viernes, 8 de abril de 2011

VICENTE SANTUC HA MUERTO EN PERÚ

Eran los primeros años de los noventa y yo empezaba mi recorrido por los veintes. El país se desangraba y esa situación tocaba profundamente al grupo de gente con la que por entonces compartía búsquedas, temores y esperanzas. No era fácil el Perú de aquellos días. La muerte acechaba en cada esquina de la ciudad, y algunos sabíamos que esa oleada de sangre que empezaba a teñir la capital tenía ya su estela trágica en muchos pueblos del interior. Eran tiempos de desconcierto.

Parte de mis amigos y amigas encontramos en los jesuitas un referente para mantener la esperanza. No voy a relatar todas las circunstancias de aquel encuentro que marcó la vida de mucha gente de mi edad. Hoy solo quiero recordar la importante presencia de Vicente Santuc en mi memoria de aquel tiempo.

Éramos jóvenes y teníamos esperanza, pero también miedos. No sabíamos si el futuro podría abarcar toda nuestra energía. En ese escenario de inquietudes en ebullición cada encuentro con Vicente fue una oportunidad para sosegar la mirada y aprender, una y otra vez, a encontrarse con lo verdaderamente esencial: la centralidad de la vida humana y la necesidad de que toda acción colectiva – social, política, económica – respetara las condiciones para su desarrollo y felicidad.

En sus palabras, la reflexión filosófica se nos hizo familiar, absolutamente cotidiana. Nos confrontaba con lo que estamos viviendo con tanta intensidad y nos animaba a caminar hacia decisiones racionales y apasionadas a un tiempo. Y esta combinación caracterizó siempre sus bien fundamentados y articulados razonamientos. Sin esa intensidad no me es posible abarcar ni recordar a Vicente, la misma que le vimos al liderar el proyecto de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, la que seguramente mostró en sus tiempos en Piura, o la que mostraba con sus espontáneas e inmensas carcajadas en tantos momentos que sabía compartir.

Hoy Vicente ya no está entre nosotros. Falleció de manera repentina en París hace algunos días, adonde había regresado para una temporada de descanso bien merecida. En diversos diálogos y encuentros en los días que han seguido a su partida, he constatado cuanta huella ha dejado en la vida de muchas personas, y cuanto lo estamos empezando a echar de menos. Nuestro país ya no enfrenta la encrucijada sangrienta de hace algunas décadas, pero sigue siendo un territorio humano que nos deja perplejos, con inquietudes e incertidumbres. ¡Cuánta falta nos va a hacer Vicente para ayudarnos a entender lo que es verdaderamente importante en estos tiempos!


2 PALABRAS EN LA MISA POR VICENTE

Hace apenas 30 días vino Vicente al cambio de Dirección del Cipca, a respaldar con su autoridad moral la elección del nuevo director. Yo vine, desde Jaén, para hablar con él, porque Vicente era un hombre de consejo, como si Dios me hubiera traído para despedirme de él sin saberlo. Al día siguiente estando tomando desayuno, se presentó la Sra Chepa, y en la conversación Vicente le dijo a la Sra Chepa: prepárese para celebrar los 40 años del Cipca, que cumplimos en el 2012. La Sra. le respondió , comentando sobre los años pasados, que la única mujer del campo que vivía de su generación era ella y que lo atribuía al trabajo en el Cipca. Nadie esperaba, que al mes, íbamos a tener que estar acá juntos celebrando la suerte que hemos tenido por haberlo conocido, y por haber compartido con él muchos años de nuestra vida. Pero a la vez compartir el dolor por haber perdido a una persona tan capaz, tan positivo, tan profundamente alegre, tan amigo, tan compañero tan buen consejero, tan de Dios, compartir el dolor por estar extrañando su presencia. Porque además nos cuesta creerlo porque como dicen en el campo, cuando ocurren muertes así, se ha ido sin despedirse, de un momento a otro.

Me cuesta mucho hablar de Vicente, me da miedo hablar de su vida porque creo que la voy a estropear, me gustaría dejarla ahí, sin tocarla, y que cada uno de uds, escribiera o dijera lo que ha sido Vicente para cada uno y con eso hiciéramos como un mosaico de lo que ha sido su vida, pero me tocó y aunque me quede corto, quisiera con estas palabras dar gracias a Dios por haberlo conocido y a la Compañía de Jesús porque en los años 70 lo destinó a Piura a trabajar con los campesinos.

He dicho que era un hombre de Dios, pero al estilo de San Ignacio que quería que en todas las cosas encontráramos a Dios y a Dios en todas las cosas, pero mucho más en el hombre y la mujer pobre campesino/a que lucha por recobrar su dignidad de hijo de Dios y hermano de Cristo. Vicente con la fundación del Cipca, después de Radio Cutivalú y hace 20 años con la Universidad Ruiz de Montoya ha querido, nos ha enseñado a rescatar la única imagen viva de Dios que está en peligro; la del hombre y la mujer, del joven y de la joven que no encuentran los cauces para recuperar la dignidad de ser única imagen viva de Dios.

Qué cosas me llamaban a mi la atención de la personalidad de Vicente? Que era un filósofo, un intelectual, pero un intelectual y un filósofo, cercano a la vida, que sabía unir las ideas filosóficas con los problemas de la vida, y que esa característica no común, la unía a una cercanía a todos los que tratábamos con él. (Cuentan de sus clases de filosofía que a cada rato citaba a la Sra Chepa). Yo lo sentía cercano a mi, a los demás, a los campesinos, cercano a los intelectuales jesuitas latinoamericanos, que se reunían de vez en cuando, a los profesionales de la región, pero que al día siguiente desentrañaba los problemas políticos o sociológicos a nivel de los profesores del Cipca, y ese mismo día clausuraba un curso de alfabetización, o de administración cooperativista, pero siempre con la palabra adecuada.

Pero con todo eso le daba tiempo para ser tu amigo, para acogerte, para animarte con visiones más amplias que con las que nos movemos ordinariamente. ¡Cuántas ideas suyas plasmadas en nuestras vidas, en nuestros trabajos ¡ Cuántas dificultades y alegrías vividas juntos! Cuántas esperanzas en cada proyecto¡ Cuántas aspiraciones humanas y cristianas en cada actividad que se desarrollaba a su lado¡ Yo siempre decía con cariño y admiración, que los trabajos de promoción que hacíamos en los equipos, él les daba una lectura superior, un sentido mayor, los elevaba a una categoría superior, y nos los hacía leer más allá de lo que las acciones mismas decían en sí. Lo que aparecía es que se alfabetizaba, se enseñaba las operaciones matemáticas, pero Vicente abría mundos, símbolos, nuevas interpretaciones de la realidad, ponía en juego capacidades humanas, para el desarrollo. Y eso lo hacía a todos los niveles y además unido al Evangelio, que nos invita en cada momento a liberar, a abrir mundos y posibilidades a los pobres, a los ciegos, a los tullidos, como hacía Cristo cuando caminaba por Galilea. Le escuché decir muchas veces que no se trata de hablar de Dios, sino de decir cosas de Dios; que se puede hablar y hablar de Dios y no decir nada de lo que El es.

