jueves, 11 de octubre de 2012

MIS MEMORIAS DEL CONCILIO VATICANO II

CINCUENTA AÑOS DEL CONCILIO

Juan José Tamayo , en 'El País'

El 11 de octubre de 1962 el carismático Papa Juan XXIII inauguraba en la Basílica de San Pedro de Roma el Concilio Vaticano II con un discurso que anunciaba un cambio de paradigma en la Iglesia católica. En él declaraba el final de la cristiandad -considerada durante quince siglos la única forma de encarnación del cristianismo en la historia y consustancial a él-, del absolutismo eclesiástico -materializado en instituciones como el Santo Oficio y el Índice de libros Prohibidos- y de las multiseculares alianzas selladas entre el trono y el altar. Y lo hacía con toda rotundidad: “Los príncipes de este mundo se proponían a veces con toda sinceridad a la Iglesia. Pero esto sucedía muchas veces con daños y perjuicios espirituales, pues a menudo se dejaban llevar por motivos políticos y buscaban en exceso sus propios intereses”.

Implícitamente Juan XXIII estaba deslegitimando el nacionalcatolicismo y el Concordato de 1953 entre la Santa Sede y el Estado Español y la alianza entre la dictadura franquista y la jerarquía eclesiástica, que contó con el beneplácito de Pío XII, pero no con el suyo ni con el de Pablo VI, críticos severos del franquismo tanto antes de ser elegidos papas como durante sus respectivos pontificados. Ambos se opusieron a las beatificaciones y canonizaciones de los llamados “mártires de la Cruzada”, que luego apoyaron sus sucesores Juan Pablo II y Benedicto XVI. Pablo VI llamó a Franco tres veces sin éxito la noche anterior a la ejecución de Julián Grimau, militante del Partido Comunista, para que no le aplicara la pena de muerte a la que había sido condenado en un juicio sin garantías.

Los obispos españoles, la mayoría elegidos con el beneplácito de Franco y defensores de una teología política legitimadora del franquismo, escucharon atónitos el discurso de apertura del Concilio Vaticano II que les obligaba a romper con la dictadura, pero no se dieron por enterados, ya que siguieron vinculados al régimen casi hasta la muerte del dictador.

En su discurso, Juan XXIII expresaba su total desacuerdo y distanciamiento con los que llamó sin ambages “profetas de calamidades que siempre están anunciando lo peor, como si estuviéramos ante el fin del mundo”, en clara referencia a la Curia romana, que puso todos los obstáculos a su alcance -sin éxito, todo hay que decirlo, dada la habilidad del Papa- para impedir primero la celebración del Concilio y frenar después las reformas conciliares.

Importancia especial por su carácter innovador tuvo la clara distinción que estableció Juan XXIII entre las verdades de la fe y su forma de presentarla, que, a su juicio, debía hacerse “a la luz de los métodos de investigación y las formulaciones literarias del pensamiento moderno”. Se distanciaba así de los sectores fundamentalistas, que confunden el contenido del mensaje con su formulación considerando ambos inmutables, hacen una lectura literal de los textos sagrados, sin recurrir a la interpretación ni atender al contexto cultural en el que fueron escritos, ni al momento histórico en el que se leen, y los imponen como normativos y de obligado cumplimiento en todo tiempo, lugar y circunstancia. Juan XXIII abandonaba la senda del dogmatismo, por la que durante tantos siglos transitaron el papado y la teología oficial, reconocía la importancia del recurso a los métodos histórico-críticos en la investigación, otrora condenada por la propia Iglesia católica, y empezaba a caminar por las veredas de la interpretación.

Juan XXIII evitó el lenguaje de los anatemas y renunció a las condenas, tan frecuentes en otros concilios. Por ejemplo, Trento condenó la Reforma protestante; el Vaticano I anatematizó el modernismo. Huyó de las definiciones dogmáticas y se negó a imponer el credo católico. Lo que sí hizo fue presentar sin arrogancia el cristianismo como oferta de sentido a los hombres y las mujeres de la segunda mitad del siglo XX.

Un mes antes, en un memorable discurso pronunciado el 11 de septiembre, ofrecía otra de las claves para conocer su verdadera intención sobre el Concilio: “La Iglesia se presenta, para los países subdesarrollados, tal como es y quiere ser: la Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres”. Con esta afirmación el Papa estaba trazando el camino a seguir por el Vaticano II, sobre todo al vincular la Iglesia de los pobres con los países subdesarrollados. Ciertamente, el tema de la Iglesia de los pobres estuvo presente en el aula conciliar, donde se escucharon intervenciones muy lúcidas y proféticas. Una fue la de monseñor Hammer, obispo de Tournai: “Hay que reservar a los pobres el primer lugar en la Iglesia”. Otra fue la del cardenal Lercaro, arzobispo de Bolonia, quien hizo ver a los padres conciliares que la Iglesia de los pobres debía ser el tema central del Concilio. De lo contrario, dijo, “no cumpliríamos con nuestro deber”. Pero la idea no caló en el aula conciliar. Fue una ocasión perdida. Quien la llevó a la práctica fue la teología de la liberación en América Latina.



lunes, 8 de octubre de 2012

POR QUÉ JESUCRISTO ERA ESPAÑOL

 vorpalina 


Estos son los argumentos objetivos que avalan la nacionalidad española del mayor líder espiritual de Occidente:

RAZÓN 1: Para sobrevivir hacía milagros

RAZÓN 2: Su reino no era de este mundo y su rey tampoco

RAZÓN 3: Le crucificaron cuando alcanzó el éxito

RAZÓN 4: Solo reconocieron su valor una vez muerto

RAZÓN 5: Sus políticos intentaron acabar con él desde su nacimiento

RAZÓN 6: Recibió regalos no tributados de gran valor por parte de tres altas personalidades anónimas ya desde su nacimiento

