viernes, 18 de noviembre de 2011

CRISTIANOS Y NO CREYENTES

José Ignacio González Faus

Allá por los tiempos de Jesús se cuenta de un rabino que perdió la fe, con el comprensible escándalo social de su comunidad. Pero otro maestro comentó sobre él: “Dichoso el rabino, porque podrá practicar el bien sin esperar recompensa”. Es la lección (y casi la envidia) que desde hace años dan muchos de los no creyentes: hacen el bien sin esperar recompensa. Jesús dijo también que no es el que dice “Señor, Señor” el que entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre. Y he visto que algunos no creyentes cumplen la voluntad de Dios mejor que muchos de nosotros.

Además, un gran profeta del catolicismo del siglo pasado (Emmanuel. Mounier, fundador de la revista Esprit) escribió que, en el futuro, los hombres no se distinguirán por la postura que tomen ante el tema de Dios sino por la que tomen antes los condenados de la tierra. Y, en la misma línea, esa impresionante conversa que prefirió quedarse fuera (Simone Weil) dejó escrito: “No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir si su alma ha permanecido en el fuego del amor de Dios”.

Todos esos testimonios apuntan confirman las palabras de otro gran profeta, mártir de Adolf Hitler (el pastor Dietrich Bonhoeffer), que dijo: el Dios de Jesús, es “lo opuesto a todo lo que el hombre religioso espera de Dios”. Cuesta tragarlo pero es así. Porque en Jesucristo, Dios no se ha revelado como “todopoderoso” sino como aquél que renuncia a su poder para identificarse con la debilidad que somos y con las víctimas que producimos. Un Dios inútil como objeto de consumo pero buena noticia como horizonte y fuerza de vida.

Por eso puedo decir a los no creyentes: no se preocupen si no pueden creer. Conozco muchas gentes así. Pero los cristianos aceptamos “la comunión de los santos” que significa que todo lo de Dios es común; por eso es tarea nuestra creer por los que no creen y esperar por los que no esperan.

Hace ya muchos años, en uno de mis primeros escritos, comenté unos versos de Atahualpa Yupanki. Son estos: “Hay cosas en este mundo / más importantes que Dios: / que un hombre no escupa sangre / pa’ que otros vivan mejor”. Y los comenté de esta manera: para quien cree en Jesús no es el ser humano quien dicta esta estrofa; es Dios mismo quien nos hace saber que, para él, hay cosas más importantes que el que los hombres se ocupen de Dios, a saber: que no tengan unos que escupir sangre para que otros puedan vivir mejor (quizá también más piadosamente).

Por eso los cristianos tenemos que ser perdonados de muchas incoherencias.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL LENGUAJE MÁS ACCESIBLE PARA HABLAR DE DIOS HOY ES LA SOLIDARIDAD

ENTREVISTA A PATXI ÁLVAREZ, jesuita

Patxi Álvarez de los Mozos, jesuita bilbaíno de 44 años, observa que, mientras hay pobrezas urbanas desintegradoras, sin embargo, "la pobreza de muchos campesinos del Tercer Mundo atesora una riqueza humana y espiritual enorme de la que hay que aprender". Lo dice con el conocimiento de haber trabajado durante dos años en un taller de sillas de ruedas en Camboya y cuatro en la ONG Alboan de los Jesuitas. Ingeniero de Telecomunicaciones, vive desde hace un año en Roma. Participó en la elección de Adolfo Nicolás, actual general de la orden.

En su nueva misión se propone que la Compañía crezca "de forma más internacional en defensa de las poblaciones pobres" y generar alianzas para tener una voz en la agenda internacional. "Hace poco se consiguió en República Dominicana que el 4% del presupuesto del Estado se destinara a educación. Esa campaña se hizo yendo a las embajadas en el exterior. Una pequeña acción, pero como esas puede haber muchas". Lo entrevista G. Asenjo en Diario de Navarra.

¿Qué aprende un "Teleco" como usted en Camboya, en un taller de sillas para amputados por la guerra?

Creo que la proporción de discapacitados en Camboya es de una persona por cada 220 por causa de las minas y por otros motivos como poliomielitis. Se hacían sillas con materiales autóctonos en madera, con un diseño especial de tres ruedas porque resultaba más cómodo. Y todo realizado por personas discapacitadas. Aprendes de las ganas de vivir de la gente ante la dificultad, de su esperanza ante el sufrimiento y de sus alegrías.

¿A los que piensan que la Iglesia mira a otro lado, qué les advierte?

La presencia de la comunidad cristiana está en lugares tremendos donde se produce mucho sufrimiento, pero donde se genera una gran esperanza acompañando, sirviendo y defendiendo a mucha gente sencilla, aprendiendo de ella, quedando marcado y viviendo su esperanza. Creo que ése es el relato creíble de Dios que hoy la Iglesia puede ofrecer. El lenguaje más accesible de lo que significa Dios hoy es la acción solidaria.

Ustedes han formado economistas y banqueros, pero algunos no parecen cercanos a la noción de compartir que usted difunde. ¿Está de acuerdo?