Todo esto le trajo y nos trajo dificultades y alegrías, y los 20 años de la Ruiz de Montoya además de traerle muchas gratificaciones, le trajo también dificultades y cansancios. Hacía tiempo que quería retirarse, que se sentía cansado de la dirección, pero terminó su tarea hasta el final, y a lo mejor animado por ese tiempo que se iba a tomar de descanso y renovación. Forzó demasiado la máquina y a sus 75 años la máquina no resistió. Qué lástima ¡ Se ha perdido un gran hombre y para muchos además un gran amigo y compañero, pero gracias Vicente por todo lo que has sembrado en cada uno de nosotros.

Piura día 6 de Abril del 2011   Capilla del Colegio San Ignacio

Paco Muguiro Ibarra S.j.



CRISTO Y LAS JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (JMJ)

Mari Patxi Ayerra

Imagino esa multitud de jóvenes de diversas naciones, razas, culturas reunidos en Madrid bajo el latido de la misma fe. Y me parece genial, maravilloso que el mismo Jesús que convocó a la gente en el sermón de la montaña, hoy siga convocando a muchachos llenos de fuerza y entusiasmo y decididos a cambiar el mundo y su vida desde el Mensaje siempre nuevo del Evangelio. Porque el lema de las Jornadas está claro: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”.

Pero yo echo una ojeadita a la sociedad que me rodea y se me plantean algunas dudas. En estos tiempos de descreimiento, cuando tanta gente se está borrando del cristianismo, en el que le bautizaron sus padres, o ha abandonado sus creencias anteriores porque le resultan infantiles, o tiene alergia a todo lo religioso, resulta que es cuando más símbolos religiosos se utilizan como adorno.

Muchos jóvenes llevan un rosario colgando del cuello, pulseras o pendientes con una cruz; algunas mujeres se adornan con medallas grandes con imágenes de la Virgen o de los ángeles. No tienen ni idea qué representa, pero lucen orgullosas sus imágenes, por el valor de anticuario pero no por su significado. También algunos deportistas se santiguan al comenzar su competición o al tirar un penalty. Quisiera yo creer que en ese momento, se ponen en manos de Dios o le brindan a Él su jugada.

Pero la realidad es que vivimos en un sindiós ambiental, donde son pocos los creyentes jóvenes, dato que se ve especialmente en los templos, en los que la mayoría del personal ronda la adultez y la ancianidad. En las catequesis, en las que se ha reducido tanto el número de niños, que apenas hay vidilla juvenil o infantil alrededor del altar. Me preocupa mucho el tema y me pregunto qué habremos hecho mal para no contagiar a nuestros descendientes la experiencia de Dios y la necesidad de celebrarlo con otros creyentes.

Las JMJ me hacen temer algo parecido. Veo un gran despliegue de medios propagandísticos, muchas ofertas de acogida a los jóvenes que vengan a visitarnos, gente ilusionada por abrir su casa a cristianos desconocidos y compartir unos días de vida y de entusiasmo papal.

Hoy he conseguido un póster precioso en el que, con mucho colorido y arte “naif”, se refleja el trajín del abrir la casa a los demás, ocuparse de la provisiones domésticas y de facilitar un hogar acogedor, aunque sea en plan scout, con el fin de que los millones de jóvenes que se esperan tengan casas donde dormir, pues el resto del día tendrán actividades, encuentros, conciertos, celebraciones y movidas.

Yo tengo dos temores, uno que sea el Papa la figura principal, el príncipe de la iglesia, como el artista en un concierto o el mago de un espectáculo, pero con más boato, solemnidad, protocolo, medidas de seguridad y gasto. Y, por otro lado, mi preocupación es que con todo el trajín de la preparación, la majestuosidad del evento, la multiplicidad de ofertas lúdico-espirituales, musicales, turísticas y celebrativas, se nos olvide Jesús, que es el centro de nuestra Iglesia.

A Jesús no tenemos que adorarle, tenemos que copiar su manera de vivir, tenerle de modelo y relacionarnos en amistad con Él, de forma que nos vaya cambiando la vida e inoculando su amor, su austeridad, su sencillez, su capacidad de servicio, su llegar a todos y vivir atento especialmente a los más necesitados.

Me daría pena que la JMJ se convierta en un campamento scout, a lo grande, intergeneracional, que nos hiciera a todos ilusionarnos un poco más con nuestra pertenencia a la Iglesia, tras corear al Papa con pasión, incluso vivir el espejismo de sentirnos más jóvenes, al acoger en nuestra casa la vida loca y el desorden juvenil… Pero creo que hay que estar muy atentos para que sea Jesús el que nos una, el que nos convoque, el que nos haga Iglesia. El que nos impulse a vivir de una manera determinada. Sobre todo, que nos urja para que construyamos el Reino, para que trabajemos por la justicia y la igualdad. Para que nuestra pasión por Dios y por sus cosas, además de contemplativos, nos haga misericordiosos hasta comprometernos en el cambio urgente de esta sociedad desigual, que funciona muy bien para muchos y deja a un montón de gente –la mayoría– en la cuneta de la vida, sin tener derecho a cubrir sus necesidades básicas y tener una vida digna.

Si yo tuviera que ver algo en la comisión de festejos de las JMJ, pondría mucha atención en invitar a jóvenes en situaciones de necesidad y marginación –en un momento económico tan crítico–, también en que se fuera austero y sencillo en la celebración.

En todas las movidas religiosas se habla de la venida del Papa y hay una gran ilusión. Yo solo quisiera que, con ello, no se nos olvide Jesucristo, que es el hombre al que queremos seguir, que es como el GPS para nuestra vida, que nos marca el camino; es como el cargador para el móvil, al que hay que recurrir cada día, para seguir teniendo ilusión por seguirle. Para recuperar vitalidad y energía. Pues que este Jesús, que llena la vida de sentido y de misión, que entusiasma con su propuesta, sea el centro de estas Jornadas… y tú Señor, háblanos a todos al corazón y sugiérenos la construcción de tu Reino, en el que todos nos tratemos como hermanos y hermanas.



jueves, 7 de abril de 2011

SOBRE LA IMPUNIDAD NO SE PUEDE CONSTRUIR UNA DEMOCRACIA

HONDURAS. ENTREVISTA A ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL

La necesidad de esclarecer las violaciones a los derechos humanos durante el golpe y de romper el círculo de impunidad en Honduras, así como la amenaza que representa esa ruptura constitucional para América Latina y el papel que ha jugado Estados Unidos en este contexto, son algunos de los temas tratados por el Premio Nobel de la Paz y representante de la Comisión de Verdad (CdV), Adolfo Pérez Esquivel, en entrevista brindada a Sirel durante su estadía en Honduras. 

-¿Por qué decidió aceptar la propuesta de integrar la Comisión de Verdad (CdV), que está investigando los crímenes cometidos durante el golpe? 

-Yo soy un sobreviviente de la dictadura y sé que un golpe de Estado siempre trae como consecuencia la violación a los derechos humanos. Acepté integrar esta Comisión porque es una instancia impulsada por organismos de derechos humanos y por la sociedad. Ya no podemos aceptar ningún golpe de Estado en América Latina y necesitamos trabajar para el fortalecimiento de la democracia y la vigencia de los derechos humanos como valor indivisible. 

