viernes, 9 de julio de 2010

LA IGLESIA TODAVÍA ARRASTRA INERCIAS NACIONALCATÓLICAS Y NO HA RENUNCIADO AL ANSIA DE PODER

Paco Cerdá 
¿Cómo interpreta lo que ocurrió el sábado en la catedral?
Sólo lo interpreto de una forma: la Iglesia oficial y jerárquica quiere tener relaciones de buena amistad con el Consell, y cualquier cosa que moleste a esa voluntad es descalificada. Antes del sábado se había publicitado mi nombre como párroco elegido por las víctimas del metro para oficiar la eucaristía. Ellos no sabían qué iba a decir, pero sí eran conscientes de que aquello que podía decir rompía la neutralidad de la Iglesia. Pero es que la Iglesia no ha de ser neutral. Ha de estar de parte de las víctimas.

Usted pedía en la homilía vetada "una Iglesia más humilde, más cristiana y más valiente". Ha fallado en esta ocasión ese modelo?
En efecto. La Iglesia ha de ser más humilde porque no ha de administrar poder, sino que ha de ejercer de comunidad de servicio para los excluidos de la sociedad y lanzar un mensaje de salvación a todo el mundo. Sin embargo, la Iglesia actual todavía arrastra unas inercias que proceden del nacionalcatolicismo y no ha renunciado al poder, como pedía Jesucristo. Todos agradeceríamos más esfuerzos de la jerarquía católica para liberarse de ese condicionamiento que es el poder o el ansia de poder.

Volviendo al sábado, ¿se disculparon con usted?
No, no, no. La forma no fue nada elegante. Yo acudí a la catedral veinte minutos antes de la misa. Vi a Alfredo Chilet [canónigo y delegado de servicios pastorales de la Seo], lo saludé y le dije que iba a hacer la misa de las seis. Entonces me dijo que no, que la misa la hacía él.

¿Sin más?
Bueno, me explicó que el cabildo catedralicio había decidido que la misa la oficiara un canónigo. Y que si yo quería, podía concelebrar la eucaristía con élÉ pero sin decir nada. Si realmente la catedral tenía voluntad de dar empaque a la misa con la presencia de un canónigo, se lo hubiera tenido que decir a las víctimas, que me habían elegido, y a mí mismo, con antelación. Por educación.

¿Se quedó a la misa?
No. Enseguida interpreté el hecho como un gesto de exclusión y descalificación hacia mi persona, y no quise avalarlo con mi presencia en la catedral.

¿Lo entendió como un veto?
Efectivamente.

Su sermón arremetía contra la manipulación que los poderosos hacen de las víctimas. ¿Cree que aquí el poder religioso ha querido manipular a las víctimas respecto al contenido de la homilía?
El pecado de la Iglesia es no separarse claramente del poder político. Cualquier cosa que cree relaciones tensas o ruptura con el poder, las evita. Y así lo buscó apartándome a mí de la eucaristía.

También pedía que se removiera "la piedra del silencio para saber el porqué de todo". Ésa era una crítica al poder político?
Estar a favor de las víctimas implica también defender su causa. Y según ellos, una cuestión pendiente es que se diga claramente qué ocurrió y por qué. Hay un silencio que se hace evidente con la negativa a recibir a las víctimas.

¿Y qué le parece, desde un punto de vista cristiano, que Camps no haya recibido a las víctimas?
Es de mucha crueldad. Hay que dar la cara y asumir las consecuencias políticas, especialmente con aquellos que sufren. Es de cristianos reconocer los errores, pedir perdón y acompañar a las víctimas. No hacerlo es incomprensible. Algo esconden

Su adhesión a las demandas de las víctimas no es tan clara en la jerarquía católica. ¿Qué le pide a Osoro en esta materia?
Que se acerque a las víctimas. Que haga signos visibles de acompañamiento para mitigar la frialdad que recibieron del anterior obispo.

¿Le ha decepcionado su veto en la nueva era arzobispal?
Yo no sé quién ha ordenado el veto. No está claro que haya sido el arzobispo, porque el poder administrativo en la catedral es muy particular. De hecho, no creo que lo haya hecho el obispo. Pero, como le hemos pedido por carta, sí que querríamos una explicación.

Muy pocas veces se oye hablar así a un cura. ¿Hay muy pocos con este pensamiento o están escondidos?
La Iglesia popular se mueve en ámbitos distintos a los de la jerarquía y no busca notoriedad. Es decir: no montamos un altar o ponemos una cruz donde está la gente, sino que estamos confundidos entre la gente y luchando junto a ella donde se nos necesita: el mundo de la marginación, la exclusión social, la inmigración

¿Qué tres consejos le daría a Carlos Osoro?
¿Sólo tres? Primero, que solucione el problema de la lengua. El "sí, pero no" en esta cuestión es inadmisible. Los católicos valencianos tenemos derecho a relacionarnos litúrgicamente con Dios en valenciano. Segundo, que escoja claramente la opción de dar servicio a los excluidos sociales. Y por último, que sepa ilusionar al clero valenciano, actualmente desanimado, para que transmita ilusión, esperanza y fuerza.

0 comentarios: