acercarse al *misterio de la Navidad* (contracción de natividad: nacimiento) basta con acercarse al nacimiento de un niño.

Un escritor cristiano del siglo III escribía: "empieza describiendo toda la bajeza de elementos que sirven para engendrar un ser vivo: sangre, líquidos y ese coágulo repulsivo de carne que durante nueve meses se alimentará de todo aquel barro". Para añadir en seguida: recuerda que tú has nacido de la misma manera. (Y entre paréntesis: es en este contexto donde Tertuliano añade aquello de *"lo creo por ser absurdo"* -credo quia absurdum-, que algunos leen fuera de contexto como una respuesta al problema de relaciones entre fe y razón. ¡No! Lo que es absurdo para nosotros es la solidaridad de Dios. Pero creemos en ella).

En este mismo sentido* el dibujante Cortés*, entrañable como siempre, ha hecho correr un dibujo de María cambiando los pañales al niño y cuyo título reza: " Y el Verbo se hizo pis". A más de dos escandalizará la viñeta y hasta la considerarán blasfema. Y cabría responderles parodiando a Tertuliano: "lo creo por ser blasfemo". Porque efectivamente, la encarnación de Dios es una blasfemia para una piedad centrada en torno a la idea religiosa general de Dios.

Pero sigamos con el niño. El niño inspira sonrisa y ternura cuando duerme, pero la sonrisa se nos va cuando el niño llora, cuando se ensucia y hay que limpiarlo, cuando no se duerme y hay que acunarlo. En su dulce pequeñez lo humano está reducido, sí, a promesa, pero también a impotencia física, a incapacidad expresiva, y a necesidad de todo: de ser alimentado, de ser limpiado etc. Nuestras navidades han eliminado todos estos aspectos negativos para quedarse sólo con los positivos. De modo que, *en la dialéctica Dios-miseria la primera palabra ha borrado a la segunda, en lugar de redimirla pasando por ella*. Donde san Juan escribe: "la Palabra se hizo esclavitud [carne] y en eso hemos visto la gloria de Dios", nosotros leemos que la Palabra se hizo bienestar y ahí vemos su gloria.

Así en nuestros belenes, las pajas son de plástico, la cueva no evoca ningún establo ni la cuna sugiere un pesebre de animales. Nuestros pastores se parecen más a los de las églogas de Garcilaso que a los de la Palestina de hace 2000 años. Los villancicos que, en un principio pretendían descubrir y cantar la gloria de Dios escondida en tanta humillación (y ese era su encanto), han acabado por olvidar toda esa miseria: a lo más nos encontraremos con que "Josep encen un foc", pero habrá de ser "un gran fuego", como si ya no supiéramos lo que costaría prender fuego en una cueva miserable de un pueblo perdido de hace veinte siglos. Y en seguida aparecen angelitos cantando y romeros floreciendo; de modo que *los ángeles dejan de ser "mensajeros" para ser sólo comparsas de la gran orquesta del consumo*: porque ya no cantan que la gloria de Dios está en los hombres reconciliados, sino que la gloria de Dios brilla en esta falsa paz que brota de la
injusticia.

Así olvidamos todo lo polémico del mensaje navideño: que Dios no nació en el Templo de Jerusalén, ni siquiera en una posada decente, sino en un establo. Lo cual, con palabras de hoy, significa: Dios no nace en la catedral de Barcelona ni en la Sagrada Familia, sino en el Besós o en el Raval; ni nace en la Almudena sino en la Cañada real; ni nace en el Corte inglés sino en una patera, *ni nace en el Vaticano sino en la franja de Gaza*, ni en Manhattan sino en Haití. Y su señal no son las luces en nuestras calles sino la falta de luz en los suburbios.

*El peligro de esta deformación navideña es que acabamos falsificando la idea cristiana del ser humano*: nos quedamos con la idea de "el hombre" propia del Renacimiento o de la mentalidad griega (que reservan la dignidad humana sólo para los ricos y no para los esclavos) y no con la noción bíblica de todo ser humano como imagen de Dios. De este modo falsificamos también la idea cristiana de Dios por mucho que cantemos "gloria in excelsis Deo" en latín y todo. Y, desde ahí, falsificamos la solidaridad. Y acabamos cerrando los ojos para imaginar, en vez de abrirlos para contemplar la realidad.

Un ejemplo de esta falsificación me parece encontrarlo en la teología (o en la forma como es leída la teología) del gran escritor que fue *Urs von Balthasar*: que habla mucho de la "teo-dramática" pero de una manera tal que la palabra Dios acaba edulcorando el drama en lugar de redimirlo al entrar en él hasta el fondo, y la belleza de la Gloria de Dios se queda más en la no consideración del dolor que en la asunción amorosa del dolor. Una especie de contemplación indolora del Dios sufriente: porque parece sufrir como la cenicienta del cuento y no como los niños maltratados de la vida real. Así nos quedamos con un Dios que planea sobre la historia pero nunca llega a aterrizar verdaderamente en ella. Y así llegamos al final del proceso por el que hoy hemos celebrado el nacimiento del dios mercado o del dios consumo, pero no el del Dios anonadado.

Imaginemos si no, qué pasaría si una multitud de cristianos, más conscientes de todo este significado, comenzara a tomar decisiones como éstas: en navidades no vamos a consumir nada, no porque no pueda tener un sentido materializar el gozo interno, sino para compensar la unilateralidad en que hemos caído. Ni vamos a jugar lotería porque no queremos enriquecernos precisamente en los mismos días en que Dios se empobrece. *Ni haremos regalos a las personas queridas sino sólo a aquellas con las que nos encontramos enemistados o necesitamos perdonar*. Ni plantaremos belenes rebosantes de figuras caras, sino una simple cuna desvencijada y vacía, igual que la silla de aquel premio Nobel de la paz que estuvo vacía durante la ceremonia: como simbolizando que a Dios tampoco le dejamos venir hoy porque es un disidente de este mundo, como Liu Xiaobo

*¡La que se armaría!* Y sin embargo: sería todo tan cristiano, y tan evangélico! Y la exquisita María ¡cantaría con tanto gozo exultante que Dios derriba del trono los poderosos y dignifica a los humillados, que despide
vacíos a los ricos y llena de bienes a los pobres! Y nosotros no temeríamos que el profeta nos repitiera aquello: "hace tiempo que somos los que Tú no riges, y los que no llevamos tu Nombre" (Is 63, 19).

En resumen: *acabamos de celebrar unas navidades heréticas*. Así de simple. Y si la Iglesia tiene una Congregación de la Fe, encargada de velar porque no nos contamine la herejía, tiene aquí también una tarea sobre la que pensar a lo largo de este 2011, hasta que lleguemos a un nuevo diciembre.



martes, 4 de enero de 2011

PREGÓN DE NAVIDAD 2010

Jon Sobrino. 24 de diciembre, 2010

Iglesia de El Carmen, Santa Tecla

Las tradiciones navideñas de nuestros días, Santa Claus, luces, árboles, consumo, no tienen nada que ver con las tradiciones de Isaías y de Lucas alrededor del nacimiento de Jesús. Son tradiciones de justicia, consuelo y shalom. Dios no llega a nosotros desde la pompa y la diversión barata, sino que, como dice don Pedro Casaldáliga, “Dios continúa entrando por abajo”. Eso hace difícil hablar de navidad. Pero siempre queda la esperanza de que la palabra de Dios nos ilumine y nos anime para hablar del Jesús que nace y viene a nosotros, y que tiene muchas cosas en contra. Brevemente voy a mencionar cinco cosas que para mí están en el fondo de la navidad.

Justicia. No se suele hablar de ella en navidad. Todo el mundo sabe que hoy sigue siendo muy necesaria y muy claro lo que significa. Pero está trivializada y maquillada. El comercio y el mercado no conocen la justicia. Ni la mencionan. Se apoderan del dinero de los pobres y adormecen a todos. Incluso en las iglesias pareciera que "denunciar la injusticia y pelear contra ella es cosa del pasado". Pero no hay verdadera navidad sin hablar de justicia e injusticia. En adviento, precisamente porque Dios se está acercando, el profeta Isaías nos conmina: "Abran camino a Yahvé. Que todo valle sea elevado y que todo monte y cerro sea rebajado". Que reine la igualdad y quede desterrada la opresión. Con las "lanzas" -armas de guerra-, hagan “cumas” -instrumentos de paz- para trabajar la tierra. Que reine el trabajo y quede desterrado el despotismo del capital.En estos días navideños acabamos de leer una palabra que condena la injusticia. Es palabra que viene de lejos pero que suena cercana. El Padre Ángel Olarán, misionero de Guipúzcoa, la tierra de san Ignacio de Loyola, de 73 años, ha pasado 40 años en el África oprimida y reprimida. Estos días ha denunciado, con solemnidad y vigor, “el abuso económico, social, cultural, político e incluso religioso del ‘Primer mundo’ sobre el ‘Tercero’”. Y concluye: “un mundo que se enriquece de los que no tienen es diabólico”. Y también a la Iglesia le dirige una palabra: “Quizás la muerte de miles de personas por hambre sería más motivo de excomunión que otras cosas, anticonceptivos, abortos, matrimonios gay”.