RAZÓN 7: Fue seleccionador con un equipo de 12 jugadores mundialmente reconocidos

RAZÓN 8: Por problemas de competencias entre autonomía y estado, tuvo que pasar por 3 juzgados para conseguir una sentencia y finalmente ésta fue desfavorable

RAZÓN 9: Su país estaba intervenido por fuerzas extranjeras aunque sus dirigentes lo negaban

RAZÓN 10: Predicaba cosas buenas y nuevas y su país le repudió

RAZÓN 11: Era joven y sabía que no viviría bien o mucho. Tras independizarse volvió a casa de su madre

RAZÓN 12: Justo antes de morir no se le ocurrió otra cosa que hacer un botellón en casa con los suyos

RAZÓN 13: Cambió de trabajo y profesión varias veces a lo largo de su vida. Fue carpintero, pescador de almas, pastor de hombres e incluso cordero para ganarse la vida pero en su época ni Dios tenía futuro

RAZÓN 14: Participó en acampadas en las que dijo que el mundo era de los pobres, los hambrientos y de los que tienen sed de justicia. Fueron disueltas por las autoridades y él perseguido desde entonces

RAZÓN 15: En el trabajo hablaba siempre en arameo y no reconocía la autoridad de sus jefes

RAZÓN 16: Se comía un pez y contaba veinte. Lo mismo con los panes. Con las mujeres, no hay constancia ni de eso.

RAZÓN 17: Su familia tuvo que mudarse a otra región para ganarse la vida

RAZÓN 18: Hablaba 3 idiomas, era un hombre que se había hecho a sí mismo a partir de una vida humilde, tenía un nivel alto de empatía y mucha experiencia liderando equipos. Cuando a su pueblo le dieron a elegir entre él y un delincuente, su pueblo votó al delincuente. Sin dudarlo

RAZÓN 19: Un business angel le ofreció gobernar el mundo entero. Él rechazaba siempre a este tipo de inversores.

RAZÓN 20: El comienzo de su vida fue humilde, consiguió malvivir entre los suyos pero su jubilación fue un auténtico Calvario



domingo, 7 de octubre de 2012

VENEZUELA BOLIVARIANA

Juan Torres López, en 'Ganas de escribir'

Sobre el proceso que se está desarrollando en Venezuela en los últimos años se pueden tener diferentes opiniones. Es natural.

Es natural que quienes más se benefician de él alaben lo que critican los que han perdido viejos privilegios. Y es normal también que haya muchas personas que pongan sobre la mesa, con todo su derecho, las muchas cosas que allí funcionen mal (aunque a veces parezca que Venezuela es el único país del mundo en donde hay cosas que funcionan mal).

Pero, con independencia de los juicios basados en las preferencias o intereses de cada uno, me parece que, ahora que van a tener nuevas elecciones, no está de más tener en cuenta los hechos, sobre todo, porque es muy habitual que se dejen de lado para descalificar por las buenas todo lo que se está haciendo allí. Por eso traigo a colación algunos que creo son significativos y que quizá sirvan para explicar lo que muchos no entienden: el gran apoyo popular que tiene el gobierno de Hugo Chávez. Ahí van algunos:

En 2003, siete de cada diez venezolanos no tenían cédula de identidad (el dni español) y el 90 por ciento de esas personas pertenecían a las clases más desposeídas. Hoy en día el documento se obtiene de manera gratuita, rápida y confiable para todos.

Durante el periodo 1999-2010, la inversión social acumulada se sitúa en 330 mil millones de dólares (20% del PIB), mientras que, en la década de 1988-1998, sólo alcanzó el 8% del PIB.

Según el Banco Mundial, la pobreza disminuyó del 70% en 1996 al 23,9 en 2009 y la pobreza extrema se redujo de un 40% a un 5,9%. Desde 2001 más de tres millones de venezolanos salieron de la categoría de pobres y otros dos de la pobreza extrema. En su informe de Enero de 2012, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPALC, un organismo de la ONU) establece que Venezuela es el país suramericano que – junto con el Ecuador-, entre 1996 y 2010, ha logrado la mayor reducción de la tasa de pobreza

El índice de Gini, para medir la desigualdad, se redujo en un punto, situándose en 0,4068, el más bajo de toda América Latina.

La tasa de desempleo no supera el 6,2% y el salario mínimo pasó de 185 dólares en 1998 a 462 dólares en 2010.

En 1998 los beneficiarios del sistema de pensiones eran 387.000 personas, hoy suman 1.916.618 personas, con una pensión homologada al salario mínimo, inexistente hasta la revolución.

La tasa de mortalidad infantil ha sido dividida por dos.

El analfabetismo ha sido erradicado.

El número de docentes se ha multiplicado por cinco (de 65 000 a 350 000)

En 2011, la banca pública aumentó en un 50% sus fondos de préstamos, pasando de 40.200 millones de bolívares a 60.346 millones.

En 2011 se realizaron 113 obras de nueva construcción, cuatro hospitales, nueve maternidades y se incrementó en un 21,1% el número de camas.

La Misión Milagro, programa conjunto cubano-venezolano, cuyo lema “una visión solidaria del mundo”, desde 2004, opera a población de bajos recursos en patologías oculares de córnea, cataratas, glaucomas, oftalmología pediátrica y oncológica y ha devuelto la visión a un total acumulado de 1.413.708 personas de casi todos los países latinoamericanos.

Venezuela tiene hoy una deuda externa saneada y sus reservas mundiales acumuladas se han duplicado en diez años, siendo de 30.000 millones de dólares aproximadamente.

En contra de lo que se dice, la inmensa mayoría de los medios de comunicación están en manos de adversarios del gobierno. De 111 estaciones televisivas, 61 son privadas, 13 públicas y 37 comunitarias con alcance limitado. En las emisoras de radio AM, el 87% pertenecen al sector privado, el 3% a comunitarias y el 10% son públicas. Y en FM el 57% son privadas, el 31% comunitarias y la minoría es pública. Y en la prensa escrita un 80% está en manos de la oposición, siendo los dos diarios más influyentes – El Universaly El Nacional –, adversos al gobierno.