Supongo que no es fácil hacer realidad lo que a veces son ideales y utopías. No proponemos modelos y, por otra parte, están las decisiones personales y cada uno hace su recorrido personal en la vida. Pero creo que nosotros también tenemos una responsabilidad.

Se encarga de asuntos de ecología. Salvo voces como Francisco de Asís, no se ha distinguido la Iglesia por la ecología.

No nos hemos caracterizado por este aspecto. Pero hoy día hay mucha gente implicada en la defensa de la ecología y uno de esos grupos son los franciscanos. Nos preocupa también la defensa de las economías pobres afectadas por los problemas ecológicos.

Repase la prensa. ¿Qué le apena ante la actualidad de la crisis?

El olvido de los que más sufren. Es un olvido descarado. Las necesidades de los pobres se resolverían con cifras mucho más pequeñas que las que hablan los economistas. Y por otro lado, sinceramente, tenemos unos políticos con una mirada muy corta. Un país no se puede gobernar pensando en cuatro años. Hay que pensar en 20 años, aunque eso no suponga votos.

Habla de la existencia de recursos para todos, pero se compran cosechas en el Tercer Mundo antes de que se cultiven y se pudren sin recogerlas porque al comprador le conviene mantener el precio y, por tanto, el país productor se ve obligado a comprar alimentos. ¿Qué camino tomar?

El mercado agrícola continúa estando protegido por los estados del Primer Mundo a través de la subvención de sus agricultores. Ese mercado no se liberaliza, como se exige en cualquier otra área, porque no beneficia a los países más ricos. En el camino, son los productores de los países más pobres los que resultan perjudicados doblemente: no pueden vender fuera sus productos y sus mercados internos son inundados por productos foráneos. Es un ejemplo de cómo la "ortodoxia del mercado" se pone en cuarentena cuando no conviene a los intereses de los que lo organizan. Tenemos necesidad de regular los mercados en defensa finalmente de los más pobres, y no una vez más, para el beneficio de quienes más tienen. Necesitamos una economía al servicio del ser humano y de quienes más sufren y no ésta, la presente.

Hay creyentes que se declaran lejos de la jerarquía católica. ¿Qué razones explican ese distanciamiento?

Hay muchas razones: las instituciones han dejado de ejercer el liderazgo moral que tenían en un tiempo moderno anterior. Así sucede con partidos políticos, sindicatos, el ejército o la Iglesia. Creo también que los discursos creyentes más formales no ofrecen orientaciones que la gente considere valiosas. A mi modo de ver, necesitamos ofrecer más espacios para la experiencia de Dios y continuar mostrando cómo la práctica de la solidaridad es el lenguaje más accesible para hablar hoy del Dios cristiano. Espiritualidad como experiencia de Dios y práctica de la solidaridad son los mayores puentes que hoy puede trazar la comunidad eclesial.

Son educadores. ¿Se insiste más en lo que nos distingue, en lo identitario o en lo que nos une y aproxima a quienes participan de una sensibilidad política diferente?

Hay que cultivar las raíces y tenemos que saber quiénes somos, pero me parece que nuestras identidades deben ser cruzadas. Pertenecemos a la humanidad y a nuestra Pamplona y debemos cultivar una multiplicidad de pertenencias y de obligaciones y compromisos. Me parece que es una riqueza y que no podemos vivir estrechamente una única identidad. Creo que hoy no ayudan las identidades de resistencia. Ayudan las que entran en relación con otras y creo que la cristiana es una de ellas. 




viernes, 11 de noviembre de 2011

VERDURAS EN EL TECHO, UNA REALIDAD

El tema de techos y muros verdes es atrayente y ha sido un punto de interés en esta columna en el pasado. He escrito sobre algunos ejemplos exitosos que se encuentran en la Ciudad de México y seguramente muchos de ustedes ya han visto cómo dan vida a espacios y huecos olvidados. Hoy les quiero hablar de un techo en particular que en lugar de cultivar flores y arbustos produce muchas cosas ricas: verduras, frutas y miel. Me refiero a un techo en la ciudad de Nueva York, en el municipio de Queens, conocido como el Brooklyn Grange.

Se trata de una granja orgánica que cultiva verduras para venderlas a la población local y además a los negocios del municipio, sobre todo los restaurantes. Su reto es mejorar el acceso a muy buena comida, para toda la población local, de una fuente conocida, confiable y a la vuelta de la esquina. El resultado no es sólo para el estómago de los vecinos, sino que impacta también la emisión de carbono al ambiente porque las personas que aprovechan la Brooklyn Grange (www.brooklyngrangefarm.com) ya no tienen que comprar verduras que han viajado desde otras partes del país o incluso de otros países. El esfuerzo también conecta a la población con el cultivo de alimentos y, para los niños y jóvenes, esto resulta crucial.
La granja está abierta al público y recibe a grupos de escuelas locales, familias y voluntarios que quieren participar y aprender. Es un negocio “verde” que tiene planes de establecer granjas en otros techos de Nueva York y en otras ciudades norteamericanas. Se trata de mejorar, sin duda, la calidad de vida de las ciudades.
El techo donde Brooklyn Grange empezó su negocio se renta a la empresa que ocupa el edificio, por un periodo de 10 años, y consiste en una superficie de 40,000 pies cuadrados (unos 3,700 metros cuadrados). Es un techo fuerte que aguanta fácilmente los 1.2 millones de libras de tierra, entre otros materiales. Se trata de un edificio construido en 1919 que es muy sólido y que bien podría aguantar mucho más peso. Debajo de la tierra los fundadores de Brooklyn Grange primero instalaron una capa de “green roof”, un sistema especial que no permite el paso de las raíces y que logra contener el sistema de drenaje no permitiendo el paso del agua que podría dañar el techo. La tierra consiste de materiales de compostaje que dan los mejores resultados, con una profundidad de 7.5 pies, o sea más o menos 3 metros.