El niño que nace, inocente e indefenso, nos exige practicar la justicia.

Consuelo. Sin muchas expectativas de vida digna, a no ser lejos de su tierra, los pobres, los que emigran, necesitan consuelo. Con los ojos puestos en esos desterrados, hemos leído en Isaías esta exigencia de Dios: "Consuelen, consuelen a mi pueblo". Cuánta falta hace hoy el consuelo para los afligidos. Y qué poco se ve de ese consuelo hondo, más allá de la palabrería barata. También en El Salvador hubo un Isaías que consolaba a su pueblo: "Verán, queridos hermanos, como regresarán los refugiados… Verán cómo tanta sangre se tornará en vida… Verán cómo sobre estas ruinas brillará la gloria del Señor".

Utopía, sí. Pero era la de Monseñor Romero. Sólo con la credibilidad que se gana con un amor sin fingimiento y con la decisión de correr riesgos -hasta de la vida- se puede anunciar la utopía que consuela. Fue el secreto de Monseñor. No resolvió problemas, pero trajo consuelo a los corazones. No es fácil llevar consuelo a los afligidos, pero es necesario.

Shalom. Es paz y es más que paz. Los ángeles que se aparecieron a los pastores cantaron: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad". San Lucas escribía en griego y, por eso, para hablar de paz usó la palabra eirene que significa ausencia de violencia, ausencia de guerra… Todo ello, bueno y necesario. Pero la palabra hebrea es shalom, el bienestar de los seres humanos basado en la justicia y la verdad, que fructifica en fraternidad y gozo. Y nada tiene que ver con la pax romana, el sometimiento resignado que exigen los imperios, ayer como hoy. Los salmos nos recuerdan que "la paz y la justicia se besan". Si no ponemos manos a la obra de construir justicia, no hablemos de paz,De este shalom poco o nada nos dicen hoy. Algo de ello -ojalá mucho- aparece en las celebraciones navideñas caseras: el gozo de reunirse en familia, a veces incluso con signos de reconciliación. La cena de navidad, familiar, sincera y sencilla, es el mejor “nacimiento”, con figuras de carne y hueso, que mantiene a Jesús presente en nuestra historia. Ese Jesús se hace presente en el tejido social, bien tramado por amistad y lealtad. Y ojalá llegue el día del gran shalom: que los pueblos del norte coman junto con los de Africa, Asia América Latina.

Jesús de Nazaret. Por increíble que parezca, no se suele mencionar mucho a Jesús de Nazaret en estos días de navidad. Los supermercados no saben que hacer con él. Con frecuencia, incluso las iglesias no pasan del "niño Dios", sin insistir en que ese niño creció y llegó a ser el Jesús que salió de su casa, fue al Jordán a escuchar a Juan y apareció junto con el pueblo para ser bautizado. Es el Jesús que anunció a los pobres la venida del reino, sintió compasión por ellos hasta revolvérsele las entrañas, los sanó, los defendió de sus opresores y se enfrentó con éstos. Es el Jesús que, por ello, fue ejecutado. Y es el Jesús a quien el Padre no dejó morir para siempre. El verdugo no triunfó sobre la víctima. Esto suele estar ausente estos días, pero está presente en los relatos navideños de los evangelios. En el Magnificat, María preanuncia a Jesús y reza a Dios como él: "Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada". El anciano Simeón proclama con gozo que ya puede morir en paz, pues "sus ojos han visto al salvador que iluminará a todos los pueblos", y añade que será "señal de contradicción" a fin de que "queden al descubierto las intenciones de muchos corazones". Unas buenas gentes llegan de lejos para ponerse a su servicio, mientras Herodes "manda matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca de dos años para abajo". Este es un relato increíble en tiempos de navidad, y muy poco tomado en serio. Es una leyenda piadosa entonces, y ahora es realidad cruel en el centenar de niños asesinados en El Mozote, y en los niños que mueren en el Congo escarbando coltán para las multinacionales del norte.