-¿Qué pensó al enterarse del golpe de Honduras? 

-Que el mecanismo de dominación continúa y que ese nuevo atropello contra la democracia afectaría a todo el continente latinoamericano. Los cambios en los países deben elegirlos los pueblos y no las fuerzas del poder con el consentimiento de los Estados Unidos. 

-¿Qué opinión tiene acerca de la participación de Estados Unidos en el golpe en Honduras? 

-La historia demuestra que Estados Unidos siempre propició golpes de Estado para controlar a los países y defender sus intereses. No se pueden dar golpes en América Latina sin el consentimiento del gobierno estadounidense. 

Veamos lo que ocurrió con los intentos de golpe en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Preguntémonos por qué Estados Unidos está instalando bases militares en toda América Latina. Por qué sigue intentando imponer dictaduras, mientras que lo que necesitamos son recursos para el desarrollo de los pueblos y no proyectos de muerte y sometimiento. 

-¿Qué percepción hay de la situación de Honduras en el resto del continente? 

-Tengo más de 40 años de estar trabajando en toda América Latina y lo que ocurre hoy en Honduras, nos afecta a todos y todas, poniendo en una situación de inestabilidad la vida y los derechos de los pueblos. No es nada nuevo. Ya lo vivimos en todo el continente y el resultado es siempre represión, dolor, falta de libertades, muerte y los recursos de los pueblos sometidos a los grandes poderes. Ya no podemos permitirlo. 

-¿Qué mecanismos debemos adoptar para evitar que esta historia se repita? 

-La unidad de las naciones y de los pueblos es la verdadera solución. Tenemos el ejemplo muy reciente de Ecuador. La unidad de UNASUR y la reacción de los pueblos contribuyeron a que no se llevara a cabo el golpe. 

No queremos más gobiernos impuestos. Queremos elegir. Es por eso que estamos acá, acompañando la Comisión de Verdad, viendo cómo a nivel internacional se maneja el tema de Honduras, reclamando a Estados Unidos que respete el derecho de los pueblos a su autodeterminación. 

-¿Qué opina del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama? 

-Yo le mandé una carta a Obama y le dije que estaba sorprendido por este Premio, pero que ahora debía ser coherente en construir la paz. Definitivamente que no lo ha sido. 

-Su país, Argentina, sufrió una brutal dictadura y su pueblo esperó casi 30 años para ver sus verdugos en la cárcel. ¿Qué consejo le daría al pueblo hondureño que exige justicia? 

-No hay que permitir la impunidad jurídica, porque sobre la impunidad no se puede construir una democracia. Hay que seguir trabajando e insistiendo, para que aquellos que cometieron delitos sean juzgados. Es un derecho del pueblo. 

-El régimen hondureño ha impulsado una Comisión de la Verdad y la Reconciliación. ¿Qué credibilidad tiene para usted? 

-La reconciliación no es algo vacío. No puede haber reconciliación si no se basa en la verdad, la justicia, la reparación a las víctimas, y si no hay arrepentimiento de quienes cometieron los delitos. No es este el caso de la Comisión del gobierno. 

-Porfirio Lobo y Barack Obama coincidieron en decir que ya no debemos mirar al pasado, sino al futuro para seguir adelante. 

-Es algo inmoral, porque justificaría los crímenes cometidos. ¿Qué pasa con las víctimas, con las familias? ¿Acaso debemos olvidarlas, enterrarlas? Hay algo importante que es la memoria. No para quedarnos en el pasado, sino para que nos ilumine el presente, para generar y construir vida. Los pueblos que dicen que no hay que mirar para atrás vuelven a repetir las mismas barbaridades, la misma situación de injusticia. 

-Cuál es la importancia para Honduras de una Comisión de Verdad que quiere investigar las causas estructurales del golpe y señalar los responsables? 

-No se puede ocultar la verdad, ni limpiarle la imagen al gobierno. La CdV quiere llegar a esa verdad, evidenciando a los culpables para llevarlos antla única forma para que no vuelva a ocurrir nunca máe la justicia nacional e internacional. 



miércoles, 6 de abril de 2011

CRISIS Y TRANSFORMACIÓN EVANGÉLICA DE LA IGLESIA

Consejo de redacción de IGLESIA VIVA, revista@aiglesiaviva.org

La existencia de una crisis grave y crucial en la Iglesia actual es un dato que no se puede negar. Cosa distinta es el análisis o diagnóstico de la misma, las causas a las que se atribuye y sobre todo los caminos para salir de la misma. La presente situación eclesial nos parece ser más angustiosa que en vísperas del Vaticano II, entre otras razones porque la conciencia del pueblo de Dios como sujeto es hoy radicalmente nueva y muy distinta de entonces. Pero por otra parte sucede que en los grupos y movimientos eclesiales más concienciados difícilmente se percibe una fuerza emergente transformadora. Muchos de los mejores militantes no saben qué hacer, se encuentran en total desamparo y en actitud de desbandada. Y puede preverse que las cosas no van a cambiar en años dentro de la Iglesia. Mientras tanto, buena parte de la sociedad no consiente ciertos modos de proceder y de actuar de la jerarquía y critica abierta y razonablemente sus criterios morales.

El Consejo de dirección de esta revista, que se considera a sí misma de pensamiento cristiano, dedicó la última de sus sesiones a reflexionar sobre la situación y, al tiempo que preparaba el contenido del presente número, a adoptar una postura común que reflejara nuestra visión de dicha crisis y de sus causas, así como las vías de salida de la misma. El deber que tenemos para con nuestros lectores nos lleva a proponerles aquí los términos de tal reflexión con el deseo de suscitar un diálogo amplio y un movimiento más amplio aún de reforma eclesial.

Tratamos de poner en sus manos un conjunto de reflexiones que les ayuden a descubrir las últimas razones de su malestar en la Iglesia, asumir los criterios teológicos con los que responder a la situación de crisis y plantearse propuestas de actuación pastoral en aplicación de dichos criterios. No tenemos la pretensión de decir la última palabra, ni de dar la fórmula mágica para resolver la grave crisis por la que atravesamos. De hecho, creemos que, para comenzar, es necesario rescatar mucho de lo pensado y escrito hace algunos años y hoy olvidado, silenciado u ocultado. Es necesario volver a aquellos importantes criterios y aplicarlos al presente.

Síntomas de la crisis

La crisis se manifiesta en una serie de hechos que afectan tanto a la institución jerárquica como al conjunto del pueblo de Dios. Dar importancia a los primeros en virtud de la representatividad pública que corresponde al ministerio ordenado, no significa desconocer o silenciar los segundos. No queremos que se nos atribuya una especie de fijación obsesiva en lo clerical que suele ser propia de ciertas críticas al uso respecto de la Iglesia. Ello no consigue otra cosa que reforzar el centralismo que dice combatir.

a. En el conjunto del pueblo de Dios

Como hemos dicho, la crisis de la Iglesia afecta al conjunto del pueblo de Dios. Nuestra debilidad tiene muchas razones y causas que no todas responden a la actuación de la jerarquía o a la hegemonía de ciertos sectores neoconservadores respaldados por ella. La crisis es ante todo una crisis del sujeto eclesial, esto es, de sus miembros individuales e institucionales, una crisis de seguimiento de Jesús y de fe vivida. Esta crisis de fe es la gran cuestión que nos afecta a todos. Hemos sustituido el seguimiento a Jesucristo por la adhesión doctrinal (sea al Catecismo Universal, sea a la teología de teólogos de nuestro gusto). Pero nosotros somos seguidores de Jesús, no seguidores de la Iglesia; nuestro verdadero centro es Jesús y hay que volver constantemente a Él, que es el único que puede salvarnos, que puede salvar a su Iglesia.