Entre las muchas plantas que se cultivan, las verduras que tienen mayor productividad y éxito son los jitomates – hasta 40 diferentes variedades – y otras como lechugas, hierbas, eneldo, zanahorias, betabeles, rábanos, ejotes, entre muchas otras. Las verduras se clasifican comoorgánicas porque no utilizan fertilizantes sintéticos ni insecticidas ni herbicidas: son totalmente naturales.
El clima de Nueva York no permite el cultivo todo el año. Sin embargo, durante nueve meses del año la granja sigue produciendo, con alimentos diferentes según la temporada. Sin duda es un ejemplo de éxito para la producción de verduras locales pero sobre todo porque se trata de una ciudad donde ya no hay espacio. Cada metro cuadrado se encuentra ocupado por edificios altos o casas residenciales, entonces hallar dónde producir verduras es difícil; de ahí el potencial de un techo como éste de 40,000 pies cuadrados.
La granja produce tanto que se venden sus productos en varios mercados de fin de semana, en diferentes puntos de la ciudad. Además, si algún ciudadano quiere hacer una fiesta en el techo es posible rentarla. Los invitados estarán rodeados por un espacio verde extraordinario y con una vista irresistible de la ciudad, lo que hará de cualquier fiesta algo realmente especial e único.
La parte dulce de esta historia trata de la producción de miel. Gracias a la labor de las abejas establecidas en este techo, la granja ha podido vender casi 200 libras de miel este año, lo cual es una maravilla.
No he oído hablar de un techo así en México, pero tal vez exista uno. Ojala que sí y espero noticias de algún lector que sepa que sí existe y nos lo diga. Me parece una excelente manera de aprovechar los espacios de una ciudad, sobre todo porque se trata de ofrecernos una alternativa real para el consumo de verduras de todos los días. ¿Qué mejor será que consumir verduras cultivadas a sólo unos pasos de nuestras casas?



miércoles, 9 de noviembre de 2011

GREGORI PERELMAN ASEGURA HABER PROBADO MATEMÁTICAMENTE LA EXISTENCIA DE DIOS



José Manuel Nieves, en ABC

A Grigori Perelman, el mayor genio vivo de las matemáticas, el hombre que resolvió, él solito, uno de lso siete Problemas del Milenio (la conjetura de Poincaré) sólo le quedan cuatro días para decidir si, a sus 44 años, quiere seguir viviendo en la pobreza para el resto de su vida o si prefiere, por el contrario, envejecer con un millón de dólares en el bolsillo y el eterno reconocimiento mundial por su hazaña científica.
El próximo lunes, en efecto, se celebrará en París la Clay Research Conference, esta vez en estrecha colaboración con el Instituto Henri Poincaré. El acto servirá como apertura de un ciclo de conferencias de tres días íntegramente dedicado a Perelman y su impresionante logro matemático. Lo único que está en duda, una vez más, es si el propio Perelman acudirá al evento.

El genial matemático ruso ya rechazó, en 2006, recoger la Medalla Fields, un reconocimiento considerado el Nobel de las Matemáticas y dotado con 10.000 dólares. Aquella edición de los Fields se celebró en Madrid y los premios fueron entregados por el propio Rey Don Juan Carlos. Perelman aseguró entonces no estar interesado ni en el galardón ni en el dinero.

Y el pasado marzo, cuando el Instituto Clay decidió adjudicarle el premio de un millón de dólares por su logro, Grigori Perelman se limitó a decir a los periodistas, a través de la puerta cerrada de su diminuto apartamento de San Petersburgo, donde vive con su madre, que "lo tiene todo y no necesita dinero".
Vive en la miseriaAlgo que, según sus propios vecinos, dista mucho de ser cierto, ya que Perelman vive prácticamente en la miseria, de la pequeña pensión de su madre y de lo que gana dando clases particulares de matemáticas. El Premio del Milenio instituido por la Fundación Clay se convirtió, de esta forma, en el segundo galardón a la resolución de la conjetura de Poincaré que rechaza Perelman.

Fue en el año 2000 cuando la prestigiosa institución norteamericana decidió premiar con un millón de dólares a quienes consiguieran resolver los siete grandes problemas matemáticos a los que se enfrentan los científicos. Y premiarlos con un millón de dólares cada uno. De los siete, sólo uno, la conjetura de Poincaré, ha sido resuelto. Y el hombre que lo ha conseguido ha rechazado hasta ahora el premio.
Sin embargo, según ha asegurado a Pravda el propio presidente del Instituto Clay, Jim Carson, "el señor Perelman se lo está pensando todavía. Y probablemente está decidiendo en qué momento resultará más conveniente para él aceptar el premio. Aún no ha dado su respuesta final".