Ese Jesús no ofrece soluciones, ni resuelve ningún problema. Pero ha introducido un impulso que ha llegado hasta nosotros para promover siempre justicia, consuelo y shalom. Lo fundamental de esta noche es que Jesús nos hace una pregunta : “Ustedes, ¿quieren vivir así, quieren ser así?”.



Nosotras y nosotros. Dios en nuestras manos. Cuando Dios quiere no ser sólo Dios surge Jesús de Nazaret. Surgimos nosotros, hombres y mujeres, pipiles y mayas, judíos y árabes, españoles y latino y norteamericanos. Poco entendemos de los relatos de navidad si no nos hacen pensar qué somos en verdad. Sabemos de lo bueno y de lo malo de que somos capaces. Conocemos nuestras posibilidades y nuestras limitaciones. Pero se nos puede escapar lo más hondo, y navidad lo vuelve a poner en su sitio: en un ser humano se ha hecho presente Dios, el misterio de Dios.

"En Jesús ha aparecido la benignidad de Dios", dice la carta a Tito. Leonardo Boff, hablando de Jesús de Nazaret, escribió: "así de humano sólo puede ser Dios". Y Monseñor Romero, pocos días antes de su entrega, cuando ya no sabía qué decir para mover a la solidaridad con el pueblo sufriente, dijo simplemente: “que no se olvide que somos hombres”. Habló de la sublimidad, la "divinidad" digamos hoy, de lo humano.Allí donde hay un gran amor, allí está Dios. Allí donde nace un gran amor, allí empieza Dios a caminar en la historia con nosotros. Estos días, el 2 de diciembre, nos lo han vuelto a recordar cinco mujeres de Estados Unidos, religiosas y mártires, que hace treinta años entregaron su vida por este pueblo. Nos lo recuerda el Padre Dean Brackley en un cuaderno que ha titulado “Cinco testigas solidarias: Dorothy, Jean, Carla, Ita y Maura”. Cada quien sabrá qué piensa -o no piensa- del misterio del ser humano, de ser hombre y ser mujer sobre esta tierra. Navidad nos invita a pensarnos desde el misterio de Dios. Y esta audacia está posibilitada por una audacia mayor: Dios tiene que ser pensado desde lo humano, porque, antes, decidió "empequeñecerse" y mostrarse en un ser humano como nosotros, Jesús de Nazaret. La transcendencia se hizo transdescendencia para poder llegar a ser condescendencia. Y digamos también que Dios no hace milagros. Ha tenido el humor de dejar su futuro en nuestras manos. Ese sí es milagro.

Terminamos como empezamos con la fe de don Pedro Casaldáliga: “Todo puede ser mentira, menos la verdad de que Dios es Amor y de que toda la Humanidad es una sola familia”

Hermanas y hermanos de El Carmen. Éste es el mensaje de navidad. Estemos alegres.

lunes, 3 de enero de 2011

OBISPO DE CÓRDOBA: 'LA UNESCO TIENE PROGRAMADO HACER HOMOSEXUAL A MEDIA POBLACIÓN'

José Manuel Vidal 

“El ‘ministro’ de la familia en el gobierno del Papa, el cardenal Antonelli, me comentaba hace pocos días en Zaragoza que la Unesco tiene programado para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual. Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas”.

Ésta es la teoría de la conspiración global que defiende el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Lo hizo el pasado domingo, 26 de diciembre, en la homilía que pronunció en la eucaristía de la Sagrada Familia y cuyo texto íntegro pueden ver en el pdf adjunto. Y, además, señala al cardenal Ennio Antonelli, ministro de la Familia del Papa, como el autor primero de la ‘teoría conspirativa’ de la organización de la ONU para la infancia.

Demetrio Fernández asegura que la Iglesia “no pretende imponer a nadie su visión de la vida y de la familia, pero pide que se respete la visión que hemos recibido de Dios y que está inscrita en la naturaleza humana”. Y, a continuación, asegura que el cardenal Antonelli le comentó, hace unos días en Zaragoza, que la Unesco quiere convertir en homosexual a la mitad de la población mundial. Y en tan sólo 20 años.

