martes, 8 de febrero de 2011

UN PUEBLO DE 32 VECINOS PLANTA CARA A LA IGLESIA

Una jueza da la razón a Garísoain en el litigio por la propiedad de su ermita

Daniel Ayllón

Después de que el Arzobispado de Pamplona registrase como propios la casa parroquial, un huerto, el atrio, la iglesia y la casa del cura del pequeño pueblo de Garísoain (Navarra), de 32 habitantes, los vecinos se apresuraron a inscribir en 2008 al concejo como propietario de la pequeña ermita del Pilar, temerosos de que la Iglesia también le echase el guante.

"Son propiedades que se han construido, mantenido y financiado con el dinero de los vecinos, no de la Iglesia", sostiene el que fuera secretario municipal entre 1991 y 2007, Álvaro Calderón, que se enteró hace tres años por casualidad de las apropiaciones que había realizado el Arzobispado. Junto al alcalde, Xabier Iltzarbe, y el actual secretario, Santiago López, Calderón abandera la reclamación de estos bienes.

El Arzobispado, dentro del plazo de dos años que hay para presentar alegaciones, llevó el caso a los tribunales el 24 de febrero de 2010. El pasado lunes, la jueza del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Estella desestimó el recurso de la Iglesia y reconoció al concejo como propietario legítimo de la ermita. Nunca antes se había emitido una sentencia similar en contra del clero.
"Sólo quieren la propiedad"

"Soy cristiano, pero no lo entiendo. Hemos ofrecido a la Iglesia que impartiese su doctrina en la ermita de por vida... que firmamos lo que sea necesario. Pero ellos sólo quieren la propiedad", denuncia Calderón. "Si Cristo levantara la cabeza, la bajaría al ver lo que han hecho", afirma.

Los vecinos ganaron el juicio gracias al amplio archivo documental que guardan. En uno de los documentos presentados por el abogado Jerónimo Álvarez, fechado el 15 de noviembre de 1826, se reconocía a un vecino, Juan Martín Navarcorena, "para el gobierno de dicha ermita y distribución de la limosna que se recaudare", además de la "custodia" de las llaves. Entre los firmantes no aparecía ningún miembro del clero. Ni el párroco, ni el abad.

Otro informe de 1939 detalla que, tras el destrozo que sufrió la ermita durante la Guerra Civil quedó en ruinas, el pueblo de Garísoain la reconstruyó sin financiación de la Iglesia, "en auzolan" [en euskera, un sistema de financiación comunal, no de donaciones]. El texto, puntilloso, detalla incluso el carro de bueyes y el número de vigas que se utilizaron. Del clero, ni rastro.

El ecónomo diocesano del arzobispado navarro, Javier Aizpún, aseguró el pasado viernes a este diario, tras conocer la sentencia, que impondrán un recurso de apelación ante la Audiencia de Navarra en los próximos días. "Ya hemos tenido cuatro juicios parecidos con otros municipios y los hemos ganado", celebró. A su juicio, la ermita corresponde al clero porque la financiaron "fieles del pueblo de Dios". "Antes, todos eran católicos. No como ahora, que también hay musulmanes y gente de otras religiones", agregó.

Ante el anuncio, Calderón se mostró expectante: "Entiendo que recurrirán. Es un riesgo que corremos. Pero, si pierden, la sentencia sentará jurisprudencia y podrá ayudar a muchos pueblos más".

El resto de propiedades de Garísoain envueltas en la polémica eran dependencias municipales que, antaño, el pueblo tuvo que habilitar si quería que un cura fuese a impartir su doctrina, recuerdan los vecinos. "Estas serán más complicadas de recuperar porque la Iglesia ya las ha registrado", lamenta Calderón. Estas inscripciones fueros posibles gracias a la Ley Hipotecaria de Franco de 1946, que el PP adaptó en 1998 para que la Iglesia pudiese registrar propiedades sin tener que acudir a un poder público, como ocurre en el resto de casos. Así, si un obispo da fe de que un bien pertenece al clero, el Gobierno no le exige la ratificación de un juez. Con este poder, la Iglesia ha llegado a registrar catedrales mantenidas con dinero de los vecinos, como la de Pamplona en 2006, por 30 euros.

La Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro, el colectivo de 117 municipios que agrupa a la mayoría de afectados, reivindica la titularidad de 1.086 bienes.

Reconociendo que se financiaron con fondos particulares, el Arzobispado de Pamplona interpreta que fueron una "obra y expresión admirable de las comunidades cristianas de los pueblos, que libre y voluntariamente, y con encomiable esfuerzo, quisieron crear y mantener esas instituciones y servicios. La historia les debe, sin duda, una merecida gratitud".