El instituto norteamericano de sondeos Gallup ubica al país de Hugo Chavez como la sexta nación «más feiz del mundo».

El ex presidente de Estados Unidos J. Carter ha afirmado “de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”.



sábado, 6 de octubre de 2012

SOBREDOSIS DE REALIDAD La escuela pública

Una compañera del Colectivo "Valles y cumbres"

Esta semana he sido nombrada en un colegio de una ciudad dormitorio de los alrededores de Madrid. Está en medio de una maraña de calles del barrio antiguo donde se encuentran los pisos más viejos y de alquiler más barato, en una zona famosa por el constante menudeo de droga que se detecta. El alumnado del centro es mayoritariamente inmigrante y procede de familias de bajo nivel económico y cultural, justo la capa de la sociedad que más está sufriendo en los últimos tiempos.

Tras pasar por la Dirección de Área Territorial ("vaya... lo siento por ti" o "¿preparada para la guerra?" fueron los comentarios más alentadores tras recibir el destino), llegué al centro y me asignaron una tutoría de 4º de Primaria: venía a ocupar la baja por maternidad de la titular, ausente desde hacía ya dos semanas. En todo ese tiempo, las clases habían sido impartidas por un carrusel de profesores de guardia que sustituían sesión a sesión con más intención que buenos resultados (imaginad cualquier puesto de trabajo, por rutinario que sea, ocupado cada hora de cada turno por una persona diferente y sabréis de lo que hablo). Por tanto, podríamos decir que tras casi un mes de clase, los alumnos aún no habían empezado el curso.

En mi grupo hay 26 alumnos, de los que un pequeño porcentaje son españoles (y entre ellos, alguno de de etnia gitana). El resto de nacionalidades es muy pintoresco: desde la mayoría absoluta marroquí pasando por la ecuatoriana, dominicana, guineana, ucraniana o incluso la pakistaní. Alrededor de un tercio del grupo está en el programa de Educación Compensatoria, varios casos de necesidades educativas especiales, un gran número de procesos de intervención social, 2 recién llegados de sus países de origen (uno de nivel 0, es decir, apenas conoce cuatro palabras en castellano) y 3 repetidores. En el momento de incorporarme, 16 niños de los 26 totales no tenían libros y de ellos solo unos pocos privilegiados traían cuadernos, bolígrafos o sacapuntas. Aún no puedo afirmarlo, pero puede que alrededor de la mitad provenga de familias desestructuradas.

La secretaria del colegio gestionó el "programa de préstamo de libros de la Comunidad" (sustitución de las tradicionales becas de libros y material) tras una avalancha de solicitudes cuya baremación le llevó varios días de trabajo en exclusividad. Cuando fui a pedirle material, me enseñó la razón por la que a diario salía hora y media más tarde de su horario (no dispone de auxiliar administrativo y la jefa de estudios está de baja por enfermedad, que no será cubierta porque es menor de 15 días): la montaña de documentos de su mesa era espectacular. Tras comprobar que las familias cumplían con los requisitos y condiciones marcados por un Consejo Escolar convocado a toda prisa, 12 de mis alumnos recibieron los libros de Lengua, Mate, Conocimiento del Medio e Inglés. El préstamo no cubre todos y, aunque menos da una piedra, el problema del material (cuadernos, cuartillas, folios, lapiceros, gomas, pinturas, etc.) sigue sin resolverse.

Pudimos empezar a trabajar con los libros de texto al tercer día de mi llegada, aunque 4 alumnos debían compartirlo con otros compañeros. En la primera página los niños ya desconocían el significado de hasta 9 palabras (aquí no cuento a los alumnos de Compensatoria, con un déficit de vocabulario y de comprensión aún mayor). Al preguntar a otro profesor por esta situación, me respondió que el curso pasado se aprobó en Claustro el cambio a esta editorial por sus vistosos contenidos de pizarra digital... que, por cierto, solo utilizamos un puñado de docentes. He decidido desechar el libro por ineficaz: ¿para qué quiero usar un recurso que no se adecua a sus necesidades?




Forges


Como este curso han eliminado cupos de profesores en casi todos los centros de Primaria, además de mi tutoría debo impartir clase a otros grupos. En total, de las 25 horas lectivas tengo ocupadas 24 en docencia directa y una en la coordinación de un proyecto propio del centro. Al parecer, este colegio contaba el curso pasado con 6 programas didácticos y sociales (música, matemáticas, comunicación familiar, etc.) pero por los recortes han tenido que reducirlos a 2 que sobreviven testimonialmente. En el Claustro de ayer se repartieron los horarios oficiales, aún abiertos porque todavía, bien entrado octubre, no han enviado todos los recursos que corresponden al centro (medio profesor de Audición y Lenguaje y otro medio de Pedagogía Terapéutica).

De mi clase, solo un alumno acude al comedor. Con la eliminación de las becas de la Comunidad solo se quedan a comer unos 20 alumnos en total: en el mismo Claustro informaron que la empresa ha despedido a 3 monitoras y ya ha anunciado que el curso que viene retirarán la oferta al colegio si no cambia el panorama, por lo que es probable que el centro se quede sin comedor. Además, veo que más de la mitad de los chicos de mi clase no traen ningún almuerzo para la hora del recreo, y sospecho que algunos no disponen ni de una comida equilibrada diaria en sus casas.