Jim Carson, quien mantiene un discreto contacto por email con Perelman, asegura que si Perelman rechaza el premio "intentaremos otra solución", ya que "no existe un procedimiento al respecto". De hecho, se trata del primero de los siete premios en juego que se conceden.

El presidente del Instituto Clay, que prefiere no dar muchos detalles sobre sus contactos con el matemático, asegura que "no existe un límite de tiempo. Puede pensárselo todo lo que necesite". Sin embargo, lo previsto es que el próximo lunes, 7 de junio, durante la inauguración de la Clay Research Conference de París se anuncie la respuesta final de Perelman. De no haber ninguna, la organización tendrá que adoptar alguna decisión unilateral.

Mientras, Perelman, que asegura haberse retirado de las matemáticas para no convertirse en un "mono de feria", estaría, según David, uno de sus mejores amigos, trabajando duramente en otro desafío, la demostración matemática de la existencia de Dios. "Somos amigos desde niños -asegura David a Pravda- y él es un hombre profundamente ascético y espiritual. Su apartemento está profusamente decorado con iconos. Él lleva barba y grandes crucifijos, y tiene siempre un rosario en el bolsillo.Reza cada noche y está convencido de haber logrado probar la existencia de Dios".

Si realmente ha hecho tal cosa, y la publica en internet (como hizo con la conjetura de Poincaré, una cuestión que llevaba 109 años abierta), habrá que ir pensando en nuevos premios para este asceta huraño y de mente privilegiada. Quién sabe, puede que si eso sucede empiece a dejarse ver y abandone de una vez su retiro y su silencio.

martes, 8 de noviembre de 2011

MUJERES POR LA PAZ

Jose Arregi

El Premio Nobel de la paz 2011 ha sido concedido a tres mujeres africanas: dos liberianas y una yemení. Lo han recibido las tres juntas, pero lo merecía entero cada una de las tres y muchísimas más de las que nadie se acuerda. A ellas nuestra gratitud y nuestro homenaje, no por haber recibido el premio, sino por haberlo merecido.

El Premio Nobel, como todos los premios, llega siempre después de complejos laberintos, secretas negociaciones, sopesados intereses. Y no digamos en el caso de un Nobel de la Paz cuya concesión, también en este caso, habrá puesto a prueba la cordura y la imparcialidad sueca. No sé si la plena objetividad es posible en química, pero no lo es ciertamente en cuestiones de paz, porque la paz es en primer lugar cuestión de justicia, y sucede a menudo que la justicia la dicta el poder. De otro modo, difícilmente se podría comprender que en el año 1973 se le hubiera otorgado el Nobel de la paz a Alfred Kissinger que, mientras negociaba –por evitar la derrota más que por conseguir la paz– con Vietnam del Norte, sostenía dictaduras, derrocaba democracias y ordenaba asesinatos en América Latina y allí donde podía. Y costaría comprender que hace dos años, sin ir más lejos, se le diera el galardón a Barack Obama, que tal vez quiere y no puede o, más seguramente, no quiere cuanto puede a favor de la paz justa, la única verdadera. Le honra, al menos, que en esa ocasión reconociera: “No me lo merezco”.

Estas mujeres de este año sí se lo merecen: Leymah Gbowee, una sencilla trabajadora social liberiana, madre de seis hijos, infatigable soñadora y luchadora por la paz; Ellen Johnson Sirleaf, madre de cuatro hijos, liberadora y presidente de Liberia; Tawakul Kerman, yemení, madre de tres hijos, principal protagonista de la revuelta pacífica contra la dictadura de su país. Las tres son madres. ¿Y por qué lo digo, si en el caso de Kissinger y de Obama he eludido señalar su condición de padres? No lo sé muy bien, pero algo debe de tener que ver el ser madre con merecer el Nobel de la Paz. Luego volveré.

Leymah Gbowee empezó con un sueño. Primero soñó despierta que la paz en su país, Liberia, era posible. Nada es posible si primero no se sueña despierto. Pero Leymah, además, un día soñó dormida que ella lideraba un movimiento de paz. Y al despertar se dijo: “Hágase. Yo lo haré”. Y a ello se entregó y sigue entregada en alma y cuerpo, con todos sus hijos, hasta convertir el sueño en realidad. Luchó con sus armas: a veces ocupando el mercado para impedir que reclutaran niños para la guerra, a veces poniendo barricadas para impedir que los hombres allí encerrados pudieran salir mientras no acordaran la paz; otra vez, aliándose –ella, cristiana– con una musulmana para formar un movimiento interreligioso de paz; un día, proclamando: “Nos merecemos tener un futuro. Yo quiero un futuro, porque tengo hijos”. Y otro día, decidiendo: “Nuestros maridos no tocarán nuestros cuerpos hasta que logren un acuerdo de paz. No habrá sexo sin paz”. La última estrategia fue tal vez la más eficaz, pues ya se sabe por dónde flojean los varones.