FORO SOCIAL MUNDIAL: "otro mundo y otra África son posibles"

Esther Vivas

Esta semana, unos sesenta mil participantes se reunirán en la capital de Senegal para plantear alternativas y diseñar estrategias de acción para hacer frente a los embates del capitalismo.

Una manifestación reivindicando que ‘Otro mundo y otra África son posibles’, como recogía una de las pancartas de la marcha, ha inaugurado este domingo, 6 de febrero, al mediodía una nueva edición del Foro Social Mundial (FSM), que este año se lleva a cabo en Dakar (Senegal). Miles de personas, mayoritariamente senegalesas y de otros países del continente, se han manifestado desde el centro de la ciudad hasta la Universidad Cheikh Antha Diop, donde tiene lugar el foro, con lemas como ‘Globalicemos las luchas contra el capitalismo’, ‘Las tierras para quienes las trabajan’, ‘Por los derechos de los inmigrantes’, entre otros.

Esta edición del FSM llega en un contexto innegable de crisis estructural del sistema capitalista y de aquí la importancia del mismo como espacio, no ya de elaboración y discusión de alternativas, sino de articulación y fortalecimiento de redes para la acción. Si el Foro Social Mundial nació como contrapunto al Foro Económico Mundial de Davos, hoy, diez años después de su primera edición, se ha convertido, a pesar de sus límites y contradicciones, como el principal espacio de encuentro internacional de una gran diversidad de organizaciones y movimientos sociales que apuestan, con distintos enfoques y matices, por un paradigma radicalmente distinto al servicio de las personas y del ecosistema.

Desde el primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, en enero del 2001, a la presente edición, el mapa global de la protesta ha cambiado sustancialmente. Si el FSM surgió al calor de Seattle, en un momento de auge del movimiento altermundialista, conectando con el espíritu y el sentir del movimiento emergente y erigiéndose como uno de sus principales referentes, hoy la situación es muy distinta.

Nos encontramos en un período de descenso de la protesta a nivel internacional, con algunas excepciones notables como las movilizaciones por la justicia climática, y una mayor focalización del conflicto a nivel regional, nacional y local contra agresiones específicas a los derechos sociales, laborales, medioambientales.

El Foro Social Mundial ha perdido centralidad, tanto externa como interna, pero, a falta de referentes mejores y en un contexto de crisis sistémica y de necesidad de articulación de las luchas, es el mejor de los espacios existentes.

A lo largo de esta semana, unos sesenta mil participantes de más de 1250 organizaciones, casi la mitad africanas, se reunirán en la capital de Senegal para plantear alternativas y, sobretodo, diseñar estrategias de acción para hacer frente a los embates del capitalismo.

De hecho, a pesar de la crisis y del descrédito del sistema, las políticas neoliberales continúan y se intensifican y existe una enorme dificultad para trasladar, sobretodo en Europa, y con excepciones como Francia y Grecia, este malestar social en movilización y protesta. América Latina ha sido esta última década el eslabón débil del neoliberalismo a escala global y ahora el norte de África, con Túnez y Egipto a la cabeza, apunta a un nuevo despertar. El Foro Social Mundial repasará sin duda esta cartografía de las resistencias.



lunes, 7 de febrero de 2011

5 MOTIVOS PARA CREER EN EL FORO SOCIAL MUNDIAL

'Cristianisme i Justicia'

En un contexto como el actual parece imposible pensar que puedan existir fuerzas capaces de imponerse al mercado, a los grandes bancos o a los lobbys de las empresas transnacionales. A las puertas de un nuevo Foro Social Mundial encontramos 5 motivos de peso para creer en este movimiento global.

1. El Foro Social Mundial (FSM) es un espacio consolidado. En sus 10 años de vida, el FSM ha logrado erigirse como un espacio de referencia en el que movimientos sociales de todo el mundo articulan denuncias hacia los efectos del sistema neoliberal (ecológicos, sociales, democráticos, etc.), comparten experiencias de sus estrategias y resistencias, y discuten sobre posibles alternativas al sistema.

Detrás de la idea de que “Otro mundo es posible” existen propuestas políticas y económicas concretas, con carácter local y global, que plantean una lógica diferente a la actual, poniendo los derechos de las personas y los pueblos en el medio del debate.

