El presidente de Bolivia, Evo Morales, aseguró que no habrá cumplimiento de los Objetivos del Milenio “si no se acaba con la injusta distribución de la riqueza”.
Estas declaraciones fueron vertidas durante la Cumbre sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, organizada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Nueva York.
Durante su discurso, Morales cuestionó la privatización de los recursos naturales y de los servicios básicos, asimismo planteó cuatro medidas para bajar los índices de la pobreza en el mundo.
En primer término, indicó la necesidad de nacionalizar y recuperar los recursos naturales y a las empresas privatizadas, especialmente de servicios básicos “para que los dividendos que generen se queden y beneficien a nuestros pueblos”.
Como segundo punto, Morales pidió establecer reglas para la inversión extranjera que “aseguren que la mayoría de los beneficios sean para el Estado” y haya reinversión de las utilidades en el país. “En Bolivia queremos socios, no patrones”, expresó enfático.
En tercer término, el presidente boliviano aseguró que todos los servicios básicos deben ser considerados como derechos humanos. “Desde el momento que los servicios básicos son considerados un negocio, automáticamente directa o indirectamente violamos los derechos humanos”, expresó.
Por último, Morales pidió salir de la dependencia del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y construir un Banco del Sur que financie a los países de Sudamérica, sin condiciones ni ajustes estructurales.
De acuerdo al informe de las Naciones Unidas “Situación y Perspectivas Económicas de Mundo para el 2010″, todos los países en desarrollo han transferido a los países desarrollados 891 mil millones de dólares durante el año 2008 y 568 mil millones de dólares en el 2009.
“Estas cifras son entre cinco y ocho veces más que toda la ayuda oficial que reciben los países en vías de desarrollo y que alcanza la cifra de sólo 120 mil millones de dólares al año”, informó el presidente boliviano.
Generosa, nunca encontré a nadie con un nombre tan bien puesto.
-Ay, cállate por favor (se ríe). ¡Si siempre protesté por el nombre, que no me gustaba nada!
-Pero si es una definición. El 8 de octubre se cumplen 53 años de su llegada a Angola.
-Vine voluntaria a las misiones en 1957, pero salí de España en el 54, para estudiar 3 años Enfermería en Lisboa. El barco partió un 22 de septiembre y llegamos a Lobito 16 días después.
-¿Su primera impresión?
-Me sobrecogió y me gustó porque supe que aquí tenía que trabajar, con tanta gente necesitada.
-¿Por qué teresiana?
-Verás. Quería ir a misiones y ellas habían fundado en Angola una comunidad. Yo era alumna suya, pregunté si podía ser misionera y dijeron que sí.
-Y se fue de cabeza a la guerra.
-Sí. Pero en la guerra colonial, en los 60, fue cuando más progresó Angola. Se trabajaba mucho, se asfaltaron carreteras, hubo industrialización... Y aunque no fueron tiempos fáciles y los padres nos pedían que guardáramos a sus hijas que corrían peligro en las aldeas, no sufrimos tiros ni esas cosas porque la guerra estaba en el norte y nosotras en el centro.
-Luego se desató la contienda civil.
-Horrible. Duró 35 años. La viví enterita, desde el primer día hasta el último.
-Resistieron tres decádas al fuego cruzado en Cubal, al borde de una carretera estratégica.
En guerra llegamos a tener hasta 900 tuberculosos internos
-Tras la batalla, lucharon por recomponer el paisaje humano, recoger los pedazos...
-Nos llegaban a decenas abandonados, huérfanos, solos, enfermos...
-Con ellos edificó San José.
-Tuvimos hasta doscientos niños, ancianos, mujeres... Levantamos un pequeño pabellón al que llamamos Barrio San José porque no queríamos que fuese un orfanato para niños o un asilo para mayores, sino casas para familias nuevas hechas con los que habían perdido a los suyos, con aquellos abandonados que no podían volver a sus tierras. Y en San José se hizo también el comedor para atender a los pobres que vivían alrededor.
-Entre tanto petróleo y diamante, un molino fue su esperanza y su salvación.
-Conociendo un poco el egoísmo humano acaba entendiéndose. Cuando tras la guerra todas las organizaciones internacionales se fueron nos preguntaban de qué viviríamos si ya no nos darían nada. Pero pensamos que algo saldría... y salió el molino, y una huerta grande para beneficio de los más pobres.
-Sobrevivió a minas antipersona, al contagio de tuberculosis, de fiebres hemorrágicas, de sida...
-Si ya te lo he dicho: un milagro. Me tocó lidiar con eso toda la vida. En guerra llegamos a tener hasta 900 tuberculosos internos. Pero había tanto trabajo que no tuve tiempo ni de contagiarme.
Para seguir hace falta la esperanza de que todo mejorará y deseos de justicia y paz
-No. Lloro mucho. Para seguir hace falta la esperanza de que todo mejorará y deseos de justicia y paz.
-Teresa de Calcuta dudó y se preguntó por qué.
-Por qué, por qué... Es verdad. Claro que se duda porque las injusticias y todo lo demás mueven sentimientos y no se comprende nada. Horrible.
-¿La fe mueve montañas?
-Sí, sí. Nunca pensé que creería en eso tan ciegamente, pero lo he vivido. En la guerra, con muchos enfermos y la carretera cortada, nos quedamos con dos fardos de harina para alimentar a tantos. Pues ese día llegó un carguero con 200 sacos. ¿Qué te parece?
-Un milagro.
-Claro, y una fe muy grande. En guerra nunca nos faltó comida ni medicinas. Si eso no son milagros...