Ellen Johnson Sirleaf es presidenta de Liberia desde 2005, primera mujer africana en acceder a la presidencia de un estado, otra forma de asistencia social. Liberia: un país con nombre de libertad, pero sumido en la opresión. Un pequeño y hermoso país creado para que los esclavos deportados de otro tiempo fueran libres, pero sometido luego a todas las modernas esclavitudes. Un país de solo cuatro millones de habitantes con 800.000 refugiados por la guerra. Un país con 20 médicos y sin maestros. Un país destrozado y hundido, trágica caricatura de quienes lo habían soñado y bautizado como “Liberia”, “Tierra de la libertad”. Vino ella y puso su corazón, su inteligencia, su fuerza de mujer y de madre. No en vano la llaman “Mamá Sirleaf” y “Dama de hierro”, por haber logrado también ella esa síntesis a la que las entrañas y las circunstancias han inducido a tantas mujeres. Las dificultades en su país siguen siendo inmensas. Las resistencias internas y externas perviven. Los fracasos no faltan, los errores tampoco. Pero ella sigue ahí, reengendrado a su país para la libertad y la paz.

Tawakul Kerman, primera mujer árabe en recibir el premio, es una de las protagonistas de la revuelta popular del Yemencontra el presidente Ali Abdalá Saleh y su régimen violento en el poder desde hace 33 años. Vive en una tienda de campaña en la Plaza del Cambio de Saná, convertida en un campamento en pie de paz. Y ahí, ella es la primera, por si alguien duda todavía del alcance de la primavera árabe. Fundadora de Mujeres Periodistas Sin Cadenas, ha declarado: “Por el camino de la paz, se derriban las dictaduras”. Y ha dedicado el premio “a la juventud de todos los países árabes, en especial a los de Túnez, Egipto, Libia y Siria.A todos los jóvenes de la revolución. A todas las mujeres”.

Tres mujeres por la paz, más allá del Nobel. Madres de una nueva Liberia digna de su nombre, de un nuevo Yemen, de una nueva África, de nuevos continentes asentados en la paz de la justicia.

¿Y por qué resalto su condición de mujer y madre? Es un terreno resbaladizo, y sé de antemano que, diga lo que diga, me equivocaré. No pienso que la mujer, por serlo, esté mejor preparada que el varón para hacer la paz, aun teniendo como tiene el hemisferio cerebral izquierdo más desarrollado que el varón y siendo por ello, como salta a la vista, más hábil que el varón con la palabra. La palabra es fundamental para la paz, pero no creo que esa sea la razón fundamental que ha llevado a estas mujeres y tantas otras a merecer el Nobel. La razón fundamental es, me parece, que han sido excluidas de los engranajes del poder y del sistema, y eso, aun siendo injusto, de hecho las hace más libres para derribar el sistema violento y edificar la casa de la paz. Veo el mismo fenómeno en la Iglesia, en nuestra Iglesia tan masculina: el que vive de la institución se empeña en sostenerla y difícilmente la transformará.

Luchar por la paz siendo madre tiene un mérito añadido: ¿De dónde sacan tiempo estas madres? No quiero decir que la maternidad deba demandar a la mujer más tiempo y dedicación que la paternidad al varón. Tampoco eso debiera ser así, pero, de hecho, las mujeres sostienen gran parte del peso del mundo, de la familia, de la maternidad e incluso de la paternidad. Y no digamos en África. Y las religiones son responsables de ello en buena medida. Pues he aquí que estas madres, como innumerables madres, han superado al parecer las condiciones vigentes del tiempo y del espacio. Verifican en sus vidas novedosas leyes físicas, biológicas, matemáticas y económicas, hasta hacer proezas. Y convierten la exclusión en impulso. Se merecen todos los Nobel a la vez.



viernes, 4 de noviembre de 2011

SIMPLIFIQUEMOS


Óscar Calzado en 'Cuestión de actitud'

Esta semana me gustaría hablar de un par de temas simultáneamente, que entiendo están relacionados y dan cierta continuidad a las entradas anteriores.

El primero es el “Decrecimiento” bajo sugerencia de Lola Martínez, habitual del blog, y el segundo es la “Tiranía de la abundancia” del psicólogo Barry Schwartz, en su libro “Por qué más es menos”.

Básicamente, el Decrecimiento pretende la disminución controlada de la producción y el consumo para llegar a un mejor equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos. Y el libro “Por qué más es menos” explica que el exceso de elección, libertad y la abundancia de posibilidades actualmente nos generan insatisfacción permanente, ansiedad y depresión.

Ambos conceptos nos llevan a pensar que una vida más sencilla (con menos) nos haría más sanos, felices e independientes; por eso nos invitan a un proceso de simplificación voluntariacomo solución.

Hoy en día, todos los países y el FMI persiguen el crecimiento económico como única vía de Desarrollo; se utilizan la Publicidad (seducción), el crédito (disponibilidad y compromiso) y la caducidad de los productos (obsolescencia programada) como herramientas para crecer y crecer económicamente, producir y vender más cada día.