Es cierto, el FSM ha perdido relevancia y trascendencia mediática. También lo ha hecho su antagónico Foro Económico Mundial celebrado tradicionalmente en Davos (Suiza). La explicación puede ser doble: mientras que la lógica mediática ha condenado al FSM a un cierto ostracismo (si bien a principios de la década las reuniones en Porto Alegre podían ocupar numerosas páginas), también el FSM ha experimentado ciertas divisiones internas en cómo este espacio podía seguir concitando la atención tanto de movimientos sociales como de medios de comunicación y otros actores políticos y sociales. Pero la nave va, y prueba de ello son las miles de personas que viajarán a Dakar en estos días.

2. El FSM es un espacio heterogéneo y plural. Aunque para algunos este hecho podría haberle restado capacidad de articular propuestas unitarias, lo cierto es que la diversidad sobre todo le da una gran credibilidad.

Los encuentros del FSM no plantean soluciones maniqueas ni panfletarias. La diversidad de movimientos sociales, sindicatos u ONG hacen que desde diferentes sensibilidades, con discrepancias y muchas veces con puntos de vista encontrados, vayan tejiéndose discursos que, eso sí, apuntan en una dirección contraria al del sistema neoliberal actual.

Y ese es el gran potencial del Foro. Aunque la hoja de ruta pueda ser en ocasiones difícilmente consensuable, la agenda de partida es incuestionable: mayor equidad en un mundo cada vez más desigual (tanto en el norte como en el sur) y sostenibilidad, en un planeta que se dirige hacia el ecocidio.

3. El FSM y los diferentes foros regionales y locales que han tenido lugar en la última década han sido revulsivos. La histórica manifestación contra la guerra de febrero de 2003 se gestó precisamente en los foros sociales previos a esa fecha.

Aquí, los diferentes movimientos sociales tuvieron la capacidad de articular la que para algunos ha sido la mayor protesta colectiva de la historia, 100 millones de personas que de manera simultánea dijeron “no a la guerra” y no una manera determinada de entender el mundo.

Ese hito histórico es gracias al Foro social, y lejos de representar un simple galón en su historial, es la prueba de que la acción colectiva para construir un mundo más justo y sostenible es posible.

4. El FSM es una iniciativa esperanzadora. En medio de un clima en el que se ha aceptado hasta cierto punto un dogma que asegura que no hay otra manera de hacer las cosas (recorte de algunos derechos sociales, primacía de los mercados en detrimento de la capacidad de decisión de gobiernos supuestamente soberanos, etc.), el FSM quiere reivindicar que la historia dice todo lo contrario.

Han sido los movimientos sociales al largo de la historia, su capacidad de reivindicar mejoras y lograr conquistas sociales, los que han hecho que otro mundo haya sido posible y siempre un poco mejor al anterior.

Quien afirme que las medidas implantadas por los gobiernos europeos (que exponen a una involución social y democrática de nuestras sociedades) son la única de las respuestas posibles, no tiene en cuenta ni la historia ni la capacidad de los seres humanos a imaginar, soñar y articular alternativas.

El FSM quiere reivindicar que no es “el fin de la historia” como muchos han pronosticado (y como el pueblo egipcio o tunecino, de manera emocionante, nos están demostrando en el caso de Mubarak y Ben Alí), sino un punto de inflexión en el que lo social puede prevalecer por encima de los intereses individuales y de la capacidad de decisión e influencia de unos pocos.

5. El FSM es necesario en el contexto de esta crisis histórica. En una coyuntura en la que numerosas personas están empeorando sus condiciones de vida (incremento del paro, aumento de la pobreza y la exclusión social, etc.), en que la desafección política crece y las soluciones populistas (muchas veces de carácter xenófobo) se erigen en peligrosa alternativa, en el que los gobiernos parecen ridículamente noqueados por unos mercados capaces de condicionar las políticas sociales y de vapulear las conquistas sociales de muchas sociedades o en el que las soluciones adoptadas favorecen a aquellos que tuvieron una enorme responsabilidad en el origen de esta crisis, Dakar, el Foro Social Mundial, es un espacio imprescindible para tomar aire, para coger impulso, para gritar bien alto y, sobre todo, para tejer redes, propuestas y estrategias del otro mundo que es posible, de ese que a veces de manera invisible ya existe (en las luchas de las organizaciones campesinas brasileñas o en las de los trabajadores de las fábricas de la India) y del otro que queremos que sea. Un mundo que desde Dakar queremos reivindicar con fuerza.

Papel publicado por CJ tras el Foro Social Mundial de 2007, celebrado en Nairobi (Kenya). Escrito por Oscar Mateos, coordinador del àrea social de Cristianisme i Justícia



domingo, 6 de febrero de 2011

¿Y SI NOS QUEDAMOS SIN SACERDOTES?