¿Cómo se va a realizar esa iniciativa sin precedentes? “Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas”.

“Es decir, según la ideología de género, -explica el obispo- uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo”. Y concluye: “He aquí el último ‘logro’ de una cultura que quiere romper totalmente con Dios, con Dios creador, que ha fijado en nuestra naturaleza la distinción del varón y de la mujer“.

El prelado termina la homilía arengando a sus files: “No es momento de lamentarse, sino de conocer bien cuáles son los ataques a este bien precioso y de vivir con lucidez y con coherencia lo que hemos recibido de Dios, por ley natural o por ley revelada”.

Una homilía que dará mucho que hablar incluso entre los prelados y los fieles asistentes a la gran fiesta-misa de la familia de Colón, que se celebra mañana en Madrid, y en la que, según los organizadores, podrían participar más de medio millón de personas.
La sexualidad no es “un juego de placer”

En la primera parte de su larga homilía, el prelado de Córdoba, que pasa por ser uno de los más conservadores del episcopado español, hace, además, una fundamentación teológica y espiritual de la familia como “Iglesia doméstica”, porque “en el plan amoroso de Dios, la familia constituye un pilar fundamental de nuestra vida y de nuestra convivencia”.

Un plan de Dios en el que, según el obispo, “la familia consiste en la unión estable de un varón y una mujer, que se aman y se profesan amor para toda la vida. Unión santificada por la bendición de Dios en el sacramento del matrimonio, cuyo vínculo es fuente permanente de gracia y es irrompible, es decir indisoluble. Unión que por su propia naturaleza está abierta a la vida y suele desembocar en el nacimiento de nuevos hijos que completan el amor de los padres y constituyen como la corona de los padres”.

Una donación mutua que, a juicio de Demetrio Fernández, se “expresa incluso en la donación corporal, en el lenguaje de la sexualidad”. Eso sí, una sexualidad que no puede ser entendida “como un juego de placer”, porque, entonces, “este proyecto de Dios sobre el hombre se arruina”.

Para el obispo, “el placer que acompaña a la relación sexual no puede convertirse en valor absoluto de las relaciones del varón y la mujer. Cuando lo único que se persigue es el placer, la satisfacción de uno mismo, el otro se convierte en objeto, y el amor se convierte en egoísmo. La sexualidad entonces es el lenguaje del egoísmo, del egoísmo más terrible, porque utiliza al otro para su propio provecho”.

El obispo de Córdoba subraya, a continuación, que la relación sexual entre los esposos debe estar siempre abierta a la vida. “La encíclica Humanae vitae enseña claramente esta doctrina, y -¡ay de nosotros!-, si la extorsionamos diciendo lo contrario o dejando a la conciencia de cada uno que haga lo que quiera“.

Y de ahí que llegue a reconocer que algunos curas no respetan esa doctrina de la Iglesia. “Hemos de pedir perdón a Dios porque en este punto obispos, sacerdotes y catequistas no hemos anunciado con fidelidad la doctrina de la Iglesia, la doctrina que salva y hace felices a los hombres”.
‘Caminando hacia la autodestrucción’

“En el desierto demográfico que padecemos, en el que el mundo occidental se muere de pena, todos tenemos nuestra parte de culpa. No sólo los legisladores y los políticos por no favorecer la familia verdadera, sino también los transmisores de la verdad evangélica (obispos-presbíteros-catequistas) por haber ocultado o negado la doctrina de la Iglesia en este punto”, subraya clamando un ‘mea culpa’ por haber conducido al mundo a consecuencias dramáticas y desastrosas.

La prueba más evidente es, según el prelado cordobés, que “España lleva muchos años con el índice de natalidad más bajo del mundo, y desde que se ha introducido el aborto hay más de un millón de muertos por este crimen abominable. Por este camino, España y los países occidentales tan orgullosos de su progreso caminan hacia su propia destrucción”.