Dada la pluralidad de sujetos, pluralidad en todos los sentidos, la crisis tiene muchos rostros que queremos señalar, siquiera brevemente. Tres aspectos nos parecen especialmente significativos:
La primera faceta tiene que ver con las mutaciones que se están dando en lo religioso y su problemática relación con la Iglesia. Ciertamente, tal relación problemática siempre ha existido, ha sido de tensión, de mutuo solapamiento y también de enriquecimiento en ambas direcciones. Pero la nueva situación de la sociedad mundial resulta especialmente impactante en el conjunto del pueblo de Dios: la globalización neoliberal, el retorno de manifestaciones religiosas basadas en sospechosos prodigios o mitos, la crisis de un proyecto de humanidad capaz de existir unida en libertad, solidaridad y dignidad, etcétera. Hoy uno de los elementos de la crisis eclesial tiene que ver con la pérdida del control de lo religioso en buena parte del mundo. Bien porque surgen nuevas formas de religiosidad no cristianas, bien porque la religiosidad de los cristianos se ha hecho difusa y su vínculo con la institución eclesial se ha vuelto más débil e inefectivo. A lo cual hay que añadir la evidencia del pluralismo religioso y la presencia pública y notoria de las grandes religiones a las que la propia teología católica concede rango de verdaderas y de auténticos medios de salvación para sus miembros; es este un hecho irreversible que cambia por sí mismo las mentalidades. Hasta hace bien poco los cuadros de la Iglesia tenían la sensación equivocada de estar al frente de un gran pueblo. La situación ha cambiado radicalmente y ello se experimenta en gran medida como pérdida de poder o de influencia de los dirigentes, desde la curia romana a los párrocos y agentes de pastoral a pie de obra. Existe un gran desconcierto, muchos miedos y a veces respuestas reactivas que exigen cerrar filas, disciplina e identificación. Si la religión ha actuado como vínculo social y horizonte existencial de sentido y moralidad de amplias capas de la población allí donde la Iglesia estaba implantada, su debilitamiento y transformación, unidos a su creciente desvinculación institucional está originando una crisis sin precedentes.
El segundo aspecto a considerar de la crisis del sujeto colectivo eclesial es el referido al modo como se verifica la iniciación a la fe en Jesucristo y su mantenimiento en la vida comunitaria. Las viejas estructuras pastorales al servicio de la génesis y sostenimiento de la vida cristiana siguen inalteradas en lo esencial, desde las parroquias o los movimientos, pasando por las órdenes religiosas o los diferentes grupos. Tales estructuras o fórmulas de organización de la vida eclesial han perdido vitalidad, no alumbran en medida suficiente ni vida comunitaria ni pertenencia eclesial. ¿Cómo generar y reproducir hoy vida comunitaria eclesial? Esta cuestión se ha vuelto extremadamente problemática. El surgimiento de verdaderas comunidades cristianas tiene que ver con la potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal, y esa potencia se encarna en vidas concretas.
Por fin, el tercer aspecto de la crisis del sujeto tiene que ver con la relación entre la Iglesia y el mundo. No puede existir el cristianismo sin pretensión de universalidad; la Iglesia no es un fin en sí, sólo tiene sentido al servicio de la transformación profunda y evangélica del mundo. Ahora bien, la quiebra de la modernidad nos abrió los ojos y nos puso ante el absurdo en que incurríamos de querer impulsar el reinado de Dios desde y por medio de poder, porque la supuesta universalidad constreñida por ese camino encubría la hegemonía de los poderosos. Una parte de la Iglesia y la jerarquía desde luego reaccionó con el rechazo, defendiendo la subordinación del poder temporal al espiritual y condenando la emancipación del mundo y del orden político. Los burgueses revolucionarios, sin embargo, pronto perderían su ímpetu antirreligioso y antieclesiástico, pues al ver que su poder económico y social no estaba en peligro por ese lado, aceptaron de buen grado una alianza con el poder eclesiástico para mantener el orden sobre el que se sustentaba su hegemonía. La Iglesia jerárquica, pese a todas sus condenas de un orden político que prescindía de cualquier fuente de legitimación religiosa, concentró sus esfuerzos en atribuirse el papel de portadora y custodia del orden moral natural universal, maestra y guía de la humanidad en su conjunto. Esta función justificaba su pretensión de universalidad tras la cancelación de su papel de legitimadora del orden político premoderno. Y en ello sigue.

Ese papel se ha visto cuestionado con el cambio epocal que ha introducido el pluralismo religioso al que ya nos hemos referido y el nihilismo teórico y práctico de las sociedades desarrolladas, consecuencia del vaciamiento que impone sobre todo la lógica del mercado y del consumo y no el laicismo o el secularismo. Como la posibilidad de hacer valer esa moral natural universal sólo con argumentos y sin coacciones externas se ha visto reducida a su mínimo nivel, se confía en los autodenominados nuevos movimientos eclesiales para influir en las opiniones públicas y en los ordenamientos jurídicos en favor del papel de representación de lo verdaderamente humano por parte de la jerarquía. Los costes de esta estrategia y, sobre todo, su escasa perspectiva de éxito saltan a la vista.

Las reflexiones anteriores nos hacen ver que el eje de la relación entre la Iglesia y el mundo es fundamental para el análisis de la crisis. Eje que resulta inseparable del problema de cómo construir hoy una universalidad humana inclusiva y desde los últimos, desde los más pobres, y de cómo recrear el papel del Iglesia en esa construcción.

Una fuente del debilitamiento evangélico en buena parte de la iglesia es que o esos pobres ya no se reconocen como sujetos eclesiales, o se identifican con movimientos eclesiales o sociales sin impulso emancipador y liberador, o carecen de espacio y posibilidad de articular su vida, sus luchas o sus resistencias dentro de la iglesia, que es fundamentalmente portadora de una religiosidad burguesa.