Los políticos usan este crecimiento como argumento casi exclusivo para justificarse y donde orientan todas sus medidas, hablándonos del % del PIB y otros datos que la gente ni siquiera entiende. Nos aseguran que es la forma de conseguir cohesión y bienestar social, aunque realmente no parece llegar nunca ese momento, viendo que el resultado de estas políticas ha derivado en una crisis económica mundial y su inseparable crisis social.

Un aspecto a destacar es la relación entre felicidad y crecimiento económico, las cifras revelan que es directamente proporcional la relación entre el crecimiento económico y la tasa de depresión, ansiedad y drogodependencia. Sólo el Prozac lo consumen unos 40 millones de personas en el mundo (países ricos).

Por otro lado, Barry Schwart explica que el actual abanico de posibilidades que tiene hoy la gente a la hora de comprar cualquier producto, de elegir casa, estudios, comida en un restaurante, etc. genera más insatisfacción, duda y arrepentimiento por lo que no has elegido, que satisfacción por lo que has elegido. Y que todo ese tiempo de tu vida que pasas en los difíciles procesos de decisión te hace infeliz e inseguro. Cuando realmente podrías destinar todo ese tiempo a estar con otros, que es lo que realmente nos hace felices.

Vemos como se tiran toneladas de comida cada día, se construyen aeropuertos que no tienen vuelos, trenes de alta velocidad que cierran al año de inaugurarse, pisos vacíos, armarios llenos de ropa que no se usa, centros culturales sin programación, campos de fútbol casi sin equipo, … Por lo tanto, ¿no sería inteligente rebajar el nivel de consumo y su estrés asociado? ¿Producir sólo lo necesario y repartirlo mejor? ¿Cuidar un poco más el Medio Ambiente? Lugar, no lo olvidemos, donde vivimos y vivirán nuestros hijos.



martes, 1 de noviembre de 2011

EN EL ANIVERSARIO DEL MATIRIO DE ELLACURÍA

Carta a Ellacu

Jon Sobrino

Querido Ellacu: Es una ficción escribirte, pero quizás de este modo nos digamos a nosotros mismos cosas que pueden ser importantes. Y con ello también quisiera ambientar un poco el aniversario de tu martirio. Te voy a hablar de tres cosas de actualidad, tal como las veo, que tienen ver con lo que tú fuiste y dijiste.

1. El “siempre” del pueblo crucificado. Ya no se habla mucho de “pueblos crucificados” como lo hiciste tú y Monseñor Romero, llegando a esa genial formulación, creo que independientemente el uno del otro, y guiados del mismo espíritu salvadoreño y cristiano. Y menos aún se insiste en que ese pueblo crucificado es “siempre” el signo de los tiempos, como lo escribiste en el exilio de Madrid. La razón para ese silencio no es que vuelva a estar en boga el pensamiento utópico de Ernst Bloch, filósofo, o de Teilhard de Chardin, teólogo.

Y el mundo no está mejorando, sino que sigue gravemente enfermo, como dijiste en tu último discurso. Lo que ha empeorado es la honradez con lo real, y el “siempre” no es políticamente correcto. Pero no hay que darle vueltas. Siguen existiendo Haití y Somalia, y la nueva epidemia del homicidio, de 12 a 15 asesinatos diarios en el país en los últimos años, la enfermedad más mortífera en nuestro país. “Lo light” ha avanzado mucho en el modo de pensar y “lo políticamente correcto” ha esclavizado el lenguaje: “vulnerabilidad”, “los menos favorecidos”, “países en vías de desarrollo”. Nada suena mal.

Por ello, mencionar el “siempre” parece ser cosa de masoquistas irredentos. Pero no es así. En el país siempre llueve, y este año también. En la naturaleza siempre es lo mismo: torrentes, destrucción y muerte. Pero también siempre son los mismos los que sufren las consecuencias, los que viven en quebradas, en champas y casas pobres. La pregunta de Gustavo Gutiérrez sigue siendo la pregunta fundamental: “¿dónde dormirán los pobres?”. Hay pueblos depredados como el Congo, pueblos ignorados como Haití, pueblos inundados, como los nuestros… Siguen siendo el pueblo crucificado.

¿Y los ricos y poderosos? Siempre sufren algunos daños, pero casi siempre los superan sin mucho costo. Y nada digamos de las crisis financieras: se invierten miles de millones de dólares o euros para que no se hunda el sistema. El pueblo crucificado no da la vida por supuesto, pero los pueblos ricos sí, y además tienen la profunda convicción de ser los elegidos: dan por supuesto la vida, y están convencidos de que el buen vivir les es debido. Elevan la realidad a escándalo metafísico si a ellos les ocurre algo grave. Pero si cosas mucho más graves ocurren en África o en el Bajo Lempa, no hay escándalo. Pertenece al existencial histórico de haber nacido pobres.

Pero quiero añadir, Ellacu, que hay también otro “siempre”. Hay mucha gente honrada que trabaja para que “el pueblo inundado” -hablamos de El Salvador- no acabe muriendo como “pueblo desplazado” o como “pueblo ahogado”. La entrega y la bondad también tienen su “siempre”.