Ahora tengo un fin de semana por delante para diseñar unas 24 sesiones con unos 5 grupos de nivel diferentes (el grueso del grupo con vocabulario de 3º por un lado, compensatoria por otro, individualmente los de necesidades especiales, el de "nivel 0", planes de trabajo específicos para los repetidores, textos "de mi cosecha" para todos...). Como las horas de obligada permanencia en el centro están destinadas sobre todo a reuniones (claustros, ciclo, comisiones, entrevistas con el equipo de orientación, con las familias, seminario de formación y un larguísimo etcétera), esta tarea debo diseñarla en casa. Es obvio que yo sola no podré sacar adelante como se merece cada uno de los 26 alumnos de la clase, pero daré lo mejor de mí para que las diferencias no se agranden demasiado. Y al hacerlo, inevitablemente pienso en estos niños, su situación actual y el futuro que les espera: están socialmente predestinados a seguir en estas condiciones y el sistema educativo no les ayuda, han sido "amontonados" en un gueto al que le van quitando los pocos recursos que tiene para luchar contra sus carencias, y ya a final de curso empezarán a enfrentarse con el resto vía "reválidas" de la Comunidad (la prueba de Diagnóstico, en 4º) en ¿igualdad de condiciones? con el resto de alumnos madrileños.

He de decir que el ambiente de trabajo es genial, el equipo directivo es cercano y ayuda en lo que puede, los niños son muy cariñosos y los padres (los que se preocupan, que sinceramente no son muchos) por regla general se muestran comprensivos y agradecidos. Apenas hay conflictividad, incluso por debajo de otros muchos colegios de otras zonas menos empobrecidas (al contrario de lo que me advertían en la administración). Lo peor es que los edificios son muy viejos y apenas hay mantenimiento. La Asociación de Padres parece muy activa y comprometida, y organiza muchas actividades. Creo que es un buen centro para trabajar aunque por sus características demanda mucho esfuerzo e implicación porque estos niños lo necesitan de verdad. Siendo muy malpensada, he dudado si será esto último lo que haya creado esa fama de "colegio de lista negra" en la propia administración...

Esta es una parte de la Educación Pública madrileña, y según mi opinión debería ser prioritaria para los responsables educativos: una sociedad moderna tendría luchar contra las desigualdades y ofrecer alternativas y ayuda a quien menos tiene, condenados de por vida solo por el caprichoso azar de haber nacido en una familia humilde. ¿Acaso no se merecen una oportunidad para salir de esa situación? Es triste pensar que si cualquier alto cargo de la Consejería se paseara por aquí (hecho muy improbable: podría tropezar con las baldosas sueltas o enredarse con los cables que cuelgan, y eso no queda bien en la foto), estoy convencida de que moriría de sobredosis de realidad: este colegio nunca podrá rivalizar con otros centros en las reválidas, y los niños tienen pocas posibilidades de convertirse en consejeros delegados de Iberdrola. Con la nueva LOMCE, su futuro es aún más negro: menos becas, menos recursos, más "selección natural", más calidad para familias que puedan pagar educación privada (precisamente aquí no hay de eso), menos Educación Compensatoria (un tercio, ¡un tercio! de mi clase sin apoyo: al terminar Primaria ni siquiera sabrán leer, escribir, multiplicar o dividir aceptablemente), menos motivación del profesorado (bajada de sueldos, eliminación de pagas, vilipendio público, recorte de personal, aumento de ratios, despido de compañeros, traslados forzosos... ¿cómo quieren que trabajemos más si ya no damos abasto?), y si seguimos aparcados en la pasividad, lo peor estará por venir.

Cuando personajes como José Ignacio Wert acusa a las familias de no querer pagar por la Educación llenándose la boca con palabras como calidad o competitividad, cuando Lucía Figar sigue concertando colegios de élite para enviar el dinero de la Educación Pública a las órdenes religiosas, cuando despiden a mis compañeros docentes para contratar a dedo ejércitos de asesores, cuando le quitan una beca de material de 90 € a un niño porque "no hay otro remedio" mientras los diputados cobran dietas de alojamiento y van en primera clase, cuando el presupuesto de Educación Compensatoria baja más del 80% (¿os imagináis este colegio sin profesores de apoyo?) a la vez que aumentan los altos cargos (y sus sueldos), cuando me penalizan con el 50% de mi sueldo si me pongo enferma al mismo tiempo que las comidas y las copas en la Asamblea de Madrid están subvencionadas con mis impuestos, pienso en mis alumnos y la "suerte" que han tenido de caer en un entorno injusto de una sociedad incivilizadamente injusta, y por un momento imagino cómo sería mi vida y mi futuro si yo hubiera nacido en el barrio donde doy clase. Con esa misma empatía, aprieto el puño de rabia al ver cómo la Educación de calidad será un privilegio para los ricos mientras que a los pobres ya les van enseñando el camino: acaba en un piso viejo de alquiler barato, de un barrio famoso por el trapicheo de droga de la periferia de Madrid.


viernes, 5 de octubre de 2012

ASÍ FUNCIONA LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN EN LA ESCUELA PÚBLICA

¿Quién elige a los profesores? ¿Quién los paga? ¿Qué se necesita para impartir clases de Religión? ¿Se puede estudiar cualquier religión en el colegio?

Elena Cabrera , en 'eldiario.es'

Hace 25 años, el alumno que estudiaba Ética en lugar de Religión era el raro de la clase, el paria exiliado a gastar esa hora con un grupo reducido sin un programa claro. Hoy, una media del 46 por ciento en todo el estado decide no estudiar Religión. Eso es casi la mitad de la clase. En 1996, eran el 24,9 por ciento los de Ética.

Cada año desciende el número de alumnos que estudian Religión en la escuela pública, por lo que se ha hecho más evidente el debate sobre la laicidad de la educación. Organizaciones sociales como Europa Laica defienden que la escuela debe ser “escrupulosa con el principio de laicidad o neutralidad” para el “libre y pleno desarrollo de la personalidad humana”. En el lado opuesto, la jerarquía eclesiástica opina que son los padres los que quieren que sus hijos reciban Religión y Moral Católica en la escuela y que esta “no es laica o creyente: lo son las personas y la opción de los padres debe ser respetada”, escribe el Arzobispo de Toledo.