José María Castillo

La semana pasada escribí en este blog una entrada en la que recordé cómo la Iglesia del primer milenio tuvo un concepto de la vocación sacerdotal muy distinto del que tenemos ahora. Hoy se piensa que la vocación es la "llamada de Dios" para que un cristiano, con la aprobación del obispo, pueda ser ordenado sacerdote. En los primeros diez siglos de la Iglesia, se pensaba que la vocación es la "llamada de la comunidad" para que un cristiano fuese ordenado sacerdote. Pero ocurre que, en este momento, la escasez de vocaciones es un hecho tan notable que hasta los políticos cristianodemócratas de Alemania han hecho pública una carta en la que piden al episcopado que puedan ser ordenados de sacerdotes hombres casados. Hasta los hombres de la política andan preocupados de lo mal que van las cosas en la Iglesia, entre otros motivos, por la alarmante falta de sacerdotes para atender las necesidades espirituales de los católicos.

Así están las cosas en este momento. Los obispos - ya lo han dicho los alemanes - no están dispuestos a suprimir la ley del celibato. Y menos aún estarían dispuestos a tomar decisiones más radicales en cuanto se refiere al clero, especialmente por lo que respecta a la necesidad de que en la Iglesia haya sacerdotes para administrar los sacramentos. Yo no sé si los obispos van a ceder en este delicado asunto. Y si ceden, cuándo lo harán. Sea lo que sea de todo esto, me parece que ha llegado el momento de afrontar esta pregunta: ¿y si llega el día en que nos quedemos prácticamente sin sacerdotes? ¿sería eso el derrumbe total de la Iglesia?

El cristianismo tiene su origen en Jesús de Nazaret. Pero Jesús no fue sacerdote. Jesús fue un laico, que vivió y enseñó su mensaje como laico. Jesús reunió un grupo de discípulos y nombró doce apóstoles. Pero aquel grupo estaba compuesto por hombres y mujeres que iban con él de pueblo en pueblo (Lc 8, 1-3; Mc 15, 40-41). La muerte de Jesús en la cruz no fue un ritual religioso, sino la ejecución civil de un subversivo. Por eso la carta a los hebreos dice que Cristo fue sacerdote. Pero este escrito es el más radicalmente laico de todo el Nuevo Testamento. Porque el sacerdocio de Cristo no fue "ritual", sino "existencial". Es decir, lo que Cristo ofreció, no fue un rito ceremonial en un templo, sino su existencia entera, en el trabajo, en la vida con los demás y sobre todo en la horrible muerte que sufrió. Para los cristianos, no hay más sacerdocio que el de Cristo, que consiste en que cada uno viva para los demás. Ni más ni menos que eso. El sacerdocio cristiano, tal como se vive en la Iglesia, no tiene fundamento bíblico ninguno. Por eso en la Iglesia no tiene que haber hombres "consagrados". Lo que tiene que haber es hombres y mujeres "ejemplares". El "sacerdocio santo" y el "sacerdocio real" del que habla la 1ª carta de Pedro (1, 5. 9) es una mera denominación "espiritual" de todos los cristianos.

Además, en todo el Nuevo Testamento jamás se habla de "sacerdotes" en la Iglesia. Es más, está bien demostrado que los autores del Nuevo Testamento, desde san Pablo hasta el Apocalipsis, evitan cuidadosamente aplicar la palabra o el concepto de "sacerdote" a los que presidían en las comunidades que se iban formando. Esta situación se mantuvo hasta el siglo III. O sea, la Iglesia vivió durante casi doscientos años sin sacerdotes. La comunidad celebraba la eucaristía, pero nunca se dice que la presidiera un "sacerdote". En las comunidades cristianas había responsables o encargados de diversas tareas, pero no se les consideraba hombres "sagrados" o "consagrados". En el s. III, Tertuliano informa de que cualquier cristiano presidía la eucaristía ("De exhort. cast. VII, 3).

¿Qué pasaría si se acabaran los sacerdotes en la Iglesia? Simplemente que la Iglesia recuperaría, en la práctica, el modelo original que Jesús quiso. Lo que pasaría, por tanto, es que la Iglesia sería más auténtica. Una Iglesia más presente en el pueblo y entre los ciudadanos. Una Iglesia sin clero, sin funcionarios, sin dignidades que dividen y separan. Sólo así retomaríamos el camino que siguió el movimiento de Jesús: un movimiento profético, carismático, secular. El clericalismo, los hombres sagrados y los consagrados han alejado a la Iglesia del Evangelio y del pueblo. Así lo ve y lo dice la gente. La Iglesia se pensó que, teniendo un clero abundante y con prestigio, sería una Iglesia fuerte, con influencia en la cultura y en la sociedad. Pero a los hechos me remito. Ese modelo de Iglesia se está agotando. No podemos ignorar todo el bien que los sacerdotes y los religiosos han hecho. Y el que siguen haciendo. Pero tampoco podemos olvidar los escándalos y violencias que en la Iglesia se han vivido y de los que el clero, en gran medida, ha sido responsable.