Y a veces surge un Dean Brackley que, cuando le dicen que muchos rezan por él, contesta con toda sencillez: “Recen por los que tienen cáncer y no pueden tener la atención médica que yo tengo. Y recen por los que estos días se han quedado sin casa y sin comida”.

2. “Qué hacer con los buenos”. La pregunta puede extrañar, pero se me ha impuesto, debido, precisamente, al revuelo que ha causado la audiencia de Madrid. Trabajar para que se juzgue a los responsables últimos de tantos asesinatos en este país, los de ustedes y los de dos mujeres inocentes, es cosa muy buena y muy necesaria. Puede traer muchos bienes. Y puede ser una gran ayuda, y muy necesaria, para que se acabe, o se mitigue, la impunidad.

Por cierto, no ha salido en las noticias, pero mucho nos hemos alegrado de que los militares argentinos que en 1976 ordenaron el asesinato del obispo Enrique Angelelli, vayan a ser juzgados 35 años después. Es un ejemplo, poco extendido, de que la verdad puede triunfar sobre una mentira y un encubrimiento, que tienen millones de dólares y armas sofisticadas a su servicio. Que la justicia puede triunfar sobre la crueldad y la vileza. Y que la civilización de la impunidad, muy afín a la civilización de la riqueza contra la que nos advertiste, tercamente, hasta el final, se vea un poco frenada.

Con el juicio de los militares argentinos no desaparecen todos los males, y el mundo del capital, aun con algunos avances y algo de democracia, sigue produciendo víctimas impunemente. Además, ha conseguido crear una civilización de encubrimiento, aunque siempre hay quien las desenmascara de diversas formas: obispos como Casaldáliga y ahora “los indignados”. Esperamos que la audiencia de Madrid tenga éxito, y que en El Salvador ocurra lo de Argentina, aunque, evidentemente, fuerzas poderosísimas fuerzas están en contra de que eso ocurra.

En esta situación, sin embargo, me ha venido a la mente una pregunta que puede parecer rara. Dicho con sencillez, parece que sabemos qué hacer “con los malos”, para que nuestro proceder produzca bienes, por supuesto: instaurar verdad y justicia en el país, llegar a ofrecer perdón -aunque más difícil que perdonar es dejarse perdonar. Y gente muy buena trabaja por ello.

También sabemos, al menos en principio, qué hacer con las víctimas: lo que Puebla dice que Dios hace con los pobres, “tomar su defensa y amarlos”. Y no son, en absoluto, palabras inocentes, pues tomar su defensa supone inevitablemente entrar en graves conflictos. Significa entrar “en la lucha por la justicia”, “la lucha crucial de nuestro tiempo”, como dijo la Congregación General XXXII.

Pero ¿sabemos qué hacer “con los buenos”, con los santos? Ciertamente, ponerlos a producir, aprender de ellos, sus ideas y convicciones, sus modos de actuar… Y agradecerles.

Estos días se nos impone la pregunta: qué hacer con Dean Brackley. Se ha velado y acompañado su cadáver. El amor y el agradecimiento se han desbordado, con lágrimas y gozo, en muchas celebraciones, en el cementerio.

Pero todavía me queda el desasosiego de saber qué hacer con Dean, con Monseñor Romero, con gente como ustedes. Con Jesús de Nazaret. La respuesta es sencilla: ser como ellos, seguirlos en su hacer y en su ser, imitarlos, historizadamente, como tú decías. En definitiva, dejarnos afectar por “los buenos” y los santos en nuestro hacer, y más profundamente todavía en nuestro ser.

Entiéndeme bien, Ellacu. Bueno y necesario es saber reaccionar ante lo que hacen los malos, y actuar adecuadamente con ellos. Bastantes personas e instituciones lo hacen. Pero creo que debemos avanzar en reaccionar ante los buenos, intentando ser como ellos. Difícil, si. Pero necesario para humanizar este mundo. Y también esta iglesia.

3. Dean Brackley

Ellacu, estas palabras te sonarán. “Con Dean Brackley Dios pasó entre nosotros”. Pienso que no hay mayor confesión de fe que afirmar que Dios sigue pasando por nuestro mundo. Es la fe que más me llena. Y como Dios se hace presente en seres humanos, ellas y ellos, jóvenes y viejos, salvadoreños y norteamericanos, mártires y confesores, como se decía antes, el misterio se desdobla en muchas formas, convergentes, y así es un misterio mayor. Dios pasó con Monseñor y Dios pasó con Dean.

En los muchos testimonios de esta Carta a las Iglesias -Amor y Testimonios lo titulamos- se narra ese paso de Dios. Elijo solo uno, el de la doctora Miny: “Dean, I love you so much… forever”. Es lenguaje bello y de eternidad Lenguaje que remite a misterio. También Dean, semanas antes de morir, habló en su testamento del paso de Dios, en él, con gran humildad, sencillez y lucidez. Ahora, en otro lenguaje, más conceptual, pero espero que comprensible, quiero hablarte de Dean ante Dios y con Dios.