Alumnos, padres, Iglesia y Estado son los actores de este debate al que se suman los profesores de Religión, un colectivo hasta hoy silencioso.

¿Quién paga a los profesores de Religión?
Como el resto de profesores, los sueldos de los de Religión los asume la Administración educativa, es decir las Comunidades Autónomas. Los pagamos entre todos. Según el informe de Europa Laica, el gasto en contratación de estos profesores alcanza los 500 millones de euros al año, con los que esta plataforma estima que se están dejando de contratar a 7.000 interinos.

¿Son funcionarios?
No son funcionarios ni son interinos pero tienen plaza fija. Son “otro personal docente” o, específicamente, “Profesores de Religión”, con su propia regulación y sujetos al Estatuto de los Trabajadores. Para Jesús María Losada, presidente de la Federación Estatal de Profesores de Enseñanza Religiosa ( Feper), el traslado de competencias ha originado que haya “17 tipos diferentes de Profesores de Religión, tantos como Comunidades Autónomas”. Cuando hablamos de Enseñanza Religiosa en las escuelas nos referimos a la católica, la islámica, la judía y la evangélica, que son las cuatro confesiones con las que el Estado firmó convenios con sus representantes en 1992 para darles la capacidad de designar profesores. Aunque la Feper es inclusiva, a día de hoy no tiene asociados que no sean católicos.

¿Quién los elige?
Para ser profesor de religión católica, la abrumadoramente mayoritaria en el estado español, se necesitan cuatro requisitos:

Una titulación en Magisterio o Grado de Maestro para Primaria o una licenciatura para Secundaria.
La Declaración Eclesiástica de Idoneidad otorgada por la Diócesis a la que corresponda el docente y que atestigua una “recta doctrina y testimonio de vida cristiana”.
La Declaración Eclesiástica de Competencia Académica.
La propuesta del Ordinario diocesano, que es la recomendación del obispo de la Diócesis a la Administración Académica que indica que esa persona es competente e idónea para enseñar Religión. Para que esta propuesta llegue al obispo ha de pasar por la Delegación Eclesial (o Diocesana) de Enseñanza correspondiente.

Los tres últimos requisitos solo sirven dentro del territorio de la Diócesis. Si un profesor quiere trasladarse a otra provincia tendría que empezar desde cero, mover contactos e influencias, ganarse de nuevo la confianza de un obispado al que no conoce. No hay exámenes. No hay oposiciones.

Respecto a este proceso, los profesores de Religión tienen sus demandas, que se resumen en tres puntos, según el portavoz de la Feper. La primera es la necesidad de regular con transparencia cuál es el funcionamiento y condiciones de este colectivo. La segunda es baremar a los profesores para permitir concursos de traslados, no de una manera arbitraria sino basada en los méritos de los docentes. La tercera petición exige de las administraciones que cambien de interlocutor en las conversaciones laborales y que sean los representantes sindicales y profesionales los que discutan estos aspectos, y no la Iglesia. Estado y Comunidades Autónomas “nos dejan al margen y tratan la asignación del puesto y los horarios con los representantes de los obispados —explica el presidente de esta asociación profesional— y las cosas nos van mal, no es competencia de la Iglesia tratar nuestras relaciones laborales”. “Su competencia termina en los contenidos, no en la organización y los destinos”, insiste.

¿Están equiparados con el resto del profesorado?
En septiembre, los profesores interinos de Madrid y Castilla-La Mancha señalaban un agravio comparativo entre ellos y los profesores de Religión, ya que en ningún caso estos han dejado de percibir la paga de verano, a pesar de que sus marcos reguladores, como el Acuerdo de condiciones laborales de la Comunidad de Madrid del 27 de julio de 2004 con el Arzobispado [PDF], señala que “ en sus condiciones retributivas este personal está equiparado con los funcionarios interinos docentes, siendo este el colectivo al que más se asemejan”. Además, en esta Comunidad, el Supremo les ha equiparado la antigüedad como a los interinos.

A pesar de que con cada ley se ha avanzado en la regulación de estos profesores, su función y funcionamiento no se ha terminado de concretar. En 1993, con el primer convenio entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal, aquel se comprometió a integrarlos en el Régimen Especial de la Seguridad Social (Autónomos), así como a equipararles económicamente a los interinos en un periodo de cinco años presupuestarios (1994-1998). En aquel momento, sus retribuciones se hacían con cargo a las subvenciones concedidas a la Conferencia Episcopal.

Con la firma de un nuevo convenio en 1999, cada administración educativa asumía el papel de empleador, así como la obligación de pasarles del Régimen Especial al Régimen General. Hasta este curso, Comunidades Autónomas como Madrid concedían ayudas a los Profesores de Religión y Asesores Lingüísticos para el cuidado de los hijos (un máximo de 152,96 euros mes/hijo), por desplazamiento y por formación. El plazo se abre en 2013 y desde el servicio de información de la Comunidad de Madrid informan que no es probable que se convoquen, al igual que tampoco se han hecho el resto de ayudas escolares.

¿Quién y dónde estudia Religión?
Según el Consejo Escolar del Estado en el curso 2009-10, lo hacen el 74 por ciento de alumnos de Primaria, el 45 por ciento en Secundaria y el 35 por ciento en Bachilleratos y FP, lo que arroja una media del 54 por ciento en todas las etapas de la enseñanza pública. Las enseñanza religiosa no católica en la escuela supone un 1 por ciento.