A ello han contribuido asimismo “las facilidades para el divorcio, para la anticoncepción en todas sus formas, para el aborto incluso con la píldora del día después repartida gratuitamente como anticonceptivo, son otros tantos ataques a la familia, al proyecto amoroso de Dios sobre la familia y la vida”.



domingo, 2 de enero de 2011

TENDENCIA A LA PERIFERIA

Xabier Basurko

En los siglos medievales, como es sabido, la liturgia en latín ya no es comprendida por el pueblo, la mesa de la palabra de Dios ya no alimenta y apenas se predica; en esta liturgia clerical, de ordinario, los fieles ni cantan, ni comulgan. En este contexto surge una "nueva piedad eucarística" cuyo centro es la adoración. Los fieles, indignos de recibir la comunión, desean ardientemente ver, admirar y adorar el augusto sacramento. Surgen nuevos ritos, que alcanzan su apogeo en el siglo XIII, como la elevación de las especies consagradas, la fiesta del Corpus con su procesión, la comunión (cada vez menos frecuente) de rodillas y en la boca. Aun careciendo de suelo bíblico, esta nueva piedad eucarística, compensación en gran parte del vacío sentido en la liturgia oficial, se aceptó como legítima en occidente, aunque nunca fue compartida por el oriente.

Un segundo momento de esta corriente devocional se da en la Contrarreforma; con razón el barroco ha sido llamado "época de las procesiones" y también "siglo de la exposición frecuente" con su adoración perpetua y reparadora, la devoción de las Cuarenta-Horas y los espectaculares "monumentos" del jueves santo. El trono eucarístico con su custodia es el centro focal de los templos barrocos y una peculiar "tendencia a la periferia" (J.A.Jungmann) caracteriza el conjunto de su vida litúrgica. Esta línea devocional conocerá una gran expansión, y como una tercera oleada, en el siglo XIX. Se fundan más de treinta institutos religiosos bajo la denominación del Santísimo Sacramento que cultivan las horas santas, la adoración nocturna y reparadora, las bendiciones vespertinas y los congresos eucarísticos. En la eucaristía se privilegia la presencia real, separada de la acción eucarística misma. En este movimiento eucarístico-reparador del siglo XIX se asocian la exaltación del poder pontificio, el culto de la Virgen en línea maximalista, junto a un anti-protestantismo y una anti-ilustración de carácter virulento.

Alguien reconocerá en las líneas anteriores el retrato de ciertos movimientos eclesiales del presente. Acabamos de cumplir 45 años de la conclusión del Vaticano II, reconocido en su día "como un paso del Espíritu Santo por la Iglesia". El Vaticano II impulsó la renovación litúrgica, jerarquizando justamente lo central como central, y lo periférico como periférico. Pero ¿qué hemos hecho del Concilio?

CATÓLICOS EN CRUZADA

ROUCO LLAMA A LA RECONQUISTA

Movilización general del catolicismo español en contra del laicismo. Los propagandistas de la ACdP y la organización Hazte Oír discrepan sobre la conveniencia de crear con urgencia un partido político confesional
Juan Bedoya, en 'El País'
La consigna de los obispos es que urge una movilización general para reconquistar España. Es la consecuencia de la visión del cardenal Rouco de España como "país de misión". El debate es cómo hacerlo: a través de un partido político propio o mediante otras plataformas. Además, en el integrismo emerge la sospecha de que una sociedad secreta, amparada por la mexicana El Yunque, opera a la sombra de la Iglesia y en los aledaños del PP

"Hoy, subsecretario; mañana, ministro", retaba a los suyos, con sorna, Fernando Martín-Sánchez Juliá, el segundo presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Sucedió en el cargo al mítico cardenal Ángel Herrera Oria y los dos caminan hacia los altares por iniciativa del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco. Es el agradecimiento de la jerarquía romana a dos líderes indiscutibles de la vanguardia del catolicismo español. Pero el reto del poder se ha ensombrecido. Lo que Rouco busca hoy son propagandistas inasequibles al desaliento, más que subsecretarios y ministros, que siempre los ha tenido la Iglesia en abundancia cuando ha gobernado la derecha o en dictadura, e incluso ahora con la izquierda socialista.

España, percibida antaño como la "reserva espiritual de Occidente", es hoy "una viña devastada por los jabalíes del laicismo", según Benedicto XVI. Es, incluso, un "país de misión", en palabras de Rouco. Tierra de reconquista en suma, y, sobre todo, "un mal ejemplo" para Europa. El diagnóstico lo sostiene el Vaticano entero, informado por el cardenal Antonio Cañizares, ex primado de Toledo y actual ministrodel Papa para el Culto Divino. Por eso dijo Benedicto XVI en noviembre pasado, a punto de tomar tierra en el aeropuerto de Santiago de Compostela, que venía a un país maltratado por un "laicismo agresivo". La consigna de la jerarquía es que urge una movilización general. La ocasión, hoy mismo, es la multitudinaria jornada europea por la familia que desde hace tres años convoca Rouco en Madrid por Navidad. Se celebra este domingo en la plaza de Colón y cuenta con una intervención especial del Papa vía satélite.