Lo primero es que Dean murió empapado de Dios. Así lo veo, aunque en ese misterio solo se puede entrar de puntillas. En su último libro cuenta Dean sus problemas con Dios, sus épocas de agnosticismo, frecuentes. Me recordó unas palabras tuyas de junio de 1969 que he citado muchas veces: “Rahner lleva con elegancia sus dudas de fe”, y pensé que algo semejante te ocurría a ti. Pero a lo largo del libro, Dean ofrece su propia fe, honda y sencilla, y muy real.

Y los lectores quedan sorprendidos al leer el prólogo escrito por la encargada de la editorial para juzgar sobre la calidad del libro. Se reconoce agnóstica, sin que el asunto de Dios le preocupe gran cosa. Pero confiesa que, leyendo el texto, su interés profesional se convirtió en interés existencial, personal. El texto le llevó a Dios, y Dean la bautizó un año después. Luchando con Dios, como Jacob, o dejándose seducir por Dios, como Jeremías, Dean llegó a Dios. Y quedó empapado de Dios.

En ese proceso Dean confiesa con inmensa gratitud que se encontró con los pobres. Cuántas veces escribiste, Ellacu, que los pobres son el lugar del evangelio y el lugar de Dios. Y también recuerdo las palabras de Porfirio Miranda: “El problema no es buscar a Dios, sino buscarlo allá donde él dijo que estaba. En los pobres”. Es cierto que no siempre se encuentra a Dios, estando entre los pobres, pues entre ellos y trabajando por ellos, hay agnósticos que son espléndidos seres humanos, y siguen siendo agnósticos. Pero en la mejor tradición de Jesús, el Dios que se encuentra entre los pobres tiene un sabor especial. Pienso que la misericordia se puede hacer más delicada, la justicia se más firme, la verdad más sin componendas y la fidelidad más sin medir los costos.

El Dean empapado de Dios fue un ejemplo notable de interesarse por todas y cada una de las personas con quienes convivió y a quienes buscó. Todas y cada una de ellas, compañeros jesuitas, familiares, feligreses de Jayaque y de la UCA, amigos y amigas, salvadoreños, norteamericanos y europeos, y por supuesto los desheredados y pequeños, tenían un nombre muy concreto para él. Cada uno era inintercambiable. Eso hizo que su servicio fuese de gran finura. Y me recuerda al Jesús que conocía a todas sus ovejas por sus nombres.

Y su Dios fue, de verdad, el de la creación. No por moda, algunas de las cuales son muy buenas, Dean puso gran interés en la mujer y el feminismo, en el ecumenismo, y era muy amigo de gente de otras iglesias, en la ecología, y creo que hasta en las causas indígenas. Los argumentos fundamentales no eran categoriales, ni tomados de normas de la jerarquía ni de la doctrina social. Creo que para Dean el argumento era que Dios es un Dios de todos.

Dean me ha recordado unas palabras de Monseñor Romero que he citado muchas veces. Son del 10 de febrero de 1980, en medio de la barbarie que reinaba en el país. Dijo Monseñor. “¡Quien me diera, queridos hermanos, que el fruto de esta predicación fuera que cada uno de nosotros fuéramos a encontrarnos con Dios y que viviéramos la alegría de su majestad y de nuestra pequeñez!”. Para Monseñor Romero Dios no empequeñecía al hombre, pero para el hombre era bueno empequeñecerse ante Dios. Esto me recuerda a Dean.

Nunca se puso en primer lugar, ni hablaba de sí mismo cuando las cosas salían bien -”han sido un éxito”- porque él las hubiera hecho. Simplemente, se alegraba del bien. Me recordaba a Pablo en su carta a los Corintios: “El amor es paciente, es afable, el amor no tiene envidia, no se jacta ni se engríe, disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre”. En esto Dean me recordaba al gran Padre Arrupe. Creo que siempre pensó en los demás antes que en sí mismo. Nunca se preocupó de que reconocieran lo bueno que hacía. No es frecuente, y por eso sorprende e impacta. Y ayuda también a desabsolutizarnos y a vivir con alegría nuestra pequeñez ante Dios, como decía Monseñor

Una última reflexión. Dean no murió mártir como ustedes, pero sus últimos meses fueron un martirio, de cuerpo por los sufrimientos de un cáncer de páncreas muy doloroso, y de alma cuando le asaltaron miedos, sentirse solo, que no le recordase…

El Padre Dean no murió crucificado, pero vivió hasta el final participando activamente en las cruces de este mundo. Trabajó con poder, es decir, con fuerza y energía, para bajarlos de la cruz. Y siempre se pensó a sí mismo en último lugar. Como el Dios crucificado.

Las últimas palabras de Dean son palabras de gratitud, a fondo perdido, sin poder poner pie en tierra firme. Pero la gratitud vive de otros y para otros, de Dios y para Dios. Los agradecidos pueden hacer que la realidad sea gracia. Ellacu, si me permites la expresión -creo que es un neologismo- los agradecidos pueden “buenear la realidad”. Eso es lo que hizo Dean.

Ellacu, ya ves que, en medio de muchos males y a pesar de todo, estamos contentos. Ustedes, Julia Elba y Celina, Jon Cortina y el padre Ibisate, ahora nuestro querido Dean Brackley, han estado con nosotros. Y con ustedes Dios ha estado con nosotros. No se puede pedir más.

Un abrazo, Jon