Pero lo peor no es nada de eso. Lo más negativo, que ha dado de sí el modelo clerical de la Iglesia, es que quienes han tenido el "poder sagrado", se han erigido en los responsables y, de las "comunidades de creyentes", han hecho "súbditos obedientes". La Iglesia se ha partido, se ha dividido, unos pocos mandando y los demás obedeciendo. En la Iglesia debe haber, como en toda institución humana, personas encargadas de la gestión de los asuntos, de la coordinación, de la enseñanza del mensaje de Jesús... Pero, una de dos: o Jesús vivió equivocado o los que andamos equivocados somos nosotros.

Por supuesto, el final del clero no se puede improvisar. Probablemente el cambio se va a producir, no por decisiones que vengan de Roma, sino porque la vida y el giro que ha tomado la historia nos van a llevar a eso: a una Iglesia compuesta por comunidades de fieles, conscientes de su responsabilidad, unidos a sus obispos (presididos por el obispo de Roma), respetando los diversos pueblos, naciones y culturas. Y preocupados sobre todo por hacer visible y patente la memoria de Jesús. Ya son muchas las comunidades que, por todo el mundo, a falta de clérigos, son los laicos los que celebran ellos solos la eucaristía. Porque son muchos los cristianos que están persuadidos de que la celebración de la eucaristía no es un privilegio de los sacerdotes, sino un derecho de la comunidad. El proceso está en marcha. Y mi convicción es que nadie lo va a detener. Termino afirmando que, si digo estas cosas, no es porque me importe poco la Iglesia o porque no la quiera ver ni en pintura. Todo lo contrario. Precisamente porque le debo tanto y me importa tanto, por eso, lo que más deseo es que sea fiel a Jesús y al Evangelio.   





HOMBRES Y DIOSES

Joxe Arregi

No sé por qué el título español dice “De dioses y hombres”, siguiendo a la versión inglesa (“Of Gods and men”). Creo que el original francés (“Des hommes et des dieux”) debería traducirse más bien “Hombres y dioses”. La película no habla “acerca de dioses y hombres”, sino acerca de unos hombres tan humanos que encarnan a Dios. Pues Dios no habita en el cielo, ni desciende a veces de lo alto, sino que es la entraña de la tierra y de todo lo entrañable. Y cuando entrañas a Dios en tu vida, entonces eres dios con minúscula e incluso con mayúscula.

Soy lego en la materia, y no sé juzgar sobre la calidad artística de la fotografía, el montaje, la interpretación o la banda sonora. Pero me parece una película maravillosa. Uno se siente subyugado, sumergido de comienzo a fin en un mundo de belleza y de bondad, Y uno se dice:

“¡Oh, sí! Esto es lo real, lo más verdadero a pesar de todo. Esta es la humanidad verdadera, más allá de la dominación, la vanidad y la codicia. Esta es la religión verdadera más allá de la verdad, de la ley y del miedo. Oh sí, Dios es Eso, es Ahí, ese Fondo o ese Rostro de ternura en que todos podemos descansar. Dios es ese silencio que estalla en palabras y melodías. Dios es esa penumbra en que todo se ilumina. Dios es esa conversación tan natural entre el anciano y entrañable monje médico y la sencilla muchacha musulmana que le habla de sus amores, sentados ambos contra el muro del monasterio al sol de la tarde. Dios es esa naturalidad, esa franqueza, esa humildad. Dios es esa Humanidad”.

La historia es conocida: en la noche del 26 de marzo de 1996, siete monjes cistercienses del monasterio de Tibhirine, en el Atlas argelino, fueron secuestrados por el Grupo Islámico Armado (GIA); el 31 de mayo, el ejército argelino halló las cabezas cortadas (nunca los cuerpos) de los siete monjes.

Nunca se ha aclarado la autoría del múltiple crimen. El Gobierno argelino y el Gobierno francés (poder colonial de Argelia hasta 1962) informaron de que los monjes habían sido ejecutados por la GIA que los secuestró. Pero hay muchos indicios de que fue el propio ejército argelino el que los mató tanto a ellos como a sus secuestradores, y falsearon la información para así desacreditar a los islamistas de la GIA dentro y fuera de Argelia. Así lo piensan los monjes de Notre Dame de l’Atlas Midelt (Marruecos), fundación que prolonga el monasterio de Tibhirine.