La cuestión es cómo organizar la reconquista. ¿Procede crear un partido católico, como urgen algunos sectores con ganas de reabrir un debate que cerró el cardenal Vicente Enrique y Tarancón tras la muerte del dictador Francisco Franco? ¿Bastaría con practicar entrismo en los partidos actuales, como hasta ahora?

En casi todos los Gabinetes ministeriales ha habido en el último siglo cuatro o cinco ministros de la ACdP, fuese con Romanones, con el general Primo de Rivera, en la II República, con el caudillo Franco o con Adolfo Suárez y José María Aznar.Los nombres saltan a la vista: desde José María Gil Robles hasta Alberto Martín-Artajo y Joaquín Ruiz-Giménez; de Federico Silva Muñoz y Fernando Castiella a Marcelino Oreja o Alfonso Osorio. Este último fue un poderoso vicepresidente del Gobierno con Suárez y lideró el sector democristiano mejor colocado para la formación de un partido propio. Se llamó el Grupo Tácito y sus propuestas desde las páginas del diario Ya destacaron en la política del momento. Pero el cardenal Tarancón abortó la idea y los propagandistas aceptaron la orden. Tuvieron en cuenta una de las consignas de su primer presidente, el que llegaría a ser cardenal Herrera Oria: "La ACdP no es un partido político ella misma, sino madre de partidos políticos".

La experiencia, sin embargo, ha sido amarga. "Con Aznar tuvimos en el Gobierno muchos preclaros católicos, incluido el propio presidente. Pero se notó muy poco. Ni siquiera se derogó la ley del aborto", se lamenta Hazte Oír. Esta organización no espera nada mejor de un hipotético Gobierno presidido por Mariano Rajoy, también confeso católico. El propio Rouco alzó la voz con ese lamento cuando Aznar dejó clara la posición al principio de su mandato, en 1996. "Aparecer muy cercano a los obispos quita votos", confesó el presidente.

Que HazteOir.org quiere un partido católico es un secreto a voces, expresado sin tapujos al propio Rouco. Pero la ACdP no está por la labor. Y ante la jerarquía, los propagandistas son la vanguardia a tener en cuenta, pese a que suman apenas 308 socios activos, 175 socios cooperadores y 111 aspirantes. Esta es la tesis de su presidente desde hace cuatro años, el letrado del Consejo de Estado en excedencia Alfredo Dagnino: "Resulta imperiosamente necesaria la presencia de los católicos en la política, pero la prioridad de acción no es la de un partido. Hacen falta católicos en las plataformas civiles y también en los partidos actuales, pero católicos que vivan esta misión como una auténtica vocación y con compromiso moral".

Más contundente es José Francisco Serrano Oceja, decano de la Facultad de Humanidades San Pablo-CEU y director del Congreso Católicos y Vida Pública, una de las exhibiciones anuales de presencia mediática de la ACdP. Dice: "Pensar en un partido católico es una tentación de nostalgia. La inversión de futuro es que los propagandistas desarrollemos nuestra vocación de vida pública en los partidos. Pero la prioridad no es la política, sino lo prepolítico. Es decir, trabajar para crear grupos de acción y de pensamiento dedicados al análisis de las causas que han llevado a la desvertebración social. Hay que encontrar procedimientos para generar una nueva ciudadanía capaz tanto de resistencia como de innovación".

Pese a diferir sobre los mecanismos de actuación, propagandistas y dirigentes de Hazte Oír comparten la misma visión sobre los achaques del catolicismo en España. Se sienten marginados, incluso maltratados, y ven políticas activas anticlericales (incluso antirreligiosas) y leyes de Estado "radicalmente inmorales". Su pesimismo es tan profundo como el de las jerarquías, y ni siquiera rectifican ante el dato de que siete de cada 10 euros manejados por la Iglesia romana en España -la suma total supera los 6.000 millones- proceden de Hacienda o de subvenciones públicas. Tampoco liberan de culpa al Gobierno socialista pese a haber incrementado este un 34% la contribución del Estado para financiar a los obispos mediante la casilla del IRPF de cada donante católico.