Por ver un caso más concreto y según datos [ PDF] de la Delegación Episcopal de Enseñanza del Arzobispado de Madrid, un 47,7 por ciento de los alumnos de los centros públicos de Infantil, Primaria, ESO y Primero de Bachillerato cursan Enseñanzas de la Religión en la Escuela (ERE). En los centros privados de titularidad civil, los alumnos que cursan ERE son el 71,3 por ciento. Estos datos, que corresponden al curso 2011-12, indican también que cuanto mayor es el alumno, más desvinculación hay con la clase de Religión, pues pasan de un 77,8 por ciento en Primaria —del conjunto de centros educativos— a un 48,4 por ciento para Primero de Bachillerato.

Respecto a otras confesiones, como la evangélica, en Madrid 12 profesores impartieron esta asignatura a 1.158 alumnos, según datos de la Consejería de Enseñanza Religiosa Evangélica. 31 centros de la Comunidad ofrecen esta alternativa. Para los alumnos judíos, no existe ningún centro público en el estado español con una cantidad de alumnos mínima suficientes para poder recibir esta asignatura, según informa la Federación de Comunidades Judías de España. La opción para los que desean cursarla es un centro concertado en Madrid, uno privado con acuerdo de la Generalitat en Barcelona y uno público en acuerdo con el Gobierno de Melilla en esta ciudad.

¿Cómo se elige el contenido de los libros de texto?
El contenido de la enseñanza religiosa católica en la escuela lo marca la Conferencia Episcopal y en concreto su Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, que es la que organiza, coordina e impulsa los contenidos. Su marco es la Constitución y el Acuerdo entre la Conferencia y el Estado en 1976.

El currículo que se imparte hoy en Religión es el que se aprobó en el año 2007 [ PDF], un marco programático bastante general sobre las “claves de la fe cristiana” que los profesores pueden seguir por libros de texto o con materiales propios.

La cabeza visible de la Comisión que decide qué se enseña en Religión es, desde el año 2008, Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón, quien en abril arremetió contra los colegios públicos y la legislación por poner “trabas a la clase de religión al no equipararla al resto de las asignaturas fundamentales”.

Desde la aparición del anteproyecto de la LOMCE —la nueva ley educativa— obispos, plataformas y sindicatos como USO han expresado su malestar por la ausencia de regulación de la asignatura en esta Ley y durante estos dos meses que nos esperan para su tramitación están pidiendo que se incluyan sus demandas. “ Estamos esperando una letra pequeña que todavía no hemos conocido en este avance que se nos ha hecho” dijo el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, que ni forma ni ha formado parte de la Conferencia Episcopal de la Enseñanza, en la Cope el 27 de septiembre. “La Iglesia confía, espera, pide y reivindica que para que haya una normalización en la asignatura de Religión exista una alternativa concreta y evaluable porque si no se acusa a los padres que eligen la asignatura de Religión de estar estorbando a los demás hijos”. La Iglesia achaca el descenso de alumnos de Religión a la existencia de la alternativa Atención Educativa: horas no lectivas donde el alumno puede incluso abandonar el centro en la etapa de Bachillerato.



jueves, 4 de octubre de 2012

RENUNCIAR A LA POMPA Y VOLVER A HABLAR EL LENGUAJE DE LOS HOMBRES DE NUESTRO TIEMPO

ENTREVISTA A MONS. CASALE, ARZOBISPO EMÉRITO DE FOGGIA (ITALIA)

Valerio Gigante,  Roma-Adista.

La soñolienta víspera que precede la celebración, en el Vaticano, del 7 al 28 de octubre próximo, de la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos ha sido rota por la carta abierta que un anciano obispo, Mons. Giuseppe Casale, ha querido dirigir a los padres sinodales exhortándoles a afrontar algunos asuntos urgentes que todavía siguen golpeando las puertas de una Iglesia enrocada en la defensa de su jerarquía y de órdenes que se asientan en anacronismos del pasado.

Se trata, escribe Mons. Casale, de reformas todavía no afrontadas y de citas fallidas con las necesidades espirituales profundas de este tiempo: la pobreza, la colegialidad, el ministerio ordenado, las parroquias, la nueva evangelización, la comunidad de base.

Pero Mons. Casale, arzobispo emérito de Foggia, uno de los pocos exponentes del episcopado italiano firmemente comprometido con la Iglesia conciliar, también llama la atención sobre la necesidad, cada día más urgente, de dar testimonio al pueblo de Dios e, incluso, de un seguimiento radical del Evangelio: “los obispos, juntamente con el Papa, tenemos que empezar a dar ejemplo. Al término del Concilio, muchos obispos pidieron que la Iglesia redescubriera la alegría de la pobreza evangélica. La renuncia al lujo exterior y a los títulos honoríficos, la elección de una vida simple y sin lujo, la asunción de la pobreza de padece tanta gente siguen siendo en la actualidad una meta lejana”.

Sobre los temas de esta carta, publicada hace poco por la editorial la Meridiana con el título “Desgraciado de mí si no anuncio el Evangelio. Reformar la Iglesia. Carta abierta al Sínodo de los Obispos”, hemos hablado con el autor, el obispo Casale. 



Valerio Gigante. La colegialidad fue una de las cuestiones más debatidas en el Concilio. Al final de la “Lumen Gentium”, la Constitución en la que se abordaba la función y la organización de la Iglesia, el Papa decidió insertar la célebre “nota explicativa previa” que redujo sustancialmente el alcance de las deliberaciones de la asamblea sobre la colegialidad. Luego vino el Sínodo, que para muchos es una respuesta inadecuada a las demandas que se formularon en la asamblea conciliar. Usted escribe una carta abierta a los participantes en el próximo Sínodo: ¿cree que el Sínodo todavía puede satisfacer la exigencia de una mayor participación del episcopado en el gobierno de la Iglesia?

Mons. G. Casale. La limitación fundamental del Sínodo es su valor exclusivamente consultivo. Sus conclusiones son sometidas a la aprobación del Papa, aprobación que normalmente suele llegar unos cuantos meses después de la conclusión del Sínodo, cuando ya los temas propuestos a su consideración han perdido gran parte de su “urgencia” pastoral.