Más aun. En el siglo XXI la Iglesia sigue reproduciendo el conflicto de sus orígenes. Todavía se necesita ser occidental para ser católico. Las causas que originaron la penosa historia de De Nobili y Ricci siguen vivas en la Iglesia católica. En la práctica se otorga un carácter absoluto a la interpretación occidental romana del cristianismo que produce la impermeabilidad de las otras culturas al evangelio y paradójicamente cierra las puertas a Cristo, mientras se les ruega patéticamente que las abran. La presión que ejerce el poder central romano reprime la eclesiogénesis de las Iglesias locales. Si las Iglesias de la periferia de América Latina, de África, de Asia y de Oceanía, no son capaces de superar este control asfixiante, la inculturación de la fe se hará inviable.

b). En lo que se refiere a la institución eclesiástica

Los fenómenos que están en el ambiente son muy graves y han producido un impacto masivo de falta de credibilidad en la Iglesia por parte de amplios sectores de la población, católica o no. Por citar algunos más difundidos:
la reconducción del Concilio mediante interpretaciones inaceptables, intervenciones papales manifestativas de una voluntad de restablecer el integrismo católico, las cuales han suscitado inmediatas reacciones sociales,
el freno total a la democratización de la Iglesia, a la libertad de opinión y comunicación,
el centralismo y verticalismo crecientes,
la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su reforma,
la intolerancia respecto a los derechos de las mujeres en la comunidad cristiana,
el levantamiento de la excomunión a los lefebvrianos sin exigirles la plena adhesión al Concilio ecuménico y el Motu Proprio sobre los anglicanos high church al tiempo que se da un frenazo al movimiento ecuménico,
la obsesión en ciertos temas de la teología propia del papa (como la lucha sin cuartel contra el relativismo),
la contrarreforma litúrgica,
los nombramientos episcopales y de curia,
el “prietas las filas” en una marcha continua e inexorable de la Iglesia hacia el gueto.

Especial repercusión han tenido los descubrimientos sobre abusos de menores por parte de eclesiásticos. Esta última lacra está recibiendo una firme réplica por parte del papa y de un cierto número de miembros de la jerarquía eclesiástica actual. Pero, a nuestro entender, se trata de amagos de salir de la crisis con la petición de perdón por los pecados personales de los representantes de la Iglesia e intensificación de las medidas disciplinarias de selección, nunca con un proyecto de cambios estructurales. Es más, ciertas iniciativas jerárquicas parecen buscar más la ocultación de responsabilidad por connivencia con ciertas estructuras eclesiales perversas, que asumir con honradez la complicidad en los pecados estructurales de la Iglesia. La rápida canonización del papa Juan Pablo II promovida por el papa actual parece querer silenciar los problemas del papado reciente en dichos pecados (secretismo e irresponsabilidad grave ante los crímenes cometidos por los clérigos). Tenemos serias reservas a quedarnos solo en esas medidas porque creemos que no desvelan otras realidades que se esconden tras ellas. Algunos sugieren que tal respuesta equivocada puede deberse quizá a intereses más o menos ocultos; a nosotros nos parece que se debe a un diagnóstico falso de sus raíces que no se encuentran tanto en el ámbito de una sexualidad mal educada o reprimida, cuanto en el ejercicio del poder espiritual de forma autocrática y privatizada.

Evidentemente una respuesta errónea a la crisis global de la Iglesia contribuye a mantenerla o agravarla. Es preciso hacer una crítica no convencional de las derivas del sector eclesial que es hegemónico en este momento histórico. Muchos de los fenómenos que se perciben con evidencia pueden constituir una nube que nos impida ver el núcleo de la crisis. De ahí la importancia del análisis de la situación de la que partimos y que ofrecemos a nuestros lectores, el cual debe incluir una mirada amplia y profunda al contexto global social y cultural en que se encuentra la Iglesia al comienzo del siglo XXI.

Elementos para un diagnóstico global de esta crisis

Estamos persuadidos de que nos falta valentía para hacer un diagnóstico realista sobre la situación presente. Aunque somos conscientes de la gran dificultad de diagnosticar con acierto el camino a recorrer, considerada la complejidad de los síntomas relatados, creemos que la forma de resolver nuestra incertidumbre no pasa ni por mirar al pasado con nostalgia, ni por la huída hacia delante. Hay caminos errados que no hay que volver a recorrer y los hay que se han manifestado como razonables, por lo que no deben ser abandonados por mucho que el riesgo de la libertad nos invite a hacerlo. Y para ello nos parece importante ir a las causas de la situación.

Como fundamento de todo se encuentra el intento de reconstruir una Iglesia preconciliar, con ignorancia o rechazo de la cultura secular. Los frenos iniciales que casi desde el fin del Concilio se pusieron a su plena recepción, ya se han convertido en un giro de 180º respecto al Vaticano II.

La consiguiente autocomprensión eclesial premoderna del propio ser y de su relación con el mundo no es “razonable”, no es coherente con la razón humana histórica. Reflejo de esa realidad son las estructuras eclesiales, históricamente obsoletas y antievangélicas: son estructuras de dominación que impiden la libertad del creyente y la construcción de comunidades eclesiales adultas y suficientes.

El clericalismo o la falta de democracia interna causa la crisis de inadaptación de las estructuras existentes. Lo cual va unido al sentido propietarista respecto a la Iglesia por parte de la jerarquía. De ahí, el amordazamiento de la autonomía personal a causa de una antropología teológica que quiere seguir manteniendo al sujeto católico en la condición de oveja.

Ese clericalismo conlleva el sexismo, con la correspondiente marginación de las mujeres en la estructura eclesial. Y, hablando de sexualidad, no podemos perder de vista la rígida concepción acerca de la moral sexual y las nociones sobre el cuerpo y el placer, la sexualidad no reproductiva, etc.

Nuestro intento de realizar un diagnóstico correcto y acertado nos mueve a pensar también en las consecuencias que pueden sobrevenir si no tenemos el coraje evangélico, la parresía (en términos paulinos) para enfrentarnos a la situación, por grave que nos parezca. Los efectos inmediatos de la enfermedad serán muchos, pero nosotros señalamos ahora dos que nos parecen especialmente graves:
En primer lugar, la marginación de grandes sectores del pueblo de Dios empobrecerá extremadamente a la Iglesia. Un organismo potencialmente tan rico como ella quedará colapsado por una autoridad que se extralimita en sus funciones, mientras muchas congregaciones religiosas, diócesis y movimientos laicales seguirán sintiéndose atados de pies y manos. Se hará imposible el pluralismo de la comunión católica en un mundo globalizado.
En segundo lugar, la Iglesia no logrará ser fuerza de cohesión social en el contexto de las sociedades democráticas, dado que no comprende que el paradigma de su relación con la sociedad ha cambiado radicalmente y ya no es el de la unión del trono y del altar. El instinto de conservación de las presentes estructuras ha llevado a esta opción que reducirá la Iglesia a una gran secta, sociológicamente hablando. Su única razón de ser, la misión de anunciar el evangelio, no podrá verificarse por asfixia.

Para vivir la crisis y preparar su salida

Es insuficiente realizar un análisis de la situación actual y de las exigencias del presente; necesitamos posibilitar una valoración realista de los caminos que la Iglesia debe recorrer en el futuro si quiere permanecer fiel al espíritu del Concilio.

Somos de la opinión de que nos encontramos en una auténtica encrucijada histórica. La primavera traída por el Concilio Vaticano II se ha retirado y estamos viviendo, en conocida frase de Karl Rahner, la experiencia de un duro invierno en la Iglesia. Sin embargo las semillas echadas por el Concilio fueron potentes y fructíferas; muchas han dado ya fruto y aportado nuevas semillas; otras por el contrario han sido sofocadas y nunca han tenido una oportunidad de crecer o esperan todavía algún momento oportuno para germinar. Por otra parte no podemos caer en el peligro de una cierta momificación del Concilio. Aunque los documentos pueden leerse de corrida, interpretarse y dejarse atrás, sin embargo queda siempre el espíritu que movió a toda una generación. Y es precisamente ese espíritu el que no deberíamos perder. Alienta hoy de forma anónima en todos los grupos de excluidos de esta sociedad, en todos los proyectos de cooperación que surgen frente al modelo hegemónico de la globalización neoliberal, en todas las iniciativas que defienden la creación de una sociedad nueva.

