lunes, 3 de septiembre de 2012

JESÚS EN LA MISA DE LA CALLE

Chonguk Kim SJ

A finales de agosto de 2011 me subí a un avión que iba a la isla de Jeju, la mayor de Corea del Sur. Mi destino era una pequeña aldea llamada Gangjeong. ¿Quién habría podido imaginar que mi viaje hacia una pequeña aldea de una isla lejana me conduciría a la cárcel? Pero por desgracia, Gangjeong es una de las aldeas que el gobierno escogió en 2007 para construir una base naval.

Trabajo en el Centro de Servicio Social Voluntario en la Universidad de Sogang. Decidí visitar la aldea Gangjeong para poder encontrarme y pasar un poco de tiempo con el Padre Jeong-hyun Moon, un párroco de 73 años, jubilado, que es conocido entre la gente como 'el cura de la calle'. El Padre Moon ha dedicado los últimos 40 años de su vida al movimiento en favor de la democracia y de la paz. Se unió a la gente que participó en las protestas contra la construcción de la base naval en Jeju. El Padre Moon puso una tienda de oración ante la verja principal del lugar donde se iba a construir la base. Demandaba que no se construyera la base naval junto a la gente de la aldea que se había opuesto al proyecto. Para animar y apoyar al Padre Moon, me fui a Gangjeong con unos cuantos jesuitas más.

La tienda de oración molestó no poco a la Armada. Buscaban el momento oportuno para derribarla. Dos días después de mi llegada a Gangjeong, mi viaje a esa isla adquirió un tinte muy particular. Me encontraba durmiendo en la tienda con otros jesuitas, para vigilar el lugar. Hacia las cinco de la mañana, las sirenas de alerta nos hicieron comprender que había sido declarado el estado de emergencia. Después de pocos minutos 1000 policías invadieron la aldea y cortaron inmediatamente cualquier contacto con el exterior. Tras haber sitiado el poblado, la policía empezó a detener a los principales activistas que habían encabezado la manifestación, así como a los residentes que habían protestado contra la acción coercitiva y violenta de la policía. A los jesuitas y a los sacerdotes diocesanos la policía nos aisló durante 12 horas, más tarde nos detuvieron y nos dejaron en un lugar muy lejano para separarnos de la gente. Finalmente la policía derribó la tienda de la oración. Esa dura acción de la policía me hizo caer en la cuenta de la gravedad de la situación.

En 2007 el Gobierno aprobó la ley de construcción de la base naval en Gangjeong, sin seguir el protocolo para recibir el consentimiento de la gente del lugar. Estas personas organizaron inmediatamente un grupo de protesta contra de la construcción y fundaron un movimiento por la paz. Desde el comienzo, y a pesar de la protesta pacífica, la Armada respondió con engaños y violencia. La gente había estado protestando pacíficamente durante los últimos 5 años, a pesar de ser objeto de violencia física, verbal y emocional. Debido a esto, casi el 75.5% de los residentes del lugar sufrieron trastornos como depresión, ansiedad y hostilidad compulsiva y el 43.9% de la gente intentó suicidarse. Estos hechos me sumieron en un profundo dolor.

Desde octubre del año 2011 organizaciones coreanas católicas han ido llevando a cabo actividades de solidaridad en apoyo al movimiento, por todo el país. Como parte de estas actividades solidarias, los sacerdotes empezaron a celebrar misas al aire libre ante el lugar destinado para la construcción de la base naval. Además de las misas por las calles, protestamos contra el brutal ejercicio de poder ostentado por las autoridades del país y pedimos que no se construyera la base. Para materializar nuestras demandas, tratamos de bloquear los vehículos que iban entrando en el lugar de la construcción. Por este motivo, nos llevaron varias veces a comisaría, pero seguimos resistiendo a pesar de las muchas dificultades. Ir a la cárcel no nos amedrentaba. Nuestras actividades fueron un consuelo para la gente de la aldea que nos animaba a ello, y el movimiento por la paz que estaba a punto de apagarse fue cobrando nueva fuerza. Estando en la cárcel, encontré un gran consuelo como sacerdote por tener la oportunidad de imitar a Jesús, que compartió las angustias del pueblo perseguido y lo consoló.

Para mí Gangjeong es el lugar donde se hizo realidad la meditación que San Ignacio hizo sobre las Dos Banderas. Por un lado ese pequeño grupo de gente que asistía a la misa al aire libre, por otro un gran grupo de gente con armas y escudos esperando devorarnos. No es fácil tener esperanza, dada la desproporción del poder. Sin embargo, creo firmemente que si Jesús hubiera estado allí con nosotros, habría celebrado la misa en la calle. Asistir a esas misas ha sido para mí fuente de un gran gozo, porque allí encuentro a Jesús que se hace prójimo de la gente aplastada y crucificada.

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