Alfredo Dagnino llega a calificar la situación de "emergencia nacional". Esta es su queja: "El laicismo actual no es el viejo anticlericalismo decimonónico. No. Se trata más bien de una voluntad deliberada de prescindir de Dios en la visión que el hombre tiene de sí mismo y del origen y del término de su existencia. Hoy, el laicismo ideológico comporta un modo de pensar y de vivir en el que la referencia a Dios es considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad".

¿Cómo romper esa tendencia? Frente a los radicales que pretenden iniciar la reconquista desde el Valle de los Caídos, donde reposa el nacionalcatolicismo franquista, urgiendo la creación de un partido católico, los dirigentes de la ACdP reivindican la vigencia de las tesis de Herrera Oria: "Formar hombres para la vida pública y crear instituciones sociales influyentes y de largo recorrido". Pero reconocen que también en su interior existen voces pidiendo la creación de un partido propio.

"Nuestro problema es que hemos dilapidado la herencia que nos dejó don Ángel Herrera. Él se caracterizó por una valentía sin igual, que nacía de la confianza en Dios y de la seguridad de un catolicismo hispano que se había caracterizado por ser fecundo culturalmente. Sus santos más leídos fueron Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús y Juan de Ávila, e hizo del catolicismo español un catolicismo moderno. Si la ACdP quiere ser eficaz dentro de la Iglesia, debe contribuir a rehacer ese catolicismo moderno", afirma Serrano Oceja.

Abogado del Estado con apenas 22 años y vocación sacerdotal muy tardía, el santanderino Herrera Oria fue el católico más influyente del siglo pasado y tuvo clara la estrategia a seguir desde la presidencia de la ACdP. Había que buscar a los mejores y formarlos para dominar lo que llamó "las dos grandes fortalezas enemigas: la enseñanza y la prensa". Él mismo se puso a la tarea con gran eficacia. Con dinero de católicos vascos dueños ya de un gran periódico en Bilbao -La Gaceta del Norte, ya desaparecida-, se hizo con el diario El Debate en Madrid, creó una cadena de medios en provincias, fundó la Editorial Católica y la Biblioteca de Autores Cristianos, puso en marcha la primera escuela de periodismo en España e impulsó organizaciones para atraer a obreros, a estudiantes y a todo tipo de élites. En suma, hizo para el sector católico lo que en el campo liberal había impulsado unos años antes el pedagogo Francisco Giner de los Ríos con la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

La obra de Herrera Oria, cuya causa de beatificación acaba de remitir el cardenal Rouco a Roma con la esperanza de que Benedicto XVI la tramite con cariño, se resume ahora en la propiedad de 22 centros educativos de diversos niveles y con decenas de miles de alumnos. La Fundación Universitaria San Pablo-CEU es la cabeza visible de todo ese imperio. Pero la ACdP ha perdido presencia en la "fortaleza" de la prensa. Con la desaparición de la cadena de medios en provincias y el cierre del Ya en Madrid y de la agencia de noticias Logos, el catolicismo oficial está recluido en lo que el obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, llama "el jardín de los domingos". Se refiere a las hojas parroquiales o boletines diocesanos que se reparten a los fieles en las misas. Esa pérdida es percibida como "un cataclismo muy grande", en palabras de Dagnino.

Pese a todo, los obispos cuentan con una cadena de radio, la Cope; con una televisión, Popular Televisión; con Radio María, y con dos docenas de revistas que editan las congregaciones religiosas, con mucho prestigio pero poca difusión. Así que "la asignatura pendiente de los propagandistas es la comunicación", advierte Serrano Oceja. "Así como hemos superado la asignatura de la educación, nos falta la de la comunicación como apuesta por la creación de un grupo no amateur, que tenga relevancia social y desde donde proponer un proyecto católico para la regeneración del tejido social. Esa apuesta no debe circunscribirse a la información religiosa, sino que debe salir del huerto del domingo y tener algo que decir todos los días de la semana", añade.

¿Cómo reconstruir esa presencia pública? "No es fácil hacer un medio de comunicación sostenible", admite Dagnino. Los propagandistas no renuncian a nada, pero mientras logran medios propios, se conforman con tener hombres en los medios ajenos. La ACdP los forma en sus tres facultades de Ciencias de la Información de Madrid, Valencia y Barcelona.