Ello significa que la causa del evangelio de Jesús, su anuncio a los pobres y el anhelo del Reino nos ha de llevar a pensar en cómo salir de la crisis sostenidos por “la esperanza crucificada”.

Hablamos de pretensión de universalidad: la Iglesia solo tiene sentido al servicio de la transformación evangélica del mundo. Como hemos recordado arriba, la quiebra de la modernidad ha abierto la posibilidad de recuperar la visión evangélica de la universalidad, es decir, de construir la universalidad desde el pobre, desde los últimos, desde los excluidos. Pero los grupos y movimientos eclesiales que han luchado por esa recuperación no se encuentran en su mejor momento. Seguramente no sólo porque no han recibido el respaldo que necesitaban desde arriba, sino porque las posibilidades de transformación radical del mundo desde los intereses y las necesidades de los últimos tampoco pasan por su mejor momento. A todos se nos pide impulsar una espiritualidad de compromiso con el mundo y en el mundo desde la perspectiva señalada de la opción por los pobres.

Debe quedar claro que no se puede pretender superar la crisis sin reivindicar los mejores logros de la modernidad (democracia, derechos humanos, opinión pública, etcétera). Aunque somos conscientes de la carga de ambigüedad que estas realidades conllevan, no debemos olvidar su gran virtualidad trasformadora, también para la Iglesia. Desde la nueva cristología y pneumatología se han de ver las exigencias de abrirse a las nuevas maneras con que el mundo de hoy busca una espiritualidad y un proyecto de salvación realistas.

Sentimos como un deber de todos el generar y reproducir hoy vida comunitaria eclesial. La cuestión de la “eclesiogénesis” se ha vuelto extremadamente problemática y difícil pero es la clave del futuro. Tiene que ver con la potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal, y esa potencia se encarna en vidas concretas. Hay que animar las experiencias de parroquias, movimientos apostólicos, congregaciones religiosas que siguen defendiendo los criterios de organización colegial y otras reformas (liturgia, estilo de vida cristiana…) surgidas tras el Vaticano II, sin preocuparse demasiado de normas y órdenes de la curia.

La distancia creciente entre la institución y la base eclesial exige profundizar en el tema de la comunión eclesial desde esta perspectiva de la crisis. Pero no se puede utilizar el término venerable de comunión como lo hace tantas veces la jerarquía: como coartada para exigir una obediencia ciega a los mandatos de la autoridad. Es preciso establecer unos criterios públicos, generales y válidos para todos los católicos de respuesta interior a la propia conciencia y al posible disenso en cuestiones doctrinales, morales o disciplinares frente al autoritarismo indebido de lo que dicta la jerarquía. La llamada Nota explicativa praevia al capítulo III de la Lumen gentium (obs. 2ª, § 3) inició un camino de reflexión que no se ha seguido. En concreto debemos clarificar qué es exigible y qué no lo es para poder hablar en sentido pleno de eclesialidad, qué márgenes de libertad pueden existir sin romper la comunión.

Impulsar la comunión en medio de la crisis conlleva trabajar en la consecución de un pluralismo real en grandes zonas de la Iglesia real que quieren resistir a la actual contrarreforma y no permiten que se les descalifique como rebeldes o rupturistas. La cultura actual permite la utilización de las redes existentes y de medios de comunicación informáticos para lograr una Iglesia más comunión y por ello más sacramento de salvación para el mundo.

Todo lo dicho es inviable si no estamos dispuestos a aceptar que la Iglesia está necesitada de continua reforma para ser signo de Dios y no intento de monopolizarlo. Hemos de mantener vivo el principio de la eclesiología más tradicional de la ecclesia semper reformanda. No otra cosa quiso ser el proyecto del papa Juan XXIII. Ese proyecto está vivo y hemos de volver constantemente a sus ideas clave porque los textos del Concilio fueron un inicio y no una definición de límites. Sería por tanto la peor reacción ante el rumbo actual de la Iglesia caer en el pesimismo y la resignación. Esto solo sería ayudar a los adversarios de la renovación conciliar. Más bien hemos de convocarnos a la esperanza y a la energía.

El Vaticano II dejó claras señales teológico-pastorales como puntos de partida para una Iglesia que se considera por su naturaleza misionera y que se definió como pueblo de Dios y sacramento universal de salvación.

La renovación de las comunidades cristianas es urgente. La prioridad del pueblo de Dios, que debe ocupar el lugar teológico que merece, debe también llegar a prácticas significativas de participación. La Iglesia se debe construir a partir de un proceso “sinodal”, de “caminar juntos” en el cual se valore la diversidad. Reconstruir el concepto y la realidad de la sinodalidad solo se consigue practicándolo.

El poder en la Iglesia no debe ejercerse sin reparto, a fin de que la obediencia sea dada a Dios mismo y no se detenga en la persona de los jefes, y a fin igualmente de que la autoridad no impida la libre creatividad inspirada por el Espíritu a los miembros del cuerpo de Cristo para el crecimiento de ese cuerpo. Tampoco debe ejercerse sin el necesario control que el ejercicio de todo poder exige y que debe ser llevado a cabo por instancias eclesiales distintas a las que han tomado las decisiones.

Si la Iglesia quiere volver a entrar en comunicación con la sociedad presente ha de dar figura en sí misma a la libertad cuya fuente es el evangelio. La recuperación efectiva de su misión solo se realizará al precio de tal conversión.

Dicho todo esto, añadimos que la renovación interna de la Iglesia, la de sus estructuras e instituciones no significa centrarse en sí misma, sino cumplir su misión de servir a este mundo desde el evangelio. La primera contribución que la Iglesia puede dar al mundo para su renovación social, económica, cultural y política que deseamos es la de transformarse ella misma en comunidades más igualitarias, serviciales y fraternas. Es imprescindible que la Iglesia pueblo de Dios ejerza valientemente la función profética que le corresponde ante el mundo, aunque viva esta misión en medio de conflictos y aunque el ejercerla evangélicamente le suponga tener que renunciar a situaciones de privilegio social como las que ahora tiene. La apuesta profética solamente es compatible con el paradigma de las libertades y no con el paradigma concordatario de los poderes, que solamente algunos pocos grupos de presión pueden ejercer.

Y todo ello debe estar infundido de una auténtica mística del Espíritu. Tanta mayor posibilidad de configuración tendrán las indicaciones anteriores cuanto más enraizadas estén en una mística militante comprometida. Una mística de la fe que se profundiza en medio de los que viven en el descrédito, una mística de la esperanza vivida que se acrisola en la presente situación de desesperanza, una mística del amor a los pobres que cargan sobre sus espaldas el proyecto hegemónico presente. Una mística así abre el camino hacia el futuro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).



martes, 5 de abril de 2011

HELDER CAMARA Y J. COMBLIN, DOS PROFETAS DE LA IGLESIA DE LOS POBRES

Del blog de Xavier Pikaza

He recordado por dos veces a Comblin, me parecía suficiente lo ya dicho en mi blog. Pero he mandado una nota a M. Rodrigues Losada, profesor de Psicología de la Universidad de Recife, experto en sociología del poder, y me ha contestado con una reflexión personal, directa, sobre H. Cámara y Comblin, que debo ofrecer a mis lectores.

