sábado, 7 de julio de 2012

EL DINERO Y EL EVANGELIO: lavado de dinero

José M. Castillo

El Moneyval, departamento del Consejo de Europa que evalúa si los Estados miembros hacen frente al lavado de dinero o, por el contrario, lo permiten o fomentan, acaba de enviar al Vaticano un informe sobre este turbio asunto. La Santa Sede tiene que responder, antes de un mes, para ser incluida o no en la “lista blanca” de Estados que cumplen los estándares de transparencia financiera. Por lo visto, en el Consejo de Europa se tienen serias dudas sobre esa transparencia en el caso del banco del Estado pontificio.

Como es sabido, en las últimas semanas, se viene hablando de las crisis del banco del papa, el IOR (Instituto para las obras de la Religión). El presidente del banco, Ettore Gotti Tedeschi, fue despedido el pasado 24 de mayo, por incompetente y problemático. Lo mismo Gotti que Paolo Cipriani, director general del banco, están siendo investigados por magistrados de Roma, que, en 2010, congelaron 23 millones de euros, que el banco vaticano tenía en bancos italianos. ¿Dónde está el fondo del problema? ¿Tiene todo esto algo que ver con los conflictos por el poder, que, a duras penas, se intentan ocultar en la cúpula de la Iglesia?

Todo esto, como es lógico, da que pensar. Porque todos sabemos que hay paraísos fiscales, que han colaborado activamente con los mayores canallas de la “economía canalla” que nos ha hundido en la crisis. Pero, que el banco del papa esté en la “lista negra” de semejantes activistas de la desvergüenza, eso es fuerte. Muy fuerte. Por eso, me ha venido a la cabeza la sorprendente frecuencia y la provocativa claridad con que los evangelios hablan del tema del dinero. Sin duda, a Jesús le preocupaba el asunto de la economía bastante más de lo que imaginamos. No sólo porque, como es lógico, el dinero está en la base del “problema social”, sino, además de eso (y antes que eso), porque el asunto del dinero adentra sus raíces en el “problema humano”. Nuestra actitud y nuestra conducta ante el dinero es de lo que más nos “humaniza” o, por el contrario, nos “deshumaniza”.

Para empezar -en entradas sucesivas seguiré analizando este asunto-, es ilustrativo repasar el vocabulario que utilizan los evangelios para referirse a la “riqueza” y otros términos relacionados con ella. Ante todo, es significativo que el término, que usan los evangelios, para hablar del “dinero” es “mamônas”, una palabra extraña, que se suele asociar con la adquisición no honrada de bienes y que aparece únicamente en palabras de Jesús (Mt 6, 24; Lc 16, 9. 11. 13), destacando que el “dinero injusto” es incompatible con Dios.

La “riqueza” (“ploûtos”) (Mc 4, 19; Mt 13, 22; 19, 23. 24; Lc 8, 14) o el “rico” (“ploúsios”) (Lc 12, 16 ss; 16, 19-31), que, en el lenguaje de este evangelio, designa en realidad al enemigo de Jesús. De ahí que la liberación de la riqueza (caso de Zaqueo) es lo que aporta la salvación (Lc 19, 8; 14, 12-14).

Por supuesto, el vocabulario de los evangelios relativo al dinero y la riqueza es mucho más amplio. Seguiremos con este asunto en próximas entradas de este blog. De momento, y para terminar por hoy, sólo dos observaciones: 1) Jesús no estaba contra el crecimiento y la prosperidad económica. ¿Cómo se puede pensar semejante disparate? Lo que Jesús no quería, en modo alguno, era la abundancia económica de unos cuantos a costa de la injusticia y el sufrimiento que padecen los demás. 2) Si hablamos, no ya de los ciudadanos en general, sino de quienes se consideran “creyentes” en Dios o “seguidores” de Jesús, entonces el juicio del Evangelio es distinto. No porque Jesús fuera un tipo extraño, enemigo del bienestar y de la felicidad de la vida. Todo lo contrario: lo que Jesús vio con claridad es que el “deseo” y la “codicia” de dinero es el origen y la causa mayor de nuestra deshumanización. Un volcán inagotable de violencias, injusticias y sufrimientos. Por eso, los que pretenden ser seguidores de Jesús, lo primero que tienen que hacer es dejar patente su relación real y transparente ante el dinero y la riqueza.



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