Pero la película no toma partido por ninguna hipótesis sobre la autoría del asesinato, pues eso no es fundamental para el mensaje que quiere transmitir. ¡Hay tantas muertes en todos los lados! El poder colonial francés, el régimen argelino violento, el islamismo violento… ¡Hay tantos poderes que matan!

La película no acusa a unos exculpando a otros, no divide el mundo entre buenos y malos, no llama al odio, el castigo, la venganza. Ni por ello incurre en eso que muchos –tendrán que preguntarse por qué–, en cuanto alguien apela a la bondad, se apresuran a denigrar como “buenismo”.

La película nos sumerge en la vida cotidiana de unos monjes buenos que comparten la tierra, la oración, las fiestas, la vida con los musulmanes de la pequeña aldea en la montaña soleada y fría. Su vida corre peligro, pero allí se quedan. La película nos sumerge en la bondad de los monjes, en la bondad de las gentes musulmanas, incluso en la bondad herida que se oculta bajo las armas de los terroristas. La bondad limpia, la bondad que cree, la bondad que perdona, la bondad que cura también al terrorista.

“Hombres y dioses” no oculta la duda, el miedo, la herida, pero es un acto de fe y de esperanza en la humanidad, Sacramento del Misterio Consolador en el corazón de la vida.

“Somos como unos pajarillos en una débil rama”. Seamos esa débil rama que sostiene a ese pobre pajarillo en su desamparo.

La película no enmascara el fanatismo, la violencia, la crueldad, pero no se detiene ni nos encierra ahí, sino que nos conduce más allá, desde más allá. Mirad el Misterio y dejaos acoger, nos dice. No endurezcáis el corazón. Creed en la bondad, creed en la belleza. También la noche está llena de luz.

El corazón humano está lleno de dudas y de heridas, pero hay un bálsamo, y aun cuando no queden medicinas, puede quedar todavía una mirada, una palabra bondadosa. El mundo está lleno de inseguridad y de horrores, pero la paz del corazón es posible, la paz de la tierra es posible. Las religiones están llenas de opresión y perversiones, pero debería bastar la llamada del muecín o el eco de un salmo para convertirnos al Misterio que nos habita y regenera.

“Hombres y dioses”. Estos dos términos no designan seres distintos: seres humanos de la tierra por un lado, seres divinos o dioses celestes por otro. No. Todos los seres humanos guardan un misterio divino que están llamados a revelar y realizar. Ya lo dijo el Salmo bíblico, hablando de los hombres: “Sois dioses, hijos del Altísimo todos” (Sal 82,6).

El monje que ora y cura, la muchacha que cuenta sus primeros amores, el musulmán que reza al Único Dios, el terrorista que empuña el arma, el soldado que mata… son hijas e hijos de Dios. Diré más: son Dios mismo, pues Dios habita y alienta en su corazón, aunque aún no sea en ellos enteramente Dios.

Cuando una comunidad musulmana ora, celebra y canta – “somos orantes en medio de un pueblo de orantes”, solía decir Christian, el prior del monasterio–, entonces Dios ora, celebra y canta. Cuando unos monjes son secuestrados y asesinados, entonces Dios es secuestrado y asesinado. ¿Y qué nos curará, nos hará libres, nos hará dioses, sino la misericordia o la humanidad de Dios que se manifiesta en toda belleza y en toda bondad?

La belleza, la bondad, la humanidad no tienen dueños. Dios tampoco tiene dueño, pues se derrama y se regala en todos los seres, más allá de todos los esquemas y de todos los sistemas religiosos, dogmáticos o morales. Pienso por ello que nadie debiera utilizar esta película para defender su causa particular, especialmente religiosa.

Creo que el Vaticano y nuestros obispos no debieran referirse a este hermoso film para decir: “¿Ya veis cómo tenemos razón? Esto es la Iglesia, esto es el cristianismo, esto es la verdad”. Ni para decir: “Sólo donde hay Dios puede haber humanidad y bondad”. ¡Oh, no! Creo que de la película de ningún modo se desprende ese mensaje confesional, ningún mensaje confesional. No en vano su director, Xavier Beauvais, es ateo; hizo la comunión contra su voluntad, y no ha bautizado a su hijo.

“Mi problema –ha dicho en una entrevista– es que no veo la relación entre el cristianismo y el Vaticano”. Es ateo, pero (¡perdón!, este “pero” está absolutamente de sobra) es profundamente contemplativo. “Puedo estar cinco horas sin moverme ante un bello paisaje”. Es un ateo místico.