M. R. Losada no es ningún “teólogo rojo”, ningún revolucionario de aquellos que algunos inventan para denigrarles, sino un Profesor Universitario, desde hace más de treinta años, atento a los problemas sociales de Europa y América, desde una perspectiva humanista y cristiana, un hombre de reflexión, de libros, alguien que ha publicado trabajos científicos en muchas revistas de España y Brasil.

Después de lo ya dicho sobre Helder y Comblín, publico gustoso, agradecido, este testimonio directo de M. R. Losada, alguien que ha conocido a los dos y que conoce, por experiencia y reflexión, los temas vitales del evangelio y de la vida humana en Europa y Brasil. Gracias Manuel, obrigado.

HELDER Y COMBLIN: DOS PROFETAS DE LA IGLESIA DE LOS POBRES
Helder y Comblin son dos gigantes del Evangelio, dos profetas de la Iglesia de los pobres. He vivido cuarenta y cinco años en Rio de Janeiro, tuve la oportunidad de conocer de cerca algunas de las obras realizadas por el primero, ahora vivo em Recife, cerquita de la capilla “Igreja das Fronteiras”, morada del “arzobispo rojo” y confirmo lo que ya sabia. Pequeñito de talla, tenia un espíritu de gigante.

Comblin era amigo e asesor teológico de D. Helder. Más importante que sus ideas teológicas, era su vida. Vino de Bélgica para vivir entre los pobres de Brasil y de América Latina. No hizo un discurso abstracto sobre los pobres, se hizo uno de ellos.

Conocía como pocos la problemática social de nuestro tiempo. Le seria muy fácil hacer teología desde su castillo de oro em Bélgica. Ha preferido recorrer el camino de los pobres de América Latina. El testimonio de su vida es lo más importante. El camino de Comblin es un recuerdo vivo del camino de Jesus.

El proceso de su conversión le hizo despojarse de un tipo de vida cómoda hasta hacerse uno con los pobres. Deseaba ser enterrado en una pequeña localidad pobre, donde había vivido largos años, en el Estado da Paraíba, nordeste de Brasil.

En su blog, Pikaza resume bien el pensamiento de Comblin y cuelga um texto “El poder en la Iglesia”. Su lectura me hace pensar en las diferencias y semejanzas de estas dos almas gemelas, Helder y Comblin. Para hacerme entender cuento una historia ya conocida.

Durante una visita al papa Pablo VI, D. Helder le habría dicho:
“Santidad, deje el Vaticano y vayase a vivir entre los pobres en una casa humilde. El Vaticano no recuerda el Evangelio, Jesus no viviria en esta suntuosidad”.

El Papa llevó este proyecto a la Curia Romana, la cual habría dicho que semejante proyecto sólo podria salir de la cabeza de um “arzobispo rojo”, comunista.

Este calificativo de la Curia Romana coincide con otro, hace más de treinta años, de una revista de Rio, O Cruzeiro, que “llamava” a D. Helder o “bispo melancia” (obispo sandia): rojo por dentro y verde por fuera.

Esta historia me sirve para hablar de las semejanzas y diferencias de estos dos profetas de la Iglesia de los pobres.

Las semejanzas: los dos se parecen mucho, tienen una misma visión de mundo y de la Iglesia: la Iglesia de los pobres y del Evangelio.

Las diferencias: uno es um líder carismático, un pastor que se identifica con la causa y con los derechos de los pobres del mundo entero;
el outro es um teólogo, crítico, que habla desde su vida y desde la vida de los pobres. Y no tiene miedo a decir las cosas por su nombre, aunque desagraden, como hicieron los profetas, como hizo Jesus.

Entiendo que la reflexión sobre algunos temas como el poder en la Iglesia desagraden a muchos eclesiásticos, pero es ineludible. Es necesario entender el proceso de institucionalización de la Iglesia y separar, con lucidez, Iglesia e institución. Y el texto de Comblin al respecto es genial, como varios

lunes, 4 de abril de 2011

RESPETO A TODO SER, A LA MADRE TIERRA

Leonardo Boff

Si reconocemos, como los pueblos originarios y muchos científicos modernos, que la Tierra es Gaia, Madre generosa, generadora de toda la vida, entonces debemos darle el mismo respeto y veneración que profesamos a nuestras madres. La crisis ecológica mundial deriva en buena parte de la sistemática falta de respeto a la naturaleza y a la Tierra.

Respeto implica reconocer que cada ser tiene valor por sí mismo, por el mero hecho de existir y que, al existir, expresa algo del Ser y de aquella Fuente originaria de energía y de virtualidades de la cual todos provenimos y a la cual todos retornamos (vacío cuántico). En una perspectiva religiosa, cada ser expresa al propio Creador.

Al captar a los seres como valor intrínseco, surge en nosotros el sentimiento de cuidado y de responsabilidad hacia ellos, a fin de que puedan continuar existiendo y coevolucionando.

Las culturas originarias dan testimonio de la veneración ante la majestad del universo, el respeto por la naturaleza y por cada uno de sus representantes.

El budismo, que no se presenta como una fe sino como una sabiduría, un camino de vida en armonía con el Todo, enseña a tener un profundo respeto, especialmente por aquel que sufre (compasión). Desarrolló el Feng Shui que es el arte de armonizar la casa y a uno mismo con todos los elementos de la naturaleza y con el Tao.

El cristianismo conoce la figura ejemplar de san Francisco de Asís (1181-1226). Su más antiguo biógrafo, Tomás de Celano (1229) manifiesta que andaba con respeto sobre las piedras en atención de aquel, Cristo, que fue llamado «piedra»; recogía con cariño las babosas para que no fueran pisadas, y en el invierno daba agua dulce a las abejas para que no muriesen de frío y de hambre.

Aquí se nos presenta otro modo de habitar el mundo, junto con las cosas, conviviendo con ellas, y no sobre las cosas, dominándolas.

Enormemente actual es la figura del humanista Albert Schweitzer (1875-1965). Elaboró una grandiosa ética del respeto a todo ser y a la vida en todas sus formas. Era un gran exegeta y famoso concertista de la música de Bach. En un momento de su vida, dejó todo, estudió medicina y se fue a servir a los leprosos (es más sencillo) en Lambarene (Gabón).

En una carta dice explícitamente que «lo que necesitamos no es enviar allí misioneros para convertir a los africanos, sino personas dispuestas a hacer con los pobres lo que hay que hacer, si es que el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen algún valor. Si el Cristianismo no realiza esto, perdería su sentido».

En su hospital en el interior de la selva tropical, en Lambarene, entre una atención y otra, entre consulta y consulta, escribió varios libros sobre la ética del respeto, siendo el principal éste: El respeto ante la vida (Ehrfurcht vor dem Leben) .