Gracias también a su composición, el Sínodo, que cuenta con la presencia de personas elegidas por el Papa y de delegados episcopales (representantes de las mayorías de las conferencias episcopales), no siempre recoge las exigencias que realmente vive y formula el Pueblo de Dios. Por eso, más allá de sus buenas intenciones, no proporciona una verdadera fotografía de la auténtica realidad en la que viven las Iglesias locales, de las demandas que proceden de ellas y de sus dificultades pastorales.

Además, la asamblea sinodal acaba siendo una larga maratón oratoria que tiene ocupados a sus delegados durante unos días, desde la mañana hasta la tarde, en complejas discusiones, con intervenciones que se suceden de manera ininterrumpida, en la lengua oficial de la Iglesia, es decir, en latín. Son debates que al final quedan recogidos, de manera deslavazada, en el resumen hecho por la Curia, lo que hace todavía más ineficaces los intentos de sintetizar lo formulado en la asamblea.

Por eso, aunque haya habido tantos Sínodos, generales y continentales, nunca se han visto resultados apreciables. Además, si no es posible una respuesta inmediata a un problema teológico o pastoral urgente, los documentos producidos, que deberían encarnarse en las realidades diocesanas, no pasan de ser, casi siempre, más que papel mojado.

Valerio Gigante. La suya, más que una carta al Sínodo, parecer ser, por los problemas candentes que toca, una carta a la gente...

Mons. G. Casale. Es una carta abierta al Papa, a los participantes en el Sínodo y, sobre todo, al Pueblo de Dios, para despertar entre los creyentes la necesidad y la conciencia de una participación coral en la vida de la Iglesia, por medio de representantes de las comunidades eclesiales locales, comunidades en las que diariamente se viven los problemas que conciernen a los fieles.

Por esto, pongo encima de la mesa, ya desde el inicio de mi carta, las cuestiones a las que me parece que hay que dar respuesta en la Iglesia hoy y de manera urgente.

En primer lugar, el tema de la Iglesia pobre, es decir, el problema de cómo renunciar efectivamente al lujo, al boato, a los títulos y a los privilegios por los que se afanan tantos hombres y estructuras de la Iglesia y cómo interrumpir las relaciones, frecuentemente discutibles, con potencias económicas que gravitan alrededor de la Iglesia y que, a veces, logran condicionar su acción y su gobierno.

Después, pido una colegialidad efectiva: el Papa tiene que ejercer su primacía de manera sinodal. No creo que se debilite el primado del Papa por una mayor implicación de las Iglesias locales; más bien, se enriquecería. Sin embargo, en la actualidad el Papa sólo comparte sus decisiones con los miembros de la Curia romana, una Curia integrada por personas frecuentemente excelentes, pero objetivamente lejanas de la concreta realidad en medio de la que viven las comunidades locales, y al margen de sus ansiedades y desconociendo las esperanzas del Pueblo de Dios.

Está después la cuestión de la búsqueda de la “verdad” que la Iglesia ha de pensar con perspectiva histórica y no con aquella en la que, frecuentemente, habla, que es abstracta y metafísica. La verdad para la Iglesia tiene que ser cada día más la de los pueblos sufrientes que esperan de ella respuestas concretas e inmediatas.

En mi carta también pido ordenar de manera diferente las parroquias: pequeñas iglesias “de condominio”, constituidas por grupos de familias, estrechamente vinculadas al territorio en que se encuentran, de manera que puedan ser signos efectivos y eficaces instrumentos de acción pastoral.

Finalmente, pido la urgente reapertura del diálogo con las comunidades eclesiales de base. Me asombran las atenciones que se están teniendo con los seguidores de Lefebvre y el enorme desinterés, cuando no rechazo y desprecio, por quienes tienen un compromiso diario y encarnado en medio de las contradicciones de la Iglesia y de la sociedad, tal y como sucede en las comunidades de base, a pesar de algunas exageraciones y posiciones radicales que han de ser cuidadosamente evaluadas.

Valerio Gigante. Una parte importante de su carta está dedicada a los “viri probati”, es decir, a ordenar como sacerdotes a varones casados...

Mons. G. Casale. Creo que ha llegado el momento de introducir esta novedad en la Iglesia, y también creo que su exigencia se ha visto fuertemente incrementada en los últimos tiempos; pero en la jerarquía persiste el miedo a que los “viri probati” supongan el fin del celibato. ¡No es así!

El celibato es un regalo, un carisma. El de los “viri probati” es, en cambio, una respuesta a las actuales contradicciones de las unidades pastorales, un expediente administrativo para afrontar únicamente la falta de curas, pero que no aseguran una real y asidua atención pastoral de las comunidades, particularmente de las más pequeñas, con sus riquezas y tradiciones. Las comunidades necesitan un guía que no sea un cura de paso, un “viajero abonado” al reparto de los sacramentos, tan ocupado en la atención a un montón de parroquias y almas que sólo alcanza a consagrar o confesar, a celebrar funerales o bodas.

Se necesitan personas que procedan del interior de las comunidades, hombres casados, con cierta autoridad humana y espiritual que les habilite como personas idóneas para asumir la responsabilidad de ser los “ancianos” (presbíteros) de sus compañeros y capaces de incrementar la vitalidad espiritual de sus hermanos y sus hermanas.

Valerio Gigante. Algunos de los temas que hemos tocado me traen a la mente las palabras de la última entrevista del Cardenal Martini sobre la pobreza en la Iglesia y sobre la Iglesia pobre, y también aquellas otras sobre el retraso de 200 años de la Iglesia. Sin embargo, su visión parece más confiada que la del ex arzobispo de Milán...

