viernes, 10 de julio de 2009

DÍA MUNDIAL DE LA POBLACIÓN (11 de julio)

Población, superpoblación y justicia global


Leandro Sequeiros

En 1989 el Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas (FNUAP) instauró el 11 de julio de cada año como el Día Mundial de la Población. Según sus estimaciones, el día 11 de julio de 1987, la humanidad alcanzaba los cinco mil millones de habitantes. En el año 2000, la población mundial estimada era de más de seis mil millones. Y ha ido creciendo a razón de 78 millones de seres humanos por año. Las Naciones Unidas estiman que – si no sucede nada imprevisto - para el año 2050, la población mundial será de 7 a 11 mil de millones de humanos.

El Día Mundial de la Población tiene por objeto centrar la atención de los ciudadanos sobre los problemas de la población. No se puede ocultar que vivimos en un planeta donde millones de seres humanos carecen de lo más imprescindible (agua potable, asistencia sanitaria, educación, libertades, igualdad de derechos entre hombres y mujeres)

Tres sucesos de eco planetario acompañan este año la celebración del Día Mundial de la Población: el primero es que ayer, día 10 finalizó en l´Áquila la llamada “cumbre de los ricos”, la reunión del G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia), a la que han sido invitados los países del G-5 (los países de economía emergente, Brasil, China, India, México y Sudáfrica). El segundo suceso es la publicación el día 8 de julio de la tercera encíclica de Benedicto XVI, “Caritas in veritate” sobre el desarrollo humano integral, en la que el Papa denuncia la injusticia estructural del mundo y pide la reforma de las Naciones Unidas y del orden económico internacional. El tercero de estos sucesos es la violencia desencadenada en una región del país más poblado de la Tierra (China) debido a tensiones interétnicas y que ha dejado una riada de muertes inocentes.

¿Vivimos en un planeta demasiado poblado de humanos, o en un planeta injusto en el reparto de recursos? Posiblemente, para los países del G-8, los pobres no caben en el reparto del pastel de la riqueza. Son los “efectos colaterales” de la lucha por la supervivencia (ahora que estamos en el año de Darwin). Posiblemente, piensen que esto es indeseable, pero que el modelo actual de desarrollo implica que el bienestar general tiene aparejada necesariamente el hambre de otros muchos. “La economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene solo referencias egoístas (…) La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le de sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza”, escribe el Papa en la Encíclica.

En el año 1987, la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD) alertó, en Nuestro futuro común, de las consecuencias del rápido crecimiento de la población: “En muchas partes del mundo, la población crece según tasas que los recursos ambientales disponibles no pueden sostener, tasas que están sobrepasando todas las expectativas razonables de mejora en materia de vivienda, atención médica, recursos alimenticios o suministro de energía”.

Por supuesto la CMMAD denunciaba igualmente la injusta e insostenible apropiación de más del 80% de los recursos mundiales por parte del 20% de la población humana. Pero la redistribución de recursos por sí sola no puede garantizar el bienestar de una población indefinidamente creciente, cuya huella ecológica supera ya la capacidad del planeta.

Hoy, cuando ya sobrepasamos los seis mil setecientos millones de habitantes en el planeta (http://www.unfpa.org/6billion/index.htm), creemos que debemos centrar la atención en uno de los requisitos fundamentales para poder abordar adecuadamente las posibles medidas frente al problema demográfico: la distribución más justa de los recursos del planeta, el respeto a las culturas, el aprendizaje e interiorización de valores solidarios e interculturales.

Es preciso, en particular, exigir la participación social de las mujeres, a través de la educación. Este año 2009, UNFPA (el Fondo de Población de Naciones Unidas) quiere dedicar el día Mundial de Población (http://www.unfpa.org/wpd/2009/sp/index.html) a incentivar la inversión en educación y salud para las mujeres y las niñas, como paso necesario para avanzar en la disminución de la pobreza, la universalización de los derechos humanos y la igualdad de género.

Como señaló Kofi Annan en su discurso de celebración del 11 de Julio de 1999: “En este último año del milenio, el Día Mundial de Población comienza la cuenta regresiva para el Día de los Seis Mil Millones -12 de Octubre de 1999 – fecha seleccionada para simbolizar el momento en que la población mundial rebase la marca de los 6 mil millones. Tan impresionante como es este número, debe ser, más que cualquier otra cosa, un recordatorio de que la población no sólo es cuestión de números. Es una cuestión de seres humanos, una cuestión de individuos, una cuestión de cada uno de nosotros. Se trata de que cada mujer y cada hombre sean capaces de tomar decisiones libres, informadas y en igualdad, incluyendo el tamaño de su familia y el espaciamiento entre sus hijos. Se trata de que cada hombre y cada mujer sean capaces de mantener a los hijos que eligieron tener, de asegurar su bienestar y de darles una vida digna. Se trata de libertad individual, de derechos humanos y de desarrollo sostenible para todos”. Aprovechemos el Día Mundial de la Población para reflexionar y actuar en torno a estas cuestiones vitales.



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