Bien decía él: «la idea-clave del bien consiste en conservar la vida, desarrollarla y elevarla a su máximo valor; el mal consiste en destruir la vida, perjudicarla e impedir que se desarrolle. Este es el principio necesario, universal y absoluto de la ética».

Para él, la limitación de las éticas vigentes consiste en concentrarse solamente en los comportamientos humanos y olvidarse de las otras formas de vida. En una palabra: «la ética es la responsabilidad ilimitada por todo lo que existe y vive».

De aquí se derivan comportamientos de gran compasión y cuidado. En una predicación decía: «Mantén los ojos abiertos para no perder la ocasión de ser un salvador. No pases de largo, inconsciente del pequeño insecto que se debate en el agua y corre peligro de ahogarse. Busca un palito y sácalo del agua, sécale las alitas y experimenta la maravilla de haber salvado una vida y la felicidad de haber obrado a cargo y en nombre del Todopoderoso. La lombriz perdida en la calle dura y seca y que no puede hacer su agujero, quítala y ponla en medio de la hierba. ‘Lo que hayáis hecho a uno de estos más pequeños es a mi a quien lo hicisteis’. Estas palabras de Jesús no valen solamente para nosotros los humanos sino también para las más pequeñas criaturas».

Esta ética del respeto es categórica en el momento actual en que la Madre Tierra se encuentra bajo un peligroso estrés.

domingo, 3 de abril de 2011

JESUITAS POR EL MUNDO

Alemania: 
El proyecto “Cambio climático y justicia” cuya organización corre a cargo del Instituto Jesuita para Estudios Sociales y Desarrollo (IGP) en la Escuela de Filosofía de Múnich, ha publicado el resultado de un estudio de dos años sobre el impacto del cambio climático sobre las poblaciones. El libro ha sido presentado al Papa Benedicto XVI al comienzo de Octubre 2010. Lean un resumen del libro en castellano pinchando sobre: http://tinyurl.com/globgeresp. Los autores del estudio han publicado también un artículo en la última edición de Promotio Iustitiae (en castellano): http://tinyurl.com/globgerpjesp

Zimbabue: 
El 26 de febrero, el Arrupe College en Harare ha organizado una conferencia “Más allá del Reino del Terror: Religión y Estado como Agentes de Justicia y de Reconciliación en el Siglo XXI”. Los ponentes llegaron de Zimbabue y del extranjero y entre ellos había profesores universitarios, ex ministros de gobierno y representantes del clero. El boletín de noticias del Apostolado Social informaba que “algunos jesuitas y sus colegas laicos recibieron visitas de parte de algunos agentes del Estado molestos porque a la conferencia habían sido invitados ex alumnos”.

México: 
El Centro de Derechos Humanos “Prodh” dirigido en México por los jesuitas está llevando a cabo una campaña para crear una visa temporal de protección para migrantes por el país en su paso hacia Estados Unidos. Estos migrantes, con una visa en la mano, podrán usar transporte público en lugar de acurrucarse en los techos de los trenes de mercancías, serán menos vulnerables a los secuestros (más de 22.000 cada año) y a otros graves abusos de derechos humanos. Para añadir más voz a la campaña, envíen un email ainternacional@centroprodh.org.mx. Para más información (en castellano): http://tinyurl.com/mexprodhesp

Canadá: 
El provincial de Canadá de lengua francesa, Jean-Marc Biron SJ, ha publicado una Carta sobre la Cuaresma para los jesuitas y sus colaboradores de la Provincia con el fin de recordarles que “la reconciliación con la creación es un requisito espiritual y social de nuestros tiempos”. Al ser una “llamada a la conversión que paulatinamente lleva a una auténtica ‘solidaridad ecológica’”, la carta contiene sugerencias prácticas para el discernimiento y la acción. Es posible acceder a la carta en francés o en inglés pinchando sobre:http://tinyurl.com/canrecnat

Mundo: El grupo de trabajo para la Integridad de la Creación de la Comisión JPIC UISG/USG ha recopilado los recursos sobre Eco-espiritualidad, es decir: oraciones, libros y artículos, declaraciones por parte de papas y conferencias episcopales, y sitios Internet. Pueden encontrarse (en inglés) en Word: http://tinyurl.com/icwgres o en estas páginas (eligiendo el propio idioma en la página de entrada):http://ecoreligious.wikispaces.com/

Irlanda del Norte: 
Algunos jesuitas han participado en la conferencia internacional “Espiritualidad y Trauma” que tuvo lugar en Belfast, del 9 al 14 de marzo. Elias Omondi SJ de Kenia y Michael Bingham SJ de Irlanda del Norte han moderado dos sesiones del evento que ha reunido a más de 200 personas. Ray Helmick SJ de Boston abrió la conferencia con un discurso de bienvenida que pueden leer aquí (en inglés): http://tinyurl.com/norirlheal. Vean el programa de la conferencia en: http://tinyurl.com/norirlhealconf

Kenia: 
El Centro Social Jesuita en Nairobi, Hakimani, tiene a un nuevo director. El Hermano Elias Mokua Nyatete SJ tiene un doctorado de la Universidad de Melbourne, Australia, y ha trabajado para Radio Vaticano y Radio Kwizera, una estación de radio en Tanzania, dirigida por el Servicio Jesuita a Refugiados. http://www.jesuithakimani.net/

India:
Jesuitas del Instituto Social de la India, Delhi, con muchos grupos de la sociedad civil y movimientos populares, han organizado una vigilia, con velas encendidas, en India Gate, Delhi, en solidaridad con la población de Japón y para protestar contra el uso de la energía nuclear en la India. Más información (en inglés) y fotos aquí: http://tinyurl.com/jesacan. Después del éxito de la vigilia, los jesuitas en Delhi (de ISI, JESA, SAPI, JRS, Vidyajyoti) con otros grupos, han organizado una marcha de protesta ante el Parlamento, el 25 de marzo, contra la nuclearización de la India.

SJES: 
Del 4 al 9 de abril, los cinco líderes de las Redes Globales de Advocacy Ignaciana (GIAN) sobre Ecología, Educación, Gobernanza de Recursos Naturales y Minerales, Migración y Paz y Derechos Humanos se encontrarán en la Curia de la Compañía en Roma con cuatro expertos de Gran Bretaña, Alemania, Singapur y España. Esto taller marca el comienzo de un programa de dos años de duración sobre advocacy y trabajo en red dirigido por el Secretariado para Justicia Social y Ecología.

Mundo: En ocasión de la Jornada Global de Acción sobre Gasto Militar, 12 de abril de 2011, los presidentes de la Unión Internacional de las Superioras Generales y de la Unión de los Superiores Generales (USG/UISG) han publicado una carta. Sugieren a las comunidades, entre otras cosas, lo que sigue: tratar de saber más sobre el gasto militar; incorporar ese tema en las oraciones de las comunidades y/o en la Eucaristía; informar a otros acerca de este llamamiento y su sitio en Internet: http://demilitarize.org (en inglés); buscar caminos para colaborar con organizaciones que trabajan a favor de la paz por medio de la no violencia, sobre esta tema. Lean la carta aquí (en castellano): http://tinyurl.com/demilesp