No digan, pues, los obispos: “Donde no se cree en Dios, no hay humanidad ni bondad”. Y menos tomando pie de esta bella película, pues la película, sin estridencia ni agresividad, dice justo lo contrario: “Donde no hay bondad, no se cree en Dios”. Lo dice más bien en forma positiva: “Donde hay bondad, allí está Dios”. Ya lo dijo san Juan. Ya lo dijo Jesús.

jueves, 3 de febrero de 2011

LA INCONTENIBLE MAREA DEL CIBERESPACIO HA COMENZADO

La movilización popular se ha iniciado.

Federico Mayor Zaragoza

Los que siguen especulando en los estertores de la “globalización”, los de Davos… están, en general, fuera de la nueva realidad: los ciudadanos empiezan a expresarse a través de la moderna tecnología de la comunicación. El tiempo de la resignación y del silencio ha concluido.

No han sabido escuchar: hace años que vengo repitiendo, con muchos otros, que la participación no presencial a través de la telefonía móvil y del internet representaba un hecho histórico, que ampliaba en gran manera la capacidad “democrática” de la ciudadanía, ceñida hasta entonces, en el mejor de los casos, a la votación en las urnas. Pero, añadía, una democracia genuina consiste no sólo en ser contado en las elecciones sino en contar, en ser tomado en cuenta permanentemente. ¡La voz del pueblo! ¡”Nosotros, los pueblos…!” como lúcidamente proclama la Carta de las Naciones Unidas.

Naciones Unidas que han sido por cierto, postergadas a agencia humanitaria internacional y a ser refugio institucional de conveniencia, confiriendo el poder a grupos integrados por los países más ricos (G6, G7, G8… G20). Desde que sustituyeron, mediada la década de los 80, los valores (justicia social, equidad, solidaridad…) por el mercado y la “democracia” que representaban las Naciones Unidad por la plutocracia, estaba claro que las asimetrías se agrandarían, que se deslocalizaría la producción, que los paraísos fiscales rebosarían en lugar de desaparecer de una vez, que los tráficos a escala supranacional (drogas, armas, personas…) no tendrían castigo, que los flujos financieros no se regularían…

Pero en vano.

En muchos países -¡hasta en Irán!- se empezó a ver la capacidad movilizadora del ciberespacio. Ahora se extiende por el Magreb. Ojalá sea pacífica y no se reprima violentamente lo que hubiera debido preverse.

Y, sobre todo, que se adopten rápidas medidas por los grandes responsables de la situación actual, particularmente por el “gran dominio” (energético, militar, económico, mediático): cuando se desmoronó el muro de Berlín y, con él, por la magia de MikhailGorbachov, el imperio soviético, advertí que si no se enderezaban rápidamente las tendencias, pasaría lo mismo, en pocos años, con el imperio “occidental”. “Se ha hundido un sistema que, basado en la igualdad, se olvidó de la libertad. Ahora, si no cambia radicalmente, se hundirá un sistema que, basado en la libertad, se ha olvidado de la igualdad. Y de la justicia”.

Los explotados, los frustrados, los pobres y empobrecidos, los humillados pueden ahora hacerse oír y “ver”. Hasta hace poco el ámbito era local y las causas de las protestas eran también “locales”. Ahora son causas mundiales y el acoso intolerable de los mercados a la acción política se ha generalizado.

¡Qué fácil resulta hoy comprobar que los mismos que han provocado esta situación acusen a los líderes de los países afectados por la “marea”!. Será mejor que vayan tomando inmediatas decisiones correctoras, porque la movilización ciudadana, como incontenibles aguas altas –ojalá no sean tsunamis- ya no se detendrá.

Nos acallaron pensando que nuestra voz era autópica, irrelevante, molesta pero modesta… en lugar de darse cuenta de que se trataba de un proceso de movilización progresiva a todas las escalas.

Recuerdo cuando, hace ya muchos años, nos llamaban “buenones” a los que, desde posiciones de responsabilidad mundial, preconizábamos la rápida reforma de las Naciones Unidas para que pudiera convertirse en realidad el papel de la ciudadanía que el Sistema de Naciones Unidas representa y promueve, inspiradas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No miren ahora hacia otro lado. Más vale prevenir que remediar. Aceleren el cambio. Se producirá de todas maneras. Piensen en la incontenible marea…



miércoles, 2 de febrero de 2011

CARTA ABIERTA DE JOSE MARIA CASTILLO A JOSE ANTONIO PAGOLA: "Lo más duro es no saber lo que está pasando y por qué estça ocurriendo"

José María Castillo

“En esta Iglesia hay demasiado miedo a decir en público lo que cada uno piensa”
Querido José Antonio: Quiero expresarte, ante todo, mi solidaridad en la dolorosa situación que estás viviendo. Sé muy bien, por propia experiencia y por lo que cuentan otros teólogos bien conocidos, que, en circunstancias como la que tú estás pasando, uno se puede ver enfrentado a hechos y decisiones que son más duras y difíciles de lo que quizá se pueden imaginar quienes las provocan.