Mons. G. Casale. He tenido en grandísima estima a Martini. He sintonizado con él en muchas posiciones que ha ido adoptando a lo largo de los años que ha durado su ministerio episcopal. Él ha finalizado su andadura terrenal con mucho sufrimiento y con un poco de pesimismo respecto a la Iglesia. En su libro “Coloquios nocturnos en Jerusalén” dijo haber soñado muchas veces con una Iglesia que “hace su camino en pobreza y humildad”, “que no depende de los poderes de este mundo”, “que da cabida a las personas capaces de pensar de manera más abierta”, “que anima, sobre todo, a los que se sienten pequeños o pecadores”. “Soñé con una Iglesia joven. Hoy no me queda ninguno de esos sueños”, concluyó.

Su última entrevista, igualmente, está llena de una amargura que nos tiene que hace pensar profundamente.

Pero yo, a pesar de todo, soy un hombre confiado: creo que el Espíritu irrumpirá en esta nuestra Iglesia y nos enseñará una realidad diferente. Por supuesto, hace falta tiempo. Y tener paciencia. Y es muy probable que en esta espera alguien se vea obligado a pagar por el arrojo y valentía de sus posiciones y propuestas. Le ha sucedido a Martini, les ocurrirá a otros obispos.

Es preciso estar dispuestos. Yo lo estoy y busco testimoniar (vendiendo lo poco que tenía y volviendo a vivir en mi primera diócesis, en la de Vallo della Lucania) una Iglesia que redescubre a Jesús pobre entre los pobres y los simples.

Valerio Gigante A cincuenta años de distancia de su inicio, ¿qué decisiones conciliares le parecen más incumplidas, cuando no, traicionadas?

Mons. G. Casale. La pobreza es, duda de ninguna clase, el aspecto más incumplido.

Hoy, más que una Iglesia pobre entre los pobres, vemos diariamente una Iglesia que necesita vestirse en Armani para celebrar pomposamente la liturgia.

¡Estamos volviendo atrás, más que redescubrir la sencillez evangélica!

Si no nos liberamos pronto de la esclavitud del dinero y de hacerle la ola al capitalismo financiero globalizado, el demonio, en lugar de limitarse a difundir su humo, dará zarpazos lacerantes sobre el tejido “apolillado” de esta Iglesia.

Nosotros, los obispos, frecuentemente denunciamos los asaltos que proceden de fuera de la Iglesia, del laicismo y de la secularización. Sin embargo, los auténticos peligros proceden del interior, de una Iglesia que sigue perdiendo la luminosidad y la autenticidad del mensaje evangélico.



martes, 2 de octubre de 2012

EL IV REICH Y EL FUTURO DE EUROPA

José María Castillo

Cuando por toda Europa se extiende la impresión de que todos, de una manera o de otra, dependemos de la señora Merkel; y cuando al Bendesbank se le aplica el adjetivo de “todopoderoso”, que hasta ahora se le aplicaba sólo a Dios, a uno le da por pensar que lo del IV Reich va en serio y ya está en marcha.

Como es bien sabido, antiguamente la idea de “imperio” (Reich) estaba relacionada con el hecho de ampliar fronteras y dominar pueblos por el poderío de los ejércitos y la destreza política de los gobernantes. Eso ya no es así. El poder efectivo ya no se basa ni en la política ni en la fuerza militar, sino en la economía. A esto hay que añadir que, por historia y por cultura, la idea y el hecho del “imperio” está fuertemente ligada a Alemania. Desde el Sacro Imperio Romano Germánico (Primer Reich), pasando por las victorias Bismarck (Segundo Reich), hasta el nazismo de Hitler (Tercer Reich), la tendencia de Alemania a erigirse en Imperio seguramente nunca se extinguió del todo.

Aquí no puedo olvidar lo que escribió F. Dostoievski, en su “Diario de un escritor” (c. III): “La Antigua Roma fue la primera que engendró la idea de unidad mundial, y el hombre pensó ejercitarla como una monarquía mundial”. Hasta que se hundió aquella idea. “Y se cambió por un nuevo ideal de unión mundial en Cristo”. Y así se erigió la nueva concepción de “la unión espiritual bajo el báculo del Papa, como soberano de este mundo”. Este proyecto perduró hasta la Revolución francesa. ¿Qué tenía que ver todo esto con Alemania? “El rasgo más característico, más esencial de este gran, orgulloso y especial pueblo, desde el primerísimo momento de su aparición en el mundo histórico, consistió en que nunca quiso unirse, en su vocación y en sus inicios, con el extremo occidental del mundo europeo, es decir, con todos los sucesores de la antigua vocación romana”.

Conocemos, por supuesto la aversión que Dostoievski le tuvo a Alemania. Más fuerte aún fue su rechazo del comunismo. En todo caso, a partir de la caída del Muro de Berlín, el crecimiento sin frenos del capitalismo ha puesto en evidencia que el auge desbocado de este sistema va a ser muy difícil de controlar. ¿Estamos abocados a un precipicio irremediable? Seamos sinceros. Nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar. En cualquier caso, lo que no admite duda es que, en esta debacle, Alemania (¿cómo no?) ha tomado el mando. Y se está cumpliendo lo que ya Dostoievski intuyó en el s. XIX. El futuro de Europa es el futuro de la hegemonía de Alemania sobre los residuos del viejo Sur mediterráneo, que cimentó las bases de la cultura de Occidente. Pero cometió el error de vivir sus creencias de forma que centró sus convicciones y su conducta en torno a la piedad, las tradiciones religiosas y la resignación, al tiempo que a los hombres del Norte se les consideró siempre como los “bárbaros”, primero, y los “protestantes”, después. Ellos, sin embargo, fueron más prácticos: pusieron su “vocación” en la “profesión” y a productividad (M. Weber).

El futuro de Europa se ve venir. El capitalismo se recompondrá. Pero sobre la base de lo que le es constitutivo: la sumisión resignada de los pobres del Sur al Imperio del IV Reich. Ojalá me equivoque.