Recuerdo aquí la patética confesión pública que hizo el insigne moralista B. Häring, cuando poco antes de morir escribió aquel pequeño libro en el que contaba cómo había sufrido dos procesos en su vida, el que le hizo la Gestapo en la segunda guerra mundial, y el que lo hizo el Santo Oficio en Roma. Y al anciano profesor aseguraba que le había resultado más soportable el proceso de la Gestapo que el del Santo Oficio.

Como también tengo delante de mí el “Diario de un teólgo”, que dejó escrito el más grande estudioso de la eclesiología, el profesor Y. Congar. En una carta a su anciana madre le decía: “Me han destruido prácticamente. En la medida de su capacidad, me han destruido….No han tocado mi cuerpo; en principio, no han tocado mi alma. Pero la persona de un hombre no se limita a su piel y a su alma.

Sobre todo, cuando ese hombre es un apóstol doctrinal, él es su actividad, es sus amigos, sus relaciones, es su irradiación normal. Todo esto se me ha retirado; se ha pisoteado todo ello, y se me ha herido profundamente. Se me ha reducido a nada y, consiguientemente, se me ha destruido. En ciertos momentos… soy presa de un inmenso desconsuelo” (p. 473-474).Al final de sus días, Congar fue nombrado cardenal por Juan Pablo II.

Lo más duro, en estas situaciones, es no saber exactamente lo que etá pasando y por qué está ocurriendo. Son muchos y excelentes los teólogos que han leído y releído tu libro sobre Jesús. Y no han encontrado en él nada que sea contrario o que ataque el dogma cristológico. Además, tú has corregido el libro siguiendo las indicaciones que te había dado la Conferencia Episcopal.

Tu libro ha encontrado más acogida que ningún otro libro de teología escrito en lengua castellana en los últimos tiempos. Y con todo eso, no contentos quienes te atacan desde la sede central del episcopado español, han mandado retirar el libro de las librerías, se dice además que también han mandado destruir los ejemplares que quedaban por ahí. ¿Qué quieren realmente? ¿Qué pretenden? Que lo digan claro, por favor. Que sean sinceros.

Es demasiado fuerte verse perseguido en cincunstancias así. En abril de 1988, a mí se me comunicó oralmente (jamás se me ha dado un papel escrito o firmado por alguien), que la Santa Sede me retiraba el permiso para seguir enseñando en la Facultad de Teología de Granada, donde yo era catedrático de Teología dogmática. Nunca he sabido, ni he podido saber, por qué se tomó aquella decisión.

Sólo sé que el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal J. Ratzinger, junto con el cardenal Suquía y con el obispo don Fernando Sebastián, visitaron al entonces superior general de los jesuitas F. J. Kolvenbach. Aquella entrevista es la explicación de la dura medida que se tomó contra mí.

Ni sé los temas que allí se trataron, ni tuve, por tanto, posibilidad de defenderme. Después de aquello se me ha calumniado y se han dicho de mí cosas muy duras, por hombres que hoy ocupan cargos muy altos en la administración de la Iglesia.

Y ahora, además, habrá que quien me acuse de que me defiendo. Si, a mis 81 años, no puedo ni debo defenderme, ¿qué es entonces lo que se puede hacer en la Iglesia? Me defiendo porque son demasiados los que callan.

Porque en esta Iglesia hay demasiado miedo a decir en público lo que cada uno piensa, por más que lo que uno piensa esté dentro de la ortodoxia de la fe católica. El citado Y. Congar, un eminente teólogo y un excelente religioso dominco, decía en su “Diario”: “tengo miedo de que lo absoluto y la simplicidad de la obediencia me pueda llevar a una complicidad con el abominable régimen de denuncias seccretas que es la condición esencial del Santo Oficio, centro y clave de bóveda de todo lo demás” (p. 305).

Amigo José Antonio, sólo la fe en Jesús el Señor y el amor a la Iglesia nos van a sacar adelante. Pero esa fe y ese amor son un pan cuya levadura es la libertad del Evangelio.